26 de enero 2021    /   ENTRETENIMIENTO
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Matar al ‘streaming’: El futuro del teatro no lo verás en Netflix

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«Considero el teatro como la más grande de las formas artísticas, la vía más inmediata para que un ser humano pueda transmitirle a otro qué es eso de ser humano». Lo decía Oscar Wilde en el siglo XIX. Arte escénico es desencadenar una experiencia universal encima de un escenario. Mucho ha llovido desde que Wilde parió esa cita. Y entre chaparrón y chaparrón, el teatro, el mundo, el ser humano se han convertido en otra cosa.

A pesar de ello, la pulsión que late detrás de cualquier obra artística creada para ser representada sigue siendo la misma: el retrato de las experiencias humanas. Y estas, en principio, deben ser compartidas. Reconocibles por todas y cada una de las cabezas que se entrevén en el patio de butacas desde el escenario. Blanca Li, directora de los Teatros del Canal desde 2019, sabe mucho sobre esto. «Lo realmente difícil de las obras es alcanzar la universalidad. Es importante para mí que mis espectáculos puedan viajar y funcionar en cualquier país del mundo ante cualquier público. La danza es un arte maravilloso porque tiene un lenguaje universal que no necesita traducción; eso es lo importante para mí, llegar a todas las culturas».

Esa experiencia humana, por muchos calendarios que queden obsoletos, sigue siendo una fuente inagotable de historias. «Las posibilidades de creación en un espectáculo son infinitas, faltan muchas cosas por hacer. Lo mágico de un escenario es que es tan solo un espacio vacío. Se llena de poesía, de magia, de luz, de emoción, de vida y de sueños».

El futuro del teatro

Reconocer esa infinidad de posibilidades de creación implica una adaptación constante para darles cabida. La riqueza de una cultura no puede medirse por la cantidad de obras que produce, sino, más bien, por la cantidad de realidades que refleja. Por eso los Teatros del Canal, a través de sus Noches del canal, abren su oferta a una diversidad de creadores y formatos. «Un espacio donde poder improvisar, presentar artistas que, a lo mejor, no tienen un lugar donde presentar su trabajo; artistas que pasan por Madrid, artistas que no son conocidos o que sí lo son. Un espacio donde presentar formatos no tradicionales o inclasificables donde podamos hacer cosas diferentes, más espontáneas, desenfadadas, underground».

Al mismo tiempo, es necesario modernizar los relatos. Llevar los formatos a una era que ha cambiado mucho en los dos siglos que nos separan de Wilde. Son Netflix y Twitch y el National Theatre de Londres ofreciendo su cartelera teatral en streaming los que han renovado las tradiciones de transmisión de relatos. Tradiciones que se habían mantenido inmutables durante siglos; que habían resistido las que, hasta el momento, eran las únicas revoluciones relevantes en las formas de transmisión cultural: la aparición del cine en 1899, seguida de la televisión en 1927.

Parte del desafío es competir con esas nuevas formas de entretenimiento. Al fin y al cabo, las horas del día son limitadas y todos afrontamos la decisión de dónde colocar nuestra atención a cada segundo.

Ante esto, hay quien aplica aquello de «si no puedes con tu enemigo, únete a él». Tal es el caso de la producción de HBO Escenario Cero, en la que dos mastodontes del escenario en España (Irene Escolar y Bárbara Lennie) han programado seis obras de teatro adaptadas a la emisión a través de la plataforma.

Fotograma de «Todo el tiempo del mundo», una de las obras de Escenario Cero.

Li, por su parte, cree que «el espectáculo en vivo es absolutamente irreemplazable». Considera que tanto el streaming como las redes sociales son «una manera más de acercarse al público, de ayudarles a descubrir nuevas propuestas y artistas. Gracias a las redes se crea un público deseoso de descubrir de cerca a sus compañías y autores favoritos. El streaming no reemplaza la emoción y lo que se siente en un teatro».

Al mismo tiempo, en su papel como directora de los Teatros del Canal, apuesta por innovar también encima del escenario. «Lo que me divierte de la tecnología es que te da la posibilidad de crear formas de espectáculos que no se han hecho antes. Y estas nuevas maneras de crear me gustan y me excitan».

Es de esa intersección entre danza y tecnología de la que nace su última creación, Le bal de París, presentada en los propios Teatros del Canal en el mes de diciembre. Como creadora, directora y coreógrafa de la obra, nos invitaba no solo a asistir a una fiesta a través de la noche parisina, sino también a formar parte de ella. El montaje, realizado en realidad virtual, sumergía a los espectadores en un viaje a través de los ambientes más lujosos de la capital francesa. El espectáculo (pensado para estrenarse en París) terminó aterrizando en Madrid, pandemia oblige.

De acuerdo con la propia Li, «esta obra es como un sueño, un viaje; me encanta ver que el público sale de la experiencia con la sensación de haber viajado a París». El origen de un montaje que se apalanca sobre la realidad virtual para sumergir a los espectadores en la realidad de la obra se remonta varios años atrás. «En 2015 hice un primer film que se llamaba Blanca Li 360, donde ya utilicé esta tecnología por primera vez. Es a partir de ese momento cuando surge la idea de crear un espectáculo completamente inmersivo en realidad virtual».

Fruto de esa inclusión de la tecnología en la creación escénica surgen también las jornadas Canal Connect, programadas para el mes de marzo,  que mostrarán las creaciones de diferentes artistas utilizando tecnologías novedosas. En palabras de la propia directora, «10 días durante los que podremos ver a artistas de todo el mundo que han creado piezas tanto escénicas como no escénicas interactivas».

No son solo el público, la tecnología y el amor al arte los que impulsan la innovación en las artes escénicas. El impacto de un virus que se transmite de las exhalaciones de unos a las inspiraciones de otros también puede servir de combustible a la hora de repensar la manera en la que consumimos artes escénicas. En el caso de los Teatros del Canal, inspirando la presentación de La cuarta sala, abierta durante el confinamiento general del año pasado.

«Una sala online para seguir comunicando con el público». Y que seguirá teniendo sentido, incluso en un mundo pospandemia, en el que continuaremos utilizando las redes sociales y las nuevas tecnologías como ventana por la que asomarnos al mundo. «Esta Cuarta Sala va a quedar como un espacio más de creación de los Teatros del Canal, donde se podrán presentar obras de formato digital».

Muchas cosas han cambiado desde que Wilde escribió sus obras de teatro. Desde los formatos teatrales hasta la forma en la que los seres humanos consumimos cultura. Y en medio de ese cambio, nosotros, los seres humanos, seguimos necesitando de escenarios, actrices y bailarines que nos hablen sobre nuestra propia naturaleza. Por mucho que Netflix nos traiga La Casa de Papel al salón de casa. O que el musical más laureado de Broadway en los últimos años esté disponible en Disney+.

Que, por cierto, habría que ver qué opina el señor Wilde de todo esto.

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«Considero el teatro como la más grande de las formas artísticas, la vía más inmediata para que un ser humano pueda transmitirle a otro qué es eso de ser humano». Lo decía Oscar Wilde en el siglo XIX. Arte escénico es desencadenar una experiencia universal encima de un escenario. Mucho ha llovido desde que Wilde parió esa cita. Y entre chaparrón y chaparrón, el teatro, el mundo, el ser humano se han convertido en otra cosa.

A pesar de ello, la pulsión que late detrás de cualquier obra artística creada para ser representada sigue siendo la misma: el retrato de las experiencias humanas. Y estas, en principio, deben ser compartidas. Reconocibles por todas y cada una de las cabezas que se entrevén en el patio de butacas desde el escenario. Blanca Li, directora de los Teatros del Canal desde 2019, sabe mucho sobre esto. «Lo realmente difícil de las obras es alcanzar la universalidad. Es importante para mí que mis espectáculos puedan viajar y funcionar en cualquier país del mundo ante cualquier público. La danza es un arte maravilloso porque tiene un lenguaje universal que no necesita traducción; eso es lo importante para mí, llegar a todas las culturas».

Esa experiencia humana, por muchos calendarios que queden obsoletos, sigue siendo una fuente inagotable de historias. «Las posibilidades de creación en un espectáculo son infinitas, faltan muchas cosas por hacer. Lo mágico de un escenario es que es tan solo un espacio vacío. Se llena de poesía, de magia, de luz, de emoción, de vida y de sueños».

El futuro del teatro

Reconocer esa infinidad de posibilidades de creación implica una adaptación constante para darles cabida. La riqueza de una cultura no puede medirse por la cantidad de obras que produce, sino, más bien, por la cantidad de realidades que refleja. Por eso los Teatros del Canal, a través de sus Noches del canal, abren su oferta a una diversidad de creadores y formatos. «Un espacio donde poder improvisar, presentar artistas que, a lo mejor, no tienen un lugar donde presentar su trabajo; artistas que pasan por Madrid, artistas que no son conocidos o que sí lo son. Un espacio donde presentar formatos no tradicionales o inclasificables donde podamos hacer cosas diferentes, más espontáneas, desenfadadas, underground».

Al mismo tiempo, es necesario modernizar los relatos. Llevar los formatos a una era que ha cambiado mucho en los dos siglos que nos separan de Wilde. Son Netflix y Twitch y el National Theatre de Londres ofreciendo su cartelera teatral en streaming los que han renovado las tradiciones de transmisión de relatos. Tradiciones que se habían mantenido inmutables durante siglos; que habían resistido las que, hasta el momento, eran las únicas revoluciones relevantes en las formas de transmisión cultural: la aparición del cine en 1899, seguida de la televisión en 1927.

Parte del desafío es competir con esas nuevas formas de entretenimiento. Al fin y al cabo, las horas del día son limitadas y todos afrontamos la decisión de dónde colocar nuestra atención a cada segundo.

Ante esto, hay quien aplica aquello de «si no puedes con tu enemigo, únete a él». Tal es el caso de la producción de HBO Escenario Cero, en la que dos mastodontes del escenario en España (Irene Escolar y Bárbara Lennie) han programado seis obras de teatro adaptadas a la emisión a través de la plataforma.

Fotograma de «Todo el tiempo del mundo», una de las obras de Escenario Cero.

Li, por su parte, cree que «el espectáculo en vivo es absolutamente irreemplazable». Considera que tanto el streaming como las redes sociales son «una manera más de acercarse al público, de ayudarles a descubrir nuevas propuestas y artistas. Gracias a las redes se crea un público deseoso de descubrir de cerca a sus compañías y autores favoritos. El streaming no reemplaza la emoción y lo que se siente en un teatro».

Al mismo tiempo, en su papel como directora de los Teatros del Canal, apuesta por innovar también encima del escenario. «Lo que me divierte de la tecnología es que te da la posibilidad de crear formas de espectáculos que no se han hecho antes. Y estas nuevas maneras de crear me gustan y me excitan».

Es de esa intersección entre danza y tecnología de la que nace su última creación, Le bal de París, presentada en los propios Teatros del Canal en el mes de diciembre. Como creadora, directora y coreógrafa de la obra, nos invitaba no solo a asistir a una fiesta a través de la noche parisina, sino también a formar parte de ella. El montaje, realizado en realidad virtual, sumergía a los espectadores en un viaje a través de los ambientes más lujosos de la capital francesa. El espectáculo (pensado para estrenarse en París) terminó aterrizando en Madrid, pandemia oblige.

De acuerdo con la propia Li, «esta obra es como un sueño, un viaje; me encanta ver que el público sale de la experiencia con la sensación de haber viajado a París». El origen de un montaje que se apalanca sobre la realidad virtual para sumergir a los espectadores en la realidad de la obra se remonta varios años atrás. «En 2015 hice un primer film que se llamaba Blanca Li 360, donde ya utilicé esta tecnología por primera vez. Es a partir de ese momento cuando surge la idea de crear un espectáculo completamente inmersivo en realidad virtual».

Fruto de esa inclusión de la tecnología en la creación escénica surgen también las jornadas Canal Connect, programadas para el mes de marzo,  que mostrarán las creaciones de diferentes artistas utilizando tecnologías novedosas. En palabras de la propia directora, «10 días durante los que podremos ver a artistas de todo el mundo que han creado piezas tanto escénicas como no escénicas interactivas».

No son solo el público, la tecnología y el amor al arte los que impulsan la innovación en las artes escénicas. El impacto de un virus que se transmite de las exhalaciones de unos a las inspiraciones de otros también puede servir de combustible a la hora de repensar la manera en la que consumimos artes escénicas. En el caso de los Teatros del Canal, inspirando la presentación de La cuarta sala, abierta durante el confinamiento general del año pasado.

«Una sala online para seguir comunicando con el público». Y que seguirá teniendo sentido, incluso en un mundo pospandemia, en el que continuaremos utilizando las redes sociales y las nuevas tecnologías como ventana por la que asomarnos al mundo. «Esta Cuarta Sala va a quedar como un espacio más de creación de los Teatros del Canal, donde se podrán presentar obras de formato digital».

Muchas cosas han cambiado desde que Wilde escribió sus obras de teatro. Desde los formatos teatrales hasta la forma en la que los seres humanos consumimos cultura. Y en medio de ese cambio, nosotros, los seres humanos, seguimos necesitando de escenarios, actrices y bailarines que nos hablen sobre nuestra propia naturaleza. Por mucho que Netflix nos traiga La Casa de Papel al salón de casa. O que el musical más laureado de Broadway en los últimos años esté disponible en Disney+.

Que, por cierto, habría que ver qué opina el señor Wilde de todo esto.

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