21 de febrero 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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El gato que toma leche en un mundo abstracto

21 de febrero 2012    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Lo que para un humano es una simple caja de cartón, para un gato es un auténtico parque de atracciones. Y no digamos un ovillo de lana… Está claro que los gatos tienen su propia visión del mundo. Estéticamente, hay quien piensan que ese mundo debe de parecerse mucho a un cuadro de Mondrian.

O de Kandinsky. O incluso de Miró. ¿Qué quién piensa eso? Ollie Clark, Helana Santos, Jon Mann y Chris Randle. Ellos son los creadores de The Cat that got the milk, un videojuego para PC y Mac cuya estética está inspirada en la obra de artistas como los citados.

“La inspiración visual del juego la encontramos en las galerías de arte de Londres. Ollie (el encargado del diseño) es un gran fan del arte abstracto”.

Chris Randle, autor de las palabras y de la música del videojuego, cuenta que todo el proceso de creación del mismo se ha caracterizado por no seguir ningún criterio preestablecido. “La mayor parte se ha basado en la experimentación. Si a alguno de nosotros se le ocurría una idea, el resto del equipo tratábamos de probarla. Por ejemplo, cuando estábamos desarrollando el último nivel, Ollie me pidió que creara ‘música visual’ inspirada en Kandisky”. Randle lo intentó y el resultado fue una especie de partitura llena de movimiento y paisajes abstractos.

Otra de las características del juego es su duración. Bastan 15 minutos para completarlo. “Con una jornada de trabajo de 40 horas, pocos pueden dedicar el mismo tiempo a los videojuegos. Por eso pensamos en The Cat that got the milk como una forma de entretenimiento para la hora de la comida o para una noche de entre semana”.

Aunque eso de jugar con el móvil mientras se está terminando de cenar no es posible. De momento. “El sencillo sistema de control del juego de The Cat that got the milk (sólo dispone de dos comandos: para arriba y para abajo) se adaptaría perfectamente a cualquier dispositivo móvil pero eso conlleva un largo proceso de adquisición de licencias, pruebas y largas esperas hasta conseguir la aprobación”.

Y como el objetivo de Randle y el resto de su equipo es lanzar un juego cada seis o siete meses, han preferido preocuparse de la burocracia en otro momento y dedicarse en cuerpo y alma a su próximo lanzamiento: The Button Experiment.

Pueden permitirse el lujo de elegir prioridades porque Randle y el resto hace algún tiempo decidieron llevar a la práctica todas esas ideas sobre lo que les gustaría encontrar en un videojuego y que normalmente solían desechar por arriesgadas e inusuales. “Después de varios años trabajando juntos en el sector de los videojuegos decidimos desarrollar nuestros propios videojuegos bajo la premisa de la diversión y la innovación”.

Con The Cat that got the milk, Randle asegura que, además, “hemos tratado de sumergir al jugador en un mundo cargado de arte, de música y de juegos accesibles”.

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Lo que para un humano es una simple caja de cartón, para un gato es un auténtico parque de atracciones. Y no digamos un ovillo de lana… Está claro que los gatos tienen su propia visión del mundo. Estéticamente, hay quien piensan que ese mundo debe de parecerse mucho a un cuadro de Mondrian.

O de Kandinsky. O incluso de Miró. ¿Qué quién piensa eso? Ollie Clark, Helana Santos, Jon Mann y Chris Randle. Ellos son los creadores de The Cat that got the milk, un videojuego para PC y Mac cuya estética está inspirada en la obra de artistas como los citados.

“La inspiración visual del juego la encontramos en las galerías de arte de Londres. Ollie (el encargado del diseño) es un gran fan del arte abstracto”.

Chris Randle, autor de las palabras y de la música del videojuego, cuenta que todo el proceso de creación del mismo se ha caracterizado por no seguir ningún criterio preestablecido. “La mayor parte se ha basado en la experimentación. Si a alguno de nosotros se le ocurría una idea, el resto del equipo tratábamos de probarla. Por ejemplo, cuando estábamos desarrollando el último nivel, Ollie me pidió que creara ‘música visual’ inspirada en Kandisky”. Randle lo intentó y el resultado fue una especie de partitura llena de movimiento y paisajes abstractos.

Otra de las características del juego es su duración. Bastan 15 minutos para completarlo. “Con una jornada de trabajo de 40 horas, pocos pueden dedicar el mismo tiempo a los videojuegos. Por eso pensamos en The Cat that got the milk como una forma de entretenimiento para la hora de la comida o para una noche de entre semana”.

Aunque eso de jugar con el móvil mientras se está terminando de cenar no es posible. De momento. “El sencillo sistema de control del juego de The Cat that got the milk (sólo dispone de dos comandos: para arriba y para abajo) se adaptaría perfectamente a cualquier dispositivo móvil pero eso conlleva un largo proceso de adquisición de licencias, pruebas y largas esperas hasta conseguir la aprobación”.

Y como el objetivo de Randle y el resto de su equipo es lanzar un juego cada seis o siete meses, han preferido preocuparse de la burocracia en otro momento y dedicarse en cuerpo y alma a su próximo lanzamiento: The Button Experiment.

Pueden permitirse el lujo de elegir prioridades porque Randle y el resto hace algún tiempo decidieron llevar a la práctica todas esas ideas sobre lo que les gustaría encontrar en un videojuego y que normalmente solían desechar por arriesgadas e inusuales. “Después de varios años trabajando juntos en el sector de los videojuegos decidimos desarrollar nuestros propios videojuegos bajo la premisa de la diversión y la innovación”.

Con The Cat that got the milk, Randle asegura que, además, “hemos tratado de sumergir al jugador en un mundo cargado de arte, de música y de juegos accesibles”.

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