25 de mayo 2012    /   CREATIVIDAD
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El grafiti toca el cielo

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Mosén Ramón Mon es un comprometido párroco de la bimilenaria iglesia católica que pasa sus días al mando de una parroquia barcelonesa de 1957 adosada a una ermita románica del siglo XII. Por eso sueña con ver su iglesia llena de feligreses. Pero resulta que Mon, también es un ex estudiante de bellas artes que aprecia y se conmueve con las creaciones artísticas que rompen moldes. Por eso consideró que nada mejor para hacer más atractiva “la casa del Señor” que “una obra que supiera valorar el público contemporáneo”.

¿Por qué no decorar el blanco ábside de la humilde parroquia de santa Eulalia de Provençana con un grafiti? Mon ahora puede presumir de ser el primer párroco del mundo que consagra obleas bajo el resplandor del aerosol románico.

A House y Rudi, los dos grafiteros que recibieron el encargo, les pareció la tarea más exótica que jamás les habían encomendado, y eso que tienen una solera de dos décadas al spray para poder relatar toda una lista de lugares extraños en los que han plasmado su estilo. “Por eso nos entusiasmó”, dice el primero. La misión consistía conseguir dibujar, en apenas 10 días, toda la imaginería que había esbozado el cura en sus papeles (problemas de andamiajes y prensa curiosa incluidos). Lo del tiempo era lo de menos para estos artistas tantas veces experimentados en pintar y correr. Así que sin pensárselo dos veces, pusieron rumbo a L’Hospitalet de Llobregat a elevar su arte hasta los mismísimos cielos.

“La tarea no era fácil”, reconoce el clérigo. “son 85 metros cuadrados de techo y les pedí que lo pintasen en estilo románico catalán”. Por si acaso los muchachos no tenían muy clara la fuente, les mandó al MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña) para que reciclasen conceptos. “Tuvimos que aprender de repente cuál era ese estilo para poder imitarlo”, confiesa House, “aunque los dibujos del padre Ramón, que por cierto, es un dibujante excelente, nos facilitaron muchísimo la tarea”, elogia el artista pagano.

Mon relata con la pasión de quien reconoce la labor del creador que a sus directrices ellos le pusieron su propia connotación personal y muñeca. “La personalidad del artista”, define. “Lo más inamovible era que dibujasen a Santa Maria de Taüll. Luego me sugirieron cosas como dibujar a una niña con una maceta. Que era un homenaje al ecologismo, un punto de encuentro para gente tanto creyente como no creyente. Y por supuesto me pareció una idea excelente”, relata el párroco, “además House quiso representar a su abuela porque el lugar le evocaba a ella”, otra idea que Mon acogió con espiritualidad y comprensión de autor.

Según el cura, además el encargo (que forma parte de un proyecto de Cáritas) ha salido gratis por propia voluntad de los autores, “aunque hemos decidido darles una cantidad modesta por el gran esfuerzo que han realizado”, dice Mon. Algo que no es exactamente así, según House, pero que ni clérigo ni artistas quieren desvelar abiertamente. “Porque no queremos hablar de dinero”, justifica el pintor.

Al final resulta que la arriesgada idea del padre Mon ha sido todo un éxito. Quién le iba a decir a él que por querer darle un poco de color al cemento iba a pasar de ser el responsable de una parroquia de barrio al regente de una iglesia por la que se interesa “¡hasta la televisión turca!”, exclama. Dice que no sabe si ha conseguido avivar la llama de la fe en L’Hospitalet, “pero a la gente le encanta la nueva decoración del altar mayor” asegura, y ha tenido que abrir las puertas de la parroquia más horas para saciara a curiosos y turistas.

“Todo gracias a unos chicos modernos, con sus piercings y sus rastas y todo, que han hecho esto gratis y por propia voluntad”, dice Mon al más puro estilo párroco. “Para que más de uno se dé cuenta de lo valiosos que son estos jóvenes que a veces no apreciamos bien, simplemente por su aspecto”, remata. Además Mon parte una lanza por sus particulares miguelángeles: “Hacer grafitis no tiene porqué ser siempre asociado a gamberrismo e ilegalidad”.

Los dos pintones, encantados de haber trabajado para un jefe tan divino. “El padre Ramón dice que ahora quiere pintar el resto de la pared de la parroquia”, adelanta House, “y yo ya estoy deseando que diga cuándo”. Será la devoción que provoca el románico catalán de bote. San Aerosol, ora pro nobis.

Foto: Delfina Giménez Viudes

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Mosén Ramón Mon es un comprometido párroco de la bimilenaria iglesia católica que pasa sus días al mando de una parroquia barcelonesa de 1957 adosada a una ermita románica del siglo XII. Por eso sueña con ver su iglesia llena de feligreses. Pero resulta que Mon, también es un ex estudiante de bellas artes que aprecia y se conmueve con las creaciones artísticas que rompen moldes. Por eso consideró que nada mejor para hacer más atractiva “la casa del Señor” que “una obra que supiera valorar el público contemporáneo”.

¿Por qué no decorar el blanco ábside de la humilde parroquia de santa Eulalia de Provençana con un grafiti? Mon ahora puede presumir de ser el primer párroco del mundo que consagra obleas bajo el resplandor del aerosol románico.

A House y Rudi, los dos grafiteros que recibieron el encargo, les pareció la tarea más exótica que jamás les habían encomendado, y eso que tienen una solera de dos décadas al spray para poder relatar toda una lista de lugares extraños en los que han plasmado su estilo. “Por eso nos entusiasmó”, dice el primero. La misión consistía conseguir dibujar, en apenas 10 días, toda la imaginería que había esbozado el cura en sus papeles (problemas de andamiajes y prensa curiosa incluidos). Lo del tiempo era lo de menos para estos artistas tantas veces experimentados en pintar y correr. Así que sin pensárselo dos veces, pusieron rumbo a L’Hospitalet de Llobregat a elevar su arte hasta los mismísimos cielos.

“La tarea no era fácil”, reconoce el clérigo. “son 85 metros cuadrados de techo y les pedí que lo pintasen en estilo románico catalán”. Por si acaso los muchachos no tenían muy clara la fuente, les mandó al MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña) para que reciclasen conceptos. “Tuvimos que aprender de repente cuál era ese estilo para poder imitarlo”, confiesa House, “aunque los dibujos del padre Ramón, que por cierto, es un dibujante excelente, nos facilitaron muchísimo la tarea”, elogia el artista pagano.

Mon relata con la pasión de quien reconoce la labor del creador que a sus directrices ellos le pusieron su propia connotación personal y muñeca. “La personalidad del artista”, define. “Lo más inamovible era que dibujasen a Santa Maria de Taüll. Luego me sugirieron cosas como dibujar a una niña con una maceta. Que era un homenaje al ecologismo, un punto de encuentro para gente tanto creyente como no creyente. Y por supuesto me pareció una idea excelente”, relata el párroco, “además House quiso representar a su abuela porque el lugar le evocaba a ella”, otra idea que Mon acogió con espiritualidad y comprensión de autor.

Según el cura, además el encargo (que forma parte de un proyecto de Cáritas) ha salido gratis por propia voluntad de los autores, “aunque hemos decidido darles una cantidad modesta por el gran esfuerzo que han realizado”, dice Mon. Algo que no es exactamente así, según House, pero que ni clérigo ni artistas quieren desvelar abiertamente. “Porque no queremos hablar de dinero”, justifica el pintor.

Al final resulta que la arriesgada idea del padre Mon ha sido todo un éxito. Quién le iba a decir a él que por querer darle un poco de color al cemento iba a pasar de ser el responsable de una parroquia de barrio al regente de una iglesia por la que se interesa “¡hasta la televisión turca!”, exclama. Dice que no sabe si ha conseguido avivar la llama de la fe en L’Hospitalet, “pero a la gente le encanta la nueva decoración del altar mayor” asegura, y ha tenido que abrir las puertas de la parroquia más horas para saciara a curiosos y turistas.

“Todo gracias a unos chicos modernos, con sus piercings y sus rastas y todo, que han hecho esto gratis y por propia voluntad”, dice Mon al más puro estilo párroco. “Para que más de uno se dé cuenta de lo valiosos que son estos jóvenes que a veces no apreciamos bien, simplemente por su aspecto”, remata. Además Mon parte una lanza por sus particulares miguelángeles: “Hacer grafitis no tiene porqué ser siempre asociado a gamberrismo e ilegalidad”.

Los dos pintones, encantados de haber trabajado para un jefe tan divino. “El padre Ramón dice que ahora quiere pintar el resto de la pared de la parroquia”, adelanta House, “y yo ya estoy deseando que diga cuándo”. Será la devoción que provoca el románico catalán de bote. San Aerosol, ora pro nobis.

Foto: Delfina Giménez Viudes

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Opiniones 6
  • Queridos Yorokobu, deciros que vuestros artículos me parecen muy interesantes y atractivos en general, y la información que aportáis en la mayoría de los casos es súper válida, pero este no es uno de ellos.
    Para empezar, comentaros que soy escritor de graffiti (que se escribe con doble F) desde hace muchos años, pinto en la calle a hurtadillas, evitando a la policía porque llevo a cabo acciones consideradas ilegales. Y esa precisamente es la esencia del graffiti, pintar de forma ilegal sobre propiedades privadas o públicas.
    Para empezar este mural es del todo consentido, primer fallo.
    Otro de los ingredientes esenciales del juego del graffiti es la identidad del escritor y su necesidad de hacerse ver, la creación de un alter-ego y el hacer publicidad de éste escribiendo el pseudónimo escogido en la mayoría de sitios posibles.
    ¿Y cómo reconocer las obras de un mismo autor en la calle? Dejando de lado cuestiones de estilo, la gente se reconoce por su mote o tag, que es fácilmente identificable porque es un nombre escrito, formado por letras, letras que no veo en ningún sitio en este bonito mural de la parroquia barcelonesa.
    Quizá parezco demasiado purista, pero la identidad del escritor es el pilar sobre el que se sustenta el movimiento. Está claro que además de las letras se puede añadir muñecos, caras y otros motivos -qué aburrido sería si no-, pero sin letras no hay graffiti.
    Este mural que estáis enseñando podría ser street art o arte urbano quizás, pero lo único que tiene en común con el graffiti es la herramienta utilizada para su realización, estoy cansado de que a cualquier obra realizada con un aerosol se la etiquete como graffiti.
    Creo que en general hay una gran falta de documentación en los medios sobre las diferentes disciplinas artístico-visuales que tienen lugar en un marco minoritario, y apreciaría mucho que se hiciera el esfuerzo por intentar delimitar las fronteras de dónde empieza un moviendo y termina otro.
    Espero que mi opinión os resulte útil.

    • Hola Ruoner, muchas gracias por tu aportación. Sobre la utilización de la palabra con un f, en español se escribe así. Es verdad que la palabra proviene del inglés pero la forma «correcta» es con una f aunque valgan las dos. http://es.wikipedia.org/wiki/Grafiti

      Sobre tus matizaciones sobre el significado de la palabra lo revisaremos en el artículo. Muchas gracias.

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