9 de mayo 2012    /   CREATIVIDAD
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El Gran Hermano Kukuxumusu

9 de mayo 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Desde el pasado 23 de marzo, los 22 empleados de la oficina pamplonesa de Kukuxumusu son una obra de arte. También lo son sus ordenadores, la forma en la que los teclean, sus mesas, sus teléfonos… Incluso, sus reuniones. Todos ellos forman parte de Kukuxumusu relocated.

Así ha bautizado Mikel Urmeneta a su última pieza, expuesta en la galería Moisés Pérez de Albéniz hasta el próximo 23 de de mayo. Una obra de gran envergadura si tenemos en cuenta que incluye personas (22), mobiliario, tecnología e incluso la deslocalización temporal de su empresa, Kukuxumusu.

Arte y empresa todo en uno. Los trabajadores realizan su labor diaria pero no en su lugar de trabajo habitual sino en un espacio de exhibición.

La empresa, así, se convierte en “un artefacto artístico”, asegura la compañía. “La galería de arte, tradicionalmente lugar de contemplación desinteresada, se convierte en espacio de producción de beneficio. Por su parte, la empresa, cuya visibilidad se produce a través de sus mercancías, se convierte ella misma en objeto de contemplación, su jornada laboral en espectáculo”, continúa.

Para exponer  la obra de Urmeneta, la galería despojó la sala de cualquier elemento decorativo “pues son el material humano y los recursos técnicos reales de Kukuxumusu los que se exponen en la galería. De manera que conforman una suerte de ready-made colectivo o, más exactamente, ready-made corporativo”.

Los 22 trabajadores de Kukuxumusu han tenido que adaptarse a las nuevas condiciones laborales: nuevos horarios, nuevos colegas (los trabajadores de la sala)… Pero, sobre todo, han tenido que acostumbrarse a trabajar con público. Además de los visitantes de la muestra, su jornada laboral se retransmite en directo por streaming.

Solo, en contadas ocasiones, las reuniones se libran de los micrófonos y las cámaras, según el propio Urmeneta: “Parte importante de la pieza es la transparencia en el terreno laboral. Las reuniones internas se intentan hacer en la urna de metacrilato para que se puedan seguir visualmente y auditivamente tanto desde la galería como por internet. Hay veces que por el exceso de gente, se celebran en una zona donde no hay cámaras pero si está abierto al público. Supongo que todo el mundo -también en una reunión convencional- habla poniéndose sus límites, bien por estrategia, por cultura, autocensura, educación, etc.”.

¿Y qué ocurre con la productividad? ¿Se rinde más, menos o igual cuando tu trabajo forma parte de una exposición artística? “Hay procesos que se hacen mas lentos, pero otros se realizan de forma mas rapida. En conjunto, hay mas dificultades que beneficios para centrarse 100% en el trabajo. De todos modos hacen falta unas cuantas semanas para sacar conclusiones”, comenta el autor de  la obra.

Aunque en su origen Kukuxumusu relocated no estaba concebida como una exposición itinerante, Mikel Urmeneta no descarta la posibilidad de una nueva ubicación para la pieza:  “Si está contemplado que pueda haber alguna institución que en un momento concreto le parezca interesante exponer el proyecto. Si esto sucede volvería a haber una propuesta a todos los trabajadores para ver quien quiere volver a trabajar deslocalizado”.

Desde el pasado 23 de marzo, los 22 empleados de la oficina pamplonesa de Kukuxumusu son una obra de arte. También lo son sus ordenadores, la forma en la que los teclean, sus mesas, sus teléfonos… Incluso, sus reuniones. Todos ellos forman parte de Kukuxumusu relocated.

Así ha bautizado Mikel Urmeneta a su última pieza, expuesta en la galería Moisés Pérez de Albéniz hasta el próximo 23 de de mayo. Una obra de gran envergadura si tenemos en cuenta que incluye personas (22), mobiliario, tecnología e incluso la deslocalización temporal de su empresa, Kukuxumusu.

Arte y empresa todo en uno. Los trabajadores realizan su labor diaria pero no en su lugar de trabajo habitual sino en un espacio de exhibición.

La empresa, así, se convierte en “un artefacto artístico”, asegura la compañía. “La galería de arte, tradicionalmente lugar de contemplación desinteresada, se convierte en espacio de producción de beneficio. Por su parte, la empresa, cuya visibilidad se produce a través de sus mercancías, se convierte ella misma en objeto de contemplación, su jornada laboral en espectáculo”, continúa.

Para exponer  la obra de Urmeneta, la galería despojó la sala de cualquier elemento decorativo “pues son el material humano y los recursos técnicos reales de Kukuxumusu los que se exponen en la galería. De manera que conforman una suerte de ready-made colectivo o, más exactamente, ready-made corporativo”.

Los 22 trabajadores de Kukuxumusu han tenido que adaptarse a las nuevas condiciones laborales: nuevos horarios, nuevos colegas (los trabajadores de la sala)… Pero, sobre todo, han tenido que acostumbrarse a trabajar con público. Además de los visitantes de la muestra, su jornada laboral se retransmite en directo por streaming.

Solo, en contadas ocasiones, las reuniones se libran de los micrófonos y las cámaras, según el propio Urmeneta: “Parte importante de la pieza es la transparencia en el terreno laboral. Las reuniones internas se intentan hacer en la urna de metacrilato para que se puedan seguir visualmente y auditivamente tanto desde la galería como por internet. Hay veces que por el exceso de gente, se celebran en una zona donde no hay cámaras pero si está abierto al público. Supongo que todo el mundo -también en una reunión convencional- habla poniéndose sus límites, bien por estrategia, por cultura, autocensura, educación, etc.”.

¿Y qué ocurre con la productividad? ¿Se rinde más, menos o igual cuando tu trabajo forma parte de una exposición artística? “Hay procesos que se hacen mas lentos, pero otros se realizan de forma mas rapida. En conjunto, hay mas dificultades que beneficios para centrarse 100% en el trabajo. De todos modos hacen falta unas cuantas semanas para sacar conclusiones”, comenta el autor de  la obra.

Aunque en su origen Kukuxumusu relocated no estaba concebida como una exposición itinerante, Mikel Urmeneta no descarta la posibilidad de una nueva ubicación para la pieza:  “Si está contemplado que pueda haber alguna institución que en un momento concreto le parezca interesante exponer el proyecto. Si esto sucede volvería a haber una propuesta a todos los trabajadores para ver quien quiere volver a trabajar deslocalizado”.

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