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8 de junio 2012    /   IDEAS
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El gusto por andar en bolingas en la Alemania comunista

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A cualquiera que pasee por el verano berlinés le sorprende la facilidad con la que los locales, al mínimo rayo de sol, se despelotan con total tranquilidad en los parques y lagos de la capital alemana. También resulta curioso que fueran los germanos los creadores de una oferta de vuelos especiales en la que los pasajeros iban desnudos desde el aterrizaje hasta el despegue. Su ideologo, Enrico Hess, explicaba que su plan de negocio estaba inspirado por las vacaciones nudistas en los tiempos del comunismo. Una actividad que en los comienzos de la República Democrática Alemana estuvo prohibida y que para los años 80, según el Museo de la RDA en Berlín, practicaba el 50% de sus ciudadanos.

Jossie McMellan, estudiosa de la revolución sexual en la Alemania del Este, cuenta desde el departamento de Historia de la Universidad de Bristol que el nudismo se convirtió en un “fenómeno de masas” en Alemania durante las décadas de 1920 y 1930, cuando proliferaban los grupos nudistas a ambos lados del espectro político. Cuando el partido nazi llegó al poder, tras un breve intento de sofocar el movimiento, prefirió asimilarlo. “La gran visibilidad del cuerpo desnudo o semidesnudo en ciertas áreas de la cultura nazi”, explica Jossie McMellan, “contribuyó a persuadir a los oficiales de Alemania del Este que nada bueno podía salir de la desnudez pública”.

Así que la recién formada RDA decidió perseguir, entre otras actividades, al nudismo como sospechoso de ser “pro nazi”, “anticomunista” y alentar “el consumismo occidental”, además de estar motivado por y para una “sexualidad incontrolada”. Policías patrullaban las playas del Báltico, detenían a los bañistas desnudos, las asociaciones de nudistas fueron disueltas. Aunque en sí no estaba prohibido, la condición principal para practicarlo era que no hubiera terceras personas en los alrededores, lo que “suponía una prohibición práctica para quien no tuviera un jardín con un muro alto y una piscina”, bromea McMellan.

Empezó entonces una campaña de resistencia pasiva por parte de la población, como en la playa y camping nudista de Prerow, en el estado de Mecklemburgo-Pomerania, donde según informes policiales los nudistas se avisaban de la llegada de los agentes imitando el sonido de un búho y cuando se iban les despedían con una canción titulada “vestirme me da calor”. También inundaban el Ministerio del Interior con cartas pidiendo que les dejasen estar desnudos asegurando que no era incompatible con ser un buen comunista.

Pese a los esfuerzos de las autoridades, de las 13.000 personas que se estimaba que practicaban el nudismo en 1959 se pasaron a 20.000 en 1960, una tendencia que continúo a lo largo de los 60 y 70 llegando incluso a mandar un popular programa de TV de la RDA “a un reportero desnudo a una playa para preguntar como debía comportarse uno la primera vez”. Frente a la tesis de sociólogas como Judith Kruse, Uli Linke o del propio museo de la RDA, según la cual esta resistencia era una forma protestar contra el régimen rompiendo la uniformidad, McLellan, razona que la mayoría de los que “protestaban eran comunistas”, y no lo hacían contra la RDA, sino que solo querían la “libertad de estar desnudos” y la propia RDA estimuló, tras la prohibición el los 50 y 60, el nudismo con la publicación de guías turísticas y publicidad.

Tras la caída del Muro y de la RDA, explica McLellan, el “nudismo paso a ser una característica de la identidad de los alemanes del Este que conscientemente desafiaba las normas del Oeste”. Un ejemplo está en las llamadas por la prensa “Guerras de Playa”, en las que los turistas de Alemania del Oeste demandaban que los espacios nudistas estuvieran demarcados. Pero en Perrow, donde los policías salían acompañados por la canción “vestirme me da calor”, nudistas y vestidos siguen mezclados. Según declaraciones de un anciano nudista al diario Telegraph, “la gente lo quiere así”.

A cualquiera que pasee por el verano berlinés le sorprende la facilidad con la que los locales, al mínimo rayo de sol, se despelotan con total tranquilidad en los parques y lagos de la capital alemana. También resulta curioso que fueran los germanos los creadores de una oferta de vuelos especiales en la que los pasajeros iban desnudos desde el aterrizaje hasta el despegue. Su ideologo, Enrico Hess, explicaba que su plan de negocio estaba inspirado por las vacaciones nudistas en los tiempos del comunismo. Una actividad que en los comienzos de la República Democrática Alemana estuvo prohibida y que para los años 80, según el Museo de la RDA en Berlín, practicaba el 50% de sus ciudadanos.

Jossie McMellan, estudiosa de la revolución sexual en la Alemania del Este, cuenta desde el departamento de Historia de la Universidad de Bristol que el nudismo se convirtió en un “fenómeno de masas” en Alemania durante las décadas de 1920 y 1930, cuando proliferaban los grupos nudistas a ambos lados del espectro político. Cuando el partido nazi llegó al poder, tras un breve intento de sofocar el movimiento, prefirió asimilarlo. “La gran visibilidad del cuerpo desnudo o semidesnudo en ciertas áreas de la cultura nazi”, explica Jossie McMellan, “contribuyó a persuadir a los oficiales de Alemania del Este que nada bueno podía salir de la desnudez pública”.

Así que la recién formada RDA decidió perseguir, entre otras actividades, al nudismo como sospechoso de ser “pro nazi”, “anticomunista” y alentar “el consumismo occidental”, además de estar motivado por y para una “sexualidad incontrolada”. Policías patrullaban las playas del Báltico, detenían a los bañistas desnudos, las asociaciones de nudistas fueron disueltas. Aunque en sí no estaba prohibido, la condición principal para practicarlo era que no hubiera terceras personas en los alrededores, lo que “suponía una prohibición práctica para quien no tuviera un jardín con un muro alto y una piscina”, bromea McMellan.

Empezó entonces una campaña de resistencia pasiva por parte de la población, como en la playa y camping nudista de Prerow, en el estado de Mecklemburgo-Pomerania, donde según informes policiales los nudistas se avisaban de la llegada de los agentes imitando el sonido de un búho y cuando se iban les despedían con una canción titulada “vestirme me da calor”. También inundaban el Ministerio del Interior con cartas pidiendo que les dejasen estar desnudos asegurando que no era incompatible con ser un buen comunista.

Pese a los esfuerzos de las autoridades, de las 13.000 personas que se estimaba que practicaban el nudismo en 1959 se pasaron a 20.000 en 1960, una tendencia que continúo a lo largo de los 60 y 70 llegando incluso a mandar un popular programa de TV de la RDA “a un reportero desnudo a una playa para preguntar como debía comportarse uno la primera vez”. Frente a la tesis de sociólogas como Judith Kruse, Uli Linke o del propio museo de la RDA, según la cual esta resistencia era una forma protestar contra el régimen rompiendo la uniformidad, McLellan, razona que la mayoría de los que “protestaban eran comunistas”, y no lo hacían contra la RDA, sino que solo querían la “libertad de estar desnudos” y la propia RDA estimuló, tras la prohibición el los 50 y 60, el nudismo con la publicación de guías turísticas y publicidad.

Tras la caída del Muro y de la RDA, explica McLellan, el “nudismo paso a ser una característica de la identidad de los alemanes del Este que conscientemente desafiaba las normas del Oeste”. Un ejemplo está en las llamadas por la prensa “Guerras de Playa”, en las que los turistas de Alemania del Oeste demandaban que los espacios nudistas estuvieran demarcados. Pero en Perrow, donde los policías salían acompañados por la canción “vestirme me da calor”, nudistas y vestidos siguen mezclados. Según declaraciones de un anciano nudista al diario Telegraph, “la gente lo quiere así”.

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