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10 de noviembre 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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El hombre que desafía a la guerra con muñequitos de juguete

10 de noviembre 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Cuando los niños juegan con muñequitos de guerra en países en paz, los colocan como se imaginan que se dispondría una batalla. Los niños de los países en guerra, sin embargo, saben cómo se disponen las cosas cuando empieza el fuego. El artista Brian McCarty utiliza los juguetes para que le cuenten cuánto se juegan ellos.

Este creador estadounidense reconocido por sus trabajos posmodernos y destacado en el Art –Toy (una técnica de la que él es pionero, que consiste en fotografiar juguetes representando escenas verídicas pero que “toman distancia con la realidad para referirse a ella y tratar de explicarla”, en palabras del propio McCarty) presenta en la galería Peanut Underground de Nueva York -a través de Tinca Art- su nueva colección: War Toys. Su pasión por montar diminutas escenografías de ficticias realidades cotidianas da un paso más. Ahora, el autor acude a los enfrentamientos más cruentos del planeta para transformar su trabajo en una denuncia y un estudio social. Un proyecto con el que ha conseguido “convertir a los niños de los conflictos en directores de arte”.

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Para realizarla, McCarty decidió recorrer algunas de las guerras más duras de nuestro tiempo. Su propósito ha sido crear arte en ellas a la par que participaba en una terapia psicológica para los niños que las viven. Desde el conflicto palestino-israelí –al que dedica la exposición de Nueva York-, pasando por Afganistán, Colombia o Sudán, el viaje del fotógrafo consiste en visitar a menores de estas zonas y escuchar a través de sus dibujos lo que ellos saben de la guerra.

Una vez documentadas sus perspectivas, con juguetes adquiridos en los propios países que visita, elabora escenarios de figuritas que representan las batallas que describen los pequeños. Sin duda la recreación bélico-lúdica más fiel que ningunos otros niños pudieran haberle sugerido nunca.

“Mi meta con War-Toys es documentar las perspectivas que no se ven en la guerra comunicadas por los niños más afectados de ella”, explica McCarty. “Para lograr esto me sumerjo en diversas comunidades en colaboración con organizaciones humanitarias. Con ellas identifico, observo y colaboro con los niños de la localidad. Toma más tiempo y recursos de los que la mayoría de los artistas independientes pueden soportar, pero es necesario”.

El estadounidense, que lleva a cabo su plan junto a psicólogos, terapeutas y personal de las organizaciones que atienden a estos menores afectados, cree que este trabajo no se limita a que él pueda crear, sino que también es un método de ayuda: “Debido a que la capacidad cognitiva es previa al desarrollo del lenguaje, los niños suelen compartir sus experiencias y hacer frente a sus sentimientos a través de métodos indirectos de comunicación como el arte y el juego. Eso provoca que a menudo sus versiones sean invisibles. Yo utilizo un proceso de colaboración para desbloquear y articular sus experiencias, convirtiendo el lenguaje de la obra en un diálogo serio”.

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El trabajo comienza con la observación. McCarty interactúa con los chicos bajo la supervisión de las ONG que les hacen entrevistas artísticas en su nombre, invitando a los niños a hacer dibujos sobre sus vidas y experiencias. “Esas ilustraciones son las que servirán como dirección de arte y la base para mi posterior exploración fotográfica”.

Los juguetes que adquiere el artista en los mercados locales son colocados de acuerdo a esos dibujos en los lugares reales donde los niños sitúan cada escena, espacios que se integran en la imagen gracias a las técnicas de perspectiva que el fotógrafo sabe manejar a la perfección.

“Las fotografías resultantes proporcionan un documento interpretativo de los hechos que narran los niños”. Los resultados, que irá publicando paulatinamente en exposiciones y libros a la venta, pretende acabar siendo un ensayo compuesto por 60 o 90 fotografías acompañadas de los dibujos de los menores que sirvieron de inspiración.

En su último periplo, que le llevó de viaje hasta Oriente Medio, McCarty visitó áreas en conflicto como Gaza (Palestina), donde observó la vida de “1,2  millones de refugiados que viven en un territorio que ha sido escenario de innumerables ataques que colocan a los civiles en peligro. Algunos de los niños retrataron milicianos como heroicos defensores, y la mayoría reflejaron cosas que habían visto y temido -la muerte y la destrucción por los ataques aéreos, pescadores atacados a balazos, miembros de su familia asesinados…-”, describe. El día siguiente a abandonar la zona, comenzaba sobre ese territorio una operación israelí que se saldaba con 133 muertos y 840 heridos tras recibir 1.500 impactos de proyectiles del ejército.

También visitó Cisjordania (Palestina), donde fue testigo de cómo muchos de los dibujos “mostraban los acontecimientos reales que los niños habían presenciado, sus temores”: ataques, personas en prisión, familias moribundas, misiles, soldados, tanques, aviones, muertos… Para disponer los juguetes que fotografiaría, McCarty no dudó en elegir puntos estratégicos y conocidos por todos los afectados como el puesto de control de Kalandia, las calles de Dheisheh, el barrio árabe de la Ciudad Vieja o el inmenso muro de separación que ha dispuesto el gobierno israelí.

Además visitó Sderot, una ciudad israelí a una milla de la frontera con Gaza donde abundan los refugios-bomba que esta población ha construido por temor a los misiles caseros lanzados por los palestinos, que en ocasiones atinan en esta villa.  “Los niños hicieron dibujos sobre el sistema de defensa Cúpula de Hierro, desplegado con éxito para derribar cohetes”.

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El propósito final del estadounidense es reflejar en sus fotos un estudio de alto grado sobre los traumas infantiles que acarrean estos chicos. “Se trata de involucrarles en el proceso creativo y dejar que fluya su visión del conflicto”, argumenta. “Tengo la intención de desafiar a estos niños y niñas a percibirse a sí mismos y su mundo de una manera diferente. Trato de capacitarles para que sepan dar contexto y puedan validar sus percepciones personales de la guerra”.

“Más que fotografías, se trata de explorar la guerra con el fin de iniciar un proceso de curación”, esgrime el hombre que coloca sus juguetes en el epicentro de los conflictos.

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Cuando los niños juegan con muñequitos de guerra en países en paz, los colocan como se imaginan que se dispondría una batalla. Los niños de los países en guerra, sin embargo, saben cómo se disponen las cosas cuando empieza el fuego. El artista Brian McCarty utiliza los juguetes para que le cuenten cuánto se juegan ellos.

Este creador estadounidense reconocido por sus trabajos posmodernos y destacado en el Art –Toy (una técnica de la que él es pionero, que consiste en fotografiar juguetes representando escenas verídicas pero que “toman distancia con la realidad para referirse a ella y tratar de explicarla”, en palabras del propio McCarty) presenta en la galería Peanut Underground de Nueva York -a través de Tinca Art- su nueva colección: War Toys. Su pasión por montar diminutas escenografías de ficticias realidades cotidianas da un paso más. Ahora, el autor acude a los enfrentamientos más cruentos del planeta para transformar su trabajo en una denuncia y un estudio social. Un proyecto con el que ha conseguido “convertir a los niños de los conflictos en directores de arte”.

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Para realizarla, McCarty decidió recorrer algunas de las guerras más duras de nuestro tiempo. Su propósito ha sido crear arte en ellas a la par que participaba en una terapia psicológica para los niños que las viven. Desde el conflicto palestino-israelí –al que dedica la exposición de Nueva York-, pasando por Afganistán, Colombia o Sudán, el viaje del fotógrafo consiste en visitar a menores de estas zonas y escuchar a través de sus dibujos lo que ellos saben de la guerra.

Una vez documentadas sus perspectivas, con juguetes adquiridos en los propios países que visita, elabora escenarios de figuritas que representan las batallas que describen los pequeños. Sin duda la recreación bélico-lúdica más fiel que ningunos otros niños pudieran haberle sugerido nunca.

“Mi meta con War-Toys es documentar las perspectivas que no se ven en la guerra comunicadas por los niños más afectados de ella”, explica McCarty. “Para lograr esto me sumerjo en diversas comunidades en colaboración con organizaciones humanitarias. Con ellas identifico, observo y colaboro con los niños de la localidad. Toma más tiempo y recursos de los que la mayoría de los artistas independientes pueden soportar, pero es necesario”.

El estadounidense, que lleva a cabo su plan junto a psicólogos, terapeutas y personal de las organizaciones que atienden a estos menores afectados, cree que este trabajo no se limita a que él pueda crear, sino que también es un método de ayuda: “Debido a que la capacidad cognitiva es previa al desarrollo del lenguaje, los niños suelen compartir sus experiencias y hacer frente a sus sentimientos a través de métodos indirectos de comunicación como el arte y el juego. Eso provoca que a menudo sus versiones sean invisibles. Yo utilizo un proceso de colaboración para desbloquear y articular sus experiencias, convirtiendo el lenguaje de la obra en un diálogo serio”.

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El trabajo comienza con la observación. McCarty interactúa con los chicos bajo la supervisión de las ONG que les hacen entrevistas artísticas en su nombre, invitando a los niños a hacer dibujos sobre sus vidas y experiencias. “Esas ilustraciones son las que servirán como dirección de arte y la base para mi posterior exploración fotográfica”.

Los juguetes que adquiere el artista en los mercados locales son colocados de acuerdo a esos dibujos en los lugares reales donde los niños sitúan cada escena, espacios que se integran en la imagen gracias a las técnicas de perspectiva que el fotógrafo sabe manejar a la perfección.

“Las fotografías resultantes proporcionan un documento interpretativo de los hechos que narran los niños”. Los resultados, que irá publicando paulatinamente en exposiciones y libros a la venta, pretende acabar siendo un ensayo compuesto por 60 o 90 fotografías acompañadas de los dibujos de los menores que sirvieron de inspiración.

En su último periplo, que le llevó de viaje hasta Oriente Medio, McCarty visitó áreas en conflicto como Gaza (Palestina), donde observó la vida de “1,2  millones de refugiados que viven en un territorio que ha sido escenario de innumerables ataques que colocan a los civiles en peligro. Algunos de los niños retrataron milicianos como heroicos defensores, y la mayoría reflejaron cosas que habían visto y temido -la muerte y la destrucción por los ataques aéreos, pescadores atacados a balazos, miembros de su familia asesinados…-”, describe. El día siguiente a abandonar la zona, comenzaba sobre ese territorio una operación israelí que se saldaba con 133 muertos y 840 heridos tras recibir 1.500 impactos de proyectiles del ejército.

También visitó Cisjordania (Palestina), donde fue testigo de cómo muchos de los dibujos “mostraban los acontecimientos reales que los niños habían presenciado, sus temores”: ataques, personas en prisión, familias moribundas, misiles, soldados, tanques, aviones, muertos… Para disponer los juguetes que fotografiaría, McCarty no dudó en elegir puntos estratégicos y conocidos por todos los afectados como el puesto de control de Kalandia, las calles de Dheisheh, el barrio árabe de la Ciudad Vieja o el inmenso muro de separación que ha dispuesto el gobierno israelí.

Además visitó Sderot, una ciudad israelí a una milla de la frontera con Gaza donde abundan los refugios-bomba que esta población ha construido por temor a los misiles caseros lanzados por los palestinos, que en ocasiones atinan en esta villa.  “Los niños hicieron dibujos sobre el sistema de defensa Cúpula de Hierro, desplegado con éxito para derribar cohetes”.

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El propósito final del estadounidense es reflejar en sus fotos un estudio de alto grado sobre los traumas infantiles que acarrean estos chicos. “Se trata de involucrarles en el proceso creativo y dejar que fluya su visión del conflicto”, argumenta. “Tengo la intención de desafiar a estos niños y niñas a percibirse a sí mismos y su mundo de una manera diferente. Trato de capacitarles para que sepan dar contexto y puedan validar sus percepciones personales de la guerra”.

“Más que fotografías, se trata de explorar la guerra con el fin de iniciar un proceso de curación”, esgrime el hombre que coloca sus juguetes en el epicentro de los conflictos.

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Opiniones 3
  • Qué pena tan grande ver esos dibujos hechos por niños que no deberían ver ni pasar por momentos tan malos 🙁

    Qué pena que ya les quitaron la infancia.

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