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7 de marzo 2012    /   CREATIVIDAD
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El hombre que recoge notas manuscritas

7 de marzo 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Soy una de esas personas que siempre he sentido la necesidad de recoger objetos que veo tirados por ahí. Durante un tiempo tuve un local a pie de calle, lo acondicioné magníficamente con los muebles que fui cogiendo de la basura y luego tuve que contenerme para mantener un espacio que me permitiese deambular y trabajar. Supongo que si hubiera seguido acumulando objetos podría haber sido víctima del síndrome de Diógenes, que en esos trastornos todo es empezar.

Lo que podríamos llamar mi «compulsión recogedora» aún no ha cesado. Me atraen los cachivaches de las basuras y cualquier objeto que veo tirado, pero mis posibilidades de almacenamiento y una cierta sensatez fruto de la edad se han impuesto y ya no recojo prácticamente nada.

Digo prácticamente porque, como sea que la compulsión sigue, y en aras de mantener una rareza con la cual disfruto, ahora recojo notas manuscritas que veo por ahí. Sobre todo son listas de la compra que encuentro en la entrada de los supermercados, pero también otras que la gente deja tiradas en la calle. ¡Gracias por ser incívicos y no usar las papeleras!

Este coleccionismo tiene muchas ventajas: sus elementos ocupan muy poco, se obtienen sin coste alguno, se pueden portar discretamente una vez hallados y almacenar fácilmente, se pueden registrar sin problemas en soporte informático… pero sobre todo satisfacen ese «factor cotilla» que todos llevamos dentro. Dan mucha más información que una lámpara o un mueble encontrados por ahí. Supongo que hasta pudieran tener valor como elementos para un futuro estudio antropológico.

Como toda colección, se disfruta más plenamente cuando se muestra a los demás. Y creo que ha llegado la hora de compartir con la blogosfera los elementos más notables que la componen. Todos fueron hallados entre octubre de 2009 y la fecha actual, en Donostia-San Sebastián, y se muestran sin ningún orden concreto, seleccionados por la belleza de su grafismo, el interés de su mensaje o su originalidad.


Lista clásica de la compra. Sin embargo, nótense algunos detalles: Por el tipo de letra bastante trasnochado y esa maravillosa síntesis en María, podría atribuirse a una persona de cierta edad; su brevedad podría revelar frágil memoria… Pero sorprende que no inicie las líneas con mayúsculas y sí lo haga en el nombre comercial. ¿Qué contendrán los botellines de Unay? Una nota perturbadora.

Otra lista clásica. La letra parece más actualizada, aunque mantiene elementos arcaicos: esa cruzeta en la q. Lo de leches, genial. Madalenas sin la g; pa qué, si ya nos entendemos… pero la maravilla está en Kas. La k es elegante, resuelta, armónica y la grafía nos remite al logo original de la marca. Solo con verla me dan ganas de beberme uno.

Dos notas «como Dios manda». Bastante extensas, con las cantidades de los productos, algunas abreviaturas… y magnífico ejemplo de reciclaje en la utilización del resto de un sobre, en la primera.

En esta van un paso más allá y tachan los productos ya adquiridos. En la última línea ya no hay lugar… o acaso no consiguió los huevos. Variedad de verduras; buena dieta. Enternecedor ese «domingo paella».

Pequeña nota aprovechada al máximo. Tareas, compras, teléfonos… hasta una flecha que nos remite a la parte posterior, donde continua y que no escaneo porque contiene información sensible. Persona ocupadísima. ¿Mujer?

Maravillosa nota hallada en Donostia que, sin embargo, ¡está en portugués! Frango, Peixe, Feijâo… ¡Una delicia!

La nota de color. Encuentro muchos post-its amarillos y, a veces, algunos rosa como este, con su lacónica y escasamente puntuada frase.

Una auténtica rareza: Un avión de papel coloreado y con un nombre propio escrito.

Una enigmática lista de números que parece salida de una peli de espías.

Maravilloso apunte con romática poesía en euskera, realizado en una hoja de agenda. “Italiara” quiere decir “a Italia” ¿Nos remite a un próximo viaje a ese país?

Nota improvisada en billete de lotería, con información sobre una habitación de hospital. El apunte “5ª Planta”, está repetido. ¿Los nervios del momento?

Nota evidentemente jurídica.

Si tú lo dices…

En esta foto muestro gran parte de las notas que he acumulado desde que empecé, hace ya cinco años, y la caja donde las guardo actualmente, que ya se está quedado pequeña ante semejante volumen de papel.

Como habréis podido ver, las hay de variadas formas y coloridos, La mayoría están arrugadas. La gente las tira después de hacerlas una bola y muchas tienen marcas de pisadas o barro porque las encuentro en el suelo.

Alguien dijo alguna vez que la basura de una persona es el tesoro de otra. En mi caso yo no diría tanto pero, ya veis: buscaba una colección sencilla, y un día la encontré tirada en la calle.

Soy una de esas personas que siempre he sentido la necesidad de recoger objetos que veo tirados por ahí. Durante un tiempo tuve un local a pie de calle, lo acondicioné magníficamente con los muebles que fui cogiendo de la basura y luego tuve que contenerme para mantener un espacio que me permitiese deambular y trabajar. Supongo que si hubiera seguido acumulando objetos podría haber sido víctima del síndrome de Diógenes, que en esos trastornos todo es empezar.

Lo que podríamos llamar mi «compulsión recogedora» aún no ha cesado. Me atraen los cachivaches de las basuras y cualquier objeto que veo tirado, pero mis posibilidades de almacenamiento y una cierta sensatez fruto de la edad se han impuesto y ya no recojo prácticamente nada.

Digo prácticamente porque, como sea que la compulsión sigue, y en aras de mantener una rareza con la cual disfruto, ahora recojo notas manuscritas que veo por ahí. Sobre todo son listas de la compra que encuentro en la entrada de los supermercados, pero también otras que la gente deja tiradas en la calle. ¡Gracias por ser incívicos y no usar las papeleras!

Este coleccionismo tiene muchas ventajas: sus elementos ocupan muy poco, se obtienen sin coste alguno, se pueden portar discretamente una vez hallados y almacenar fácilmente, se pueden registrar sin problemas en soporte informático… pero sobre todo satisfacen ese «factor cotilla» que todos llevamos dentro. Dan mucha más información que una lámpara o un mueble encontrados por ahí. Supongo que hasta pudieran tener valor como elementos para un futuro estudio antropológico.

Como toda colección, se disfruta más plenamente cuando se muestra a los demás. Y creo que ha llegado la hora de compartir con la blogosfera los elementos más notables que la componen. Todos fueron hallados entre octubre de 2009 y la fecha actual, en Donostia-San Sebastián, y se muestran sin ningún orden concreto, seleccionados por la belleza de su grafismo, el interés de su mensaje o su originalidad.


Lista clásica de la compra. Sin embargo, nótense algunos detalles: Por el tipo de letra bastante trasnochado y esa maravillosa síntesis en María, podría atribuirse a una persona de cierta edad; su brevedad podría revelar frágil memoria… Pero sorprende que no inicie las líneas con mayúsculas y sí lo haga en el nombre comercial. ¿Qué contendrán los botellines de Unay? Una nota perturbadora.

Otra lista clásica. La letra parece más actualizada, aunque mantiene elementos arcaicos: esa cruzeta en la q. Lo de leches, genial. Madalenas sin la g; pa qué, si ya nos entendemos… pero la maravilla está en Kas. La k es elegante, resuelta, armónica y la grafía nos remite al logo original de la marca. Solo con verla me dan ganas de beberme uno.

Dos notas «como Dios manda». Bastante extensas, con las cantidades de los productos, algunas abreviaturas… y magnífico ejemplo de reciclaje en la utilización del resto de un sobre, en la primera.

En esta van un paso más allá y tachan los productos ya adquiridos. En la última línea ya no hay lugar… o acaso no consiguió los huevos. Variedad de verduras; buena dieta. Enternecedor ese «domingo paella».

Pequeña nota aprovechada al máximo. Tareas, compras, teléfonos… hasta una flecha que nos remite a la parte posterior, donde continua y que no escaneo porque contiene información sensible. Persona ocupadísima. ¿Mujer?

Maravillosa nota hallada en Donostia que, sin embargo, ¡está en portugués! Frango, Peixe, Feijâo… ¡Una delicia!

La nota de color. Encuentro muchos post-its amarillos y, a veces, algunos rosa como este, con su lacónica y escasamente puntuada frase.

Una auténtica rareza: Un avión de papel coloreado y con un nombre propio escrito.

Una enigmática lista de números que parece salida de una peli de espías.

Maravilloso apunte con romática poesía en euskera, realizado en una hoja de agenda. “Italiara” quiere decir “a Italia” ¿Nos remite a un próximo viaje a ese país?

Nota improvisada en billete de lotería, con información sobre una habitación de hospital. El apunte “5ª Planta”, está repetido. ¿Los nervios del momento?

Nota evidentemente jurídica.

Si tú lo dices…

En esta foto muestro gran parte de las notas que he acumulado desde que empecé, hace ya cinco años, y la caja donde las guardo actualmente, que ya se está quedado pequeña ante semejante volumen de papel.

Como habréis podido ver, las hay de variadas formas y coloridos, La mayoría están arrugadas. La gente las tira después de hacerlas una bola y muchas tienen marcas de pisadas o barro porque las encuentro en el suelo.

Alguien dijo alguna vez que la basura de una persona es el tesoro de otra. En mi caso yo no diría tanto pero, ya veis: buscaba una colección sencilla, y un día la encontré tirada en la calle.

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Opiniones 8
  • Cuando tenía 15 años, una amiga mía recogió un papel del suelo cerca del colegio. Resultó ser una etiqueta de ropa con un número de teléfono apuntado. Reconoció que era el mío y me la dió. Al poco tiempo ví al chico que me gustaba con una camiseta de la misma marca que la etiqueta, y sí, recordé que hacía poco le había dado mi número…
    Esos papeles tienen su historia. Gran colección. 🙂

  • Antropológicamente tierna, como la colección de descartes del fotomatón de Amelie. Dan ganas de enviarte la propia lista para ver que resulta en el análisis. A cambio, mira mi web si quieres ayuda con el principio de síndrome de Diógenes.

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