15 de abril 2013    /   CINE/TV
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El hombre que susurraba a las vacas

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Si la única vaca feliz que recuerdas haber visto en tu vida es la de Ben & Jerry’s, «The Moo Man» es tu documental.
Steven Hook cuida diariamente de cincuenta vacas en una granja del sur de Inglaterra. Por su experiencia, es evidente que algo falla en el sistema que establece el Gobierno de su país. Llegó un momento en que se vio obligado a vender a las grandes superficies el litro de leche a un precio inferior al coste de producción. Las pérdidas se compensaban con los diferentes subsidios fiscales que recibía.
Ante tal situación se enfrentó a dos opciones. Una de ellas pasaba por abaratar la producción a costa de la calidad algo que el no estaba dispuesto a hacer. Decidió dedicarse a ir puerta por puerta, en busca de quien estuviera dispuesto a pagar por leche natural al precio que merece. «The Moo Man» es el relato de un intento de humanizar de nuevo el proceso de producción alimenticia.
Dos de sus clientes eran Heinke y Andy, cineastas independientes y casi vecinos. Cuando se fijaron que cada una de las botellas estaba personalizada con fotos y anécdotas de algunas de sus vacas comenzaron a interesarse por aquel desconocido que les suministraba leche. Fue entonces cuando esos animales pasaron de ser un concepto abstracto para ellos.  Se convirtieron en seres individuales con personalidad propia, tal y como lo son para Hook.
Tanto él como sus animales son bastante populares en la zona. Cuando el granjero acude a mercados en Londres para vender leche la gente suele preguntarle si pueden visitar la granja. Intenta en la medida de lo posible acomodar a quien esté interesado, pero las posibilidades por ritmo de trabajo y por espacio son limitadas. El documental resuelve ese problema, por eso permitió que una cámara entrara en su casa, cuenta Hook en uno de los momentos libres que le dejan sus vacas.

«He visto esas películas que denuncian las malas prácticas en la cadena de alimentación. Andy y Heinke querían mostrar el reverso positivo, que la gente supiera que existe una alternativa. Por eso les di un voto de confianza y me puse en sus manos. Parece que a la gente le ha interesado. Lo que se ve en la película es mérito suyo, yo apenas hice nada diferente a lo que suelo hacer», dice Hook.
Los cineastas aprovecharon esa actitud espontánea de Hook para grabar el día a día de la granja. El intenso vínculo que el granjero ha desarrollado con los animales es tal que llegó a generar tramas propias un relato de ficción, así que decidieron adaptar el rodaje en torno a los avatares de Ida, una de las vacas más veteranas y carismáticas del lugar. El relato se ha convertido en una de las apuestas del Festival de Sundance (y de su inminente versión europea en Londres) y uno de los platos fuertes de la sección Culinary Cinema del Festival de Cine de Berlín.
Los directores esperan que dando a conocer la realidad de Hook y de Ida, los espectadores pensemos un poco mejor lo que comemos. Para el granjero su participación en la película tiene un mensaje aún más directo: «es importante que la gente sepa el alto coste que supone el poder comprar comida barata».

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Ante tal situación se enfrentó a dos opciones. Una de ellas pasaba por abaratar la producción a costa de la calidad algo que el no estaba dispuesto a hacer. Decidió dedicarse a ir puerta por puerta, en busca de quien estuviera dispuesto a pagar por leche natural al precio que merece. «The Moo Man» es el relato de un intento de humanizar de nuevo el proceso de producción alimenticia.
Dos de sus clientes eran Heinke y Andy, cineastas independientes y casi vecinos. Cuando se fijaron que cada una de las botellas estaba personalizada con fotos y anécdotas de algunas de sus vacas comenzaron a interesarse por aquel desconocido que les suministraba leche. Fue entonces cuando esos animales pasaron de ser un concepto abstracto para ellos.  Se convirtieron en seres individuales con personalidad propia, tal y como lo son para Hook.
Tanto él como sus animales son bastante populares en la zona. Cuando el granjero acude a mercados en Londres para vender leche la gente suele preguntarle si pueden visitar la granja. Intenta en la medida de lo posible acomodar a quien esté interesado, pero las posibilidades por ritmo de trabajo y por espacio son limitadas. El documental resuelve ese problema, por eso permitió que una cámara entrara en su casa, cuenta Hook en uno de los momentos libres que le dejan sus vacas.

«He visto esas películas que denuncian las malas prácticas en la cadena de alimentación. Andy y Heinke querían mostrar el reverso positivo, que la gente supiera que existe una alternativa. Por eso les di un voto de confianza y me puse en sus manos. Parece que a la gente le ha interesado. Lo que se ve en la película es mérito suyo, yo apenas hice nada diferente a lo que suelo hacer», dice Hook.
Los cineastas aprovecharon esa actitud espontánea de Hook para grabar el día a día de la granja. El intenso vínculo que el granjero ha desarrollado con los animales es tal que llegó a generar tramas propias un relato de ficción, así que decidieron adaptar el rodaje en torno a los avatares de Ida, una de las vacas más veteranas y carismáticas del lugar. El relato se ha convertido en una de las apuestas del Festival de Sundance (y de su inminente versión europea en Londres) y uno de los platos fuertes de la sección Culinary Cinema del Festival de Cine de Berlín.
Los directores esperan que dando a conocer la realidad de Hook y de Ida, los espectadores pensemos un poco mejor lo que comemos. Para el granjero su participación en la película tiene un mensaje aún más directo: «es importante que la gente sepa el alto coste que supone el poder comprar comida barata».

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