17 de marzo 2021    /   BUSINESS
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El Hueco Oxma, el proyecto de innovación rural que quiere revitalizar su pueblo

17 de marzo 2021    /   BUSINESS     por          
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Soria es una de las regiones más despobladas de Castilla y León. A los problemas de baja demografía y una población envejecida, se suman (o quizá son consecuencia unos de otros, como en cascada) problemas de transporte por carretera y ferroviario, dificultades en las comunicaciones y el abandono institucional. Pero lejos de resignarse a eso, algunos sorianos empiezan a alzar la voz para llamar la atención de las Administraciones, y mientras, como dice el refrán, a Dios rogando y con el mazo dando.

Hace unos seis años nació en Soria capital un espacio de innovación y emprendimiento llamado El Hueco. Un coworking del que surgieron iniciativas emprendedoras que trataban de dar vida a una provincia que parecía no tenerla.

el hueco oxma

Armando García, gerente de El Virrey Palafox, uno de los negocios de hostelería más tradicionales y con más solera de El Burgo de Osma, conoció aquel espacio de innovación y quiso replicar la idea en su localidad. A él se unió José Ángel Marín, que, tras trabajar 10 años en Soria en el sector del transporte turístico con su empresa Turisocio, se asentó en la villa burgense para llevar un autobús eléctrico que recorre el Burgo y sus rincones más interesantes para los turistas con poco tiempo o pocas ganas de andar. Marín ya había formado parte de El Hueco en Soria y conocía muy bien su funcionamiento. Él es el host y uno de los gestores, junto con García, de El Hueco Oxma, un espacio de coworking e innovación rural que nació hace tres años en esta pequeña localidad soriana.

El Burgo de Osma es un pueblo de apenas 5.000 habitantes que vive de la agricultura y del turismo. ¿Tiene sentido crear un espacio como este, de 500 m2, en una localidad tan pequeña y tan tradicional? Si el entusiasmo con el que García y Marín hablan de esta iniciativa es indicio de algo, la respuesta es un rotundo sí.

Armando (tras cinco minutos de conversación pierde todo el sentido llamarle por su apellido; tan familiar y cercano es su trato) es un torrente de palabras y de energía que resulta difícil contener. Tiene muy claros sus objetivos y hacia dónde quiere que les lleve este espacio. Su cabeza bulle, y la seguridad con la que habla de innovación es tan fuerte que acabas contagiado. José Ángel, más callado, le deja hablar, aunque asiente a todo lo que dice su compañero en esta aventura. Uno es la voz; el otro, la acción que demuestra las teorías.

Los dos son personas optimistas. Hay que serlo para atreverse a romper cánones en comarcas donde la tradición manda y las cosas se hacen despacito, sin prisas. El confinamiento territorial al que la covid ha obligado a toda la región obligó a ralentizar proyectos, a dejarlos en stand-by. Pero ellos ven en la pandemia una oportunidad más que un obstáculo. «Los problemas siempre traen ventajas para alguien y creemos que ha llegado el momento de que nosotros tengamos nuestras propias ventajas».

El espacio, un local cedido por la familia propietaria de El Virrey Palafox y remodelado gracias a la pequeña aportación de unos fondos europeos, se divide en tres: una sala de coworking, una sala de reuniones y un espacio abierto para albergar talleres. «Aquí tenemos la máxima de que el espacio se tiene que adaptar a ti, no tú al espacio», comenta Armando.

‘Código atalaya’, de Daniel Garbade
‘Globos’, de Judith y Santi

Por sus instalaciones han pasado tanto personas que teletrabajaban y necesitaban un lugar con una buena conexión a internet como otras que decidieron regresar a su pueblo o al de sus familias para montar sus propios proyectos. Es el caso de Ana Carazo, que ha creado una bodega en las viñas que pertenecieron a su familia en Matanza, un pueblo de apenas 25 habitantes cercano a la localidad de San Esteban de Gormaz, a la que bautizó como La Loba. Ahora ha iniciado un proyecto de innovación con Nokia por el que ha conseguido llevar el 5G a ese lugar para poder monitorizar y controlar las viñas.

O el de Henar Madrigal, que decidió crear una fábrica de quesos de cabra a la que llamó De Aquí gracias a una sesión de lluvia de ideas con el equipo de El Hueco Oxma, donde se jugó con una de las frases más repetidas por los turistas que compraban productos burgenses: «Que sea de aquí, por favor».

Henar Madrigal (Quesos De Aquí) y Ana Carazo (Bodegas La Loba)

En total, cuentan José Ángel y Armando, han pasado por las instalaciones de El Hueco Oxma unas 30 personas. «Lo que planteamos es dar visibilidad a esta opción de vida, que puedes venir aquí y que tu calidad de vida puede ser espectacular», asegura Armando García.

Pero no quieren ser solo un coworking. Una frase de Francisco Giner de los Ríos que preside el espacio de trabajo resume el espíritu de este lugar: «Todo lo sabemos entre todos». El individualismo resta. Lo que ayuda a avanzar es compartir conocimiento y experiencia. Y ese es el objetivo principal de El Hueco Oxma: crear comunidad.

«Buscamos el concepto de comunidad y de acción local —asegura el gerente del Virrey Palafox—. No podemos ser astronautas, queremos evitar el efecto astronauta, que tú llegues como un moderno a un pueblo, “¡ay, qué moderno soy, que estoy en un pueblo!”, pero no te hables con los vecinos».

Autor: Ricardo Rupérez Mateo

Así que lo primero que se plantearon para darse visibilidad local fue lanzar una acción relacionada con el arte a la que bautizaron Subiendo las persianas. «Fue una iniciativa de arte rural en la que convocamos a los artistas de El Burgo de Osma para que vinieran a conocer El Hueco Oxma», rememora José Ángel Marín. Para ello crearon un colectivo de artistas locales al que denominaron Pintamonos.

A la llamada acudieron más de 20 artistas, «mucha gente joven con ganas e iniciativa para hacer algo distinto en su propia localidad», a los que se les propuso hacer una intervención de arte urbano. «No me gusta llamarlo arte urbano; de arte en la calle, porque esto no es urbano, es rural», se ríe Armando.

‘C’est une store’, de Jesús Barrios

El primer año la iniciativa consistió en hacer una serie de trampantojos en distintos puntos de El Burgo, pero al año siguiente se les ocurrió coger un elemento tradicional de la arquitectura de la villa con la que los vecinos se sintieran identificados. Ese elemento, que podía convertirse, además, en un lienzo perfecto, eran las persianas; y el lugar elegido, la plaza de Santo Domingo, conocida por los vecinos como la Plaza de los Cacharros.

«Esta acción tenía dos cometidos —explica José Ángel—. Uno, dar a conocer la plaza, en la que hace 40 años hubo hasta 15 negocios (ahora solo hay uno), y ponerla en relevancia otra vez. Y el otro, que fueran esos artistas locales quienes dieran esa pompa, quienes lo lograran».

‘En peligro de extinción’, de Silvia de Pedro
‘Beyond my imagination’, de Paula Noidat

Para Armando, lo interesante del proyecto, que tuvo muy buena acogida, era que implicaba a tres colectivos: por un lado, los propios artistas. Por otro, los anfitriones, los vecinos que habitan en esa plaza y que prestan sus persianas como lienzos; y por otra, el colectivo de El Hueco Oxma como intermediario y dinamizador del proyecto. «No solo fue una acción artística, sino que también comimos con los vecinos en la calle. Buscábamos que esa gente mayor que vive allí peleara por su espacio. Y la gente, en cierta manera, descubrió la plaza», corrobora Armando.

Después llegó el covid y todo quedó parado, también el proyecto de las persianas. Aunque ya están poniendo en marcha otra vez una nueva edición. «La idea era atraer y dar a conocer a artistas locales, pero también invitar a otros de fuera», concluye García. Si no te abres al mundo, no puedes pretender que los cambios lleguen. «El primer año trajimos a Daniel Garbade, un pintor suizo que hace cosas muy interesantes, que pintó dos persianas».

el hueco oxma

«Creo que hemos venido para romper», afirma Armando con rotundidad, con la seguridad de quien está convencido de lo que hace y pone su empeño en que su tierra y su pueblo no mueran ni se estanquen.

«Queremos hacer innovación. Innovación es cambiar las cosas introduciendo novedades. Ahora mismo, en comarcas tan tradicionales como El Burgo, hay un cambio de mentalidad en general. La gente, si haces algo nuevo, está dispuesta a abrazarlo porque significa vida. Cambiar las persianas de una plaza, que es una cosa muy simple, aquí supone un cambio total. Supone que todo aquello se dinamice, que todo aquello cambie de una manera espectacular. Supone que la gente vea colectivos que hasta ahora no se han visto. En el mundo rural hay gente muy interesante».

Porque, afirma, damos por hecho que en los pueblos no hay talento, cuando es todo lo contrario. «Los prejuicios hay que romperlos. Por eso hay que cambiar el pensamiento. La innovación está aquí. Los que podemos innovar, los que podemos cambiar el mundo somos nosotros. Donde hay que traer el diseño gráfico, donde hay que traer el arte, donde hay que traer el cambio de mentalidad es aquí».

Armando García y José Ángel Marín

INNOVACIÓN PATRIMONIAL

El otro gran proyecto que han ideado durante el confinamiento y ahora están poniendo en marcha tiene que ver con la innovación patrimonial. Su intención, para empezar, es hacer un vídeo que dé a conocer el yacimiento arqueológico de Uxama, la antigua ciudad romana que dio nombre a la comarca.

«Estamos elaborando un documental sobre el yacimiento de Uxama, porque lo que pretendemos es romper la dinámica del abandono institucional y porque creemos que hay un nicho de desarrollo y de innovación brutal en el patrimonio histórico, en el momento en que entendamos que el patrimonio no es un gasto, sino una inversión», cuenta Armando. «A mí, si me dices que la catedral del Burgo fue cara construirla, creo que la estamos amortizando mil años más tarde. Sigue generando riqueza aún para el pueblo».

Pero el freno a este tipo de iniciativas, aseguran Marín y García, está en las Administraciones. «Con la iglesia hemos topado, Sancho», que diría el Quijote. Pero aquí el que no se arriesga no cruza el charco. Así que, por intentarlo, que no quede. Nunca se sabe cuál será la grieta, por pequeña que sea, que acabe derribando el muro.

«Creemos que tenemos que convencer a las instituciones de que el patrimonio no es un gasto, sino una inversión», defiende el gerente del Virrey Palafóx. «Y creemos que uno de los elementos que más puede dinamizar y que genere puestos de trabajo de calidad en este pueblo, de mucha innovación (si nos lo permiten), puede ser el patrimonio. Yo tengo una fe ciega en que podemos tener un modelo muy bonito, muy interesante, muy moderno ¡si nos dejan!», insiste.

«Hay que hacerles entender que un castillo, un yacimiento… no son propiedad del Gobierno, sino de la comunidad local. Y nosotros debemos tener nuestro espacio de gestión ahí. Si ellos lo entienden, los proyectos tendrán continuidad».

HACER DE TUS DEBILIDADES FORTALEZA

Que el Burgo es un atractivo para el turismo es un hecho. Por eso, buen número de los nuevos negocios que han surgido en la localidad en los últimos años tienen que ver con ese sector. Restaurantes, casas rurales, tiendas de gastronomía local, bares… ¿Es el único modelo de negocio posible en la zona? Probablemente no, pero para empezar a construir tienes que ser consciente primero del terreno sobre el que vas a edificar y de las herramientas que tienes. Si el turismo es una actividad económica i

«Focalizar el futuro del dinamismo en la localidad seguramente tenga que ser así porque esta es una ciudad turística, aunque no tiene por qué», se defiende el gerente de Turisocio. «Todo depende mucho del lugar y de la zona geográfica donde nos encontramos. Este espacio de coworking no sería lo mismo en Almazán. Aquí se trata de aprovechar los recursos que tiene la propia comarca. En este caso, los recursos de El Burgo van a ser más turísticos, por tanto, las actividades, las nuevas empresas, van a ir más ligadas al turismo».

Al final, corrobora Armando, se trata de mirar qué tienes en la zona. En su opinión, donde más se está innovando en toda la provincia de Soria es en el sector primario, planteándose proyectos de diversificación de cultivos muy interesantes. También cree que el teletrabajo traerá nuevos modelos de negocio ya que conseguirá diversificar mucho el sector turístico y el de servicios en toda la zona de El Burgo.

«Cuando salimos fuera y hablamos con otros coworkigns, lo primero que nos dicen es que tenéis que mirar alrededor y mirar lo que tenéis. Por ejemplo, con el patrimonio natural se ha hecho un gran trabajo con los parques naturales, cómo se están explotando, cómo se están desarrollando… Pero no tanto a nivel patrimonial. Nosotros estamos intentando desarrollar una línea que es muy importante. Y por ahí está la innovación. Aquí no va a haber centros de fabricación de vacunas o grandes proyectos industriales. Pero hay que saber hacer de tus debilidades fortaleza», asegura Armando. «Aquí ¿qué tenemos? Sitio, espacio, frío… Pues desarrollemos cosas que tengan que ver con eso».

POSIBLES BARRERAS PARA EL EMPRENDIMIENTO RURAL

José Ángel y Armando hablan claro. Quizá el carácter castellano, aunque en el caso del gerente de Turisocio no sea tan literal ya que él es andaluz, les lleve a hablar sin rodeos y llamar al pan pan y al vino vino. Por eso, aunque están convencidos de las bondades de vivir y emprender en su pueblo, también son conscientes de los problemas que entraña. Pero ser conscientes de las trabas no significa rendirse y no hacer nada. El optimismo pesa más en su discurso.

Uno de esos problemas es el abandono institucional. Pero incluso ahí encuentran una ventaja. «Como los políticos no nos hacen caso, eso nos permite que surjan iniciativas como esta. De otra manera, nos hubieran hecho un reglamento que no hubiéramos podido cumplir, la Diputación hubiera metido una serie de millones y no hubiéramos hecho absolutamente nada. Lo hacemos porque surge de abajo arriba. Y eso es lo que choca».

José Ángel, por su parte, cree que hay gente que tiene iniciativas, pero no sabe cómo llevarlas a cabo. Y la burocracia, las leyes, no facilitan dar el paso. «Nosotros aquí tenemos la misma legislación que tenéis vosotros allí, en Madrid, y quizá sí habría que legislar un poco, o agilizar la Administración, para llevar a cabo los proyectos», sugiere.

Autora: Albora Izquierdo

En ese sentido, y a modo de inciso, se está desarrollando una iniciativa por parte de regiones y pueblos que pertenecen a la España vaciada para «ruralizar las leyes». Se trata del proyecto Rural Proofing, que el G100, las cien personas más influyentes del emprendimiento rural, está llevando a cabo. Y en ese G100 está Armando García.

Otra traba es la vivienda, considera Armando. Desde El Hueco Oxma están colaborando con dos arquitectas, Paz Martín y Rosario Alcantarilla, en la definición de propuestas de innovación social para el hábitat que garanticen la calidad de vida de quienes residen en la comarca y sean capaces de atraer a nueva población. Las dos profesionales están llevando a cabo un estudio sobre la vivienda en esta zona y la conclusión a la que están llegando no es tanto que no haya casas disponibles o que estén abandonadas, sino que se ocupan fundamentalmente de manera temporal. O lo que es lo mismo, son casas de población pendular, de gente que solo va a veranear.

«Hay que recuperar vivienda dándole un modelo flexible», propone Armando. «Si tú no estás ocupando tu casa en tu pueblo, ahora mismo tendría que haber allí gente usándola porque esa gente está produciendo y generando unos réditos que podrían hacer que tu pueblo tuviera una panadería… unos servicios que ahora mismo no tiene. El problema es que nosotros tenemos que cambiar esa mentalidad».

Pero para Armando García, quizá el mayor obstáculo para el emprendimiento rural sea el cambio del relato. Hay que convencer a la gente de que vivir en un pueblo tiene muchas ventajas, entre ellas, una mejor calidad de vida, un mejor nivel económico y algo mucho más preciado: tiempo. «La riqueza está en dos cosas: en el tiempo y en el espacio. Y en los pueblos tenemos esas dos cosas».

Pero también tiene claro que esto, por sí solo, no basta si, además, no se ofrecen alternativas de vida. «Lo que no podemos esperar es que la gente joven se quede en los pueblos si no damos opciones de trabajo, opciones de vivienda… ¡Es que les estamos echando!», afirma García.

«No es altruismo, aunque pueda parecerlo, lo hacemos porque nos interesa. Queremos que este lugar sea dinámico, que aquí se hagan cosas. Es decir, queremos que vengas porque, además de disfrutar, a nosotros nos generas negocio. Lo que no podemos pretender es que la gente venga por convicción. “Yo me voy a ir a un pueblo a pesar de todo”. No. Tiene que ser de manera interesada, que no sea un problema. No tiene que ser un esfuerzo, tiene que ser una ventaja».

¿DÓNDE QUEDAN LOS JÓVENES?

Se busca, además de dinamizar la zona, conseguir que los jóvenes no se vayan. O que, si lo hacen, tengan la posibilidad de desarrollar en su tierra su carrera profesional. Que tengan, en definitiva, una salida.

En ese sentido, tanto la empresa de José Ángel, Turisocio, como el colectivo de El Hueco Oxma, están firmando acuerdos con el instituto de El Burgo para que los que están estudiando grados de formación profesional puedan quedarse en su pueblo para realizar las prácticas. «Porque sabemos que hay un problema, y es que cuando se van, muy pocos son los que regresan. La idea es que ni salgan, ahorrarles ese desplazamiento para que puedan encontrar trabajo aquí», asegura Marín.

Implicar a los jóvenes en el desarrollo de su localidad es también uno de los objetivos del colectivo. En ese sentido, además del proyecto de intervención artística en las persianas, crearon el premio Profeta en su Tierra. La primera edición tuvo lugar el pasado verano, como una de las actividades alrededor de la gira Presura, un autobús que recorría los pueblos de la España vaciada presentando modelos de innovación y repoblación que se estaban desarrollando en estos ámbitos.

Entre los proyectos presentados en El Burgo de Osma, hubo algunos de turismo, como el de Duero Natura. A veces, no hace falta buscar ideas pintorescas y extravagantes cuyo recorrido puede ser incierto. Basta con plantear nuevos modelos de explotación, algo tan sencillo como ofrecer paseos en canoa por un río, en este caso el que atraviesa el cañon de Vildé, cosa que no se había desarrollado hasta ahora.

Otro, cuentan los dos gestores de El Hueco Oxma, lo presentaron unos chicos que se habían ido a estudiar fuera de El Burgo y regresaron a su tierra con una idea innovadora: un proyecto que busca obtener un sustituto del cemento y el hormigón reutilizando los materiales de desecho de las fábricas, idea sobre la que siguen investigando.

PLANES DE FUTURO

¿Y la cultura? ¿Dónde queda este sector en los planes de innovación rural que se puedan desarrollar en El Hueco Oxma? Los dos gerentes lo tienen claro. Esa será una de las líneas de investigación del colectivo en el futuro.

«Nuestras propuestas tienen que ser innovadoras en cultura porque ya hay una oferta tradicional —explica Armando—. El modelo tiene que ser de abajo arriba otra vez. Queremos implicar a grandes artistas, a grandes autores, a grandes profesionales del diseño gráfico en un proyecto que es nuestro. No quiero que un gran artista haga una intervención en el pueblo, se lleve el dinero y los vecinos ni se han enterado de lo que ha hecho. No, yo quiero que los vecinos se impliquen. Y si viene Boamistura, fantástico, pero tiene que pintar en sus persianas lo que los vecinos quieren. No me interesa el mundo de la cultura astronauta. Si los del pueblo no entienden el bosque de Oma, por ejemplo, no sirve. Hay que romper, sí, pero desde abajo».

Y concluye: «Hay que traer artistas, diseño, modernidad… pero tiene que encajar con la comunidad local. Si lo hacemos al margen de la comunidad local, si la comunidad local no se enriquece, lo otro no tiene ningún sentido».

José Ángel, por su parte, está pensando en llevar un paso más allá su negocio de transporte turístico sostenible. Sacar el autobús eléctrico que circula por las calles y rincones de El Burgo y llevarlo a los parques naturales y a otros rincones de la comarca que merecen una visita. Pero quizá su proyecto más ambicioso esté en lo que él llama «movilidad sostenible».

«Aquí tenemos un problema de movilidad», apostilla Armando sobre la idea de su compañero. «Tenemos que conseguir que un autobús eléctrico vaya a los pueblos a buscar a las abuelillas para que vengan al mercado a El Burgo de Osma, o al centro médico, o a echar la partida con sus amigas del pueblo de al lado. Y eso va a dar una calidad de vida enorme. Esa movilidad en el territorio es básica». Y tanto, porque no existe ningún medio de transporte colectivo en esta comarca, salvo el taxi. Y no todo el mundo puede permitirse pagar uno a diario para trasladarse.

«No es algo que haga falta, es que HAY que hacerlo», remarca con énfasis José Ángel Marín. «Si somos capaces de unir los distintos pueblos y, a la vez, enseñar en ese tipo de recorridos el patrimonio que se puede ver, es decir, unir movilidad turística con movilidad social, sería muy importante».

Pero aquí surge de nuevo la barrera de las instituciones. «Puede que la Administración no lo vea necesario, que lo vea como un gasto, pero sí es necesario. En muchas de esas localidades quedan 10, 12, 14 personas dispersas y que muchas veces no saben ni lo que se hace en El Burgo de Osma. Nosotros vivimos en El Burgo y no somos conscientes de lo que se está haciendo en San Esteban de Gormaz o en Berlanga [dos núcleos urbanos próximos] porque, lo primero, no hay información y porque tampoco hay un nexo de movilidad entre los pueblos».

«Pero el problema es que no nos lo cuentan», protesta Armando García.

«Claro, es que no hay una agenda única comarcal ni movilidad social que la favorezca», responde José Ángel. «Y muchas veces son actividades que se solapan porque se suelen hacer en la misma época y son las mismas. Eso habría que trabajarlo mucho a nivel comarcal. Pero esto le corresponde más a la Administración. Yo muchas veces tengo el miedo de hacer algo innovador, distinto, y que la Administración, o bien no lo vea o ignore esa necesidad porque no vive a pie de calle».

«A lo mejor el futuro no está tanto en que todo el mundo viva en el ámbito rural, sino en un trabajo pendular mucho más marcado», propone Armando como conclusión. «Seis meses viviendo en el mundo rural y seis meses en la ciudad. Y en ese modelo flexible es donde debemos buscar nuestro propio idioma, nuestra propia manera de ver las cosas».

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Soria es una de las regiones más despobladas de Castilla y León. A los problemas de baja demografía y una población envejecida, se suman (o quizá son consecuencia unos de otros, como en cascada) problemas de transporte por carretera y ferroviario, dificultades en las comunicaciones y el abandono institucional. Pero lejos de resignarse a eso, algunos sorianos empiezan a alzar la voz para llamar la atención de las Administraciones, y mientras, como dice el refrán, a Dios rogando y con el mazo dando.

Hace unos seis años nació en Soria capital un espacio de innovación y emprendimiento llamado El Hueco. Un coworking del que surgieron iniciativas emprendedoras que trataban de dar vida a una provincia que parecía no tenerla.

el hueco oxma

Armando García, gerente de El Virrey Palafox, uno de los negocios de hostelería más tradicionales y con más solera de El Burgo de Osma, conoció aquel espacio de innovación y quiso replicar la idea en su localidad. A él se unió José Ángel Marín, que, tras trabajar 10 años en Soria en el sector del transporte turístico con su empresa Turisocio, se asentó en la villa burgense para llevar un autobús eléctrico que recorre el Burgo y sus rincones más interesantes para los turistas con poco tiempo o pocas ganas de andar. Marín ya había formado parte de El Hueco en Soria y conocía muy bien su funcionamiento. Él es el host y uno de los gestores, junto con García, de El Hueco Oxma, un espacio de coworking e innovación rural que nació hace tres años en esta pequeña localidad soriana.

El Burgo de Osma es un pueblo de apenas 5.000 habitantes que vive de la agricultura y del turismo. ¿Tiene sentido crear un espacio como este, de 500 m2, en una localidad tan pequeña y tan tradicional? Si el entusiasmo con el que García y Marín hablan de esta iniciativa es indicio de algo, la respuesta es un rotundo sí.

Armando (tras cinco minutos de conversación pierde todo el sentido llamarle por su apellido; tan familiar y cercano es su trato) es un torrente de palabras y de energía que resulta difícil contener. Tiene muy claros sus objetivos y hacia dónde quiere que les lleve este espacio. Su cabeza bulle, y la seguridad con la que habla de innovación es tan fuerte que acabas contagiado. José Ángel, más callado, le deja hablar, aunque asiente a todo lo que dice su compañero en esta aventura. Uno es la voz; el otro, la acción que demuestra las teorías.

Los dos son personas optimistas. Hay que serlo para atreverse a romper cánones en comarcas donde la tradición manda y las cosas se hacen despacito, sin prisas. El confinamiento territorial al que la covid ha obligado a toda la región obligó a ralentizar proyectos, a dejarlos en stand-by. Pero ellos ven en la pandemia una oportunidad más que un obstáculo. «Los problemas siempre traen ventajas para alguien y creemos que ha llegado el momento de que nosotros tengamos nuestras propias ventajas».

El espacio, un local cedido por la familia propietaria de El Virrey Palafox y remodelado gracias a la pequeña aportación de unos fondos europeos, se divide en tres: una sala de coworking, una sala de reuniones y un espacio abierto para albergar talleres. «Aquí tenemos la máxima de que el espacio se tiene que adaptar a ti, no tú al espacio», comenta Armando.

‘Código atalaya’, de Daniel Garbade
‘Globos’, de Judith y Santi

Por sus instalaciones han pasado tanto personas que teletrabajaban y necesitaban un lugar con una buena conexión a internet como otras que decidieron regresar a su pueblo o al de sus familias para montar sus propios proyectos. Es el caso de Ana Carazo, que ha creado una bodega en las viñas que pertenecieron a su familia en Matanza, un pueblo de apenas 25 habitantes cercano a la localidad de San Esteban de Gormaz, a la que bautizó como La Loba. Ahora ha iniciado un proyecto de innovación con Nokia por el que ha conseguido llevar el 5G a ese lugar para poder monitorizar y controlar las viñas.

O el de Henar Madrigal, que decidió crear una fábrica de quesos de cabra a la que llamó De Aquí gracias a una sesión de lluvia de ideas con el equipo de El Hueco Oxma, donde se jugó con una de las frases más repetidas por los turistas que compraban productos burgenses: «Que sea de aquí, por favor».

Henar Madrigal (Quesos De Aquí) y Ana Carazo (Bodegas La Loba)

En total, cuentan José Ángel y Armando, han pasado por las instalaciones de El Hueco Oxma unas 30 personas. «Lo que planteamos es dar visibilidad a esta opción de vida, que puedes venir aquí y que tu calidad de vida puede ser espectacular», asegura Armando García.

Pero no quieren ser solo un coworking. Una frase de Francisco Giner de los Ríos que preside el espacio de trabajo resume el espíritu de este lugar: «Todo lo sabemos entre todos». El individualismo resta. Lo que ayuda a avanzar es compartir conocimiento y experiencia. Y ese es el objetivo principal de El Hueco Oxma: crear comunidad.

«Buscamos el concepto de comunidad y de acción local —asegura el gerente del Virrey Palafox—. No podemos ser astronautas, queremos evitar el efecto astronauta, que tú llegues como un moderno a un pueblo, “¡ay, qué moderno soy, que estoy en un pueblo!”, pero no te hables con los vecinos».

Autor: Ricardo Rupérez Mateo

Así que lo primero que se plantearon para darse visibilidad local fue lanzar una acción relacionada con el arte a la que bautizaron Subiendo las persianas. «Fue una iniciativa de arte rural en la que convocamos a los artistas de El Burgo de Osma para que vinieran a conocer El Hueco Oxma», rememora José Ángel Marín. Para ello crearon un colectivo de artistas locales al que denominaron Pintamonos.

A la llamada acudieron más de 20 artistas, «mucha gente joven con ganas e iniciativa para hacer algo distinto en su propia localidad», a los que se les propuso hacer una intervención de arte urbano. «No me gusta llamarlo arte urbano; de arte en la calle, porque esto no es urbano, es rural», se ríe Armando.

‘C’est une store’, de Jesús Barrios

El primer año la iniciativa consistió en hacer una serie de trampantojos en distintos puntos de El Burgo, pero al año siguiente se les ocurrió coger un elemento tradicional de la arquitectura de la villa con la que los vecinos se sintieran identificados. Ese elemento, que podía convertirse, además, en un lienzo perfecto, eran las persianas; y el lugar elegido, la plaza de Santo Domingo, conocida por los vecinos como la Plaza de los Cacharros.

«Esta acción tenía dos cometidos —explica José Ángel—. Uno, dar a conocer la plaza, en la que hace 40 años hubo hasta 15 negocios (ahora solo hay uno), y ponerla en relevancia otra vez. Y el otro, que fueran esos artistas locales quienes dieran esa pompa, quienes lo lograran».

‘En peligro de extinción’, de Silvia de Pedro
‘Beyond my imagination’, de Paula Noidat

Para Armando, lo interesante del proyecto, que tuvo muy buena acogida, era que implicaba a tres colectivos: por un lado, los propios artistas. Por otro, los anfitriones, los vecinos que habitan en esa plaza y que prestan sus persianas como lienzos; y por otra, el colectivo de El Hueco Oxma como intermediario y dinamizador del proyecto. «No solo fue una acción artística, sino que también comimos con los vecinos en la calle. Buscábamos que esa gente mayor que vive allí peleara por su espacio. Y la gente, en cierta manera, descubrió la plaza», corrobora Armando.

Después llegó el covid y todo quedó parado, también el proyecto de las persianas. Aunque ya están poniendo en marcha otra vez una nueva edición. «La idea era atraer y dar a conocer a artistas locales, pero también invitar a otros de fuera», concluye García. Si no te abres al mundo, no puedes pretender que los cambios lleguen. «El primer año trajimos a Daniel Garbade, un pintor suizo que hace cosas muy interesantes, que pintó dos persianas».

el hueco oxma

«Creo que hemos venido para romper», afirma Armando con rotundidad, con la seguridad de quien está convencido de lo que hace y pone su empeño en que su tierra y su pueblo no mueran ni se estanquen.

«Queremos hacer innovación. Innovación es cambiar las cosas introduciendo novedades. Ahora mismo, en comarcas tan tradicionales como El Burgo, hay un cambio de mentalidad en general. La gente, si haces algo nuevo, está dispuesta a abrazarlo porque significa vida. Cambiar las persianas de una plaza, que es una cosa muy simple, aquí supone un cambio total. Supone que todo aquello se dinamice, que todo aquello cambie de una manera espectacular. Supone que la gente vea colectivos que hasta ahora no se han visto. En el mundo rural hay gente muy interesante».

Porque, afirma, damos por hecho que en los pueblos no hay talento, cuando es todo lo contrario. «Los prejuicios hay que romperlos. Por eso hay que cambiar el pensamiento. La innovación está aquí. Los que podemos innovar, los que podemos cambiar el mundo somos nosotros. Donde hay que traer el diseño gráfico, donde hay que traer el arte, donde hay que traer el cambio de mentalidad es aquí».

Armando García y José Ángel Marín

INNOVACIÓN PATRIMONIAL

El otro gran proyecto que han ideado durante el confinamiento y ahora están poniendo en marcha tiene que ver con la innovación patrimonial. Su intención, para empezar, es hacer un vídeo que dé a conocer el yacimiento arqueológico de Uxama, la antigua ciudad romana que dio nombre a la comarca.

«Estamos elaborando un documental sobre el yacimiento de Uxama, porque lo que pretendemos es romper la dinámica del abandono institucional y porque creemos que hay un nicho de desarrollo y de innovación brutal en el patrimonio histórico, en el momento en que entendamos que el patrimonio no es un gasto, sino una inversión», cuenta Armando. «A mí, si me dices que la catedral del Burgo fue cara construirla, creo que la estamos amortizando mil años más tarde. Sigue generando riqueza aún para el pueblo».

Pero el freno a este tipo de iniciativas, aseguran Marín y García, está en las Administraciones. «Con la iglesia hemos topado, Sancho», que diría el Quijote. Pero aquí el que no se arriesga no cruza el charco. Así que, por intentarlo, que no quede. Nunca se sabe cuál será la grieta, por pequeña que sea, que acabe derribando el muro.

«Creemos que tenemos que convencer a las instituciones de que el patrimonio no es un gasto, sino una inversión», defiende el gerente del Virrey Palafóx. «Y creemos que uno de los elementos que más puede dinamizar y que genere puestos de trabajo de calidad en este pueblo, de mucha innovación (si nos lo permiten), puede ser el patrimonio. Yo tengo una fe ciega en que podemos tener un modelo muy bonito, muy interesante, muy moderno ¡si nos dejan!», insiste.

«Hay que hacerles entender que un castillo, un yacimiento… no son propiedad del Gobierno, sino de la comunidad local. Y nosotros debemos tener nuestro espacio de gestión ahí. Si ellos lo entienden, los proyectos tendrán continuidad».

HACER DE TUS DEBILIDADES FORTALEZA

Que el Burgo es un atractivo para el turismo es un hecho. Por eso, buen número de los nuevos negocios que han surgido en la localidad en los últimos años tienen que ver con ese sector. Restaurantes, casas rurales, tiendas de gastronomía local, bares… ¿Es el único modelo de negocio posible en la zona? Probablemente no, pero para empezar a construir tienes que ser consciente primero del terreno sobre el que vas a edificar y de las herramientas que tienes. Si el turismo es una actividad económica i

«Focalizar el futuro del dinamismo en la localidad seguramente tenga que ser así porque esta es una ciudad turística, aunque no tiene por qué», se defiende el gerente de Turisocio. «Todo depende mucho del lugar y de la zona geográfica donde nos encontramos. Este espacio de coworking no sería lo mismo en Almazán. Aquí se trata de aprovechar los recursos que tiene la propia comarca. En este caso, los recursos de El Burgo van a ser más turísticos, por tanto, las actividades, las nuevas empresas, van a ir más ligadas al turismo».

Al final, corrobora Armando, se trata de mirar qué tienes en la zona. En su opinión, donde más se está innovando en toda la provincia de Soria es en el sector primario, planteándose proyectos de diversificación de cultivos muy interesantes. También cree que el teletrabajo traerá nuevos modelos de negocio ya que conseguirá diversificar mucho el sector turístico y el de servicios en toda la zona de El Burgo.

«Cuando salimos fuera y hablamos con otros coworkigns, lo primero que nos dicen es que tenéis que mirar alrededor y mirar lo que tenéis. Por ejemplo, con el patrimonio natural se ha hecho un gran trabajo con los parques naturales, cómo se están explotando, cómo se están desarrollando… Pero no tanto a nivel patrimonial. Nosotros estamos intentando desarrollar una línea que es muy importante. Y por ahí está la innovación. Aquí no va a haber centros de fabricación de vacunas o grandes proyectos industriales. Pero hay que saber hacer de tus debilidades fortaleza», asegura Armando. «Aquí ¿qué tenemos? Sitio, espacio, frío… Pues desarrollemos cosas que tengan que ver con eso».

POSIBLES BARRERAS PARA EL EMPRENDIMIENTO RURAL

José Ángel y Armando hablan claro. Quizá el carácter castellano, aunque en el caso del gerente de Turisocio no sea tan literal ya que él es andaluz, les lleve a hablar sin rodeos y llamar al pan pan y al vino vino. Por eso, aunque están convencidos de las bondades de vivir y emprender en su pueblo, también son conscientes de los problemas que entraña. Pero ser conscientes de las trabas no significa rendirse y no hacer nada. El optimismo pesa más en su discurso.

Uno de esos problemas es el abandono institucional. Pero incluso ahí encuentran una ventaja. «Como los políticos no nos hacen caso, eso nos permite que surjan iniciativas como esta. De otra manera, nos hubieran hecho un reglamento que no hubiéramos podido cumplir, la Diputación hubiera metido una serie de millones y no hubiéramos hecho absolutamente nada. Lo hacemos porque surge de abajo arriba. Y eso es lo que choca».

José Ángel, por su parte, cree que hay gente que tiene iniciativas, pero no sabe cómo llevarlas a cabo. Y la burocracia, las leyes, no facilitan dar el paso. «Nosotros aquí tenemos la misma legislación que tenéis vosotros allí, en Madrid, y quizá sí habría que legislar un poco, o agilizar la Administración, para llevar a cabo los proyectos», sugiere.

Autora: Albora Izquierdo

En ese sentido, y a modo de inciso, se está desarrollando una iniciativa por parte de regiones y pueblos que pertenecen a la España vaciada para «ruralizar las leyes». Se trata del proyecto Rural Proofing, que el G100, las cien personas más influyentes del emprendimiento rural, está llevando a cabo. Y en ese G100 está Armando García.

Otra traba es la vivienda, considera Armando. Desde El Hueco Oxma están colaborando con dos arquitectas, Paz Martín y Rosario Alcantarilla, en la definición de propuestas de innovación social para el hábitat que garanticen la calidad de vida de quienes residen en la comarca y sean capaces de atraer a nueva población. Las dos profesionales están llevando a cabo un estudio sobre la vivienda en esta zona y la conclusión a la que están llegando no es tanto que no haya casas disponibles o que estén abandonadas, sino que se ocupan fundamentalmente de manera temporal. O lo que es lo mismo, son casas de población pendular, de gente que solo va a veranear.

«Hay que recuperar vivienda dándole un modelo flexible», propone Armando. «Si tú no estás ocupando tu casa en tu pueblo, ahora mismo tendría que haber allí gente usándola porque esa gente está produciendo y generando unos réditos que podrían hacer que tu pueblo tuviera una panadería… unos servicios que ahora mismo no tiene. El problema es que nosotros tenemos que cambiar esa mentalidad».

Pero para Armando García, quizá el mayor obstáculo para el emprendimiento rural sea el cambio del relato. Hay que convencer a la gente de que vivir en un pueblo tiene muchas ventajas, entre ellas, una mejor calidad de vida, un mejor nivel económico y algo mucho más preciado: tiempo. «La riqueza está en dos cosas: en el tiempo y en el espacio. Y en los pueblos tenemos esas dos cosas».

Pero también tiene claro que esto, por sí solo, no basta si, además, no se ofrecen alternativas de vida. «Lo que no podemos esperar es que la gente joven se quede en los pueblos si no damos opciones de trabajo, opciones de vivienda… ¡Es que les estamos echando!», afirma García.

«No es altruismo, aunque pueda parecerlo, lo hacemos porque nos interesa. Queremos que este lugar sea dinámico, que aquí se hagan cosas. Es decir, queremos que vengas porque, además de disfrutar, a nosotros nos generas negocio. Lo que no podemos pretender es que la gente venga por convicción. “Yo me voy a ir a un pueblo a pesar de todo”. No. Tiene que ser de manera interesada, que no sea un problema. No tiene que ser un esfuerzo, tiene que ser una ventaja».

¿DÓNDE QUEDAN LOS JÓVENES?

Se busca, además de dinamizar la zona, conseguir que los jóvenes no se vayan. O que, si lo hacen, tengan la posibilidad de desarrollar en su tierra su carrera profesional. Que tengan, en definitiva, una salida.

En ese sentido, tanto la empresa de José Ángel, Turisocio, como el colectivo de El Hueco Oxma, están firmando acuerdos con el instituto de El Burgo para que los que están estudiando grados de formación profesional puedan quedarse en su pueblo para realizar las prácticas. «Porque sabemos que hay un problema, y es que cuando se van, muy pocos son los que regresan. La idea es que ni salgan, ahorrarles ese desplazamiento para que puedan encontrar trabajo aquí», asegura Marín.

Implicar a los jóvenes en el desarrollo de su localidad es también uno de los objetivos del colectivo. En ese sentido, además del proyecto de intervención artística en las persianas, crearon el premio Profeta en su Tierra. La primera edición tuvo lugar el pasado verano, como una de las actividades alrededor de la gira Presura, un autobús que recorría los pueblos de la España vaciada presentando modelos de innovación y repoblación que se estaban desarrollando en estos ámbitos.

Entre los proyectos presentados en El Burgo de Osma, hubo algunos de turismo, como el de Duero Natura. A veces, no hace falta buscar ideas pintorescas y extravagantes cuyo recorrido puede ser incierto. Basta con plantear nuevos modelos de explotación, algo tan sencillo como ofrecer paseos en canoa por un río, en este caso el que atraviesa el cañon de Vildé, cosa que no se había desarrollado hasta ahora.

Otro, cuentan los dos gestores de El Hueco Oxma, lo presentaron unos chicos que se habían ido a estudiar fuera de El Burgo y regresaron a su tierra con una idea innovadora: un proyecto que busca obtener un sustituto del cemento y el hormigón reutilizando los materiales de desecho de las fábricas, idea sobre la que siguen investigando.

PLANES DE FUTURO

¿Y la cultura? ¿Dónde queda este sector en los planes de innovación rural que se puedan desarrollar en El Hueco Oxma? Los dos gerentes lo tienen claro. Esa será una de las líneas de investigación del colectivo en el futuro.

«Nuestras propuestas tienen que ser innovadoras en cultura porque ya hay una oferta tradicional —explica Armando—. El modelo tiene que ser de abajo arriba otra vez. Queremos implicar a grandes artistas, a grandes autores, a grandes profesionales del diseño gráfico en un proyecto que es nuestro. No quiero que un gran artista haga una intervención en el pueblo, se lleve el dinero y los vecinos ni se han enterado de lo que ha hecho. No, yo quiero que los vecinos se impliquen. Y si viene Boamistura, fantástico, pero tiene que pintar en sus persianas lo que los vecinos quieren. No me interesa el mundo de la cultura astronauta. Si los del pueblo no entienden el bosque de Oma, por ejemplo, no sirve. Hay que romper, sí, pero desde abajo».

Y concluye: «Hay que traer artistas, diseño, modernidad… pero tiene que encajar con la comunidad local. Si lo hacemos al margen de la comunidad local, si la comunidad local no se enriquece, lo otro no tiene ningún sentido».

José Ángel, por su parte, está pensando en llevar un paso más allá su negocio de transporte turístico sostenible. Sacar el autobús eléctrico que circula por las calles y rincones de El Burgo y llevarlo a los parques naturales y a otros rincones de la comarca que merecen una visita. Pero quizá su proyecto más ambicioso esté en lo que él llama «movilidad sostenible».

«Aquí tenemos un problema de movilidad», apostilla Armando sobre la idea de su compañero. «Tenemos que conseguir que un autobús eléctrico vaya a los pueblos a buscar a las abuelillas para que vengan al mercado a El Burgo de Osma, o al centro médico, o a echar la partida con sus amigas del pueblo de al lado. Y eso va a dar una calidad de vida enorme. Esa movilidad en el territorio es básica». Y tanto, porque no existe ningún medio de transporte colectivo en esta comarca, salvo el taxi. Y no todo el mundo puede permitirse pagar uno a diario para trasladarse.

«No es algo que haga falta, es que HAY que hacerlo», remarca con énfasis José Ángel Marín. «Si somos capaces de unir los distintos pueblos y, a la vez, enseñar en ese tipo de recorridos el patrimonio que se puede ver, es decir, unir movilidad turística con movilidad social, sería muy importante».

Pero aquí surge de nuevo la barrera de las instituciones. «Puede que la Administración no lo vea necesario, que lo vea como un gasto, pero sí es necesario. En muchas de esas localidades quedan 10, 12, 14 personas dispersas y que muchas veces no saben ni lo que se hace en El Burgo de Osma. Nosotros vivimos en El Burgo y no somos conscientes de lo que se está haciendo en San Esteban de Gormaz o en Berlanga [dos núcleos urbanos próximos] porque, lo primero, no hay información y porque tampoco hay un nexo de movilidad entre los pueblos».

«Pero el problema es que no nos lo cuentan», protesta Armando García.

«Claro, es que no hay una agenda única comarcal ni movilidad social que la favorezca», responde José Ángel. «Y muchas veces son actividades que se solapan porque se suelen hacer en la misma época y son las mismas. Eso habría que trabajarlo mucho a nivel comarcal. Pero esto le corresponde más a la Administración. Yo muchas veces tengo el miedo de hacer algo innovador, distinto, y que la Administración, o bien no lo vea o ignore esa necesidad porque no vive a pie de calle».

«A lo mejor el futuro no está tanto en que todo el mundo viva en el ámbito rural, sino en un trabajo pendular mucho más marcado», propone Armando como conclusión. «Seis meses viviendo en el mundo rural y seis meses en la ciudad. Y en ese modelo flexible es donde debemos buscar nuestro propio idioma, nuestra propia manera de ver las cosas».

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