18 de noviembre 2021    /   IDEAS
por
 

En el ojo ajeno: El humanismo barato

Una visión distópica del ser humano del siglo XXI y tal

18 de noviembre 2021    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista del Futuro haciendo clic aquí.

El humanismo fue un paso necesario. Una evolución. El hombre como protagonista de su destino, superando así siglos de teocracia. Nivelazo.

El humanismo renacentista defendía que el conocimiento y la cultura enriquecían la existencia. Zasca a la Edad Media.

La humanidad va quemando etapas, evolucionando filosóficamente. Las grandes preguntas generan nuevas respuestas, nuevas realidades, nuevas leyes, nuevas sociedades. Impecable. Pero igual ahora esa progresión está fallando.

En estos últimos siglos hemos estado liadillos. Configuración del mundo moderno, guerras mundiales, nacimiento de nuevas ideologías, revoluciones industriales, eclosión tecnológica, globalización… cositas. Entre esto y aquello, la casa sin barrer; y no hemos tenido mucho tiempo de pensar en nuestra existencia, la cosa estaba entretenida, la verdad. Pero, al menos, ha habido tensiones que han ido moviendo el mundo, torpemente, hacia delante.

Pero ahora, en el siglo XXI, como pasó en el Renacimiento, las cosas van mejor y parece que estamos un poco más aburguesados, e igual encontramos un poco de tiempo para pensar en nosotros.

Si, hay guerras, tensión social, aún hay sociedades teocráticas… Pero todo bastante normalizado y acotado. Casi guionizado. Mueven noticias, pero no el mundo.

Y como nos va quedando tiempo libre, estamos más en la conciencia ecológica, los derechos sociales, el enriquecimiento personal… que siempre son bienvenidos y van haciendo caldo. Y van alimentando al monstruo empoderado de cada quien.

humanismo del siglo XXI

FILOSOFÍA GUIONIZADA

Creo que estamos en una fase regresiva. Estamos en la versión de plástico del humanismo. Si, el individuo, la persona, es el protagonista, pero no se promueve la reflexión con mayúsculas ni el verdadero enriquecimiento personal.

Se promueve una reflexión superficial y guionizada. Consumible y muy satisfactoria. No inquietante ni movilizadora. Te van dando las preguntas que te incomodan y las respuestas que te alivian. Y así todo va rodado.

Tu piensas que estás pensando y así no tienes que pensar, en realidad.

Ahora toca hablar de esto y ya te digo yo lo que pensar. Porque, además, te lo digo apelando a tu yo interior y a tu conciencia. Un modelo infalible. Y si surge una gran pregunta, ya habrá una película, un documental, un influencer o un político que me construya una opinión.

Creo que estamos en una fase de humanismo de segunda. Estropeado, abaratado y sobre todo mal entendido. Sentirse el ombligo del universo no es humanismo. Sentirse capaz de cambiar el mundo desde un sofá, encontrar culpables para todo, consumir ideales ajenos que te benefician no es ser un humanista, eso es ser un niño mimado, un vago y un tirano.

Ahora cualquiera es consciente, relevante en su propio universo y protagonista de su existencia. Y se siente autorizado y perfecto. Ese es el humanismo de hoy. Todo lo bueno que ocurre es gracias a uno mismo y todo lo malo es culpa de otros, y, por tanto, mereces ser resarcido.

Gobernarse a uno mismo es un ideal legítimo y loable. Pero ese uno mismo generalmente es vago, protestón, déspota y egoísta. Pero muy digno, muy alineado con su yo interior, muy consciente de sus derechos y su capacidad transformadora.

ESO QUE LO HAGA OTRO

Toda la estética del éxito, la autoayuda moderna, el ahora… está generando hordas de personas motivadas y conscientes. Rebaños de pastores. Todos motivan, todos dirigen, todos están imbuidos de una poderosa justicia interior. Pero nadie carda la lana. Eso ya que lo haga otro.

Sufrir, perder, esforzarse, ganarse el respeto, construir algo, escarbar, sudar… no encajan en el humanismo barato. De ahí es de donde se recorta. El pensamiento profundo, investigar, conocer, las humanidades, la filosofía, hacerse preguntas al fin y al cabo… Qué pereza. Seguro que puedo adherirme a alguien que ya lo haya empaquetado todo.

¿En toda esa plenitud existencial autocrática, no debiera estar también la autocrítica? ¿El conocimiento de las propias limitaciones? O la sinceridad con uno mismo…  ¿Y entre tanto derecho no hay obligaciones?

Estoy generalizando, lo sé. No todo el mundo es así. Pero que otro busque los datos.

LAS NUEVAS BANDERAS

Cobijarse en todos estos nuevos ideales a los que tienes derecho, esas ayudas que mereces, esas causas a las que sumarte para ser tu mejor versión y otras de esas golosinas que tanto consumes… ¿Sobre cuántas de esas cosas tienes una opinión propia y fundada? ¿Y cuantas son meros automatismos?

Hoy, politizar las cosas legitima. Elevar el tiro engrandece. Pero las banderas se están usando para dar sombra. Ya no son símbolos ni representan ideales, son cobijos.

Tener espíritu crítico no significa estar enfadado y protestando, se trata de cuestionarse las cosas para encontrar tu propia visión. Es decir, ocurre en tu cabeza, no en tus redes. Pereza.

ELEGIR LA CUESTA ARRIBA

Bueno, la metáfora va así: Las cuestas abajo son agradecidas y placenteras. Pero las cuestas arriba te darán siempre una vista mejor.

¿Y YO QUÉ OPINO?

Pues ahí está la clave de esto, qué más da lo que opine yo. ¿Qué opinas tú?

Yo no tengo opinión formada sobre muchas cosas. Llámame loco. Procuro no ser ni parecer militante de nada. Suelo hablar poco de política porque no necesito convencer a nadie ni necesito la aprobación de otros.

Tengo mis referentes, muchos, y lo son porque los busco, los escucho, los cuestiono y los admiro. Ni se lo digo ni los respaldo. Son materia prima para mi opinión. Nada más. No me representan en su totalidad. No los sigo incondicionalmente. No son mis ídolos.

Puedo permitirme cambiar de opinión. Oigo opiniones contrarias, escucho emisoras enemigas y pienso en silencio.

Mis opiniones son mías, soy consciente de ellas; no son mejores ni peores, ni diferentes, ni especiales. Pero las siento mías y sé cuáles son. Algunas son contradictorias y, en general, son variopintas. Mi militancia es silenciosa, realista y nunca frontal. Hago unas cosas y no hago otras, punto. No necesito compartirlo y me hace sentir bien. Pero, sobre todo, y lo más importante, me queda mucho trabajo por hacer; porque mis limitaciones y defectos me ponen en evidencia conmigo mismo en muchas ocasiones.

RESUMIENDO, ESTA ES LA ACTITUD

Los humanistas, siglos atrás, no eran ni la mitad de listos que nosotros.

Eran gente del pasado, unos carcas. Sabemos más que ellos. De cualquier cosa.

Recorremos el mundo, sabemos idiomas, tenemos salud, tenemos el trap, el metaverso y el mindfulness. Manejamos entornos virtuales, vendemos cosas que no existen, creamos tendencias en segundos. Tenemos más ideales y causas de las que necesitamos. Estamos construyendo un mundo mejor ahí fuera mientras por dentro todo fluye. Tenemos razón en todo y somos superiores. Así que no me jodas… ¿Quien necesita pensar?

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista del Futuro haciendo clic aquí.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista del Futuro haciendo clic aquí.

El humanismo fue un paso necesario. Una evolución. El hombre como protagonista de su destino, superando así siglos de teocracia. Nivelazo.

El humanismo renacentista defendía que el conocimiento y la cultura enriquecían la existencia. Zasca a la Edad Media.

La humanidad va quemando etapas, evolucionando filosóficamente. Las grandes preguntas generan nuevas respuestas, nuevas realidades, nuevas leyes, nuevas sociedades. Impecable. Pero igual ahora esa progresión está fallando.

En estos últimos siglos hemos estado liadillos. Configuración del mundo moderno, guerras mundiales, nacimiento de nuevas ideologías, revoluciones industriales, eclosión tecnológica, globalización… cositas. Entre esto y aquello, la casa sin barrer; y no hemos tenido mucho tiempo de pensar en nuestra existencia, la cosa estaba entretenida, la verdad. Pero, al menos, ha habido tensiones que han ido moviendo el mundo, torpemente, hacia delante.

Pero ahora, en el siglo XXI, como pasó en el Renacimiento, las cosas van mejor y parece que estamos un poco más aburguesados, e igual encontramos un poco de tiempo para pensar en nosotros.

Si, hay guerras, tensión social, aún hay sociedades teocráticas… Pero todo bastante normalizado y acotado. Casi guionizado. Mueven noticias, pero no el mundo.

Y como nos va quedando tiempo libre, estamos más en la conciencia ecológica, los derechos sociales, el enriquecimiento personal… que siempre son bienvenidos y van haciendo caldo. Y van alimentando al monstruo empoderado de cada quien.

humanismo del siglo XXI

FILOSOFÍA GUIONIZADA

Creo que estamos en una fase regresiva. Estamos en la versión de plástico del humanismo. Si, el individuo, la persona, es el protagonista, pero no se promueve la reflexión con mayúsculas ni el verdadero enriquecimiento personal.

Se promueve una reflexión superficial y guionizada. Consumible y muy satisfactoria. No inquietante ni movilizadora. Te van dando las preguntas que te incomodan y las respuestas que te alivian. Y así todo va rodado.

Tu piensas que estás pensando y así no tienes que pensar, en realidad.

Ahora toca hablar de esto y ya te digo yo lo que pensar. Porque, además, te lo digo apelando a tu yo interior y a tu conciencia. Un modelo infalible. Y si surge una gran pregunta, ya habrá una película, un documental, un influencer o un político que me construya una opinión.

Creo que estamos en una fase de humanismo de segunda. Estropeado, abaratado y sobre todo mal entendido. Sentirse el ombligo del universo no es humanismo. Sentirse capaz de cambiar el mundo desde un sofá, encontrar culpables para todo, consumir ideales ajenos que te benefician no es ser un humanista, eso es ser un niño mimado, un vago y un tirano.

Ahora cualquiera es consciente, relevante en su propio universo y protagonista de su existencia. Y se siente autorizado y perfecto. Ese es el humanismo de hoy. Todo lo bueno que ocurre es gracias a uno mismo y todo lo malo es culpa de otros, y, por tanto, mereces ser resarcido.

Gobernarse a uno mismo es un ideal legítimo y loable. Pero ese uno mismo generalmente es vago, protestón, déspota y egoísta. Pero muy digno, muy alineado con su yo interior, muy consciente de sus derechos y su capacidad transformadora.

ESO QUE LO HAGA OTRO

Toda la estética del éxito, la autoayuda moderna, el ahora… está generando hordas de personas motivadas y conscientes. Rebaños de pastores. Todos motivan, todos dirigen, todos están imbuidos de una poderosa justicia interior. Pero nadie carda la lana. Eso ya que lo haga otro.

Sufrir, perder, esforzarse, ganarse el respeto, construir algo, escarbar, sudar… no encajan en el humanismo barato. De ahí es de donde se recorta. El pensamiento profundo, investigar, conocer, las humanidades, la filosofía, hacerse preguntas al fin y al cabo… Qué pereza. Seguro que puedo adherirme a alguien que ya lo haya empaquetado todo.

¿En toda esa plenitud existencial autocrática, no debiera estar también la autocrítica? ¿El conocimiento de las propias limitaciones? O la sinceridad con uno mismo…  ¿Y entre tanto derecho no hay obligaciones?

Estoy generalizando, lo sé. No todo el mundo es así. Pero que otro busque los datos.

LAS NUEVAS BANDERAS

Cobijarse en todos estos nuevos ideales a los que tienes derecho, esas ayudas que mereces, esas causas a las que sumarte para ser tu mejor versión y otras de esas golosinas que tanto consumes… ¿Sobre cuántas de esas cosas tienes una opinión propia y fundada? ¿Y cuantas son meros automatismos?

Hoy, politizar las cosas legitima. Elevar el tiro engrandece. Pero las banderas se están usando para dar sombra. Ya no son símbolos ni representan ideales, son cobijos.

Tener espíritu crítico no significa estar enfadado y protestando, se trata de cuestionarse las cosas para encontrar tu propia visión. Es decir, ocurre en tu cabeza, no en tus redes. Pereza.

ELEGIR LA CUESTA ARRIBA

Bueno, la metáfora va así: Las cuestas abajo son agradecidas y placenteras. Pero las cuestas arriba te darán siempre una vista mejor.

¿Y YO QUÉ OPINO?

Pues ahí está la clave de esto, qué más da lo que opine yo. ¿Qué opinas tú?

Yo no tengo opinión formada sobre muchas cosas. Llámame loco. Procuro no ser ni parecer militante de nada. Suelo hablar poco de política porque no necesito convencer a nadie ni necesito la aprobación de otros.

Tengo mis referentes, muchos, y lo son porque los busco, los escucho, los cuestiono y los admiro. Ni se lo digo ni los respaldo. Son materia prima para mi opinión. Nada más. No me representan en su totalidad. No los sigo incondicionalmente. No son mis ídolos.

Puedo permitirme cambiar de opinión. Oigo opiniones contrarias, escucho emisoras enemigas y pienso en silencio.

Mis opiniones son mías, soy consciente de ellas; no son mejores ni peores, ni diferentes, ni especiales. Pero las siento mías y sé cuáles son. Algunas son contradictorias y, en general, son variopintas. Mi militancia es silenciosa, realista y nunca frontal. Hago unas cosas y no hago otras, punto. No necesito compartirlo y me hace sentir bien. Pero, sobre todo, y lo más importante, me queda mucho trabajo por hacer; porque mis limitaciones y defectos me ponen en evidencia conmigo mismo en muchas ocasiones.

RESUMIENDO, ESTA ES LA ACTITUD

Los humanistas, siglos atrás, no eran ni la mitad de listos que nosotros.

Eran gente del pasado, unos carcas. Sabemos más que ellos. De cualquier cosa.

Recorremos el mundo, sabemos idiomas, tenemos salud, tenemos el trap, el metaverso y el mindfulness. Manejamos entornos virtuales, vendemos cosas que no existen, creamos tendencias en segundos. Tenemos más ideales y causas de las que necesitamos. Estamos construyendo un mundo mejor ahí fuera mientras por dentro todo fluye. Tenemos razón en todo y somos superiores. Así que no me jodas… ¿Quien necesita pensar?

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista del Futuro haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Las gafas me ponen
El surfista ciego
¿Puede un político cambiar de partido?
Cómo hablar bien de tu empresa sin parecer un «vendemotos»
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

f