26 de noviembre 2010    /   IDEAS
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El iPhone 7

26 de noviembre 2010    /   IDEAS     por          
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Lo reconozco, soy un poco desastre. Me encantaría que mi ordenador o mejor mi móvil entendiese mis emails y me apuntase en la agenda, reservas de hoteles, horarios de aviones, terminales, y teléfonos de taxis en el lugar de destino. Esto es lo primero que espero de mi iPhone 7. No debe ser tan difícil, Gmail ya lo hace con mis mensajes y me muestra anuncios relacionados con los textos que escriben mis amigos. Lo que pasa es en caso de un coloquial “me cago en la puta” los adwords que lo acompañan son sugerentes casa de citas, cuando ni el significado ni el contexto tienen nada que ver; pero ya mejorarán.

(Foto de Gonzalo Baeza)

Puestos a pedir, me encantaría que mi iPhone 7 me librase de todo el coñazo (no señores de Google, calmen su adwords, no va con ese significado) de tener que portar con una retahíla de tarjetas de fidelidad y de crédito, que un sencillo chip RFID abriese mi cuenta puntos en los mostradores de Iberia, en las recepciones de Meliá, en los restaurantes Ginos y en algún otro lugar que ahora no me acuerdo. Ese mismo chip podría evitarme tener que pedir monedas sueltas a mis compis de oficina para sacar una lata de Coca Cola o un repelente café de la máquina.

Espero que mi iPhone me libre de decenas de tarjetas de plástico, de las tarjetas de crédito de las de embarque, del GPS del coche (bueno eso ya lo hizo el 3) del mando del garaje, de las llaves de casa, de la cámara de fotos, del televisor, la videoconsola y el iPad. Sí, el iPad. Espero que su pantalla sea un poco más grande y si se me queda pequeña que proyecte esa imagen esa peli o ese videojuego adictivo, en la pared blanca más cercana. No quiero cargar con dispositivos como cámaras, mandos a distancia o proyectores nunca más.

Espero del iPhone 7 que se comunique con las máquinas como si fuese yo mismo y que para que no me hurten la personalidad, me pida tres o cuatro veces al día, aleatoriamente, mi huella dactilar para seguir estando seguro de que está bajo mi tutela. Si lo hace así, le cederé el control de arranque de mi moto, de mi coche, de mi lancha, el acceso a mis cuentas corrientes y a las de mi familia. El cajero automático me esperará con los billetes calentitos en cuanto yo me acerque, la azafata del aeropuerto me recibirá por mi nombre en el mostrador y en el hotel el recepcionista me dirá que la almohada blanda ya está preparada, según las preferencias que indiqué un mes antes. Ni me reconocen, ni se acuerdan de mi, ni desprendo la esencia del embriagador aroma de la película “El Perfume”, mi iPhone 7 lo hará por mí.

Anunciará mi presencia con metros o minutos de antelación. No me volveré a perder, sabrá reconocer caras y recordarme quién es quién antes de pasar apuros tipo “hola, ¿te acuerdas de mí?”. Esto me ha recordado una anécdota divertida de un amigo. Afirmaba que las personas que obraban de esa forma eran groseras y maleducadas. El decía “hola, soy Enrique Pareja de Terra, ¿te acuerdas de mí?”. La vida, al fin y al cabo, no tiene por qué ser un juego de las adivinanzas, sea con un iPhone 7 o sin él.

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Lo reconozco, soy un poco desastre. Me encantaría que mi ordenador o mejor mi móvil entendiese mis emails y me apuntase en la agenda, reservas de hoteles, horarios de aviones, terminales, y teléfonos de taxis en el lugar de destino. Esto es lo primero que espero de mi iPhone 7. No debe ser tan difícil, Gmail ya lo hace con mis mensajes y me muestra anuncios relacionados con los textos que escriben mis amigos. Lo que pasa es en caso de un coloquial “me cago en la puta” los adwords que lo acompañan son sugerentes casa de citas, cuando ni el significado ni el contexto tienen nada que ver; pero ya mejorarán.

(Foto de Gonzalo Baeza)

Puestos a pedir, me encantaría que mi iPhone 7 me librase de todo el coñazo (no señores de Google, calmen su adwords, no va con ese significado) de tener que portar con una retahíla de tarjetas de fidelidad y de crédito, que un sencillo chip RFID abriese mi cuenta puntos en los mostradores de Iberia, en las recepciones de Meliá, en los restaurantes Ginos y en algún otro lugar que ahora no me acuerdo. Ese mismo chip podría evitarme tener que pedir monedas sueltas a mis compis de oficina para sacar una lata de Coca Cola o un repelente café de la máquina.

Espero que mi iPhone me libre de decenas de tarjetas de plástico, de las tarjetas de crédito de las de embarque, del GPS del coche (bueno eso ya lo hizo el 3) del mando del garaje, de las llaves de casa, de la cámara de fotos, del televisor, la videoconsola y el iPad. Sí, el iPad. Espero que su pantalla sea un poco más grande y si se me queda pequeña que proyecte esa imagen esa peli o ese videojuego adictivo, en la pared blanca más cercana. No quiero cargar con dispositivos como cámaras, mandos a distancia o proyectores nunca más.

Espero del iPhone 7 que se comunique con las máquinas como si fuese yo mismo y que para que no me hurten la personalidad, me pida tres o cuatro veces al día, aleatoriamente, mi huella dactilar para seguir estando seguro de que está bajo mi tutela. Si lo hace así, le cederé el control de arranque de mi moto, de mi coche, de mi lancha, el acceso a mis cuentas corrientes y a las de mi familia. El cajero automático me esperará con los billetes calentitos en cuanto yo me acerque, la azafata del aeropuerto me recibirá por mi nombre en el mostrador y en el hotel el recepcionista me dirá que la almohada blanda ya está preparada, según las preferencias que indiqué un mes antes. Ni me reconocen, ni se acuerdan de mi, ni desprendo la esencia del embriagador aroma de la película “El Perfume”, mi iPhone 7 lo hará por mí.

Anunciará mi presencia con metros o minutos de antelación. No me volveré a perder, sabrá reconocer caras y recordarme quién es quién antes de pasar apuros tipo “hola, ¿te acuerdas de mí?”. Esto me ha recordado una anécdota divertida de un amigo. Afirmaba que las personas que obraban de esa forma eran groseras y maleducadas. El decía “hola, soy Enrique Pareja de Terra, ¿te acuerdas de mí?”. La vida, al fin y al cabo, no tiene por qué ser un juego de las adivinanzas, sea con un iPhone 7 o sin él.

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Opiniones 6
  • Estamos en el camino, en lo referentes al pago con móvil. Ya esta la primera prueba a nivel nacional con final feliz. incluso podremos poner bote a través del móvil, con pagos entre móviles.

    En lo demás, la tecnología está. Queda de nuestra mano pedir o exigir a las empresas que lo pongan a nuestra disposición. Por mi parte no dejaré de recoordar a las empresas que si lo hacen me ganarán como cliente. Aunque no olvidemos que por lo menos en Madrid más del 50% de los taxi no aceptan tarjeta y ni tan siquiera los “castigamos”.

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