23 de enero 2012    /   DIGITAL
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El iPhone, la globalización y el fin de la clase media

23 de enero 2012    /   DIGITAL     por          
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The New York Times ha encontrado en el iPhone la metáfora perfecta para describir los efectos de la deslocalización que han sufrido EEUU y el mundo occidental en la última década. Un modelo que ha dejado de lado la industria a favor de los servicios con consecuencias espectaculares para las grandes empresas pero mucho menos positivas para el ciudadano medio. «A pesar de ser un símbolo del ingenio estadounidense, la práctica totalidad del teléfono está fabricado fuera del país», explica un artículo en profundidad del periódico sobre los efectos del cambio del modelo industrial.

¿A qué viene esta preocupación en EEUU? Pues que a pesar de que muchas de sus empresas están ganando más dinero que nunca, esto no se está traduciendo en un incremento de empleos en su lugar de origen. «En el pasado las empresas tenían un cierto apego a su país de origen pero la obsesión por el beneficio ha hecho que eso desaparezca».

En el otro lado de la moneda está China, que ha pasado de ser un lugar donde solo se producían productos baratos y de mala calidad a transformarse en uno de los países más sofisticados para fabricar productos de alto valor añadido. En otras palabras, el afán por abaratar precios al máximo ha llevado a países como EEUU a entregar las llaves de la innovación industrial a los chinos hasta el punto de que ya apenas existe infraestructura para fabricar iPhones en su país de origen a la escala que necesita Apple.

En reacción al artículo, la experta en startups Sara Lacy pinta un panorama donde los ingeniosos chinos han sido capaces de aprovechar al máximo esta oportunidad que se les ha dado. La periodista compara el grado de sofisticación de la capacidad industrial china con la capacidad para producir software en Silicon Valley.

«El artículo confirma la tesis central de mi último libro. La ventaja de fabricación china ya no es precio. El país ha utilizado esa ventana para innovar en cómo funciona su cadena de suministro. Hoy pierde frente a otros en precio pero gana en rapidez, flexibilidad y know how».

«Siguen haciendo productos malos pero también algunos de los mejores productos del mundo», añade.

Lo que Lacy pasa por alto es que el país cuenta con una ‘ventaja’ que no existe en otras partes del mundo. En China una empresa es capaz de exigir cosas imposibles de hacer en otros lugares debido a la ausencia de derechos laborales. En el mismo artículo de The New York Times, un ex ejecutivo de Apple explica al periódico cómo un proveedor de la compañía puso a trabajar a miles de trabajadores a medianoche cuando unos cambios de diseño en el iPhone semanas antes de salir al mercado obligaron a cambiar el proceso de producción.

«Un capataz inmediatamente despertó a 8.000 trabajadores en los dormitorios de la compañía. A cada uno se le dio una galleta y una taza de té. Media hora después empezaron un turno de 12 horas para instalar pantallas de cristal. En 96 horas, la planta estaba produciendo 10.000 iPhones al día».

«La velocidad y flexibilidad es increíble. No hay una planta estadounidense que lo pueda igualar». Esa flexibilidad es la que muchos tildarán de esclavitud del siglo 21 y no les faltará razón. Gracias a esta forma de trabajo, el iPhone cuesta 65 dólares menos que si fuera fabricado en EEUU. Pero esto es solo una parte de la historia.

Los chinos no son tontos y probablemente no harán esto para siempre. Toda esta experiencia les está posibilitando crear sus propias empresas capaces de competir en calidad y precio con el resto del mundo.

En ese sentido, el artículo sirve de lección para aquellos países que quieren abandonar por completo su industria. Una vez que lo pierdes es muy difícil recuperarlo. Se crean empleos de alto valor añadido pero se destruye mucho trabajo para el empleado medio, como ha sucedido en EEUU.

Una de las razones por las que Alemania ha conseguido sortear la crisis es el hecho de haber seguido apostando por su industria, que ayuda a mantener una clase media sólida. Japón se encuentra en una situación similar.

Tampoco nos centremos únicamente en el iPhone. Esto es solo una pequeña parte del interesante artículo de The New York Times. El reportaje cubre muchas facetas de las complejidades de la globalización. Los ganadores y los perdedores, y el futuro que depara a las clases medias, que no es del todo esperanzador.

Artículo: How the US lost out on iPhone work

Si no tienes ganas de leer 7 páginas de artículo, The New York Times ha creado también un vídeo explicativo.

 

 

 

The New York Times ha encontrado en el iPhone la metáfora perfecta para describir los efectos de la deslocalización que han sufrido EEUU y el mundo occidental en la última década. Un modelo que ha dejado de lado la industria a favor de los servicios con consecuencias espectaculares para las grandes empresas pero mucho menos positivas para el ciudadano medio. «A pesar de ser un símbolo del ingenio estadounidense, la práctica totalidad del teléfono está fabricado fuera del país», explica un artículo en profundidad del periódico sobre los efectos del cambio del modelo industrial.

¿A qué viene esta preocupación en EEUU? Pues que a pesar de que muchas de sus empresas están ganando más dinero que nunca, esto no se está traduciendo en un incremento de empleos en su lugar de origen. «En el pasado las empresas tenían un cierto apego a su país de origen pero la obsesión por el beneficio ha hecho que eso desaparezca».

En el otro lado de la moneda está China, que ha pasado de ser un lugar donde solo se producían productos baratos y de mala calidad a transformarse en uno de los países más sofisticados para fabricar productos de alto valor añadido. En otras palabras, el afán por abaratar precios al máximo ha llevado a países como EEUU a entregar las llaves de la innovación industrial a los chinos hasta el punto de que ya apenas existe infraestructura para fabricar iPhones en su país de origen a la escala que necesita Apple.

En reacción al artículo, la experta en startups Sara Lacy pinta un panorama donde los ingeniosos chinos han sido capaces de aprovechar al máximo esta oportunidad que se les ha dado. La periodista compara el grado de sofisticación de la capacidad industrial china con la capacidad para producir software en Silicon Valley.

«El artículo confirma la tesis central de mi último libro. La ventaja de fabricación china ya no es precio. El país ha utilizado esa ventana para innovar en cómo funciona su cadena de suministro. Hoy pierde frente a otros en precio pero gana en rapidez, flexibilidad y know how».

«Siguen haciendo productos malos pero también algunos de los mejores productos del mundo», añade.

Lo que Lacy pasa por alto es que el país cuenta con una ‘ventaja’ que no existe en otras partes del mundo. En China una empresa es capaz de exigir cosas imposibles de hacer en otros lugares debido a la ausencia de derechos laborales. En el mismo artículo de The New York Times, un ex ejecutivo de Apple explica al periódico cómo un proveedor de la compañía puso a trabajar a miles de trabajadores a medianoche cuando unos cambios de diseño en el iPhone semanas antes de salir al mercado obligaron a cambiar el proceso de producción.

«Un capataz inmediatamente despertó a 8.000 trabajadores en los dormitorios de la compañía. A cada uno se le dio una galleta y una taza de té. Media hora después empezaron un turno de 12 horas para instalar pantallas de cristal. En 96 horas, la planta estaba produciendo 10.000 iPhones al día».

«La velocidad y flexibilidad es increíble. No hay una planta estadounidense que lo pueda igualar». Esa flexibilidad es la que muchos tildarán de esclavitud del siglo 21 y no les faltará razón. Gracias a esta forma de trabajo, el iPhone cuesta 65 dólares menos que si fuera fabricado en EEUU. Pero esto es solo una parte de la historia.

Los chinos no son tontos y probablemente no harán esto para siempre. Toda esta experiencia les está posibilitando crear sus propias empresas capaces de competir en calidad y precio con el resto del mundo.

En ese sentido, el artículo sirve de lección para aquellos países que quieren abandonar por completo su industria. Una vez que lo pierdes es muy difícil recuperarlo. Se crean empleos de alto valor añadido pero se destruye mucho trabajo para el empleado medio, como ha sucedido en EEUU.

Una de las razones por las que Alemania ha conseguido sortear la crisis es el hecho de haber seguido apostando por su industria, que ayuda a mantener una clase media sólida. Japón se encuentra en una situación similar.

Tampoco nos centremos únicamente en el iPhone. Esto es solo una pequeña parte del interesante artículo de The New York Times. El reportaje cubre muchas facetas de las complejidades de la globalización. Los ganadores y los perdedores, y el futuro que depara a las clases medias, que no es del todo esperanzador.

Artículo: How the US lost out on iPhone work

Si no tienes ganas de leer 7 páginas de artículo, The New York Times ha creado también un vídeo explicativo.

 

 

 

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Opiniones 28
  • me ha llamado mucho la atención esta frase del artículo: «Gracias a esta forma de trabajo, el iPhone cuesta 65 dólares menos que si fuera fabricado en EEUU». Pensaba que la diferencia sería mucho mayor que ésa, el triple o más. Realmente, si me ofreciesen un producto como el iPhone, con lo que cuesta, con los dos precios según estuviese producido en España o fuera, pagaría esa diferencia. Los derechos laborales de millones de chinos valen algo más, y la economía de muchos españoles está cada vez peor.

    • @Belén. Creo que no se refiere a que a tí te vaya a costar 65$ más el teléfono, sin oque a Apple le cuesta 65$ más fabricarlo en EEUU. Vamos que si en EEUU cuesta 100$ fabricarlo, en China 165$. Y eso es bastante.

      • @Alex. Creo que a lo que Ruth se refiere es que ella estaria dispuesta a que la repercutieran esos 65 euros mas y que el telefono se produjera bajo otras condiciones.

  • El ahorro ya no es solo el coste de los trabajadores. Es la infraestructura que han desarrollado que permite que sea más barato. Aún así estamos de acuerdo que los derechos de las personas valen mucho más. ¡Saludos!

  • tengo un iphone… pagué 17 € por el a cambio de mi «libertad», ya que me he casado con movistar 2 años…de otra forma, tendría que haber pagado una barbaridad, que por supuesto no repercute en los obreros chinos que echan horas a cualquier precio para que nosotros disfrutemos de nuestro telefonaco lo antes posible… en fin, que nos han enganchado y engañado a muchos….sin mencionar la lesión que tengo en el dedo gordo por culpa del mini teclado…. y ahora que hacemos? tiramos los iphones? o se los devolvemos a apple exigiendo que nos devuelvan nuestro dinero por haberlo ganado suciamente?¿?

    • «que por supuesto no repercute en los obreros chinos»que por supuesto no repercute en los obreros chinos
      Asi tampoco repercute..o crees que reciben mas porque estes enganchado?

      Tirarlos no..pero proximo que sea el mas sencillo que se pueda..no mas Iphone

    • Incluso hay creo que hay listas para saber que compañias fabrican en China…nosotros tenemos el control…

  • totalmente de acuerdo contigo, Cristina… Yo también tengo el orgullo dudoso de poseer un iPhone4 y desde que vi lo que se hace con los empleados por Foxconn en las plantas de producción (es atroz, checkead el artículo hecho por el Daily Mail UK), se me ha revuelto la manzana en el estómago. Sólo decir que les haré boicot la siguiente vez, aunque mucho temo que, sin querer quitarse culpa de encima por mi parte, todas las empresas del sector electrónico tiran de esas «ventajas» en recorte de derechos humanos.

  • Se les olvida que hay cerca de 700,000 chinos que trabajan directa e indirectamente fabricando los iPhones, eso es como 700,000 familias que comen arroz todos los días gracias al trabajo que da armar iPhones. Ustedes que viven en el primer mundo no conocen el hambre, vivir en las calles o la enfermedad permanente, si conocieran eso preferirían mil veces la esclavitud capitalista, 17 dólares diarios es una fortuna para muchas personas y vale la pena la jornada inhumana, porque hay 10 mil hombres y mujeres afuera de la fábrica esperando trabajar allí en cuanto alguno deserte.
    No digo que esa esclavitud sea buena, pero es una esperanza para esos humanos semi-robóticos, porque ellos quieren hacer algo con sus ahorros algún día , algo que los saque de eso y podrán aspirar a ello mientras tengan trabajo.

  • ¿Alguien ha leído «La Guerra de las Salamandras», de Karel Čapek? Cada vez me recuerda más a lo que está pasando con China.

    Por cierto, tengo un móvil jurásico (que sirve simplemente para llamar y mandar SMS, no es un juguetito), y a mucha honra. Diría que así no le doy dinero a los que fabrican en China, pero me temo que probablemente también esté hecho allí. Lo que sí veo es que si todos los móviles fueran así de simples, la recién adquirida ventaja comparativa hi-tech de China probablemente se perdería en buena medida.

  • ¿No es lo mismo que pasó con la industria automovilistica desde los 60? Gran Torino y la ciudad de Detroit muestran muy bien este cambio.

  • Comentarios cerrados.

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