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El joven mago de la basura

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¿Sabías que el 80% de la basura que producimos termina su viaje en incineradoras o vertederos porque no es posible darle una segunda vida? No importa la buena voluntad recicladora que tengamos separando los residuos y depositándolos en su contenedor, la tecnología en este campo todavía es escasa y los materiales, a veces, demasiado complejos –un envoltorio puede contener hasta 20 tipos de plásticos distintos-. Sin embargo, la mente inquieta de un joven canadiense, Tom Szaky, está revolucionando el mundo del reciclaje con una filosofía innovadora a la par que exitosa: darle valor a la basura y hacerla desaparecer. Su empresa, llamada Terracycle, se ha expandido ya por medio mundo y recoge toneladas de basura para darle un segundo uso.
Los humanos cada vez producimos más basura –una persona genera de media 500 kilos al año–. Y pagamos para deshacernos de ella. Tom Szaky pensó que si encontraba una forma inteligente de tratar los desperdicios que producimos y darles algún valor podría cambiar el mundo. Entonces, mientras estudiaba su primer año en la Universidad de Princeton en 2001, se acordó de que los gusanos tienen una dieta muy variada que incluye la propia basura. El joven cogió sus ahorros, se hizo con un ejército de orugas y empezó a alimentarlas con las sobras que recogía en la cafetería de su universidad. Con este proceso tan simple, además de hacer desaparecer kilos de basura, generaba un abono natural y ecológico que decidió comercializar. Con un presupuesto prácticamente nulo, Tom no podría permitirse una máquina de envasado así que decidió reutilizar botellas de soda que encontraba por el campus. De este modo, cerraba un círculo en el que la basura, sencillamente, “desaparecía”.
En 2004, la compañía facturaba cuatro millones de dólares y sus ventas cubrían todo el país. Sin embargo, la ingente cantidad de botellas que necesitaban para envasar su fertilizante les animó a crear brigadas de recogida a cambio de un dinero simbólico por reunirlas y enviarlas. Por su parte, las propias empresas pedían ayuda al joven estudiante para reciclar sus envases. Fue entonces cuando Tom decidió unir ambas cosas y crear Terracycle: la empresa que organizaría brigadas de recogida de desechos patrocinadas por marcas.


“Cuanto más separas la basura, más valor gana”, explica Tom en un vídeo corporativo. Así, Terracycle se dedica a tratar uno por uno los residuos, transformarlos en nueva materia prima y, a partir de ella, fabricar todo tipo de productos. Sin embargo, todo esto no sería posible sin la ayuda de la gente. La compañía recurre a brigadas de voluntarios que reúnen residuos a cambio de una recompensa económica que se entrega a asociaciones sin ánimo de lucro.
El proceso para formar parte de la cadena es sencillo: darse de alta en la web, llenar una caja de bolígrafos (por ejemplo) e imprimir una etiqueta para su envío a un almacén (es gratis, gracias al patrocinio de las marcas). Y a partir de ahí los expertos crean todo tipo de productos gracias al reciclaje y al supra-reciclaje. Este último consiste en la reutilización de los productos; es decir, en vez de transformarlos en otra cosa (reciclaje), se aprovechan todas sus partes sin destruir ni la forma y ni el material. Por ejemplo, para supra-reciclar una bolsa de patatas fritas, podrías fusionarla o coserla para hacer una bolsa. Pero si la fundes para darle otra forma o convertirla en otro material plástico, esto sería considerado reciclaje. Así, transformando el uso de una bolsa de patatas en un bolso aumenta su ciclo de vida útil.
Actualmente Terracycle trabaja con más de 100 grandes marcas en Estados Unidos y en 26 países alrededor del mundo para recolectar envases y productos que, de otra forma, irían a parar a los atestados vertederos. La empresa hizo su desembarco en España en 2011 de la mano de BIC, el fabricante de bolígrafos, y juntos organizaron unas brigadas de recogida con las que recolectaron más de un millón de bolígrafos que ahora disfrutan de una segunda vida.
El éxito de Terracycle no se mide en resultados económicos, si no en kilos de desechos recogidos y transformados. Y en todo este tiempo, han sumado ya unos cuantos. De lo que no cabe duda es de que su fundador no descansará hasta “eliminar el concepto de basura”, como dice él, y conseguir que ésta “desaparezca” de nuestras vidas como por arte de magia.

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Los humanos cada vez producimos más basura –una persona genera de media 500 kilos al año–. Y pagamos para deshacernos de ella. Tom Szaky pensó que si encontraba una forma inteligente de tratar los desperdicios que producimos y darles algún valor podría cambiar el mundo. Entonces, mientras estudiaba su primer año en la Universidad de Princeton en 2001, se acordó de que los gusanos tienen una dieta muy variada que incluye la propia basura. El joven cogió sus ahorros, se hizo con un ejército de orugas y empezó a alimentarlas con las sobras que recogía en la cafetería de su universidad. Con este proceso tan simple, además de hacer desaparecer kilos de basura, generaba un abono natural y ecológico que decidió comercializar. Con un presupuesto prácticamente nulo, Tom no podría permitirse una máquina de envasado así que decidió reutilizar botellas de soda que encontraba por el campus. De este modo, cerraba un círculo en el que la basura, sencillamente, “desaparecía”.
En 2004, la compañía facturaba cuatro millones de dólares y sus ventas cubrían todo el país. Sin embargo, la ingente cantidad de botellas que necesitaban para envasar su fertilizante les animó a crear brigadas de recogida a cambio de un dinero simbólico por reunirlas y enviarlas. Por su parte, las propias empresas pedían ayuda al joven estudiante para reciclar sus envases. Fue entonces cuando Tom decidió unir ambas cosas y crear Terracycle: la empresa que organizaría brigadas de recogida de desechos patrocinadas por marcas.


“Cuanto más separas la basura, más valor gana”, explica Tom en un vídeo corporativo. Así, Terracycle se dedica a tratar uno por uno los residuos, transformarlos en nueva materia prima y, a partir de ella, fabricar todo tipo de productos. Sin embargo, todo esto no sería posible sin la ayuda de la gente. La compañía recurre a brigadas de voluntarios que reúnen residuos a cambio de una recompensa económica que se entrega a asociaciones sin ánimo de lucro.
El proceso para formar parte de la cadena es sencillo: darse de alta en la web, llenar una caja de bolígrafos (por ejemplo) e imprimir una etiqueta para su envío a un almacén (es gratis, gracias al patrocinio de las marcas). Y a partir de ahí los expertos crean todo tipo de productos gracias al reciclaje y al supra-reciclaje. Este último consiste en la reutilización de los productos; es decir, en vez de transformarlos en otra cosa (reciclaje), se aprovechan todas sus partes sin destruir ni la forma y ni el material. Por ejemplo, para supra-reciclar una bolsa de patatas fritas, podrías fusionarla o coserla para hacer una bolsa. Pero si la fundes para darle otra forma o convertirla en otro material plástico, esto sería considerado reciclaje. Así, transformando el uso de una bolsa de patatas en un bolso aumenta su ciclo de vida útil.
Actualmente Terracycle trabaja con más de 100 grandes marcas en Estados Unidos y en 26 países alrededor del mundo para recolectar envases y productos que, de otra forma, irían a parar a los atestados vertederos. La empresa hizo su desembarco en España en 2011 de la mano de BIC, el fabricante de bolígrafos, y juntos organizaron unas brigadas de recogida con las que recolectaron más de un millón de bolígrafos que ahora disfrutan de una segunda vida.
El éxito de Terracycle no se mide en resultados económicos, si no en kilos de desechos recogidos y transformados. Y en todo este tiempo, han sumado ya unos cuantos. De lo que no cabe duda es de que su fundador no descansará hasta “eliminar el concepto de basura”, como dice él, y conseguir que ésta “desaparezca” de nuestras vidas como por arte de magia.

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