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2 de junio 2011    /   CIENCIA
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El ‘mal’ periodismo de ciencia nos “estupidiza”

2 de junio 2011    /   CIENCIA     por          
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Él se considera tan solo un friki de los asuntos científicos, pero lo cierto es que este médico, blogger y periodista del diario británico The Guardian se ha convertido en el azote del “mal periodismo” de ciencia, salud y medicina “que inunda nuestros diarios”. El Dr. Goldacre sintió que se colmaba el vaso el día que un grupo de amigos cercanos intentaba convencerle de lo peligrosa que era para cualquier niño la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola. Lo vio claro. Ellos, “personas perfectamente racionales”, también se habían dejado influenciar por los medios de información que habían hecho cundir el “pánico y la histeria” general a raíz de casos singulares. “Una vez más”.

Y hasta ahí la paciencia de Goldacre. El médico cambió fonendo por pluma y lanzó un manifiesto titulado ‘Be very afraid’ (Tened mucho miedo). Con él declaraba formalmente la guerra —a través de su blog y de sus columnas en el diario— a todos esos periodistas que, “por desconocimiento o interés, desinforman en vez de informar de los asuntos científicos”. Desde entonces Goldacre dedica su tinta a luchar contra ellos. Como un Batman alerta del crimen en la ciudad de Gotham, el doctor se coló entre los papeles en busca de los malos periodistas de ciencia para ponerles los puntos sobre las íes a sus artículos. No más teorías infundadas, ni cifras manipuladas, ni descubrimientos falsos impunes. El justiciero Dr. Goldacre piensa seguir al acecho.

¿Cuál es el principal problema con el modo en que se escribe sobre ciencia en los medios?
No importa como lo pinten, no hay excusa para reporteros que simplemente se fían de cosas factualmente erróneas. Pero la tragedia va más allá de gente estafada en un asunto concreto. La popularidad de las historias que hablan de salud muestra que la gente está interesada en ella, en la ciencia y en la medicina. Algunos solo están interesados en las respuestas, por supuesto: “es bueno o malo para mí”. Y son engañados. Pero otros muchos están interesados en la ciencia que hay detrás de eso. Ideas básicas, simples: “¿cómo sabemos si algo es bueno o malo?, ¿cómo hacer un test fiable o un tratamiento?, ¿cómo comprobar las cosas si solo nos han dado la mitad de un estudio?” Este tipo de cosas deberían ser explicadas en el colegio como habilidades para la vida, porque también son ciencias realmente interesantes, igual que la historia del origen del universo, o la evolución. Es simplemente… fascinante ciencia pop.
¿Ese hecho le hizo iniciarse en esta línea de trabajo?
Como cualquiera que tenga conocimientos sobre ciencia y medicina, veo el sinsentido que inunda nuestra prensa a diario con una mezcla de frivolidad y depresión. Yo, simplemente, empecé a escribir lo que muchos de mis compañeros médicos dirían en una charla de pub, entre nosotros, acerca de este tipo de desinformación.
Asusta. ¿Por qué tanto error? ¿Piensa que son inconscientes o responden a otros intereses?
En función del caso. A veces responden a una bizarra agenda política, como, por ejemplo, la de un periódico conservador insistiendo en que sus creencias son realmente importantes noticias de sanidad: las mujeres previenen el cáncer de mama cuando realizan las tareas del hogar o que hacer la compra los hombres causa infertilidad…, locuras poco convincentes. Pero en extremos más peligrosos, ves a gente asegurando que las vacunas son malas simplemente para atacar al gobierno. Eso no es solo ignorancia, es juego sucio.
Entonces ¿cree que el público inexperto está en riesgo mientras exista este tipo de productos periodísticos?
Creo que los artículos de quejas (científicas) estúpidas en los periódicos hacen daño en dos sentidos. Por un lado, nos confunden en lo esencial, en la información específica. Pero, a la vez, nos estupidizan, nos privan de entender cómo la evidencia funciona en medicina. Es una tragedia porque estas son algunas de las ideas más importantes e interesantes que ha dado la ciencia en los últimos 50 años.
¿Vivimos en la sociedad del pánico?
Es más que estamos asustados de las cosas equivocadas.
Y desde que inició su cruzada, ¿la situación ha ido a mejor o a peor?
¡Imposible de saber! Aunque lo cierto es que este tipo de noticias nunca dejarán de existir, porque las presiones son muy fuertes. La gente siempre querrá promesas de soluciones rápidas y los periodistas, historias sensacionalistas.
Se habrá creado enemigos por sus artículos. ¿Le dijo algo algún periodista tras su amenaza de “Be very afraid” (Tened mucho miedo)?
Verás, los académicos y los científicos, ya casi por rutina, se critican unos a otros por sus ideas y prácticas. Pero eso no es solo tolerado, sino que es activamente fomentado, porque sabemos que en medicina, incluso con buena intención, es posible causar un gran daño involuntariamente. Queremos que se valore de forma crítica nuestra actividad. Sin embargo, los periodistas y los terapeutas alternativos no tienen esa cultura, así que cuando ocasionalmente aparecen figuras críticas con su trabajo, se enfadan. De parte de periodistas he sufrido amenazas, abusos, burdos chantajes, quejas con documentación falsificada y cosas peores. Los ataques son generalmente directos hacia mí, no hacia mis argumentos y, para ser honesto, no creo que eso les deje muy bien como profesionales. Principalmente, lo que dicen cuando ya has desglosado los detalles es “cállate”. Pero lo que está en juego es muy importante, la gente sufre las consecuencias de la mala información. Así que no nos callaremos.
¿Cuál es el artículo de ciencia que más le ha irritado?
¡Hay mucho donde elegir!
¿Tantos? ¿Cuántos ha denunciado usted en sus columnas y en su blog?
¡Oh, cielos! No lo sé. Quizás he escrito alrededor de 500 historias, medio millón de palabras. Se pueden ver todas gratuitamente en la Red, excepto el libro. ¡Pero no compres mi libro!
No soy un vendedor, léelo gratis online y aprende por ti mismo.
Entonces, usted piensa que los periodistas que escriben sobre ciencia deben tener conocimientos científicos como requisito.
Sí. Si quieren ser tomados en serio.
Y si no los tienen, ¿hay alguna manera de sortear los engaños?
Hay tantos trucos que la gente puede utilizar para engañar… Pero si el periodista es honesto y se siente bien gastando tiempo en luchar por la verdad, puede informarse sobre los temas en los que tratan de engañarle y sacarlos a la luz. Si alguien ha tratado de engañarle… ¡eso es noticia!
¿Alguna vez usted ha sido demandado por difamación?
Sí. Además he de decir que las leyes por difamación son ridículas en Inglaterra. Cuando somos demandados por un hombre que publica anuncios a toda página en un periódico de tirada nacional en Sudáfrica dando peligrosos consejos, diciendo que la medicación contra el SIDA te matará, reivindicando que las pastillas de vitaminas son la respuesta a la epidemia… Lo que pasa es que el demandante pierde, pero nosotros todavía tenemos que pagar 170.000 libras (195.000 €). Es decir, que el coste por GANAR un caso de difamación en el Reino Unido es parecido al de comprarse una vivienda. Por eso la gente es feliz sentándose y permitiendo que la desinformación se extienda, sin duda. Este trabajo da miedo. Pero eso no debería desanimarnos.
¿Sobre qué tema científico no se ha escrito todavía a pesar de su importancia?
Creo que el escándalo ético más grande de la medicina moderna es el modo en el que las compañías de fármacos tienen permitido esconder los resultados negativos de doctores y pacientes. Eso daña a la
gente, y debería publicarse en los periódicos todos los días.
Opinarán bien de usted sus colegas científicos…
Espero que sí. No soy alguien que quiera estar en televisión o ser una celebrity de la ciencia… Yo rechazo trabajar en las cosas sobre las que no sé. A mí me gusta hablar sobre ciencia. Soy un friki. Supongo que al resto de frikis les parecerá bien lo que hago

Este artículo fue publicado en el número de Mayo de Yorokobu
Foto: Wikimedia Commons


Él se considera tan solo un friki de los asuntos científicos, pero lo cierto es que este médico, blogger y periodista del diario británico The Guardian se ha convertido en el azote del “mal periodismo” de ciencia, salud y medicina “que inunda nuestros diarios”. El Dr. Goldacre sintió que se colmaba el vaso el día que un grupo de amigos cercanos intentaba convencerle de lo peligrosa que era para cualquier niño la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola. Lo vio claro. Ellos, “personas perfectamente racionales”, también se habían dejado influenciar por los medios de información que habían hecho cundir el “pánico y la histeria” general a raíz de casos singulares. “Una vez más”.

Y hasta ahí la paciencia de Goldacre. El médico cambió fonendo por pluma y lanzó un manifiesto titulado ‘Be very afraid’ (Tened mucho miedo). Con él declaraba formalmente la guerra —a través de su blog y de sus columnas en el diario— a todos esos periodistas que, “por desconocimiento o interés, desinforman en vez de informar de los asuntos científicos”. Desde entonces Goldacre dedica su tinta a luchar contra ellos. Como un Batman alerta del crimen en la ciudad de Gotham, el doctor se coló entre los papeles en busca de los malos periodistas de ciencia para ponerles los puntos sobre las íes a sus artículos. No más teorías infundadas, ni cifras manipuladas, ni descubrimientos falsos impunes. El justiciero Dr. Goldacre piensa seguir al acecho.

¿Cuál es el principal problema con el modo en que se escribe sobre ciencia en los medios?
No importa como lo pinten, no hay excusa para reporteros que simplemente se fían de cosas factualmente erróneas. Pero la tragedia va más allá de gente estafada en un asunto concreto. La popularidad de las historias que hablan de salud muestra que la gente está interesada en ella, en la ciencia y en la medicina. Algunos solo están interesados en las respuestas, por supuesto: “es bueno o malo para mí”. Y son engañados. Pero otros muchos están interesados en la ciencia que hay detrás de eso. Ideas básicas, simples: “¿cómo sabemos si algo es bueno o malo?, ¿cómo hacer un test fiable o un tratamiento?, ¿cómo comprobar las cosas si solo nos han dado la mitad de un estudio?” Este tipo de cosas deberían ser explicadas en el colegio como habilidades para la vida, porque también son ciencias realmente interesantes, igual que la historia del origen del universo, o la evolución. Es simplemente… fascinante ciencia pop.
¿Ese hecho le hizo iniciarse en esta línea de trabajo?
Como cualquiera que tenga conocimientos sobre ciencia y medicina, veo el sinsentido que inunda nuestra prensa a diario con una mezcla de frivolidad y depresión. Yo, simplemente, empecé a escribir lo que muchos de mis compañeros médicos dirían en una charla de pub, entre nosotros, acerca de este tipo de desinformación.
Asusta. ¿Por qué tanto error? ¿Piensa que son inconscientes o responden a otros intereses?
En función del caso. A veces responden a una bizarra agenda política, como, por ejemplo, la de un periódico conservador insistiendo en que sus creencias son realmente importantes noticias de sanidad: las mujeres previenen el cáncer de mama cuando realizan las tareas del hogar o que hacer la compra los hombres causa infertilidad…, locuras poco convincentes. Pero en extremos más peligrosos, ves a gente asegurando que las vacunas son malas simplemente para atacar al gobierno. Eso no es solo ignorancia, es juego sucio.
Entonces ¿cree que el público inexperto está en riesgo mientras exista este tipo de productos periodísticos?
Creo que los artículos de quejas (científicas) estúpidas en los periódicos hacen daño en dos sentidos. Por un lado, nos confunden en lo esencial, en la información específica. Pero, a la vez, nos estupidizan, nos privan de entender cómo la evidencia funciona en medicina. Es una tragedia porque estas son algunas de las ideas más importantes e interesantes que ha dado la ciencia en los últimos 50 años.
¿Vivimos en la sociedad del pánico?
Es más que estamos asustados de las cosas equivocadas.
Y desde que inició su cruzada, ¿la situación ha ido a mejor o a peor?
¡Imposible de saber! Aunque lo cierto es que este tipo de noticias nunca dejarán de existir, porque las presiones son muy fuertes. La gente siempre querrá promesas de soluciones rápidas y los periodistas, historias sensacionalistas.
Se habrá creado enemigos por sus artículos. ¿Le dijo algo algún periodista tras su amenaza de “Be very afraid” (Tened mucho miedo)?
Verás, los académicos y los científicos, ya casi por rutina, se critican unos a otros por sus ideas y prácticas. Pero eso no es solo tolerado, sino que es activamente fomentado, porque sabemos que en medicina, incluso con buena intención, es posible causar un gran daño involuntariamente. Queremos que se valore de forma crítica nuestra actividad. Sin embargo, los periodistas y los terapeutas alternativos no tienen esa cultura, así que cuando ocasionalmente aparecen figuras críticas con su trabajo, se enfadan. De parte de periodistas he sufrido amenazas, abusos, burdos chantajes, quejas con documentación falsificada y cosas peores. Los ataques son generalmente directos hacia mí, no hacia mis argumentos y, para ser honesto, no creo que eso les deje muy bien como profesionales. Principalmente, lo que dicen cuando ya has desglosado los detalles es “cállate”. Pero lo que está en juego es muy importante, la gente sufre las consecuencias de la mala información. Así que no nos callaremos.
¿Cuál es el artículo de ciencia que más le ha irritado?
¡Hay mucho donde elegir!
¿Tantos? ¿Cuántos ha denunciado usted en sus columnas y en su blog?
¡Oh, cielos! No lo sé. Quizás he escrito alrededor de 500 historias, medio millón de palabras. Se pueden ver todas gratuitamente en la Red, excepto el libro. ¡Pero no compres mi libro!
No soy un vendedor, léelo gratis online y aprende por ti mismo.
Entonces, usted piensa que los periodistas que escriben sobre ciencia deben tener conocimientos científicos como requisito.
Sí. Si quieren ser tomados en serio.
Y si no los tienen, ¿hay alguna manera de sortear los engaños?
Hay tantos trucos que la gente puede utilizar para engañar… Pero si el periodista es honesto y se siente bien gastando tiempo en luchar por la verdad, puede informarse sobre los temas en los que tratan de engañarle y sacarlos a la luz. Si alguien ha tratado de engañarle… ¡eso es noticia!
¿Alguna vez usted ha sido demandado por difamación?
Sí. Además he de decir que las leyes por difamación son ridículas en Inglaterra. Cuando somos demandados por un hombre que publica anuncios a toda página en un periódico de tirada nacional en Sudáfrica dando peligrosos consejos, diciendo que la medicación contra el SIDA te matará, reivindicando que las pastillas de vitaminas son la respuesta a la epidemia… Lo que pasa es que el demandante pierde, pero nosotros todavía tenemos que pagar 170.000 libras (195.000 €). Es decir, que el coste por GANAR un caso de difamación en el Reino Unido es parecido al de comprarse una vivienda. Por eso la gente es feliz sentándose y permitiendo que la desinformación se extienda, sin duda. Este trabajo da miedo. Pero eso no debería desanimarnos.
¿Sobre qué tema científico no se ha escrito todavía a pesar de su importancia?
Creo que el escándalo ético más grande de la medicina moderna es el modo en el que las compañías de fármacos tienen permitido esconder los resultados negativos de doctores y pacientes. Eso daña a la
gente, y debería publicarse en los periódicos todos los días.
Opinarán bien de usted sus colegas científicos…
Espero que sí. No soy alguien que quiera estar en televisión o ser una celebrity de la ciencia… Yo rechazo trabajar en las cosas sobre las que no sé. A mí me gusta hablar sobre ciencia. Soy un friki. Supongo que al resto de frikis les parecerá bien lo que hago

Este artículo fue publicado en el número de Mayo de Yorokobu
Foto: Wikimedia Commons

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