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17 de junio 2010    /   DIGITAL
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¡El mar, idiota, el mar!

17 de junio 2010    /   DIGITAL     por          
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almar

Es una frase que se decía siempre en mi casa cuando íbamos de vacaciones y, desde el coche, se veía por fin a lo lejos un trocito del mar en el horizonte: ¡el mar, idiota, el mar!. Por lo que me dice Google, era el final de un sketch de los Payasos de la Tele de mi infancia. Ni me acordaba…

Hay tantas formas de usar Twitter como personas. Tuitear “Me estoy apretando un bocadillo de panceta que quita er sentío en el bar Manolo de la calle Betis”, por ejemplo, puede ser algo que no te apetezca contar a mil desconocidos…pero nunca digas de esta agua no beberé…

La versión sofisticada de ese compartir dónde estás se llama Foursquare, y es una mezcla de juego, red social y herramienta de recomendaciones sobre restaurantes, hoteles, museos, etc. Tiene futuro porque abre a los establecimientos posibilidades de promoción con altísimo valor para sus posibles clientes. Con Foursquare, un restaurante puede hacer una oferta a quien esté por la zona o a quien lo frecuente habitualmente, invirtiendo dinero en ello de forma mucho más rentable (no matan moscas a cañonazos impactando a mucha gente, como sucede con la publicidad en papel o en un banner).

La geolocalización cobrará cada vez más importancia en las redes sociales y dotará de sentido muchas aplicaciones útiles para nuestra vida. A mí me espanta la vertiente exhibicionista de la aplicación Foursquare, pero esa es precisamente la otra clave de su éxito. Mucha gente disfruta contándole al mundo entero si toma café con Fulano o si está comiendo en un bar de tapas con Zutano. Yo soy muy reservado con mi vida y, salvo cuando voy a sitios tan especiales como El Bulli, no le veo la gracia a restregarle a quien me lee en Twitter con quién ando o dónde como. Pero para gustos, colores…

En cambio, hay mucha gente que hace de su vida un culebrón de jódete que estoy cenando en nosedónde, mira qué flan con nata me apechugo en bar Paquito, etc. Y esa es una de las funciones de Foursquare: poder decirle a tus seguidores en Twitter dónde estás en ese momento. Unos lo hacen porque tienen un ego que no les cabe en su mediocre cabeza y se creen que a los demás nos tiene que importar su vida privada, otros porque les da placer compartir una buena experiencia con sus lectores, y otros por muchas buenas razones como recomendar un sitio, reírse, charlar con quien conozca el lugar desde el que tuiteas o, simplemente, porque les gusta compartir generosamente un trocito de un momento feliz.

A mí me molesta mucho recibir esas actualizaciones en Twitter, me parecen ruido y, salvo excepciones, me sobran por completo. Sobre todo, porque creo que la gente abusa de tu atención y tuitean incluso “I am at my office…”. Pues claro, ¿dónde coño ibas a estar un lunes a las 10am? ¿Y de verdad no te da vergüenza robar mi atención para decirme semejante obviedad?, pienso yo cabreado…

Pero como no soy el único al que le molesta, intuyo que los de Twitter se habrán dado cuenta y pronto permitirán que sigas a una persona y puedas a la vez ocultar cualquier cosa que tuitee desde la aplicación Foursquare. Porque superada su primera fase, esta aplicación irá creciendo y abarcando a gente que, como yo, prefiere guardarse sus cenas pero que sí está dispuesto a poner en un sitio web que tal restaurante tiene una lubina buenísima, o que la comida es cara pero el servicio es atento, para que esas impresiones sirvan a otra gente sin que te lleve más de 1 minuto.

Y eso convierte a Foursquare en un caballo ganador, porque encima está ligado a un juego virtual chorra que para algunos tiene su gracia, y porque te permite a ti, cuando visitas un sitio, leer muy rápidamente en tu móvil qué dicen de él tus conocidos, con ese plus de confianza que otorgamos a las recomendaciones que provienen de nuestro entorno.

Por supuesto, tocar el ego, que tanto me desagrada, es el motor invisible –según se mire…- con el que Foursquare ha conseguido embarcar a la gente para hacernos usuarios. Y entre los early adopters, muchos coincidían con los mismos que abrazaban esa estupidez egocéntrica llamada Formspring, que permitía a los faltos de cariño pedirse y concederse a sí mismos y a sus fans una entrevista consigo mismo. También ayudó a ambas aplicaciones ese afán –o tonteriítis- de muchos por ser los primeros en probar lo último, sea o no útil y tenga o no sentido, como pasó también con una memez llamada Chatroulette.

A mí en su momento con Formspring, como hoy con Foursquare, me da pudor palpar que muchos sólo buscan reafirmarse y decirle al mundo mundial que mecachisquéguaposoy…sin darse cuenta de que su egocentrismo les convierte en comerciales gratuitos de la aplicación, que se expande gracias a ellos –para algarabía de unos y molestia de otros-.

Aun así, yo uso y usaré Foursquare para beneficiarme de recomendaciones ajenas y aportar lo que pueda de sitios que visite. Y seguro que además caeré, sin darme cuenta, en las mismas cosas que critico en este artículo. Eso sí: cuando me vaya de vacaciones, volveré siempre a la infancia y, sin usar más ayuda que la voz, seguiré diciendo lo mismo a los míos cuando vea una línea azul en el horizonte: ¡el mar, idiota, el mar!

Pablo Herreros es fundador de Goodwill Comunicación

Artículo publicado en el número de Junio de Yorokobu

almar

Es una frase que se decía siempre en mi casa cuando íbamos de vacaciones y, desde el coche, se veía por fin a lo lejos un trocito del mar en el horizonte: ¡el mar, idiota, el mar!. Por lo que me dice Google, era el final de un sketch de los Payasos de la Tele de mi infancia. Ni me acordaba…

Hay tantas formas de usar Twitter como personas. Tuitear “Me estoy apretando un bocadillo de panceta que quita er sentío en el bar Manolo de la calle Betis”, por ejemplo, puede ser algo que no te apetezca contar a mil desconocidos…pero nunca digas de esta agua no beberé…

La versión sofisticada de ese compartir dónde estás se llama Foursquare, y es una mezcla de juego, red social y herramienta de recomendaciones sobre restaurantes, hoteles, museos, etc. Tiene futuro porque abre a los establecimientos posibilidades de promoción con altísimo valor para sus posibles clientes. Con Foursquare, un restaurante puede hacer una oferta a quien esté por la zona o a quien lo frecuente habitualmente, invirtiendo dinero en ello de forma mucho más rentable (no matan moscas a cañonazos impactando a mucha gente, como sucede con la publicidad en papel o en un banner).

La geolocalización cobrará cada vez más importancia en las redes sociales y dotará de sentido muchas aplicaciones útiles para nuestra vida. A mí me espanta la vertiente exhibicionista de la aplicación Foursquare, pero esa es precisamente la otra clave de su éxito. Mucha gente disfruta contándole al mundo entero si toma café con Fulano o si está comiendo en un bar de tapas con Zutano. Yo soy muy reservado con mi vida y, salvo cuando voy a sitios tan especiales como El Bulli, no le veo la gracia a restregarle a quien me lee en Twitter con quién ando o dónde como. Pero para gustos, colores…

En cambio, hay mucha gente que hace de su vida un culebrón de jódete que estoy cenando en nosedónde, mira qué flan con nata me apechugo en bar Paquito, etc. Y esa es una de las funciones de Foursquare: poder decirle a tus seguidores en Twitter dónde estás en ese momento. Unos lo hacen porque tienen un ego que no les cabe en su mediocre cabeza y se creen que a los demás nos tiene que importar su vida privada, otros porque les da placer compartir una buena experiencia con sus lectores, y otros por muchas buenas razones como recomendar un sitio, reírse, charlar con quien conozca el lugar desde el que tuiteas o, simplemente, porque les gusta compartir generosamente un trocito de un momento feliz.

A mí me molesta mucho recibir esas actualizaciones en Twitter, me parecen ruido y, salvo excepciones, me sobran por completo. Sobre todo, porque creo que la gente abusa de tu atención y tuitean incluso “I am at my office…”. Pues claro, ¿dónde coño ibas a estar un lunes a las 10am? ¿Y de verdad no te da vergüenza robar mi atención para decirme semejante obviedad?, pienso yo cabreado…

Pero como no soy el único al que le molesta, intuyo que los de Twitter se habrán dado cuenta y pronto permitirán que sigas a una persona y puedas a la vez ocultar cualquier cosa que tuitee desde la aplicación Foursquare. Porque superada su primera fase, esta aplicación irá creciendo y abarcando a gente que, como yo, prefiere guardarse sus cenas pero que sí está dispuesto a poner en un sitio web que tal restaurante tiene una lubina buenísima, o que la comida es cara pero el servicio es atento, para que esas impresiones sirvan a otra gente sin que te lleve más de 1 minuto.

Y eso convierte a Foursquare en un caballo ganador, porque encima está ligado a un juego virtual chorra que para algunos tiene su gracia, y porque te permite a ti, cuando visitas un sitio, leer muy rápidamente en tu móvil qué dicen de él tus conocidos, con ese plus de confianza que otorgamos a las recomendaciones que provienen de nuestro entorno.

Por supuesto, tocar el ego, que tanto me desagrada, es el motor invisible –según se mire…- con el que Foursquare ha conseguido embarcar a la gente para hacernos usuarios. Y entre los early adopters, muchos coincidían con los mismos que abrazaban esa estupidez egocéntrica llamada Formspring, que permitía a los faltos de cariño pedirse y concederse a sí mismos y a sus fans una entrevista consigo mismo. También ayudó a ambas aplicaciones ese afán –o tonteriítis- de muchos por ser los primeros en probar lo último, sea o no útil y tenga o no sentido, como pasó también con una memez llamada Chatroulette.

A mí en su momento con Formspring, como hoy con Foursquare, me da pudor palpar que muchos sólo buscan reafirmarse y decirle al mundo mundial que mecachisquéguaposoy…sin darse cuenta de que su egocentrismo les convierte en comerciales gratuitos de la aplicación, que se expande gracias a ellos –para algarabía de unos y molestia de otros-.

Aun así, yo uso y usaré Foursquare para beneficiarme de recomendaciones ajenas y aportar lo que pueda de sitios que visite. Y seguro que además caeré, sin darme cuenta, en las mismas cosas que critico en este artículo. Eso sí: cuando me vaya de vacaciones, volveré siempre a la infancia y, sin usar más ayuda que la voz, seguiré diciendo lo mismo a los míos cuando vea una línea azul en el horizonte: ¡el mar, idiota, el mar!

Pablo Herreros es fundador de Goodwill Comunicación

Artículo publicado en el número de Junio de Yorokobu

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Opiniones 10
  • Aunque estoy registrado en Foursaquare, todavía no soy un usuario activo (lo hice para reservarme el nombre de mi marca personal). Pero deduzco, por lo que te leo que tendrá la misma filosofía que twitter: te sigo si me interesa, y si no, pues no te sigo… más allá de consideraciones simplistas del tipo «ya tengo 300 amigos, qué popular soy».

    Hace mucho tiempo que tengo una «gastroagenda», una libretita donde voy grapando las cuentas de los sitios donde como y añado alguna nota en plan «no volver a pedir tal o cual plato» y cosas así. Me sirve para decidir donde ir cuando no sé, o cuando solo recuerdo los cuatro mismos sitios de siempre. Supongo que a foursqare le daré el mismo uso.

  • Genial post y completamente de acuerdo. Los servicios que explotan nuestro lado más tontuno-egópata son los que más triunfan. El otro día ví un tweet, de uno que estaba hasta los mismísimos de Foursquare, que rezaba: «xxxxx is now Major of el coño de tu madre». Apoteósico!! XD

  • Yo apenas uso Foursquare, porque son demasiados años huyendo como para empezar a decir ahora por dónde me muevo. En todo caso coincido contigo, Pablo, puede ser útil si superamos el momento ‘pajeo’ de los primeros usuarios.

    • ¡QUé bueno lo del «momento pajeo», Txema! Para eso hay algo que funciona bien en la última versión de TweetDeck: te deja omitir twitts generados desde una herramienta concreta. ¿Adivinas cuál tengo puesta yo? 😛

  • Foursquare es la subnormalidad más grande que ha salido en los últimos años… Con ello no quiero decir que los que lo usen lo sea… pero… me importa bien poco donde estés…
    Veo más util esta aplicación para los ladrones que para las marcas… ja!

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