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24 de febrero 2014    /   CREATIVIDAD
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Una historia de amor de las que te suben por las paredes

24 de febrero 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Ella se enamoró del artista viajero e independiente en 2009. Un día de junio, cuatro años después, ella se sentó frente a él y le dijo que no soportaba que fuera artista, viajero e independiente. Ahora quería esposo, casa, hijos y coche. Él aceptó que se marchara. Creía que iba a volver. Un año después, se la encontró en un evento con su nuevo novio. Le pidió hablar y ella aceptó, pero solo 15 minutos. Salieron a la calle, se sentaron en un parque de Ciudad de México, y el se lo advirtió: «¿Estás lista para escuchar una historia de amor?».

Tiempo Nuevo es el último trabajo de arte callejero de la persona que está hoy entre el artista Watchavato y el individuo Luis Romero, el resultado de una ruptura inesperada que convirtió al artista y a la persona en un tipo, dice, felizmente soltero.


1937682_10151885797565706_102638474_oDesde los 16 años y hasta los 40, Luis Romero (Culiacán, Sinaloa) tuvo amores, relaciones varias y tres novias importantes. Nunca hubo un espacio para la soledad. La última novia definió el tiro de su proyecto, tradicionalmente ligado a su nostalgia por Sinaloa desde que se mudó a estudiar a Ciudad de México a los 20 años, con una referencia constante a su cultura original con conceptos como Culichi rifa, letras de narcocorridos o la presencia de  Jesús Malverde, el santo de los narcos.

«Es una historia que se cerró en mi vida, me sentí chingón porque siempre compartía lo que hago con alguien y aposté por quedarme solo», dice uno de los artistas más reconocidos del stencil, fuera y dentro de México.

El inicio de Tiempo Nuevo fue deshacerse de todo. Puso en Twitter un anuncio y vendió todas sus cosas en dos semanas, se compró un billete de avión y se fue a Nueva York. «Ahora que me ves frente a ti sentado, aún estoy de viaje», dice en un café de la colonia Roma de Ciudad de México.

Entonces decidió hacer el desdoblamiento conceptual: a la derecha, Watchavato, y a la izquierda, Luis Romero. La persona que es hoy, se puso en medio para enfrentarlos y equilibrar su vida, dice el hombre que se clavó en su personaje artístico durante 20 años.

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Tiempo Nuevo es un proyecto en tránsito que está dibujado en numerosas fachadas, esquinas, muros, aceras y carreteras de Ciudad de México. Cada lugar elegido para cada stencil, azulejo o mural de Tiempo Nuevo en la capital del país es parte de lo que él llama su sanación: cada punto es un momento que vivió con su última novia, tanto de felicidad, como de enfado. «Soy intenso en todo lo que hago, pasa por el amor ese filtro», dice.

En Nueva York, hizo una serie en inglés a la que llamó See you soon. Y luego viajó por Estados Unidos, quedándose en casas de amigos, pegando stickers con ese concepto, rayando baños y paredes, pintando colgándose de edificios. Pensó en su  comedor, en su escritorio, en sus libros, en sus fotos, que dio a sus hermanos. «Con qué facilidad puedo deshacerme de 20 años de mi vida», pensó.

Recibió los 40 años en Williamsburg, el barrio modernísimo de los últimos años en Brooklyn. El 18 de diciembre de 2012, a las 6 de la tarde, un mexicano dueño de un restaurante le citó en su local porque quería ver su trabajo. Como aún no había llegado, Watchavato montó toda su obra, cosas nuevas y cosas antiguas.

Cuando el hostelero llegó, entró en su oficina y salió con una gorra con una ilustración watchavatiana de Jesús Malverde. «¿Crees que no soy fan tuyo?», le dijo antes de comprarle la mitad de su trabajo, casi todo, correspondiente a los años que precedieron a Tiempo Nuevo. Abrieron una botella y brindaron: al día siguiente, el 19, era el cumple de Luis Romero.

La chica que pasó con él cuatro años y que le dio quince minutos para hablar, finalmente le escuchó su historia de amor durante dos horas. Con mucha lágrima de por medio. Watchavato/Luis Romero, el intenso que pasó muchos meses tarareando una canción típica norteña a la que dedicó una serie de stencils, le dio las gracias por la ruptura y sacó la canción de su cabeza.

En eso no quedamos corazón

Regrésate a vivir la realidad

Recuerda que fue nuestra decisión

Amarnos sin perder la libertad

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Ella se enamoró del artista viajero e independiente en 2009. Un día de junio, cuatro años después, ella se sentó frente a él y le dijo que no soportaba que fuera artista, viajero e independiente. Ahora quería esposo, casa, hijos y coche. Él aceptó que se marchara. Creía que iba a volver. Un año después, se la encontró en un evento con su nuevo novio. Le pidió hablar y ella aceptó, pero solo 15 minutos. Salieron a la calle, se sentaron en un parque de Ciudad de México, y el se lo advirtió: «¿Estás lista para escuchar una historia de amor?».

Tiempo Nuevo es el último trabajo de arte callejero de la persona que está hoy entre el artista Watchavato y el individuo Luis Romero, el resultado de una ruptura inesperada que convirtió al artista y a la persona en un tipo, dice, felizmente soltero.


1937682_10151885797565706_102638474_oDesde los 16 años y hasta los 40, Luis Romero (Culiacán, Sinaloa) tuvo amores, relaciones varias y tres novias importantes. Nunca hubo un espacio para la soledad. La última novia definió el tiro de su proyecto, tradicionalmente ligado a su nostalgia por Sinaloa desde que se mudó a estudiar a Ciudad de México a los 20 años, con una referencia constante a su cultura original con conceptos como Culichi rifa, letras de narcocorridos o la presencia de  Jesús Malverde, el santo de los narcos.

«Es una historia que se cerró en mi vida, me sentí chingón porque siempre compartía lo que hago con alguien y aposté por quedarme solo», dice uno de los artistas más reconocidos del stencil, fuera y dentro de México.

El inicio de Tiempo Nuevo fue deshacerse de todo. Puso en Twitter un anuncio y vendió todas sus cosas en dos semanas, se compró un billete de avión y se fue a Nueva York. «Ahora que me ves frente a ti sentado, aún estoy de viaje», dice en un café de la colonia Roma de Ciudad de México.

Entonces decidió hacer el desdoblamiento conceptual: a la derecha, Watchavato, y a la izquierda, Luis Romero. La persona que es hoy, se puso en medio para enfrentarlos y equilibrar su vida, dice el hombre que se clavó en su personaje artístico durante 20 años.

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Tiempo Nuevo es un proyecto en tránsito que está dibujado en numerosas fachadas, esquinas, muros, aceras y carreteras de Ciudad de México. Cada lugar elegido para cada stencil, azulejo o mural de Tiempo Nuevo en la capital del país es parte de lo que él llama su sanación: cada punto es un momento que vivió con su última novia, tanto de felicidad, como de enfado. «Soy intenso en todo lo que hago, pasa por el amor ese filtro», dice.

En Nueva York, hizo una serie en inglés a la que llamó See you soon. Y luego viajó por Estados Unidos, quedándose en casas de amigos, pegando stickers con ese concepto, rayando baños y paredes, pintando colgándose de edificios. Pensó en su  comedor, en su escritorio, en sus libros, en sus fotos, que dio a sus hermanos. «Con qué facilidad puedo deshacerme de 20 años de mi vida», pensó.

Recibió los 40 años en Williamsburg, el barrio modernísimo de los últimos años en Brooklyn. El 18 de diciembre de 2012, a las 6 de la tarde, un mexicano dueño de un restaurante le citó en su local porque quería ver su trabajo. Como aún no había llegado, Watchavato montó toda su obra, cosas nuevas y cosas antiguas.

Cuando el hostelero llegó, entró en su oficina y salió con una gorra con una ilustración watchavatiana de Jesús Malverde. «¿Crees que no soy fan tuyo?», le dijo antes de comprarle la mitad de su trabajo, casi todo, correspondiente a los años que precedieron a Tiempo Nuevo. Abrieron una botella y brindaron: al día siguiente, el 19, era el cumple de Luis Romero.

La chica que pasó con él cuatro años y que le dio quince minutos para hablar, finalmente le escuchó su historia de amor durante dos horas. Con mucha lágrima de por medio. Watchavato/Luis Romero, el intenso que pasó muchos meses tarareando una canción típica norteña a la que dedicó una serie de stencils, le dio las gracias por la ruptura y sacó la canción de su cabeza.

En eso no quedamos corazón

Regrésate a vivir la realidad

Recuerda que fue nuestra decisión

Amarnos sin perder la libertad

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Opiniones 5
  • Y sin planteárselo quizás, hace un trabajo multidisciplinario que me ha dejado con la boca abierta y el corazón destrozado. Los artistas siempre se quedan solos.

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