10 de junio 2021    /   CINE/TV
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El mensaje de la ecoficción: así consigue el cine que tengas conciencia ecológica

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La ecoficción refleja en novelas, películas y series el impacto del ser humano en el medioambiente. Las primeras producciones surgieron en los 70 inspiradas por el naciente movimiento ecologista. Desde entonces, el número de obras de ecoficción ha crecido a la par que el interés por la conservación del planeta.

Si tomamos el cine como ejemplo, observamos que en los 70 se produjeron veinte títulos según IMDB. En 2020 se produjeron 12 largometrajes a pesar de la covid-19.

La ecoficción busca, a través del entretenimiento, que el público medite sobre cuestiones ecológicas. Como muestra, destacamos 12 películas (ordenadas por años) de entre más de 500 producciones con temática ambientalista.

ecoficción

Silent Running (Naves misteriosas) (1972)

En 1972 tuvo lugar la primera gran reunión de países para tratar cuestiones medioambientales: la Conferencia de Estocolmo de Naciones Unidas.

Ese mismo año se estrenó Silent Running (Naves misteriosas) con dirección de Douglas Trumbull, responsable de efectos especiales de 2001: Una odisea en el espacio. Entre los guionistas, Michael Cimino (El Padrino) y Steven Bochco (futuro creador de Canción triste de Hill Street).

El protagonista es un botánico que cuida el último bosque en una estación espacial. En la Tierra, la vida es insostenible. Cuando los políticos hacen recortes, piden la destrucción del bosque, pero el botánico toma el control de la estación.

Soylent Green (Cuando el destino nos alcance) (1973)

Soylent Green pinta un 2022 caluroso, árido, con apenas agua y comida.

La clase media ha desaparecido: solo hay ricos y pobres. Las revueltas por el hambre son constantes. Una corporación biotecnológica crea un alimento artificial como respuesta a la hambruna: Soylent Green. Durante la investigación de un crimen, el policía interpretado por Charlton Heston descubre que el alimento está compuesto de restos humanos.

La película dirigida por Richard Fleisher (El estrangulador de Boston) ha inspirado a empresas de biotecnología para cultivar in vitro carne animal.

El síndrome de China (1979)

En marzo de 1979, errores mecánicos y humanos provocaron que la central nuclear de Three Mile Island (Pensilvania, Estados Unidos) liberara gases radiactivos a la atmósfera.

Michael Douglas vio en el accidente el argumento para su segunda película como productor tras Alguien voló sobre el nido del cuco. Douglas quería estrenar El síndrome de China antes de que el público olvidara el suceso. Por esto, contó con guionistas rápidos y el director James Bridges, curtido en La hora de Alfred Hitchcock. 

El título de El síndrome de China se debe a un supuesto fantástico: si el núcleo de un reactor nuclear de Estados Unidos se fundiera, atravesaría la Tierra hasta llegar a China.

Star Trek IV: The Voyage Home (Star Trek IV. Misión: salvar la Tierra) (1986)

Cerca de tres millones de ballenas se cazaron en el siglo XX según el Museo Ballenero de New Bedford (Massachusetts). Gracias al movimiento ecológico, muchos países abandonaron la caza. Hoy solo la practican Noruega y Japón.

En Salvar la Tierra, una nave alienígena emite extraños sonidos que alteran el campo electromagnético del planeta azul, lo que provoca cataclismos. Spock descubre que los sonidos son similares a los cantos de ballenas jorobadas. Así que Kirk y su tripulación viajan a 1986 para conseguir una pareja de ballenas.

La aventura es una crítica a la vida consumista y acelerada de los Estados Unidos en la década de los 80.

Leonard Nimoy (Spock), reconocido vegetariano y amante de los animales, propuso el guion y dirigió la película.

Blade Runner (1982)

Cuando Ridley Scott dirigió Blade Runner, se recreó en lo más oscuro y siniestro de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, novela de Philip K. Dick.

El dióxido de carbono cubre Los Ángeles. Muchos animales se han extinguido. Los animales de compañía son artificiales. Grandes corporaciones desarrollan tecnologías sofisticadas, mientras que millones de personas viven como pueden.

«Durante 30 años muchos me dijeron era una persona oscura», ha declarado Ridley Scott. «Blade Runner no es oscura. Es un hecho. Y te golpeará en la cabeza».

La selva esmeralda (1985)

La destrucción del Amazonas altera el clima del mundo: disminuyen las lluvias y con esto aumenta la desertización. La agricultura y ganadería industriales y la construcción irracional son las principales causas de la deforestación del pulmón del planeta.

La selva esmeralda muestra los efectos de la construcción de una presa a través de un drama de aventuras. El protagonista es un ingeniero de Estados Unidos que pierde a su hijo en la selva. Durante la búsqueda del pequeño, observa cuánto daño provoca la civilización al Amazonas y a las tribus indígenas.

John Boorman dirige la película retratando el Amazonas con la majestuosidad empleada en Excalibur.

El guionista Rospo Pallenberg partió de un hecho real: el hijo de un obrero peruano desapareció y fue encontrado dieciséis años después viviendo con una tribu indígena.

Waterworld (1995)

Con el deshielo total de los Polos, el nivel del mar subiría 66 metros. Roma, Barcelona, Buenos Aires o Miami desaparecerían bajo las aguas. Holanda y Dinamarca serían un recuerdo.

Waterworld recrea esa posibilidad. En los mares flotan pequeños poblados construidos con desechos, y el agua potable es una moneda.

Waterworld fracasó en taquilla, pero de unos años acá, parte de la crítica la reivindica como una estimulante historia de aventuras.

Kevin Reynolds (El príncipe de los ladrones) dirige la epopeya producida, en parte, por Kevin Costner, reconocido activista ecologista.

Erin Brockovich (2000)

El agua potable cotiza en Wall Street como el petróleo y el oro. No es raro: el agua es un bien escaso por la creciente contaminación de los acuíferos.

Los habitantes de Hinkley, California, dan testimonio de ello. Durante 50 años tomaron agua envenenada por el vertido de residuos tóxicos de Pacific Gas and Electricity. Muchos habitantes enfermaron y otros murieron.

Erin Brockovich refleja aquellos hechos. La investigadora interpretada por Julia Roberts recabó los datos para llevar a la empresa contaminante a juicio. Los habitantes de Hinkley recibieron 330 millones de dólares en indemnizaciones, pero nunca se recuperaron de las secuelas.

Susannah Grant (Creedme) escribió el guion y Steven Soderberg (Sexo, mentiras y cintas de vídeo) dirigió con brío una película heredera de El síndrome de China.

Children of Men (Hijos de los hombres) (2006)

Baja la natalidad en los países industrializados. La contaminación daña la calidad del esperma. En el peor de los casos, podría darse el fenómeno conocido como «espiral mortal de población»: el número de muertes es superior al de nacimientos.

«Habría conflictos sociales, económicos y psicológicos asociados a la infertilidad», asegura la doctora Susan McDaniel, del Instituto Prentice.

Hijos de los hombres, escrita y dirigida por Alfonso Cuarón, plantea un escenario similar al que plantea McDaniel. En el film, una población menguante es incapaz de atender los servicios esenciales que demanda la sociedad.

Por otro lado, ha desaparecido la intención de trascender o dejar un mundo mejor a las nuevas generaciones. Esa es la razón por la que el espíritu de superación y la inventiva están bloqueados. El mundo se prepara para la desaparición.

Quantum of Solace (2008)

La Guerra Fría acabó.

Los nuevos villanos Bond no chantajean con misiles a las naciones más poderosas. Ahora quieren controlar los recursos naturales. Uno de esos villanos de nueva generación es el señor Green.

Green acapara el agua de Bolivia con la complicidad de políticos y de una administración corrupta. Su objetivo: ofrecer el agua a la propia Bolivia con un precio abusivo.

Marc Foster dirige esta entrega Bond en la que no falta la ironía: el señor Green es un empresario cínico que abandera la causa ecologista moviéndose entre las habitaciones de ecohoteles de lujo.

Mad Max: Fury Road (2015)

Las guerras del agua son una de las 50 maneras de destruir el mundo señaladas por el periodista científico Alok Jha, colaborador de The Economist.

El guionista y director George Miller ha querido mostrar estas guerras en Mad Max: Fury Road. Por esto, la película ha sido mencionada por científicos para atraer la atención sobre cuestiones ecologistas. Un ejemplo: Jay Famiglietti, experto en agua de la NASA, expone que consumimos mayor cantidad de agua potable que la repuesta por la lluvia, según datos aportados por satélites de la NASA.

Famiglietti considera que el escenario planteado por Miller podría acontecer en el peor de los casos, pero no se aventura a ofrecer una fecha. Esperemos que no sea «de aquí a unos años», como indica el rótulo que abre el Mad Max protagonizado por Mel Gibson.

Downsizing (Una vida a lo grande) (2017)

Una vida a lo grande comienza con una hipótesis fantástica: la reducción de personas al tamaño común de una lata de cerveza contribuye a resolver problemas medioambientales.

Las personas reducidas viven en microurbanizaciones de lujo sin más preocupación que divertirse. Pero la utopía en miniatura tiene un lado oscuro: hay personas diminutas que mantienen los servicios, mientras viven en condiciones infrahumanas.

Una vida a lo grande sugiere que el ser humano es el mayor obstáculo contra el ser humano cuando se trata de cuidar el planeta.

Alexander Payne (Entre copas, Los descendientes) escribe y dirige una película que satiriza la sociedad de consumo norteamericana.

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La ecoficción refleja en novelas, películas y series el impacto del ser humano en el medioambiente. Las primeras producciones surgieron en los 70 inspiradas por el naciente movimiento ecologista. Desde entonces, el número de obras de ecoficción ha crecido a la par que el interés por la conservación del planeta.

Si tomamos el cine como ejemplo, observamos que en los 70 se produjeron veinte títulos según IMDB. En 2020 se produjeron 12 largometrajes a pesar de la covid-19.

La ecoficción busca, a través del entretenimiento, que el público medite sobre cuestiones ecológicas. Como muestra, destacamos 12 películas (ordenadas por años) de entre más de 500 producciones con temática ambientalista.

ecoficción

Silent Running (Naves misteriosas) (1972)

En 1972 tuvo lugar la primera gran reunión de países para tratar cuestiones medioambientales: la Conferencia de Estocolmo de Naciones Unidas.

Ese mismo año se estrenó Silent Running (Naves misteriosas) con dirección de Douglas Trumbull, responsable de efectos especiales de 2001: Una odisea en el espacio. Entre los guionistas, Michael Cimino (El Padrino) y Steven Bochco (futuro creador de Canción triste de Hill Street).

El protagonista es un botánico que cuida el último bosque en una estación espacial. En la Tierra, la vida es insostenible. Cuando los políticos hacen recortes, piden la destrucción del bosque, pero el botánico toma el control de la estación.

Soylent Green (Cuando el destino nos alcance) (1973)

Soylent Green pinta un 2022 caluroso, árido, con apenas agua y comida.

La clase media ha desaparecido: solo hay ricos y pobres. Las revueltas por el hambre son constantes. Una corporación biotecnológica crea un alimento artificial como respuesta a la hambruna: Soylent Green. Durante la investigación de un crimen, el policía interpretado por Charlton Heston descubre que el alimento está compuesto de restos humanos.

La película dirigida por Richard Fleisher (El estrangulador de Boston) ha inspirado a empresas de biotecnología para cultivar in vitro carne animal.

El síndrome de China (1979)

En marzo de 1979, errores mecánicos y humanos provocaron que la central nuclear de Three Mile Island (Pensilvania, Estados Unidos) liberara gases radiactivos a la atmósfera.

Michael Douglas vio en el accidente el argumento para su segunda película como productor tras Alguien voló sobre el nido del cuco. Douglas quería estrenar El síndrome de China antes de que el público olvidara el suceso. Por esto, contó con guionistas rápidos y el director James Bridges, curtido en La hora de Alfred Hitchcock. 

El título de El síndrome de China se debe a un supuesto fantástico: si el núcleo de un reactor nuclear de Estados Unidos se fundiera, atravesaría la Tierra hasta llegar a China.

Star Trek IV: The Voyage Home (Star Trek IV. Misión: salvar la Tierra) (1986)

Cerca de tres millones de ballenas se cazaron en el siglo XX según el Museo Ballenero de New Bedford (Massachusetts). Gracias al movimiento ecológico, muchos países abandonaron la caza. Hoy solo la practican Noruega y Japón.

En Salvar la Tierra, una nave alienígena emite extraños sonidos que alteran el campo electromagnético del planeta azul, lo que provoca cataclismos. Spock descubre que los sonidos son similares a los cantos de ballenas jorobadas. Así que Kirk y su tripulación viajan a 1986 para conseguir una pareja de ballenas.

La aventura es una crítica a la vida consumista y acelerada de los Estados Unidos en la década de los 80.

Leonard Nimoy (Spock), reconocido vegetariano y amante de los animales, propuso el guion y dirigió la película.

Blade Runner (1982)

Cuando Ridley Scott dirigió Blade Runner, se recreó en lo más oscuro y siniestro de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, novela de Philip K. Dick.

El dióxido de carbono cubre Los Ángeles. Muchos animales se han extinguido. Los animales de compañía son artificiales. Grandes corporaciones desarrollan tecnologías sofisticadas, mientras que millones de personas viven como pueden.

«Durante 30 años muchos me dijeron era una persona oscura», ha declarado Ridley Scott. «Blade Runner no es oscura. Es un hecho. Y te golpeará en la cabeza».

La selva esmeralda (1985)

La destrucción del Amazonas altera el clima del mundo: disminuyen las lluvias y con esto aumenta la desertización. La agricultura y ganadería industriales y la construcción irracional son las principales causas de la deforestación del pulmón del planeta.

La selva esmeralda muestra los efectos de la construcción de una presa a través de un drama de aventuras. El protagonista es un ingeniero de Estados Unidos que pierde a su hijo en la selva. Durante la búsqueda del pequeño, observa cuánto daño provoca la civilización al Amazonas y a las tribus indígenas.

John Boorman dirige la película retratando el Amazonas con la majestuosidad empleada en Excalibur.

El guionista Rospo Pallenberg partió de un hecho real: el hijo de un obrero peruano desapareció y fue encontrado dieciséis años después viviendo con una tribu indígena.

Waterworld (1995)

Con el deshielo total de los Polos, el nivel del mar subiría 66 metros. Roma, Barcelona, Buenos Aires o Miami desaparecerían bajo las aguas. Holanda y Dinamarca serían un recuerdo.

Waterworld recrea esa posibilidad. En los mares flotan pequeños poblados construidos con desechos, y el agua potable es una moneda.

Waterworld fracasó en taquilla, pero de unos años acá, parte de la crítica la reivindica como una estimulante historia de aventuras.

Kevin Reynolds (El príncipe de los ladrones) dirige la epopeya producida, en parte, por Kevin Costner, reconocido activista ecologista.

Erin Brockovich (2000)

El agua potable cotiza en Wall Street como el petróleo y el oro. No es raro: el agua es un bien escaso por la creciente contaminación de los acuíferos.

Los habitantes de Hinkley, California, dan testimonio de ello. Durante 50 años tomaron agua envenenada por el vertido de residuos tóxicos de Pacific Gas and Electricity. Muchos habitantes enfermaron y otros murieron.

Erin Brockovich refleja aquellos hechos. La investigadora interpretada por Julia Roberts recabó los datos para llevar a la empresa contaminante a juicio. Los habitantes de Hinkley recibieron 330 millones de dólares en indemnizaciones, pero nunca se recuperaron de las secuelas.

Susannah Grant (Creedme) escribió el guion y Steven Soderberg (Sexo, mentiras y cintas de vídeo) dirigió con brío una película heredera de El síndrome de China.

Children of Men (Hijos de los hombres) (2006)

Baja la natalidad en los países industrializados. La contaminación daña la calidad del esperma. En el peor de los casos, podría darse el fenómeno conocido como «espiral mortal de población»: el número de muertes es superior al de nacimientos.

«Habría conflictos sociales, económicos y psicológicos asociados a la infertilidad», asegura la doctora Susan McDaniel, del Instituto Prentice.

Hijos de los hombres, escrita y dirigida por Alfonso Cuarón, plantea un escenario similar al que plantea McDaniel. En el film, una población menguante es incapaz de atender los servicios esenciales que demanda la sociedad.

Por otro lado, ha desaparecido la intención de trascender o dejar un mundo mejor a las nuevas generaciones. Esa es la razón por la que el espíritu de superación y la inventiva están bloqueados. El mundo se prepara para la desaparición.

Quantum of Solace (2008)

La Guerra Fría acabó.

Los nuevos villanos Bond no chantajean con misiles a las naciones más poderosas. Ahora quieren controlar los recursos naturales. Uno de esos villanos de nueva generación es el señor Green.

Green acapara el agua de Bolivia con la complicidad de políticos y de una administración corrupta. Su objetivo: ofrecer el agua a la propia Bolivia con un precio abusivo.

Marc Foster dirige esta entrega Bond en la que no falta la ironía: el señor Green es un empresario cínico que abandera la causa ecologista moviéndose entre las habitaciones de ecohoteles de lujo.

Mad Max: Fury Road (2015)

Las guerras del agua son una de las 50 maneras de destruir el mundo señaladas por el periodista científico Alok Jha, colaborador de The Economist.

El guionista y director George Miller ha querido mostrar estas guerras en Mad Max: Fury Road. Por esto, la película ha sido mencionada por científicos para atraer la atención sobre cuestiones ecologistas. Un ejemplo: Jay Famiglietti, experto en agua de la NASA, expone que consumimos mayor cantidad de agua potable que la repuesta por la lluvia, según datos aportados por satélites de la NASA.

Famiglietti considera que el escenario planteado por Miller podría acontecer en el peor de los casos, pero no se aventura a ofrecer una fecha. Esperemos que no sea «de aquí a unos años», como indica el rótulo que abre el Mad Max protagonizado por Mel Gibson.

Downsizing (Una vida a lo grande) (2017)

Una vida a lo grande comienza con una hipótesis fantástica: la reducción de personas al tamaño común de una lata de cerveza contribuye a resolver problemas medioambientales.

Las personas reducidas viven en microurbanizaciones de lujo sin más preocupación que divertirse. Pero la utopía en miniatura tiene un lado oscuro: hay personas diminutas que mantienen los servicios, mientras viven en condiciones infrahumanas.

Una vida a lo grande sugiere que el ser humano es el mayor obstáculo contra el ser humano cuando se trata de cuidar el planeta.

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