22 de diciembre 2020    /   ENTRETENIMIENTO
por
Ilustración  Glez Studio

El Niño de Elche: «La socialdemocracia tiene un discurso muy brillante, pero cuando rascas puedes ver mucho conservadurismo detrás»

Para Francisco Contreras, la mejor manera de hablar del futuro –y del pasado–  es anclarse en el presente. Y ahí se ha apalancado, en un ejercicio de experimentación tras otro. Los de ahora (que son dos) parten del mismo bancal. Por un lado, un nuevo disco bautizado como La distancia entre el barro y la electrónica. Siete diferencias valdelomarianas. Por otro, una instalación sonora creada a partir del Auto sacramental invisible, de José Val del Omar, un creador que ya era, en sí mismo, el futuro hace un siglo

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Cuando El Niño de Elche (Elche,1985) mira hacia el futuro, no ve ni nuevos paradigmas causados por la covid, ni un devenir del negocio musical muy diferente al actual ni, por supuesto, tiene ganas de que el sudor y el aliento del arte en vivo se trasladen a asépticos streamings.

Lo que sí ve deseable es un compromiso de los artistas para ampliar el vuelo de las obras fuera de moldes caducados. En un tiempo en el que la música contemporánea da síntomas de agotamiento, El Niño de Elche tiene una receta. «Abogo por la intoxicación de las disciplinas. Eso va a facilitar la transformación de la música pop y rock en algo diferente. Las lógicas de masas siguen intentando repetir los códigos, pero, a la vez, creo que ha aumentado la excrecencia más allá del pop y el rock», explica.

El ejemplo es Auto sacramental invisible. Una representación sonora a partir de Val del Omar, una instalación acústica creada a partir del archivo de José Val del Omar conservado en el Museo Reina Sofía, lugar que acogerá la obra hasta el 21 de abril de 2021.

El Niño de Elche ha dado una patada en la puerta del museo y ha convertido una de sus obras en propuesta objeto de exposición. «Mi trabajo con Val del Omar no es ni arqueológico, ni de homenaje, ni fetichista. Es un artista que, como él decía, crea un espacio para poder volar hacia otros lados a la velocidad de la luz. Eso revaloriza la obra de un creador y no tanto el homenaje. El artista no es tu límite, es tu catapulta», explica Contreras.

El Niño de Elche ha deglutido durante dos meses una enorme parte de la obra de Val del Omar. La ha digerido con la ayuda del musicólogo Miguel Álvarez Fernández, el arquitecto Lluís Alexandre Casanovas o los productores de electrónica MANS O, Nara is Neus, Shelly y Benito Jiménez, de Los Voluble.

El resultado es más de media hora de experiencia sonora a través de 16 altavoces colgantes, ocultos entre cerebros que iluminan como lámparas. Un recorrido a través del dolor, el sexo o la poesía. Lo que viene a ser la vida comprimida en un quejío sónico.

 

El Niño de Elche: «Si la música contemporánea se convierte en una pieza de museo, será señal de que se ha transformado y no es el coñazo que muchos artistas hacen ahora del rock y el pop» Clic para tuitear

 

El futuro que imagina El Niño de Elche está libre de etiquetas y categorías. O de líneas separadoras entre música y arte sonoro. Él, de hecho, afirma que la endogamia alimenta la colisión de ambas disciplinas. «Yo sigo siendo artista sonoro para mucha gente de la música y músico pop para la del arte sonoro. Y no porque esté en medio, sino porque voy pivotando de un lado a otro. Para mí, las estéticas y las disciplinas dependen del discurso. Una instalación sonora o un recital de cante flamenco clásico se sitúan en sitios diferentes, pero no tienen un valor menor o mayor por sí mismos. Tienen más o menos complejidad, podemos entenderlos de manera diferente en un sentido artístico, pero para mí lo importante es el discurso», cuenta.

Así, en ese polisémico ecosistema creativo, él se declara pontífice y generador de conexiones. «Me he dedicado a crear puentes entre lo que supone la música popular, lo que supone la música contemporánea o lo que suponen las prácticas radicales. No es por encontrar el hermanamiento, sino por encontrar esas tensiones y cómo trabajar desde esas tensiones. Y me he visto en muchas ocasiones como una persona uniendo mundos».

Cuando Contreras habla de la radicalidad, se refiere a su propia aproximación a la creación artística. Admite que, como todos, ha sido educado en la lógica de «una socialdemocracia social, con un discurso muy brillante que, cuando rascas, hace asomar mucho conservadurismo. Esa idea de socialdemocracia tiene la culpa de que la palabra radical tenga tan mala prensa».

Con todo, él prefiere ir a la raíz de lo que hace. «No es por la etiqueta ni por pose, sino porque en ese trayecto van saliendo muchas cosas. Escuchar un archivo sonoro como el de Val del Omar durante dos meses a razón de ocho horas diarias no es una labor fácil; hace falta concentración, criterio y análisis», explica el ilicitano.

«Soy un fehaciente defensor del mundo del espectáculo»

Cuando El Niño de Elche actuó en la Bienal de Flamenco de Sevilla en 2018, el crítico del diario ABC subtituló su crónica con la siguiente frase: «El supuesto cantaor ha ofrecido un recital histórico en el Lope de Vega: jamás se ha visto nada peor en las 20 ediciones de la Bienal de Flamenco».

Acto seguido, comenzó el texto diciendo que creía en la crítica constructiva para afirmar que El Niño de Elche «no es un transgresor, sino un impostor. La transgresión es vital en el arte cuando busca generar dudas o remover conciencias. Cuando solo pretende molestar es una vulgaridad». Parece que a Alberto García Reyes, el crítico que firma la pieza, le molestó enormemente la actuación de Contreras.

«No me sirven los discursos establecidos, son solo palabras; me sirven los hechos. Y los hechos hablan mal de mucha gente»

Lo que no debía saber es que cuando El Niño de Elche se sube a un escenario, lo hace para huir de la ortodoxia, en ocasiones, y en otras, para hacer lo que le sale de las narices. Dar el espectáculo, al fin y al cabo. «Soy un fehaciente defensor del mundo del espectáculo, del rito del espectáculo en vivo. Nuestro trabajo es seguir evangelizando que la cultura artística es importante y mostrarles que sus vidas pueden cambiar aunque sea por un instante». Aunque sea para mal, como pareció ocurrirle al periodista de ABC.

En cualquier caso, no es algo que preocupe al músico, que piensa que «quien llegue desinformado a una de mis propuestas tiene alguna responsabilidad. Yo no cambio mi discurso pensando en quién tengo delante. Intento que sea un proceso trabajado y radicalizado, y que esté dentro de una estética que en ese momento crea que es necesaria. Banalizar mi discurso con el miedo de que me entienda más gente no es algo que acabe de ver», explica.

El último proceso radicalizado que ha abordado El Niño de Elche es su último disco, La distancia entre el barro y la electrónica. Siete diferencias valdelomarianas. El contenido de ese LP es el hermano mellizo de la instalación sonora, ya que parte también de la asimilación del archivo de José Val del Omar. 

Ese nuevo trabajo es otro salto comercial al vacío, un proceso experimental muy alejado de aspirar a la anuencia de las masas. Tampoco es algo que quite el sueño a Contreras, que afirma que «las discográficas siguen pensando igual que hace años. Y lo mismo pasa con el underground, que es el hermano pequeño de esas lógicas. El underground estuvo muy poco tiempo como verdadera contrapartida al mainstream. Es, básicamente, reproducir lo mismo pero con menos recursos».

«Mis prácticas no están muy pensadas para poner al público a prueba. Son procesos internos que a quien ponen a prueba es a mí»

En cualquier caso, El Niño de Elche mira al futuro y ni siquiera se ve cantando. «Cada vez me dedico más a escribir y hacer otro tipo de cosas. Utilizar más la voz pero cantar menos, que es lo que estoy haciendo los últimos años. Tengo el anhelo de seguir experimentando y seguir desplazándome. El mundo de la canción cada vez me interesa menos», afirma.

La incertidumbre ante lo que venga no le va a quitar el sueño, no le va a provocar ningún tipo de ansiedad. El Niño de Elche piensa que estamos en una sociedad más abierta que nunca y que eso le hace mirar al futuro con optimismo. «Si voy a un sitio y veo a 400 personas escuchándome hacer guturales, eso me hace pensar que hay esperanza».

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Cuando El Niño de Elche (Elche,1985) mira hacia el futuro, no ve ni nuevos paradigmas causados por la covid, ni un devenir del negocio musical muy diferente al actual ni, por supuesto, tiene ganas de que el sudor y el aliento del arte en vivo se trasladen a asépticos streamings.

Lo que sí ve deseable es un compromiso de los artistas para ampliar el vuelo de las obras fuera de moldes caducados. En un tiempo en el que la música contemporánea da síntomas de agotamiento, El Niño de Elche tiene una receta. «Abogo por la intoxicación de las disciplinas. Eso va a facilitar la transformación de la música pop y rock en algo diferente. Las lógicas de masas siguen intentando repetir los códigos, pero, a la vez, creo que ha aumentado la excrecencia más allá del pop y el rock», explica.

El ejemplo es Auto sacramental invisible. Una representación sonora a partir de Val del Omar, una instalación acústica creada a partir del archivo de José Val del Omar conservado en el Museo Reina Sofía, lugar que acogerá la obra hasta el 21 de abril de 2021.

El Niño de Elche ha dado una patada en la puerta del museo y ha convertido una de sus obras en propuesta objeto de exposición. «Mi trabajo con Val del Omar no es ni arqueológico, ni de homenaje, ni fetichista. Es un artista que, como él decía, crea un espacio para poder volar hacia otros lados a la velocidad de la luz. Eso revaloriza la obra de un creador y no tanto el homenaje. El artista no es tu límite, es tu catapulta», explica Contreras.

El Niño de Elche ha deglutido durante dos meses una enorme parte de la obra de Val del Omar. La ha digerido con la ayuda del musicólogo Miguel Álvarez Fernández, el arquitecto Lluís Alexandre Casanovas o los productores de electrónica MANS O, Nara is Neus, Shelly y Benito Jiménez, de Los Voluble.

El resultado es más de media hora de experiencia sonora a través de 16 altavoces colgantes, ocultos entre cerebros que iluminan como lámparas. Un recorrido a través del dolor, el sexo o la poesía. Lo que viene a ser la vida comprimida en un quejío sónico.

 

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El futuro que imagina El Niño de Elche está libre de etiquetas y categorías. O de líneas separadoras entre música y arte sonoro. Él, de hecho, afirma que la endogamia alimenta la colisión de ambas disciplinas. «Yo sigo siendo artista sonoro para mucha gente de la música y músico pop para la del arte sonoro. Y no porque esté en medio, sino porque voy pivotando de un lado a otro. Para mí, las estéticas y las disciplinas dependen del discurso. Una instalación sonora o un recital de cante flamenco clásico se sitúan en sitios diferentes, pero no tienen un valor menor o mayor por sí mismos. Tienen más o menos complejidad, podemos entenderlos de manera diferente en un sentido artístico, pero para mí lo importante es el discurso», cuenta.

Así, en ese polisémico ecosistema creativo, él se declara pontífice y generador de conexiones. «Me he dedicado a crear puentes entre lo que supone la música popular, lo que supone la música contemporánea o lo que suponen las prácticas radicales. No es por encontrar el hermanamiento, sino por encontrar esas tensiones y cómo trabajar desde esas tensiones. Y me he visto en muchas ocasiones como una persona uniendo mundos».

Cuando Contreras habla de la radicalidad, se refiere a su propia aproximación a la creación artística. Admite que, como todos, ha sido educado en la lógica de «una socialdemocracia social, con un discurso muy brillante que, cuando rascas, hace asomar mucho conservadurismo. Esa idea de socialdemocracia tiene la culpa de que la palabra radical tenga tan mala prensa».

Con todo, él prefiere ir a la raíz de lo que hace. «No es por la etiqueta ni por pose, sino porque en ese trayecto van saliendo muchas cosas. Escuchar un archivo sonoro como el de Val del Omar durante dos meses a razón de ocho horas diarias no es una labor fácil; hace falta concentración, criterio y análisis», explica el ilicitano.

«Soy un fehaciente defensor del mundo del espectáculo»

Cuando El Niño de Elche actuó en la Bienal de Flamenco de Sevilla en 2018, el crítico del diario ABC subtituló su crónica con la siguiente frase: «El supuesto cantaor ha ofrecido un recital histórico en el Lope de Vega: jamás se ha visto nada peor en las 20 ediciones de la Bienal de Flamenco».

Acto seguido, comenzó el texto diciendo que creía en la crítica constructiva para afirmar que El Niño de Elche «no es un transgresor, sino un impostor. La transgresión es vital en el arte cuando busca generar dudas o remover conciencias. Cuando solo pretende molestar es una vulgaridad». Parece que a Alberto García Reyes, el crítico que firma la pieza, le molestó enormemente la actuación de Contreras.

«No me sirven los discursos establecidos, son solo palabras; me sirven los hechos. Y los hechos hablan mal de mucha gente»

Lo que no debía saber es que cuando El Niño de Elche se sube a un escenario, lo hace para huir de la ortodoxia, en ocasiones, y en otras, para hacer lo que le sale de las narices. Dar el espectáculo, al fin y al cabo. «Soy un fehaciente defensor del mundo del espectáculo, del rito del espectáculo en vivo. Nuestro trabajo es seguir evangelizando que la cultura artística es importante y mostrarles que sus vidas pueden cambiar aunque sea por un instante». Aunque sea para mal, como pareció ocurrirle al periodista de ABC.

En cualquier caso, no es algo que preocupe al músico, que piensa que «quien llegue desinformado a una de mis propuestas tiene alguna responsabilidad. Yo no cambio mi discurso pensando en quién tengo delante. Intento que sea un proceso trabajado y radicalizado, y que esté dentro de una estética que en ese momento crea que es necesaria. Banalizar mi discurso con el miedo de que me entienda más gente no es algo que acabe de ver», explica.

El último proceso radicalizado que ha abordado El Niño de Elche es su último disco, La distancia entre el barro y la electrónica. Siete diferencias valdelomarianas. El contenido de ese LP es el hermano mellizo de la instalación sonora, ya que parte también de la asimilación del archivo de José Val del Omar. 

Ese nuevo trabajo es otro salto comercial al vacío, un proceso experimental muy alejado de aspirar a la anuencia de las masas. Tampoco es algo que quite el sueño a Contreras, que afirma que «las discográficas siguen pensando igual que hace años. Y lo mismo pasa con el underground, que es el hermano pequeño de esas lógicas. El underground estuvo muy poco tiempo como verdadera contrapartida al mainstream. Es, básicamente, reproducir lo mismo pero con menos recursos».

«Mis prácticas no están muy pensadas para poner al público a prueba. Son procesos internos que a quien ponen a prueba es a mí»

En cualquier caso, El Niño de Elche mira al futuro y ni siquiera se ve cantando. «Cada vez me dedico más a escribir y hacer otro tipo de cosas. Utilizar más la voz pero cantar menos, que es lo que estoy haciendo los últimos años. Tengo el anhelo de seguir experimentando y seguir desplazándome. El mundo de la canción cada vez me interesa menos», afirma.

La incertidumbre ante lo que venga no le va a quitar el sueño, no le va a provocar ningún tipo de ansiedad. El Niño de Elche piensa que estamos en una sociedad más abierta que nunca y que eso le hace mirar al futuro con optimismo. «Si voy a un sitio y veo a 400 personas escuchándome hacer guturales, eso me hace pensar que hay esperanza».

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Opiniones 2
  • Pagado de sí mismo, autocomplaciente, egolatra… para ser tan mal cantaor le falta humildad y sentido de la realidad. Si dice que esta sociedad es más abierta es sólo porque le va bien y ya forma parte del establishment cultural falso-progre. Este hombre gutural, que no cantaor porque más que cantar da el cante, tiene un discurso superficial y si rascas un poco, para los que le hemos seguido la pista, profundamente racista. Es lo que hay, hoy para triunfar en el flamenco sólo hace falta padrinos políticos y un par de voceros mediáticos que te hagan la campaña de marketing.

  • nunca se ha metido en politica, mas bien ha renegado d ello , mientras ls drchas gobernaban y ha ido de anarco o algo asi.
    y ahora esto…si bien es verdad qe la socia-ldemocracia se puede mejorar,
    sobretodo en el psoe qe es monarquico catolico y muy poco obrero-socialista

  • Comentarios cerrados.