23 de diciembre 2015    /   DIGITAL
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El nuevo periodismo se cuenta en realidad virtual

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La muerte de personas, la muerte de muchos niños, que es la que duele más, está produciéndose de manera cotidiana en las aguas del Mediterráneo. Ocurre que, cuando esa muerte se narra a través de letras escritas, es como si no hubiera ocurrido o como si hubiera pasado menos. Las palabras hacen que la parca pierda su forma siniestra y se estilice a través del verso.

Cuando Aylan Kurdi apareció flotando boca abajo en la orilla de una playa turca, Europa se miró al espejo y se enfrentó a la humanidad (o a la ausencia de la misma) de sus políticas de acogida. Vimos la cara del pequeño refugiado enfrentada a la arena y su cuerpo mecido por las olas. No hay manera de amortiguar esa estampa ni tipografía que caracterice la miseria humana.

Lo malo de todo eso es que el efecto de ese purgante tiene caducidad. A casi nadie le importa ya lo que les ocurre a los Aylan Kurdi que siguen flotando sobre el mar achicando agua de sus balsas.

Por eso, porque la caducidad del dolor nos hace peores, es por lo que el periodismo necesita mostrar lo más lamentable del género humano y, aunque suene cruel, lo más conveniente es que eso duela cuanto más, mejor.

Por eso, apps de realidad virtual como NYTVR, el catálogo de reportajes inmersivos del New York Times están contribuyendo a generar el nuevo escenario en el que se debería mover la cosa esta de contar historias en los próximos años.

Llevamos décadas tratando de trasladar la historia que queremos contar al salón, al coche o al banco del parque donde el lector o el espectador han decidido asimilar esas noticias. Desde ahora, cambian los puntos de vista y los sistemas de referencia y es el receptor el que se traslada al foco de la historia. La periodista estadounidense Nonny de la Peña ha bautizado al nuevo paradigma como immersive journalism (periodismo inmersivo).

Así, y gracias a propuestas como NYTVR o las que se incluyen en la VR Gallery de Samsung, el espectador puede meterse en medio de las tribulaciones de algunos de los 30 millones de niños desplazados de sus hogares o puede conocer la realidad de un campo de refugiados sirios desde el interior del mismo.

No todas las experiencias son turbulentas y desasosegantes, por suerte. Se puede dar un paseo por Nueva York, a la sombra del Flatiron, o en helicóptero sobre el skyline de Manhattan para ver cómo se ha hecho una de las portadas del New York Times a base de papel pegado sobre las aceras de la ciudad estadounidense. O se puede vivir una historia de intriga desde el interior de un coche en una experiencia de branded content. O dar un paseo por el sistema solar conociendo el entorno mientras se ven los cuerpos celestes flotar alrededor de uno mismo.

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La dificultad de contar esto es que no hay texto que haga justicia a lo que se nos viene encima. No hay cuentacuentos que pueda transmitir la intensidad de la experiencia a pesar de que la tecnología aún está casi en pañales, y por eso, por mucho que se lea, hay que calzarse el artilugio para entenderlo. Incluso, con mecanismos precarios como gafas de cartón del tipo Google Cardboard se pueden experimentar sensaciones que enriquecen profundamente la historia de la que se es testigo.

En cualquier caso, el aterrizaje de gadgets tecnológicamente a la altura de la experiencia es una cuestión de muy poco tiempo. En palabras de Óscar Hormigos, CEO de The App Date y uno de los agentes que más se está moviendo para que la realidad virtual y el periodismo inmersivo sean una realidad en España a corto plazo, «el gran desembarco de la realidad virtual se producirá a finales del año 2016. Nos interesa especialmente explorar el fenómeno desde el campo del periodismo. De hecho, se ha definido a la realidad virtual como la mayor máquina de empatía creada por el ser humano».

Esa explosión implica una nueva concepción del periodismo visual en sí mismo. La consecuencia va a ser la proliferación de experiencias como las que propone el propio Hormigos. «Hemos puesto en marcha Immersive Journalism Lab, un laboratorio que, con la colaboración de la consultora Designit, invitará desde finales de año a investigar esta nueva forma de narrar a los principales medios de comunicación españoles».

Ya saben cómo funcionan estas cosas. De pronto, el hardware baja de precio estrepitosamente, se produce una explosión hemorrágica de contenidos a disposición de los usuarios y todos, periodistas, creadores y espectadores, empiezan a pensar en el nuevo lenguaje, en este caso en el de la realidad virtual.

Aunque asuste, parece que va a merecer la pena que podamos enfrentarnos a la alegría, al dolor, al jolgorio, a lo trivial y lo trascendente en formato 360 grados, desde dentro de cada experiencia. Además, si el New York Times apuesta por aplicaciones que resalten el brillo del contenido en VR, no queda casi más remedio que seguir al gurú.

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Cuando Aylan Kurdi apareció flotando boca abajo en la orilla de una playa turca, Europa se miró al espejo y se enfrentó a la humanidad (o a la ausencia de la misma) de sus políticas de acogida. Vimos la cara del pequeño refugiado enfrentada a la arena y su cuerpo mecido por las olas. No hay manera de amortiguar esa estampa ni tipografía que caracterice la miseria humana.

Lo malo de todo eso es que el efecto de ese purgante tiene caducidad. A casi nadie le importa ya lo que les ocurre a los Aylan Kurdi que siguen flotando sobre el mar achicando agua de sus balsas.

Por eso, porque la caducidad del dolor nos hace peores, es por lo que el periodismo necesita mostrar lo más lamentable del género humano y, aunque suene cruel, lo más conveniente es que eso duela cuanto más, mejor.

Por eso, apps de realidad virtual como NYTVR, el catálogo de reportajes inmersivos del New York Times están contribuyendo a generar el nuevo escenario en el que se debería mover la cosa esta de contar historias en los próximos años.

Llevamos décadas tratando de trasladar la historia que queremos contar al salón, al coche o al banco del parque donde el lector o el espectador han decidido asimilar esas noticias. Desde ahora, cambian los puntos de vista y los sistemas de referencia y es el receptor el que se traslada al foco de la historia. La periodista estadounidense Nonny de la Peña ha bautizado al nuevo paradigma como immersive journalism (periodismo inmersivo).

Así, y gracias a propuestas como NYTVR o las que se incluyen en la VR Gallery de Samsung, el espectador puede meterse en medio de las tribulaciones de algunos de los 30 millones de niños desplazados de sus hogares o puede conocer la realidad de un campo de refugiados sirios desde el interior del mismo.

No todas las experiencias son turbulentas y desasosegantes, por suerte. Se puede dar un paseo por Nueva York, a la sombra del Flatiron, o en helicóptero sobre el skyline de Manhattan para ver cómo se ha hecho una de las portadas del New York Times a base de papel pegado sobre las aceras de la ciudad estadounidense. O se puede vivir una historia de intriga desde el interior de un coche en una experiencia de branded content. O dar un paseo por el sistema solar conociendo el entorno mientras se ven los cuerpos celestes flotar alrededor de uno mismo.

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La dificultad de contar esto es que no hay texto que haga justicia a lo que se nos viene encima. No hay cuentacuentos que pueda transmitir la intensidad de la experiencia a pesar de que la tecnología aún está casi en pañales, y por eso, por mucho que se lea, hay que calzarse el artilugio para entenderlo. Incluso, con mecanismos precarios como gafas de cartón del tipo Google Cardboard se pueden experimentar sensaciones que enriquecen profundamente la historia de la que se es testigo.

En cualquier caso, el aterrizaje de gadgets tecnológicamente a la altura de la experiencia es una cuestión de muy poco tiempo. En palabras de Óscar Hormigos, CEO de The App Date y uno de los agentes que más se está moviendo para que la realidad virtual y el periodismo inmersivo sean una realidad en España a corto plazo, «el gran desembarco de la realidad virtual se producirá a finales del año 2016. Nos interesa especialmente explorar el fenómeno desde el campo del periodismo. De hecho, se ha definido a la realidad virtual como la mayor máquina de empatía creada por el ser humano».

Esa explosión implica una nueva concepción del periodismo visual en sí mismo. La consecuencia va a ser la proliferación de experiencias como las que propone el propio Hormigos. «Hemos puesto en marcha Immersive Journalism Lab, un laboratorio que, con la colaboración de la consultora Designit, invitará desde finales de año a investigar esta nueva forma de narrar a los principales medios de comunicación españoles».

Ya saben cómo funcionan estas cosas. De pronto, el hardware baja de precio estrepitosamente, se produce una explosión hemorrágica de contenidos a disposición de los usuarios y todos, periodistas, creadores y espectadores, empiezan a pensar en el nuevo lenguaje, en este caso en el de la realidad virtual.

Aunque asuste, parece que va a merecer la pena que podamos enfrentarnos a la alegría, al dolor, al jolgorio, a lo trivial y lo trascendente en formato 360 grados, desde dentro de cada experiencia. Además, si el New York Times apuesta por aplicaciones que resalten el brillo del contenido en VR, no queda casi más remedio que seguir al gurú.

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