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8 de enero 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: Armarse la marimorena

8 de enero 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Quizá hoy suene demasiado suave usar ‘marimorena’ para hablar de una bronca. De una bronca monumental, se entiende. Pero en su momento, la batalla campal en la que derivó una pelea de taberna fue tal que la que más repartió en la trifulca ha pasado a la historia dando nombre a este tipo de riñas.

Según el DRAE, ‘marimorena’ es una expresión coloquial que equivale a “riña, pendencia o camorra”. Para algunos estudiosos, Marimorena puede ser un nombre genérico del tipo Maricastaña, Marisarmiento o Marimacho, ya que estaría compuesto del nombre propio María y un apelativo que la definiera. Recordad que María era y es el nombre con el que se suele identificar genéricamente a las mujeres. En este caso, además, llevaría el “Morena”, que es también como se llamaba comúnmente a las mozas.

El caso es que en esta ocasión parece haber consenso en basar el origen de esta expresión en una pelea protagonizada por una tabernera del Madrid del siglo XVI, conocida por María Morena o Mari Morena.

Cuentan algunas crónicas que en el año 1579 se abrió causa judicial contra el matrimonio formado por Alonso de Zayas y su mujer, Mari Morena, taberneros de la villa y corte de Madrid, cuyo negocio algunos sitúan en la Cava Baja. La mujer debía ser de armas tomar, de esas que nada las asusta, acostumbrada a lidiar con clientes que bebían demasiado y que solían a querer irse sin pagar. Si lo pensamos bien, nada nuevo bajo el sol.

Se cuenta que el matrimonio guardaba en sus bodegas cueros de buen vino que solo reservaban para sus clientes más importantes, o sea, algún que otro noble descarriado que se dejaba caer por allí y más de un funcionario de la corte, que para eso el negocio estaba bien situado.

La bronca debió comenzar cuando algún cliente patoso y bebido exigió a los taberneros que le sirvieran el vino bueno y no el aguado que reservaban a la plebe. Y la Mari, que era mucha Mari, se negó. Así que la cosa se fue calentando y empezaron a llover tortas como panes. Tal debió ser la bronca que las autoridades, a duras penas, pudieron terminarla. Y como la que más repartió, sin duda, fue la tabernera, su fama se extendió por todas partes hasta llegar a nuestros días, un poco más difuminada en intensidad, eso sí, pero igual de pendenciera.

Y hablando de marimorenas, ¿tiene algo que ver esta de la que hablamos con la del villancico? No. Morena es como se conoce a la virgen en algunos lugares (La Moreneta, por ejemplo). Aunque en algunas familias se arme el belén, la marimorena y otras batallas en fechas taaaaaan entrañables, la del “ande, ande, ande” no tiene nada que ver con la camorrista.

Quizá hoy suene demasiado suave usar ‘marimorena’ para hablar de una bronca. De una bronca monumental, se entiende. Pero en su momento, la batalla campal en la que derivó una pelea de taberna fue tal que la que más repartió en la trifulca ha pasado a la historia dando nombre a este tipo de riñas.

Según el DRAE, ‘marimorena’ es una expresión coloquial que equivale a “riña, pendencia o camorra”. Para algunos estudiosos, Marimorena puede ser un nombre genérico del tipo Maricastaña, Marisarmiento o Marimacho, ya que estaría compuesto del nombre propio María y un apelativo que la definiera. Recordad que María era y es el nombre con el que se suele identificar genéricamente a las mujeres. En este caso, además, llevaría el “Morena”, que es también como se llamaba comúnmente a las mozas.

El caso es que en esta ocasión parece haber consenso en basar el origen de esta expresión en una pelea protagonizada por una tabernera del Madrid del siglo XVI, conocida por María Morena o Mari Morena.

Cuentan algunas crónicas que en el año 1579 se abrió causa judicial contra el matrimonio formado por Alonso de Zayas y su mujer, Mari Morena, taberneros de la villa y corte de Madrid, cuyo negocio algunos sitúan en la Cava Baja. La mujer debía ser de armas tomar, de esas que nada las asusta, acostumbrada a lidiar con clientes que bebían demasiado y que solían a querer irse sin pagar. Si lo pensamos bien, nada nuevo bajo el sol.

Se cuenta que el matrimonio guardaba en sus bodegas cueros de buen vino que solo reservaban para sus clientes más importantes, o sea, algún que otro noble descarriado que se dejaba caer por allí y más de un funcionario de la corte, que para eso el negocio estaba bien situado.

La bronca debió comenzar cuando algún cliente patoso y bebido exigió a los taberneros que le sirvieran el vino bueno y no el aguado que reservaban a la plebe. Y la Mari, que era mucha Mari, se negó. Así que la cosa se fue calentando y empezaron a llover tortas como panes. Tal debió ser la bronca que las autoridades, a duras penas, pudieron terminarla. Y como la que más repartió, sin duda, fue la tabernera, su fama se extendió por todas partes hasta llegar a nuestros días, un poco más difuminada en intensidad, eso sí, pero igual de pendenciera.

Y hablando de marimorenas, ¿tiene algo que ver esta de la que hablamos con la del villancico? No. Morena es como se conoce a la virgen en algunos lugares (La Moreneta, por ejemplo). Aunque en algunas familias se arme el belén, la marimorena y otras batallas en fechas taaaaaan entrañables, la del “ande, ande, ande” no tiene nada que ver con la camorrista.

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