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3 de febrero 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: Las verdades de Perogrullo

3 de febrero 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Amanece por las mañanas y por las tardes se pone el sol. Estos podrían ser dos claros ejemplos de perogrulladas, o sea, «de verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla». Y no soy yo la borde que lo dice. Semejante afirmación la encontramos en el DRAE.


Sobre la existencia de Pero Grullo no hay noticia cierta. Si existió o no, quién sabe. Quizá una de las pistas más fidedignas la da un documento de 1460 titulado Profecía, cuyo autor firma con el seudónimo de ‘El Evangelista’. Es un relato breve y satírico, donde se habla de un personaje llamado Pero Grillo, que quizá diera lugar al que hoy conocemos como Pero Grullo. Es el Pero Grillo de El Evangelista un profeta, digamos peculiar, que lanzaba profecías del tipo:

«El primero día de enero que vendrá será primero día del año, que todo el mundo no lo estorbará, si con tiempo no se remedia. Este día amanecerá al alba. Vendrá una niebla tan grande y tan oscura que cubrirá el cielo, y no habrá hombre, por ciego que sea, que vea las estrellas á medio día».

Que el autor firme con seudónimo es posible que tenga explicación por el carácter burlesco del relato, ya que se mofa de ciertas profecías encontradas en la Biblia, que resultan absurdas al leerlas por una cuestión de mala traducción. Y como con las cosas de Dios no se juega, mejor ocultarse tras un nombre falso y que te vayan a buscar.

No obstante, hay también otras fuentes que ya mencionan al personaje desde muchos siglos antes. José Godoy Alcántara, en su Ensayo histórico etimológico filológico sobre los apellidos castellanos, escribe, hablando de Pero Grullo, que aparece como testigo en escrituras de 1213 y 1227, en Palencia, y que era coetáneo y paisano de un tal Pedro Mentiras, «con quien debió formar antítesis». Pedro (Pero) Grullo y Pedro Mentiras… Mmmm, sospecho, ¿no?

De 1549 es la obra Refranes o proverbios en romance, de Hernán Núñez, que recoge el nombre, pero usado en una expresión de distinto significado («Vámonos a acostar, Pero Grullo, que cantan los gallos a menudo»), lo que nos da idea de que el personaje ya era entonces bastante popular. Y ya en el siglo XVII, aparece también como personaje, entre otros, en La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda o mencionado por Cervantes en la segunda parte de El Quijote.

Sin embargo, el término ‘perogrullada’ es una invención del gran Quevedo y la escribe por primera vez en su libro Los sueños (1622), en concreto en Visita de los chistes, donde Pero Grullo se presenta a sí mismo como «el gran profeta» –qué casualidad, esto ya lo hemos oído antes-, y donde inserta intercaladas con la prosa profecías – a las que llama perogrulladas- del tipo:

«Volarase con las plumas,
andarase con los pies;
serán seis, dos veces tres,
por muy mal que hagas las sumas»

Para terminar, y según nos explica Iribarren, Cejador nos dice en su Fraseología, que ‘perogrullo’ procede de gorullo, montón, y que significa eso: «uno del montón, un cualquiera». Y añade que «porque a la mano cerrada llaman puño», gorullo podía referirse al amontonamiento de dedos cuando cerramos la mano. Rechaza la opinión de Correas de que son verdades «vanas y falsas». Para él, este tipo de verdades son tan ciertas y tan comunes como que son de todo el mundo, del montón, o grullo, o gorullo, nos dice José María Iribarren en El Porqué de los dichos. Eso sí, este último nos deja bien clarito que no pone la mano en el fuego por semejante afirmación, sino que «consigno esto solamente a título de curiosidad».

Fuentes:
El Porqué de los dichos, José María Iribarren
Centro Virtual Cervantes
Wikipedia 

Amanece por las mañanas y por las tardes se pone el sol. Estos podrían ser dos claros ejemplos de perogrulladas, o sea, «de verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla». Y no soy yo la borde que lo dice. Semejante afirmación la encontramos en el DRAE.


Sobre la existencia de Pero Grullo no hay noticia cierta. Si existió o no, quién sabe. Quizá una de las pistas más fidedignas la da un documento de 1460 titulado Profecía, cuyo autor firma con el seudónimo de ‘El Evangelista’. Es un relato breve y satírico, donde se habla de un personaje llamado Pero Grillo, que quizá diera lugar al que hoy conocemos como Pero Grullo. Es el Pero Grillo de El Evangelista un profeta, digamos peculiar, que lanzaba profecías del tipo:

«El primero día de enero que vendrá será primero día del año, que todo el mundo no lo estorbará, si con tiempo no se remedia. Este día amanecerá al alba. Vendrá una niebla tan grande y tan oscura que cubrirá el cielo, y no habrá hombre, por ciego que sea, que vea las estrellas á medio día».

Que el autor firme con seudónimo es posible que tenga explicación por el carácter burlesco del relato, ya que se mofa de ciertas profecías encontradas en la Biblia, que resultan absurdas al leerlas por una cuestión de mala traducción. Y como con las cosas de Dios no se juega, mejor ocultarse tras un nombre falso y que te vayan a buscar.

No obstante, hay también otras fuentes que ya mencionan al personaje desde muchos siglos antes. José Godoy Alcántara, en su Ensayo histórico etimológico filológico sobre los apellidos castellanos, escribe, hablando de Pero Grullo, que aparece como testigo en escrituras de 1213 y 1227, en Palencia, y que era coetáneo y paisano de un tal Pedro Mentiras, «con quien debió formar antítesis». Pedro (Pero) Grullo y Pedro Mentiras… Mmmm, sospecho, ¿no?

De 1549 es la obra Refranes o proverbios en romance, de Hernán Núñez, que recoge el nombre, pero usado en una expresión de distinto significado («Vámonos a acostar, Pero Grullo, que cantan los gallos a menudo»), lo que nos da idea de que el personaje ya era entonces bastante popular. Y ya en el siglo XVII, aparece también como personaje, entre otros, en La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda o mencionado por Cervantes en la segunda parte de El Quijote.

Sin embargo, el término ‘perogrullada’ es una invención del gran Quevedo y la escribe por primera vez en su libro Los sueños (1622), en concreto en Visita de los chistes, donde Pero Grullo se presenta a sí mismo como «el gran profeta» –qué casualidad, esto ya lo hemos oído antes-, y donde inserta intercaladas con la prosa profecías – a las que llama perogrulladas- del tipo:

«Volarase con las plumas,
andarase con los pies;
serán seis, dos veces tres,
por muy mal que hagas las sumas»

Para terminar, y según nos explica Iribarren, Cejador nos dice en su Fraseología, que ‘perogrullo’ procede de gorullo, montón, y que significa eso: «uno del montón, un cualquiera». Y añade que «porque a la mano cerrada llaman puño», gorullo podía referirse al amontonamiento de dedos cuando cerramos la mano. Rechaza la opinión de Correas de que son verdades «vanas y falsas». Para él, este tipo de verdades son tan ciertas y tan comunes como que son de todo el mundo, del montón, o grullo, o gorullo, nos dice José María Iribarren en El Porqué de los dichos. Eso sí, este último nos deja bien clarito que no pone la mano en el fuego por semejante afirmación, sino que «consigno esto solamente a título de curiosidad».

Fuentes:
El Porqué de los dichos, José María Iribarren
Centro Virtual Cervantes
Wikipedia 

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