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20 de mayo 2013    /   CINE/TV
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El otro final de… Blade Runner

20 de mayo 2013    /   CINE/TV     por          
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Todo el mundo quería abandonar Los Ángeles. En el año 2019 solo los inadaptados y la gente del hampa se quedaban por allí siendo los dueños y señores de las calles. Los demás soñaban con marcharse a las colonias del mundo exterior y empezar de nuevo.
Cuando Deckard vio morir a Roy Batty ya tenía claro lo que iba a hacer. Decidió desobedecer la orden de sus superiores y junto a Rachael huyó del país. Había oído hablar de un lugar donde el sol aún calentaba y solo llovía cuando tenía que llover. Su nave tenía autonomía de sobra para cruzar el charco, así que en unas horas llegaron a España.
El navegador les llevó hasta el aeropuerto de Castellón, un lugar inhóspito y en ruinas que jamás vio aterrizar un avión. Un paisano que estaba por allí paseando a su perro pensó que había comenzado una invasión extraterrestre. Después se tranquilizó al ver salir de la nave a una mujer con abrigo de pieles y unos supertaconazos de impresión. Tan fascinado quedó que no puso objeción en acercarlos a la ciudad.
Deckard leía el folleto de la agencia de viajes en el asiento del copiloto de un Peugeot 205. La crisis en la que el país estaba sumido los últimos diez años no permitía cambiar de coche a la ligera.
Lo más parecido a Los Ángeles resultó ser Benidorm. Alquilaron un apartamento en una de las torres en quinta fila de playa, una en cuyos bajos había un Mercadona. Los primeros días se sentían como en casa porque en la calle había tantos chinos como en su barrio. Compraron unas gafas de sol a un senegalés y se dedicaron a buscar trabajo. Al concejal de seguridad del ayuntamiento le dio un ataque de risa cuando Deckard le explicó que pretendía trabajar como policía. Ni dirigiendo el tráfico, le dijo. Rachael, más sosa y con un curriculum flojito, aceptó poner copas en la piscina de un hotel. Con su sueldo y algo de sus ahorros podían aguantar un tiempo, pero no mucho. Deckard, cansado de las colas en el INEM, probó suerte esculpiendo figuras de arena en la playa. Hoy aún se le puede ver en el paseo marítimo; es un tío cachas de mirada penetrante que le ha cogido el gustillo a beber en botijo.
Tienen un hijo, Roy, mitad humano mitad androide. Ha nacido con una pequeña malformación en una rodilla, nada que no se pueda solucionar pidiendo una pieza a Alemania.

Ahora dinos a qué libro o película le cambiarías el final y tus deseos serán órdenes.
Rafael Caunedo es escritor, profesor de escritura creativa, redactor y decorador.

 
Todo el mundo quería abandonar Los Ángeles. En el año 2019 solo los inadaptados y la gente del hampa se quedaban por allí siendo los dueños y señores de las calles. Los demás soñaban con marcharse a las colonias del mundo exterior y empezar de nuevo.
Cuando Deckard vio morir a Roy Batty ya tenía claro lo que iba a hacer. Decidió desobedecer la orden de sus superiores y junto a Rachael huyó del país. Había oído hablar de un lugar donde el sol aún calentaba y solo llovía cuando tenía que llover. Su nave tenía autonomía de sobra para cruzar el charco, así que en unas horas llegaron a España.
El navegador les llevó hasta el aeropuerto de Castellón, un lugar inhóspito y en ruinas que jamás vio aterrizar un avión. Un paisano que estaba por allí paseando a su perro pensó que había comenzado una invasión extraterrestre. Después se tranquilizó al ver salir de la nave a una mujer con abrigo de pieles y unos supertaconazos de impresión. Tan fascinado quedó que no puso objeción en acercarlos a la ciudad.
Deckard leía el folleto de la agencia de viajes en el asiento del copiloto de un Peugeot 205. La crisis en la que el país estaba sumido los últimos diez años no permitía cambiar de coche a la ligera.
Lo más parecido a Los Ángeles resultó ser Benidorm. Alquilaron un apartamento en una de las torres en quinta fila de playa, una en cuyos bajos había un Mercadona. Los primeros días se sentían como en casa porque en la calle había tantos chinos como en su barrio. Compraron unas gafas de sol a un senegalés y se dedicaron a buscar trabajo. Al concejal de seguridad del ayuntamiento le dio un ataque de risa cuando Deckard le explicó que pretendía trabajar como policía. Ni dirigiendo el tráfico, le dijo. Rachael, más sosa y con un curriculum flojito, aceptó poner copas en la piscina de un hotel. Con su sueldo y algo de sus ahorros podían aguantar un tiempo, pero no mucho. Deckard, cansado de las colas en el INEM, probó suerte esculpiendo figuras de arena en la playa. Hoy aún se le puede ver en el paseo marítimo; es un tío cachas de mirada penetrante que le ha cogido el gustillo a beber en botijo.
Tienen un hijo, Roy, mitad humano mitad androide. Ha nacido con una pequeña malformación en una rodilla, nada que no se pueda solucionar pidiendo una pieza a Alemania.

Ahora dinos a qué libro o película le cambiarías el final y tus deseos serán órdenes.
Rafael Caunedo es escritor, profesor de escritura creativa, redactor y decorador.

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Opiniones 29
    • Vaya, Violently happy, este es el sitio para responder y no el otro, pero a los efectos nos vale ¿no?. Gracias… espero que seas ‘violentamente feliz’ con la sección.

    • Quisiera que le cambiaras el final a «Casablanca»… (No puedo esperar a que lo escribas porque seguro será desopilante).
      También a «El ciudadano » de Orson Welles… Y ya te tiraré otra opciones (por la cabeza si fuera necesario).

      • Dos clásicos, sí señora… ya me estoy imaginando. Me voy colocando mi sombrero de ala ancha y me pongo en blanco y negro. Aquí en España la película de Orson Wells se llamó «Ciudadano Kane». Saludos a la Argentina, ya veo que se internacionaliza el asunto. Gracias, Eliana, un saludo.

  • Yo tengo otro final para Blade Runner: Roy Batty se descarga un programilla que hackea su chip de obsolescencia programada, conoce a un Nexus 5 de Google y juntos, caminan entre la niebla al tiempo que Roy está seguro de que este puede ser el inicio de una gran amistad.

  • los puentes de madison, que se vaya con él, que pase de marido simplón y de niños y se vaya con clint…aunque últimamente clint está muy tonto

    • Qué malo eres, me vas a hacer que la vea después de tantos años. ¿Cómo terminaba? ¿Tenía final? A lo mejor le cojo el gustillo y me veo todas las de Ozores. Gracias, Miguel, haremos lo que podamos.

      • Siento el cutre reto pero lo fácil sería pedirte un final para «El Planeta de los simios» (la antigua), para «Farhenheith 451», o para «La vida de Brian». Sobre el final de «Los bingueros», pues acaban Pajares y Esteso pobres y apaleados. Más o menos como ahora. ¿Sabes qué? Te cambio el reto por uno de los títulos anteriores. Si lo aceptas, claro. Un abrazo.

        • Me gustan más estas opciones, aunque puestos a desvariar todas valen lo mismo. Meto tus pelis en el bombo y que sea una mano inocente y cachonda la que elija. Gracias, Miguel Ángel, el lunes veremos lo que decide la suerte. Otro abrazo.

    • Kubrick puede convertirse en un hit de esta sección; sus finales dan mucho juego para que se me vaya la olla. Gracias, Marieneige. Veremos.

    • Haces bien en plantearlo en forma de pregunta, Encina, porque tengo muy serias dudas de que pueda complicar más el argumento. De cualquier manera, el sorteo manda y si toca tu peli tendré que currármelo. Un saludo, y gracias.

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