17 de junio 2013    /   CINE/TV
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El otro final de… Casablanca

17 de junio 2013    /   CINE/TV     por          
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Tras la marcha de Víctor Laszlo y su esposa, Ilsa Lund, camino de América, el capitán Renault, corrupto confeso, le propuso a Rick dejar el negocio de hostelería y montar una academia donde se enseñara a evadir capitales y defraudar al fisco. El bueno de Rick, roto por la marcha de su amada, rechazó la oferta.
La prefectura de policía, convertida así en un centro de delincuencia económica, tuvo éxito inmediato gracias al aluvión de alumnos llegados desde el otro lado del estrecho. Generaciones de chorizos y estafadores nacieron de aquella primera promoción en Casablanca y aún hoy siguen con la tarea de conseguir adeptos para la causa.
Mientras, Rick, solo y con el corazón destrozado, pasó una época chunga. Gastó todo lo que ganó en el Rick’s Café en el Blue Parrot, el local de la competencia, hasta que un día decidió volver a América y recuperar a su chica. Arruinado y fumando más que nunca, pidió financiación. Todo el Marruecos francés que antes le adoraba, pasó a darle la espalda. Necesitaba dos cosas: dinero y un salvoconducto para huir de allí sin que los nazis pusieran objeciones. Largas noches sin dormir le sirvieron para idear un negocio: fabricaría plantillas para bajitos.
Durante su breve romance con la espigada Ilsa, Rick había usado todo tipo de argucias para que su estatura no le dejara en evidencia. Cansado como estaba de tener que subirse a un ladrillo para besarla, pensó en la mejor manera de hacerlo sin que se notara. Primero ideó unos zapatos con plataforma, lo que no conjuntaba muy bien con sus trajes de lino blanco. Se miró en el espejo de su habitación y se vio ridículo. Rick no era ese tipo de hombre. Tras varios fracasos, dio por fin con una solución digna: una plantilla almohadillada que, escondida dentro de un zapato especial, alzaba cuatro o cinco centímetros. Parecía poco, pero tras recorrerse la ciudad para probarlas, sintió al instante que su autoestima mejoraba.
La patente y su fabricación fue sencilla y dados sus contactos, pronto se hicieron famosas. Nació así la marca Up Rick.
Una vez terminada la guerra, Rick volvió forrado a Nueva York y consiguió que la distribución de las Up Ricks fuera inmediata. Ya ningún americano bajito tendría que bailar de puntillas.
En contra de lo que pudiera esperarse, Ilsa y Rick no volvieron a verse. El matrimonio Laszlo vive actualmente en la República Checa, en el pueblo de Víctor, donde está terminando su novela titulada Casablanca, el regreso, en la que los protagonistas por fin huyen juntos en el avión.
Casablanca fue la película propuesta por Eliana Suárez, desde Argentina, la semana pasada. Ahora dinos a qué libro o película le cambiarías el final y tus deseos serán órdenes.
CasablancaPoster-Gold

Tras la marcha de Víctor Laszlo y su esposa, Ilsa Lund, camino de América, el capitán Renault, corrupto confeso, le propuso a Rick dejar el negocio de hostelería y montar una academia donde se enseñara a evadir capitales y defraudar al fisco. El bueno de Rick, roto por la marcha de su amada, rechazó la oferta.
La prefectura de policía, convertida así en un centro de delincuencia económica, tuvo éxito inmediato gracias al aluvión de alumnos llegados desde el otro lado del estrecho. Generaciones de chorizos y estafadores nacieron de aquella primera promoción en Casablanca y aún hoy siguen con la tarea de conseguir adeptos para la causa.
Mientras, Rick, solo y con el corazón destrozado, pasó una época chunga. Gastó todo lo que ganó en el Rick’s Café en el Blue Parrot, el local de la competencia, hasta que un día decidió volver a América y recuperar a su chica. Arruinado y fumando más que nunca, pidió financiación. Todo el Marruecos francés que antes le adoraba, pasó a darle la espalda. Necesitaba dos cosas: dinero y un salvoconducto para huir de allí sin que los nazis pusieran objeciones. Largas noches sin dormir le sirvieron para idear un negocio: fabricaría plantillas para bajitos.
Durante su breve romance con la espigada Ilsa, Rick había usado todo tipo de argucias para que su estatura no le dejara en evidencia. Cansado como estaba de tener que subirse a un ladrillo para besarla, pensó en la mejor manera de hacerlo sin que se notara. Primero ideó unos zapatos con plataforma, lo que no conjuntaba muy bien con sus trajes de lino blanco. Se miró en el espejo de su habitación y se vio ridículo. Rick no era ese tipo de hombre. Tras varios fracasos, dio por fin con una solución digna: una plantilla almohadillada que, escondida dentro de un zapato especial, alzaba cuatro o cinco centímetros. Parecía poco, pero tras recorrerse la ciudad para probarlas, sintió al instante que su autoestima mejoraba.
La patente y su fabricación fue sencilla y dados sus contactos, pronto se hicieron famosas. Nació así la marca Up Rick.
Una vez terminada la guerra, Rick volvió forrado a Nueva York y consiguió que la distribución de las Up Ricks fuera inmediata. Ya ningún americano bajito tendría que bailar de puntillas.
En contra de lo que pudiera esperarse, Ilsa y Rick no volvieron a verse. El matrimonio Laszlo vive actualmente en la República Checa, en el pueblo de Víctor, donde está terminando su novela titulada Casablanca, el regreso, en la que los protagonistas por fin huyen juntos en el avión.
Casablanca fue la película propuesta por Eliana Suárez, desde Argentina, la semana pasada. Ahora dinos a qué libro o película le cambiarías el final y tus deseos serán órdenes.
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Opiniones 4
  • De verdad Rafa, mi pareja necesita las Up Ricks…
    Gracias por este final. Rick actúa muy «a lo argentino» (léase, a lo buscavidas y atando todo con alambre mientras resista – al final siempre se logra llegar -).
    Supongo que «Casablanca, el regreso» nos traerá más de una sorpresa. Un abrazo.

  • Rick se refugió en el alcohol cuando Renault le confesó que no le había «entendido» bien cuando le dijo que «este es el principio de una gran amistad». Transtornado por la deserción de Elsa y la confesión de Renault montó un lupanar en Ricks del que él mismo fue su mejor cliente. A causa de las deudas fue desahuciado de Ricks y terminó sus días en una residencia de ancianos preguntándose «por qué tuve que enamorarme perdidamente de una fugitiva».
    El Blue Parrot se convirtió en una tienda de Zara, el café de Ricks fue derruido y en su lugar se construyó un edificio de Mango para occidentalizar a los locales con prendas baratas hechas en el tercer mundo.
    Elsa se convirtió en estrella de cine. Un avispado productor la pilló visitando el Metropolitan mientras su marido se alistó en el ejército americano para participar en el desembarco de Normandía, de donde nunca regresó.
    El productor le dijo que el nombre de Ilsa no era comercial, así que le buscó un nombre. Ella se llamaría Ingrid Bergman. Triunfó en el cine.

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