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10 de junio 2013    /   CINE/TV
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El otro final de… El resplandor

10 de junio 2013    /   CINE/TV     por          
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Danny, el niño rarito que mantenía conversaciones con su dedo índice, no podía superar la terrible experiencia vivida en el hotel Overlook y, siguiendo la recomendación del psicólogo del colegio, tomó medidas drásticas. Lo primero que hizo fue leerse de cabo a rabo el manuscrito que su padre había terminado durante su estancia en el hotel. A pesar de ser la repetición constante de la misma frase durante cuatrocientos treinta y cinco folios, el niño lo terminó una madrugada que no podía dormir.
Wendy, su madre, adicta desde lo vivido aquel invierno a cualquier sustancia psicotrópica que saliera al mercado, notó en su hijo una mirada extraña mientras desayunaba.
Toby, el maldito dedo con el que hablaba el crío, se pronunció entre tostada y tostada. REDRUM, dijo como siempre con su voz carrasposa.
Entonces Wendy, cabreada con el mundo y sin poder controlarse, sacó de un cajón las tijeras más grandes que encontró y colocó el dedo de Danny entre las cuchillas. ¡Cállate de una puñetera vez!, gritó, ni REDRUM ni hostias.
El niño la miraba aterrado temiendo que se repitiera lo mismo que con su padre. Wendy, entrando en razón, abrazó a su hijo entre lágrimas pidiéndole perdón. Así, con todo ya en calma, el niño confesó que se había metido entre pecho y espalda el ‘ladrillo’ escrito por su padre. No me gusta el final, afirmó, pero si lo cambiamos podría funcionar.
Su madre, sabedora de lo especialito del texto, se dio cuenta de que algo en el cerebro de su hijo se había estropeado. Danny, le dijo, dame un beso. Y el niño, levantando un dedo distinto al de Tony, concretamente el corazón de la mano derecha, le dijo con voz muy varonil y seductora: Ahora no, espera a la noche.
El mismo Danny se asombró de aquella innovación. Probó entonces a levantar otro dedo, del cual nació una tercera voz, está vez con un flemático acento británico. Uno a uno fue alzando cada dedo hasta llegar a mantener profundas conversaciones entre ellos. Wendy, sin poder cerrar la boca, decidió en ese preciso instante dejar las drogas.
El niño, que sería raro pero que de tonto no tenía un pelo, se presentó en el Tú sí que vales americano. No ganó, pero el vídeo tuvo más de quince millones de visitas en YouTube, lo que hizo que un productor español le llamara para participar en uno de sus programas junto a Monchito y Rockefeller.

‘El resplandor’ fue la película propuesta por Ernesto Cifu la semana pasada. Ahora dinos a qué libro o película le cambiarías el final y tus deseos serán órdenes.

Danny, el niño rarito que mantenía conversaciones con su dedo índice, no podía superar la terrible experiencia vivida en el hotel Overlook y, siguiendo la recomendación del psicólogo del colegio, tomó medidas drásticas. Lo primero que hizo fue leerse de cabo a rabo el manuscrito que su padre había terminado durante su estancia en el hotel. A pesar de ser la repetición constante de la misma frase durante cuatrocientos treinta y cinco folios, el niño lo terminó una madrugada que no podía dormir.
Wendy, su madre, adicta desde lo vivido aquel invierno a cualquier sustancia psicotrópica que saliera al mercado, notó en su hijo una mirada extraña mientras desayunaba.
Toby, el maldito dedo con el que hablaba el crío, se pronunció entre tostada y tostada. REDRUM, dijo como siempre con su voz carrasposa.
Entonces Wendy, cabreada con el mundo y sin poder controlarse, sacó de un cajón las tijeras más grandes que encontró y colocó el dedo de Danny entre las cuchillas. ¡Cállate de una puñetera vez!, gritó, ni REDRUM ni hostias.
El niño la miraba aterrado temiendo que se repitiera lo mismo que con su padre. Wendy, entrando en razón, abrazó a su hijo entre lágrimas pidiéndole perdón. Así, con todo ya en calma, el niño confesó que se había metido entre pecho y espalda el ‘ladrillo’ escrito por su padre. No me gusta el final, afirmó, pero si lo cambiamos podría funcionar.
Su madre, sabedora de lo especialito del texto, se dio cuenta de que algo en el cerebro de su hijo se había estropeado. Danny, le dijo, dame un beso. Y el niño, levantando un dedo distinto al de Tony, concretamente el corazón de la mano derecha, le dijo con voz muy varonil y seductora: Ahora no, espera a la noche.
El mismo Danny se asombró de aquella innovación. Probó entonces a levantar otro dedo, del cual nació una tercera voz, está vez con un flemático acento británico. Uno a uno fue alzando cada dedo hasta llegar a mantener profundas conversaciones entre ellos. Wendy, sin poder cerrar la boca, decidió en ese preciso instante dejar las drogas.
El niño, que sería raro pero que de tonto no tenía un pelo, se presentó en el Tú sí que vales americano. No ganó, pero el vídeo tuvo más de quince millones de visitas en YouTube, lo que hizo que un productor español le llamara para participar en uno de sus programas junto a Monchito y Rockefeller.

‘El resplandor’ fue la película propuesta por Ernesto Cifu la semana pasada. Ahora dinos a qué libro o película le cambiarías el final y tus deseos serán órdenes.

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Opiniones 2
  • ¡Muy bueno! Me ha encantado, ¡enhorabuena! Me he reido un buen rato con «No me gusta el final, afirmó, pero si lo cambiamos podría funcionar.»
    No me atrevo a recomendar una ya que según vas escribiendo vas dando en el clavo (bueno, Titanic…). Si acaso… ¿El club de la lucha? Hmm, o El padrino por decir una de las grandes.

    • Acepto el reto, veremos qué se puede sacar. El final de El padrino podría ser la cuarta parte de la saga… sería una tetralogía. Buen plan. El club de la lucha… voy a verla de nuevo, a ver si me inspira. Un abrazo.

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