27 de mayo 2013    /   CINE/TV
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El otro final de… Titanic

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El miedo a perderlo hizo que afloraran fuerzas allí donde era casi imposible que las hubiera. Por fin Rose consiguió subirlo a la balsa. Después, el exiguo calor de su cuerpo lo cubrió esperando que llegara ayuda. Cuando una barcaza llegó hasta ellos, Jack perdió el conocimiento no sin antes susurrar: “Espérame a que vuelva”.
Dos meses tardó en despertar; tiempo más que suficiente para que la familia de Rose intentara convencerla de que lo abandonara. Pero ella, a quien no le importaba que un tiburón le hubiera arrancado la mitad de una pierna, quiso estar a su lado todo el tiempo. Así, desheredada y sin un centavo, salió del hospital juntó a Jack, quien, apoyado en dos muletas de madera, sopesaba en la escalinata cuál era su situación. Bien, pensaba, Rose está muy buena, y aquel revolcón del coche no tiene precio, pero eso de que no tengamos dónde caernos muertos es otra cosa.
Su anhelada carrera como jugador de béisbol quedó reducida a la de utillero de los Yankees gracias a una prótesis. Mientras, Rose, que no había lavado un plato en su vida, se desollaba sus delicadas rodillas en las escaleras de los portales de la quinta avenida.
Un día, estando en plena labor y debido a su precaria alimentación, se mareó en el descansillo del décimo piso. El portero avisó entonces al doctor Shever, que por suerte vivía en el edificio, y entre varios vecinos la llevaron a su casa y la tumbaron en un sofá. El joven doctor Shever, estando ya a solas con ella, quedó prendado de la suavidad de su piel mientras la auscultaba y por primera vez en sus años de profesión se excitó con el escote de una paciente. Y Rose, viendo el percal, se dejó querer.
Cuarenta años estuvo Jack a cargo del vestuario de los Yankees. El día de su jubilación le entregaron un reloj de oro y un pasaje para un crucero, el mismo en el que la familia Shever pasaba sus vacaciones. Rose y Jack, ya ancianos, coincidieron el 29 de julio de 1961 en la cubierta de aquel barco. Era su primer crucero desde lo vivido en el Titanic y ambos estuvieron de acuerdo en que aquello les parecía un soberano coñazo.

‘Titanic’ fue la película propuesta por Yolanda la semana pasada. Ahora dinos a qué libro o película le cambiarías el final y tus deseos serán órdenes.
Rafael Caunedo es escritor, profesor de escritura creativa, redactor y decorador.

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Dos meses tardó en despertar; tiempo más que suficiente para que la familia de Rose intentara convencerla de que lo abandonara. Pero ella, a quien no le importaba que un tiburón le hubiera arrancado la mitad de una pierna, quiso estar a su lado todo el tiempo. Así, desheredada y sin un centavo, salió del hospital juntó a Jack, quien, apoyado en dos muletas de madera, sopesaba en la escalinata cuál era su situación. Bien, pensaba, Rose está muy buena, y aquel revolcón del coche no tiene precio, pero eso de que no tengamos dónde caernos muertos es otra cosa.
Su anhelada carrera como jugador de béisbol quedó reducida a la de utillero de los Yankees gracias a una prótesis. Mientras, Rose, que no había lavado un plato en su vida, se desollaba sus delicadas rodillas en las escaleras de los portales de la quinta avenida.
Un día, estando en plena labor y debido a su precaria alimentación, se mareó en el descansillo del décimo piso. El portero avisó entonces al doctor Shever, que por suerte vivía en el edificio, y entre varios vecinos la llevaron a su casa y la tumbaron en un sofá. El joven doctor Shever, estando ya a solas con ella, quedó prendado de la suavidad de su piel mientras la auscultaba y por primera vez en sus años de profesión se excitó con el escote de una paciente. Y Rose, viendo el percal, se dejó querer.
Cuarenta años estuvo Jack a cargo del vestuario de los Yankees. El día de su jubilación le entregaron un reloj de oro y un pasaje para un crucero, el mismo en el que la familia Shever pasaba sus vacaciones. Rose y Jack, ya ancianos, coincidieron el 29 de julio de 1961 en la cubierta de aquel barco. Era su primer crucero desde lo vivido en el Titanic y ambos estuvieron de acuerdo en que aquello les parecía un soberano coñazo.

‘Titanic’ fue la película propuesta por Yolanda la semana pasada. Ahora dinos a qué libro o película le cambiarías el final y tus deseos serán órdenes.
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Opiniones 14
  • Cada semana, mediante un ‘riguroso sorteo casero’, elegiremos una película entre vuestras propuestas. Titanic, por ejemplo, la propuso la semana pasada YOLANDA, a quien le agradezco su participación en esta marcianada. Piensa, piensa…

    • Cómo explicarlo, hay un dicho en mi país que reza: «ordinaria como muela de madera» (jajajaja). Por otra parte, tu imaginación no tiene límites para el ridículo de tus pobres personajes. ME ENCANTÓ.

      • Pobres, ellos me perdonan por el bien del buen humor. Espero que nadie se ofenda por ello.

  • Gran idea pero en realidad la que acabó tullida y coja fue Rose. Y Jack fue el utillero manco porque Rose acertó en su tercer intento liberador al seccionarle la muñeca en lugar de las esposas. Unidos por el destino…ella perdió el pie – el tiburón prefirió su carne – y el vio en su mano perdida su libertad…

  • Por eso. Siempre pensé que la enfermera Ratched merecía otro final 😉

  • Fíjate si me parece una buena propuesta que fue la película que elegí la semana pasada para empezar esta sección. Búscala por aquí. En cualquier caso, estamos abiertos a lo que quieras. Un saludo.

    • Uy! Qué tino! La próxima vez me fijaré bien… De hecho se me ocurren tantas películas con un final alternativo interesante que no soy capaz de decir ninguna. Un saludo y enhorabuena por la sección, la de Blade Runner me ha gustado incluso más que esta.

  • Comentarios cerrados.

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