3 de febrero 2020    /   CINE/TV
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El Palmar de Troya: Monte su propia secta en 7 cómodos pasos

Si tu iglesia te parece demasiado liberal, monta una alternativa

3 de febrero 2020    /   CINE/TV     por          
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En los 80, al menos en Andalucía era muy normal aceptar con cierta guasa que existían dos papas en el mundo cristiano. Uno era Juan Pablo II ‘te quiere todo el mundo’. Ninguna sorpresa, pues ya saben cómo va eso: se escoge en un cónclave en el Vaticano y es el relaciones públicas oficial de Jesús.

El otro era Gregorio XVII, aunque era más conocido como el papa Clemente. Clemente era la cabeza visible de la Iglesia Cristiana Palmariana, una congregación que nació en El Palmar de Troya, una pedanía de Utrera, y cuya historia se ha convertido en una de las mayores tragicomedias que se han conocido más allá de Sierra Morena.

Asista atónito a la historia de la iglesia palmariana, a la de su primer papa autoproclamado y aprenda a crear su propia secta cristiana en siete cómodos pasos.

El Palmar de Troya o que la cosa se te vaya de las manos

¿A quién podría resultarle aburrida una historia de una iglesia que construye una basílica inmensa inspirada en la del Pilar en mitad del campo sevillano, que santifica a Franco, Cristóbal Colón o Carrero Blanco, que excomulga a quien haya visto Jesucristo Superstar o cuyo papa es cazado mamado y sudado como un pollo en mitad de la Feria de Sevilla?

Eso debieron pensar los creadores de El Palmar de Troya, una serie de 4 capítulos que estrena Movistar + el jueves 6 de febrero.

La serie cuenta los inicios, crecimiento, decadencia y presente de la lglesia Cristiana Palmariana así como de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz en compañía de Jesús y María. Este dicharachero grupo de creyentes montó su secta en el ambiente posterior al Concilio Vaticano II. Aquella serie de principios doctrinales permitían la misa en idiomas que no fueran el latín, era tolerante con no recibir misa de rodillas y otras decisiones que a los integristas católicos palmarianos les parecieron un sindios.

Básicamente, a los fundadores de la congregación les pareció que el Vaticano se había vuelto un nido de comunistas y montaron su propio chiringuito y un negocio decididamente suculento. Como la Iglesia vaticana, dicho sea de paso.

Israel del Santo, director de la serie, afirma que «uno de los retos eran contar esto sin la ayuda de ningún narrador, que lo contasen ellos mismos». Así, el proyecto hace desfilar a vecinos del pueblo, palmarianos arrepentidos, teólogos, especialistas en sectas e, incluso, al tercer papa, Jesús Ginés, que acabó fugándose de El Palmar, casándose con una de sus monjas, viviendo en Sierra Nevada, regresando a robar a punta de cuchillo a El Palmar, siendo condenado a cárcel por aquello y con su mujer posando desnuda en Interviú. Si esto lo escribe un guionista, el público le dice que no se flipe tanto.

Este esperpento se combinaba con la dura historia de cualquier secta, que incluye voluntades doblegadas, sospechas de abusos sexuales, expolios económicos, fraudes fiscales, engaños masivos, acoso y opacidad.

«La serie nos lleva a un lugar en el que a ninguno nos hubiera gustado estar», explica Del Santo. «Nos contaba un chico que hasta que salió de El Palmar de Troya nunca había tocado el pelo de una mujer; o no nos entendía al hablar porque escuchaba la palabra flipar y no sabía qué significaba; o que nunca había escuchado rock. Al tratarse de una secta tan cerrada no se puede ver la televisión, no se puede escuchar la radio o leer un libro que no sea de doctrina palmariana ni tener cámaras de foto y vídeo. Si tienes un teléfono móvil te lo destruyen». Salvo que formes parte de la cúpula, en cuyo caso ninguna de las normas es aplicable.

Israel del Santo dice que lo más complicado fue «hacer convivir todo el material: los periódicos, fotografías, las cintas de casete, el material en distintos formatos de vídeo, reportajes de la televisión o las recreaciones de ficción», ya que la serie ha rodado en formato cinematográfico pasajes y escenas que tuvieron lugar en la historia de la iglesia, pero de las que no se conserva testimonio gráfico.

Además de las entrevistas, los creadores de la serie pudieron contar con un buen puñado de material inédito. «Encontramos un chabolo de obra donde se guardaban miles de casetes con todos los mensajes de la virgen a los distintos videntes y, entre ellos, una estantería entera con mensajes de Clemente Domínguez. De Domínguez solo existía una grabación que sacó TVE con su voz real», cuenta el director de la serie.

7 sencillos pasos para montar una iglesia cismática propia

La historia de El Palmar de Troya es similar a la de otras sectas del mundo y permite extrae enseñanzas por si usted, querido lector, quisiera montar la suya propia.

Daniel Boluda, subdirector de la serie y responsable de la investigación de la misma, afirma que «su arranque se debería estudiar en las escuelas de marketing».

Paso 1.- Una secta tiene que comenzar como Dios manda: con su aparición sobrenatural.

El acontecimiento ocurrió en mitad de la nada junto a la aldea de El Palmar de Troya en 1968. Cuatro niñas vieron a una hermosa mujer en la finca La Alcaparrosa.

ABC lo contaba así: «La mayor, Josefa Guzmán Hidalgo, de trece años, descubrió que se trataba de una señora hermosa, a la que sólo pudo ver el rostro redondo, muy sonrosado, y que tenía unos ojos muy negros, estando cubierta con un manto marrón. Las otras dos niñas Ana Aguilera Saborido y Rafaela Gardo Cabrera– también manifiestan haber visto a la señora».

Lejos de pensar que la señora era Carmen Sevilla o Rocío Dúrcal, pensaron que eran la Virgen y así se lo hicieron saber a todo el pueblo.

Paso 2.- Alguien te tiene que creer.

Resulta significativo que desde que cada teléfono móvil tiene una cámara, las apariciones se hayan extinguido, pero a finales de los setenta eran habituales y resultaban creíbles. Si la persona que escuchó el relato de las niñas la hubiera mandado a pastar, la cosa se habría quedado ahí. Pero no.

El relato se extendió y comenzaron a llegar al lugar decenas de videntes que crearon lo que se conoce como masa crítica. Todos los videntes transmitían mensajes de la Virgen, así que como para perderse la fiesta que se montaba cada poco en La Alcaparrosa.

Paso 3.- Todo rebaño necesita un pastor y una vara. Lidera.

Una secta va de esto, de pastorear. A La Alcaparrosa llegaron dos tipos curiosos que trabajaban en una compañía católica de seguros. Eran Clemente Domínguez y Manuel Alonso Corral, un par de mindundis que vieron que aquello podía resultar muy rentable.

Clemente se hizo vidente, con sus mensajes de la virgen, sus visiones, sus estigmas y demás mandanga. Se fue convirtiendo en un personaje popular de la caravana mariana

Paso 4.- Hay gente dispuesta a escucharte. Llena sus orejas.

Como explica Daniel Boluda, «empezaron enseguida a traducir los mensajes que la Virgen contaba a Clemente. Ven que tienen público de diferentes lenguas y distribuyen esos mensajes en otros lugares de apariciones como Fátima o Lourdes. Saben que allí hay gente mentalmente preparada para creer que la Virgen se aparece. Lo que hacen es vender que su vidente es el bueno. Así consiguieron tantos adeptos fuera de España».

También consiguieron las primeras dosis de inyección económica, porque Clemente y Manolo cobraban por las fotocopias con los mensajes divinos.

Paso 5.- Paga las facturas.

Llegó el momento de subir un escalón. Clemente y Manolo consiguieron convencer a una baronesa de esas que tienen miedo a ir al infierno de que su redención estaba asegurada si se la compraba.

A la señora le dijeron que la propia Virgen había dicho a Clemente que ella tenía que ayudarles en su divina obra.

La baronesa les soltó 18 millones de pesetas de aquel tiempo y, con ese dinero, comenzaron las obras de la basílica del Palmar de Troya y la profesionalización de una iglesia que renegaba de la relajación de normas vaticanas. Adelantando a Dios por la ultraderecha.

Paso 6.- Monta una jerarquía.

Una iglesia necesita curas y, claro, Clemente y Manolo eran agentes de seguros. A través de Marcel Lefebvre, un arzobispo reaccionario y antirreformista, dieron con el arzobispo vietnamita Thuc.

Thuc estaba ciertamente rebotado con el Vaticano e iba por libre. No fue difícil convencerle para que ordenara a Clemente, Manolo y otros sacerdotes de la Iglesia católica. Pocos días después los ordenó obispos.

Como Clemente y Manolo eran ya obispos, podían ordenar sacerdote a quien les saliera del moño. Y ya que estaba, Clemente se autoproclamó papa.

Paso 7.- Cierra las puertas y exprime a tus fieles.

Cuando tienes a tus fieles atados, hay que construir un muro bien alto para mantenerlos alejados de la realidad. Les prohibes la tele, los libros e internet, les dices que las experiencias que van a vivir ahí adentro les llevarán a la gloria eterna y les aíslas del resto del mundo.

Si formas parte del mando de la iglesia se aplican otras normas: puedes ver la tele, puedes usar Instagram o puedes acabar con el stock de gambas de una caseta de la Feria de Abril.

Por supuesto, no puedes tener trato con nadie que no sea palmariano, tienes que aportar parte de tus ingresos a la Iglesia y no hace falta ser un genio para saber qué ocurre con tu patrimonio cuando el Señor te llama a su vera.

Me voy a Sevilla inmediatamente.
Mi chica es devota del Papa Clemente.
Vestida de negro hasta los tobillos
contempla orgullosa su 
look tridentino.

Por fin conoce al Papa cismático
y nota enseguida que es muy simpático.
Se lleva a Clemente al pesebre
para darle celos a Lefebvre.
En éxtasis místico se arrodilla,
se eleva y vuela sobre Sevilla.
Él se mutila todos los días
con botellas rotas de González Byass.

Clemente, Clemente, no te mutiles más.
Clemente, Clemente, por la Santa Faz.

La masa piadosa por poco me arrolla
cuando me dirigía al Palmar de Troya.
En Alba de Tormes Clemente sucumbe
ante la avalancha de tantas legumbres.
Todos van a la academia de baile
Clemente aprende tangos por Braille.
Dios le castigó por onanista
y el pobre hombre perdió la vista.

Qué placer tan delicado
es estar excomulgado.

Me voy a Sevilla inmediatamente.
Mi chica es devota del Papa Clemente.
Vestida de negro hasta los tobillos
contempla orgullosa su 
look tridentino.

La congregación palmariana continúa viva, aunque en decadencia, en El Palmar de Troya. Entre otras cosas, la paz social ha sido siempre absoluta y el pueblo, como explica Israel del Santo, convive con el circo con total normalidad. «En El Palmar siempre se han llevado bien, entre otras cosas porque los palmarianos no hablan con los no palmarianos. Siempre se han llevado bien e incluso el alcalde tiene muy buena relación con la cúpula de la Iglesia».

Del Santo sigue contando. «Cuando deciden construir una basílica a imagen y semejanza de la del Pilar, el pueblo pasa a ser el pueblo con menos paro de España. Es todo lo contrario a lo que vimos en Wild Wild Country, que parece una invasión. Esto es una simbiosis maravillosa. A raíz de eso se han acostumbrado los unos a los otros y llevan así 50 años. De alguna manera, la Iglesia palmariana ha puesto en el mapa a esa aldea».

En los 80, al menos en Andalucía era muy normal aceptar con cierta guasa que existían dos papas en el mundo cristiano. Uno era Juan Pablo II ‘te quiere todo el mundo’. Ninguna sorpresa, pues ya saben cómo va eso: se escoge en un cónclave en el Vaticano y es el relaciones públicas oficial de Jesús.

El otro era Gregorio XVII, aunque era más conocido como el papa Clemente. Clemente era la cabeza visible de la Iglesia Cristiana Palmariana, una congregación que nació en El Palmar de Troya, una pedanía de Utrera, y cuya historia se ha convertido en una de las mayores tragicomedias que se han conocido más allá de Sierra Morena.

Asista atónito a la historia de la iglesia palmariana, a la de su primer papa autoproclamado y aprenda a crear su propia secta cristiana en siete cómodos pasos.

El Palmar de Troya o que la cosa se te vaya de las manos

¿A quién podría resultarle aburrida una historia de una iglesia que construye una basílica inmensa inspirada en la del Pilar en mitad del campo sevillano, que santifica a Franco, Cristóbal Colón o Carrero Blanco, que excomulga a quien haya visto Jesucristo Superstar o cuyo papa es cazado mamado y sudado como un pollo en mitad de la Feria de Sevilla?

Eso debieron pensar los creadores de El Palmar de Troya, una serie de 4 capítulos que estrena Movistar + el jueves 6 de febrero.

La serie cuenta los inicios, crecimiento, decadencia y presente de la lglesia Cristiana Palmariana así como de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz en compañía de Jesús y María. Este dicharachero grupo de creyentes montó su secta en el ambiente posterior al Concilio Vaticano II. Aquella serie de principios doctrinales permitían la misa en idiomas que no fueran el latín, era tolerante con no recibir misa de rodillas y otras decisiones que a los integristas católicos palmarianos les parecieron un sindios.

Básicamente, a los fundadores de la congregación les pareció que el Vaticano se había vuelto un nido de comunistas y montaron su propio chiringuito y un negocio decididamente suculento. Como la Iglesia vaticana, dicho sea de paso.

Israel del Santo, director de la serie, afirma que «uno de los retos eran contar esto sin la ayuda de ningún narrador, que lo contasen ellos mismos». Así, el proyecto hace desfilar a vecinos del pueblo, palmarianos arrepentidos, teólogos, especialistas en sectas e, incluso, al tercer papa, Jesús Ginés, que acabó fugándose de El Palmar, casándose con una de sus monjas, viviendo en Sierra Nevada, regresando a robar a punta de cuchillo a El Palmar, siendo condenado a cárcel por aquello y con su mujer posando desnuda en Interviú. Si esto lo escribe un guionista, el público le dice que no se flipe tanto.

Este esperpento se combinaba con la dura historia de cualquier secta, que incluye voluntades doblegadas, sospechas de abusos sexuales, expolios económicos, fraudes fiscales, engaños masivos, acoso y opacidad.

«La serie nos lleva a un lugar en el que a ninguno nos hubiera gustado estar», explica Del Santo. «Nos contaba un chico que hasta que salió de El Palmar de Troya nunca había tocado el pelo de una mujer; o no nos entendía al hablar porque escuchaba la palabra flipar y no sabía qué significaba; o que nunca había escuchado rock. Al tratarse de una secta tan cerrada no se puede ver la televisión, no se puede escuchar la radio o leer un libro que no sea de doctrina palmariana ni tener cámaras de foto y vídeo. Si tienes un teléfono móvil te lo destruyen». Salvo que formes parte de la cúpula, en cuyo caso ninguna de las normas es aplicable.

Israel del Santo dice que lo más complicado fue «hacer convivir todo el material: los periódicos, fotografías, las cintas de casete, el material en distintos formatos de vídeo, reportajes de la televisión o las recreaciones de ficción», ya que la serie ha rodado en formato cinematográfico pasajes y escenas que tuvieron lugar en la historia de la iglesia, pero de las que no se conserva testimonio gráfico.

Además de las entrevistas, los creadores de la serie pudieron contar con un buen puñado de material inédito. «Encontramos un chabolo de obra donde se guardaban miles de casetes con todos los mensajes de la virgen a los distintos videntes y, entre ellos, una estantería entera con mensajes de Clemente Domínguez. De Domínguez solo existía una grabación que sacó TVE con su voz real», cuenta el director de la serie.

7 sencillos pasos para montar una iglesia cismática propia

La historia de El Palmar de Troya es similar a la de otras sectas del mundo y permite extrae enseñanzas por si usted, querido lector, quisiera montar la suya propia.

Daniel Boluda, subdirector de la serie y responsable de la investigación de la misma, afirma que «su arranque se debería estudiar en las escuelas de marketing».

Paso 1.- Una secta tiene que comenzar como Dios manda: con su aparición sobrenatural.

El acontecimiento ocurrió en mitad de la nada junto a la aldea de El Palmar de Troya en 1968. Cuatro niñas vieron a una hermosa mujer en la finca La Alcaparrosa.

ABC lo contaba así: «La mayor, Josefa Guzmán Hidalgo, de trece años, descubrió que se trataba de una señora hermosa, a la que sólo pudo ver el rostro redondo, muy sonrosado, y que tenía unos ojos muy negros, estando cubierta con un manto marrón. Las otras dos niñas Ana Aguilera Saborido y Rafaela Gardo Cabrera– también manifiestan haber visto a la señora».

Lejos de pensar que la señora era Carmen Sevilla o Rocío Dúrcal, pensaron que eran la Virgen y así se lo hicieron saber a todo el pueblo.

Paso 2.- Alguien te tiene que creer.

Resulta significativo que desde que cada teléfono móvil tiene una cámara, las apariciones se hayan extinguido, pero a finales de los setenta eran habituales y resultaban creíbles. Si la persona que escuchó el relato de las niñas la hubiera mandado a pastar, la cosa se habría quedado ahí. Pero no.

El relato se extendió y comenzaron a llegar al lugar decenas de videntes que crearon lo que se conoce como masa crítica. Todos los videntes transmitían mensajes de la Virgen, así que como para perderse la fiesta que se montaba cada poco en La Alcaparrosa.

Paso 3.- Todo rebaño necesita un pastor y una vara. Lidera.

Una secta va de esto, de pastorear. A La Alcaparrosa llegaron dos tipos curiosos que trabajaban en una compañía católica de seguros. Eran Clemente Domínguez y Manuel Alonso Corral, un par de mindundis que vieron que aquello podía resultar muy rentable.

Clemente se hizo vidente, con sus mensajes de la virgen, sus visiones, sus estigmas y demás mandanga. Se fue convirtiendo en un personaje popular de la caravana mariana

Paso 4.- Hay gente dispuesta a escucharte. Llena sus orejas.

Como explica Daniel Boluda, «empezaron enseguida a traducir los mensajes que la Virgen contaba a Clemente. Ven que tienen público de diferentes lenguas y distribuyen esos mensajes en otros lugares de apariciones como Fátima o Lourdes. Saben que allí hay gente mentalmente preparada para creer que la Virgen se aparece. Lo que hacen es vender que su vidente es el bueno. Así consiguieron tantos adeptos fuera de España».

También consiguieron las primeras dosis de inyección económica, porque Clemente y Manolo cobraban por las fotocopias con los mensajes divinos.

Paso 5.- Paga las facturas.

Llegó el momento de subir un escalón. Clemente y Manolo consiguieron convencer a una baronesa de esas que tienen miedo a ir al infierno de que su redención estaba asegurada si se la compraba.

A la señora le dijeron que la propia Virgen había dicho a Clemente que ella tenía que ayudarles en su divina obra.

La baronesa les soltó 18 millones de pesetas de aquel tiempo y, con ese dinero, comenzaron las obras de la basílica del Palmar de Troya y la profesionalización de una iglesia que renegaba de la relajación de normas vaticanas. Adelantando a Dios por la ultraderecha.

Paso 6.- Monta una jerarquía.

Una iglesia necesita curas y, claro, Clemente y Manolo eran agentes de seguros. A través de Marcel Lefebvre, un arzobispo reaccionario y antirreformista, dieron con el arzobispo vietnamita Thuc.

Thuc estaba ciertamente rebotado con el Vaticano e iba por libre. No fue difícil convencerle para que ordenara a Clemente, Manolo y otros sacerdotes de la Iglesia católica. Pocos días después los ordenó obispos.

Como Clemente y Manolo eran ya obispos, podían ordenar sacerdote a quien les saliera del moño. Y ya que estaba, Clemente se autoproclamó papa.

Paso 7.- Cierra las puertas y exprime a tus fieles.

Cuando tienes a tus fieles atados, hay que construir un muro bien alto para mantenerlos alejados de la realidad. Les prohibes la tele, los libros e internet, les dices que las experiencias que van a vivir ahí adentro les llevarán a la gloria eterna y les aíslas del resto del mundo.

Si formas parte del mando de la iglesia se aplican otras normas: puedes ver la tele, puedes usar Instagram o puedes acabar con el stock de gambas de una caseta de la Feria de Abril.

Por supuesto, no puedes tener trato con nadie que no sea palmariano, tienes que aportar parte de tus ingresos a la Iglesia y no hace falta ser un genio para saber qué ocurre con tu patrimonio cuando el Señor te llama a su vera.

Me voy a Sevilla inmediatamente.
Mi chica es devota del Papa Clemente.
Vestida de negro hasta los tobillos
contempla orgullosa su 
look tridentino.

Por fin conoce al Papa cismático
y nota enseguida que es muy simpático.
Se lleva a Clemente al pesebre
para darle celos a Lefebvre.
En éxtasis místico se arrodilla,
se eleva y vuela sobre Sevilla.
Él se mutila todos los días
con botellas rotas de González Byass.

Clemente, Clemente, no te mutiles más.
Clemente, Clemente, por la Santa Faz.

La masa piadosa por poco me arrolla
cuando me dirigía al Palmar de Troya.
En Alba de Tormes Clemente sucumbe
ante la avalancha de tantas legumbres.
Todos van a la academia de baile
Clemente aprende tangos por Braille.
Dios le castigó por onanista
y el pobre hombre perdió la vista.

Qué placer tan delicado
es estar excomulgado.

Me voy a Sevilla inmediatamente.
Mi chica es devota del Papa Clemente.
Vestida de negro hasta los tobillos
contempla orgullosa su 
look tridentino.

La congregación palmariana continúa viva, aunque en decadencia, en El Palmar de Troya. Entre otras cosas, la paz social ha sido siempre absoluta y el pueblo, como explica Israel del Santo, convive con el circo con total normalidad. «En El Palmar siempre se han llevado bien, entre otras cosas porque los palmarianos no hablan con los no palmarianos. Siempre se han llevado bien e incluso el alcalde tiene muy buena relación con la cúpula de la Iglesia».

Del Santo sigue contando. «Cuando deciden construir una basílica a imagen y semejanza de la del Pilar, el pueblo pasa a ser el pueblo con menos paro de España. Es todo lo contrario a lo que vimos en Wild Wild Country, que parece una invasión. Esto es una simbiosis maravillosa. A raíz de eso se han acostumbrado los unos a los otros y llevan así 50 años. De alguna manera, la Iglesia palmariana ha puesto en el mapa a esa aldea».

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