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16 de octubre 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Tenga su propia banda de rock americano por 6050 euros

16 de octubre 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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En lo más alto de la música están los grupos de estadio. Luego, los indies. Luego los underground. En el underground hay underground del underground, que son aquellos grupos a los que los discos editados con un sello como Neil Young manda les parecen una concesión al sistema.

Y luego, al final de todo, están los grupos inventados, que son los mejores de todos: uno crea la idea, la trayectoria, las leyendas urbanas –en esto no difieren mucho de, digamos, Led Zeppelin–, las canciones, los flyers y el libro.

Eso es lo que ha hecho el diseñador gráfico, músico escritor y ciudadano ilustre de Ripollet Benja Villegas. Y ha bautizado a la criatura como ElPaso.

Villegas construyó su banda favorita desde cero: se inventó un nacimiento y una trayectoria ficticias, un océano de material gráfico vomitado por una fotocopiadora comprada de segunda mano en Wallapop, coartada apoyada por músicos contemporáneos reales y algún (ejem) medio de comunicación y, por supuesto, la música.

Es decir, Benja Villegas hizo existir a una banda de los 90 que no existía y ahora ha escrito un libro con todo el guirigay: ElPaso, a punk story (Bandaàparte, 2018).

ElPaso era, se supone, una banda de punk chicano que no llegó a editar su primer disco en, precisamente, la ciudad de El Paso (Texas). Su historia era la de tantas bandas que comenzaron en la explosión del rock independiente a comienzos de los 90. Su fracaso, el fracaso de tantas bandas independientes que no llegaron a nada. Vieja historia, historia vigente.

Sin embargo, la historia de ElPaso es un homenaje a todos los músicos que se pelan el culo haciendo la música en la que creen y que, en la mayoría de casos, no saldrá de sus propias burbujas.

En cierta manera, es la historia del propio Villegas, también músico, y de las bandas que tuvo y que quedaron en el camino. «Me di cuenta de que si conseguía sintetizar los anhelos, fobias, miedos y frustraciones de este grupo ficticio, iba a poder conseguir la empatía con cualquier persona que haya tratado de cumplir un sueño como el de ser alguien en la música», explica el barcelonés.

El propio Villegas sigue contando que «el proyecto pretendía ser una antibiografía vista desde la perspectiva de que todas las biografías atienden a la historia de un grupo o personaje de éxito. Éxito visto desde el punto de vista de la industria y el capitalismo, claro. La cosa es que la proporción entre bandas o músicos de éxito y las bandas y músicos de la historia es como de un 1% contra un 99%, así que pensé en escribir una historia con la que ese 99% pudiera sentirse identificada».

El resultado es una historia de mayorías, una historia de perdedores a ojos de los grandes escenarios. «Lo bonito fue cuando, al empezar a entrevistar e indagar en bandas americanas de los 80, me di cuenta de que los paralelismos eran idénticos a pesar de no coincidir ni en época ni en contexto histórico». Las premisas y líneas temporales de bandas que desfogan en locales de mala muerte son similares y universales. Pero quedaba construir el imaginario y los detalles.

El precio de construir una banda de rock noventero independiente es de unos 6.000 euros (más los 50 de la fotocopiadora).

«La parte más cara del proyecto fue cuando viajamos en 2015 y 2016 y había que pagar los billetes de ida y vuelta a Estados Unidos. Fue todo muy punk y allí nadie cobró nada. Lo hicimos todo por amor al arte y al proyecto. La cosa es que, como todos nos dedicamos al mundo audiovisual, pudimos asumir un par de trabajos antes de cada viaje y destinamos la facturación a los costes de los billetes, unos 4.000€ entre los dos años», señala el catalán.

Lo que trajeron de esos viajes fueron testimonios ficticios de músicos reales que entraron en el juego y dijeron conocer y flipar con ElPaso; también material gráfico recreado de la no-banda, antecedentes personales y el poso cultural y estético adecuado para generar todo el material gráfico.

memorabilia

«Luego están las grabaciones de las dos referencias del grupo, un disco y un EP. Fueron algo menos de 2.000€ y, estos sí, salieron de mi bolsillo. Pero era imprescindible que el grupo tuviera algo de música a la que poder acudir, así que no es un gasto en vano. El resto de trabajo se podría contabilizar en millones de horas mías dedicadas a crear collages, videos y fotos fake o a dibujar y fotocopiar flyers». Et voilà. ElPaso, el grupo que solo existía en el anhelo de Benja Villegas ya era real.

El viaje personal de Villegas ha sido casi catártico. El músico se ha reconciliado con un universo que le dejó fondo agridulce tras la escasa repercusión de sus propias bandas. «El último viaje ha sido tremendo porque ha sido en un contexto de vacaciones, y con mi hija y mi novia. Además, pude llevar uno de los primeros ejemplares del libro ya impreso y enseñárselo a la gente que tres años antes había accedido a dar una entrevista sin tener ni puta idea de dónde iba a acabar eso».

El escritor está convencido de que «cualquier historia real, cuando pasa por el tamiz del documental o la biografía, acaba por ficcionarse y convertirse en algo un poco menos real. Yo pensé que quizá podríamos conseguir el efecto contrario: si una historia ficticia pasara por el filtro de la biografía documental, quizás sea un poco más real. Hace unos días, un buen amigo me dijo una frase sobre el libro que me gustó mucho: “no es real pero es verdad”».

Con la memoria ya creada y en el zurrón, a Benja Villegas le queda dar matarile a un proyecto que le ha ocupado más de tres años. O no, porque mientras hay música que tocar, hay vida.

«Eso junto con el documental son las dos cosas que faltan por concretar en este proyecto. Siempre he pensado en la posibilidad de juntarnos y hacer algún concierto. De hecho, queríamos proponerlo como una especie de fiesta ochentera a la que el público tuviera que asistir vestido en plan grunge y sin móviles».

«Queríamos grabarlo todo en VHS y poder utilizar el material en el documental que estamos montando. Como una gran performance en la que involucrar a la audiencia de tu proyecto y permitirles que puedan disfrutar de la experiencia de ver en directo a un grupo ficticio. Como todos somos de Barcelona, pensamos en hacer algo en diciembre de este año, ver cómo fluye y si se podría llevar a otras ciudades».

En realidad, en cualquier disciplina creativa, el creador existe si hay obra. Sea real o ficticia. ElPaso no existió, pero si existen sus canciones, existe su historia.

En lo más alto de la música están los grupos de estadio. Luego, los indies. Luego los underground. En el underground hay underground del underground, que son aquellos grupos a los que los discos editados con un sello como Neil Young manda les parecen una concesión al sistema.

Y luego, al final de todo, están los grupos inventados, que son los mejores de todos: uno crea la idea, la trayectoria, las leyendas urbanas –en esto no difieren mucho de, digamos, Led Zeppelin–, las canciones, los flyers y el libro.

Eso es lo que ha hecho el diseñador gráfico, músico escritor y ciudadano ilustre de Ripollet Benja Villegas. Y ha bautizado a la criatura como ElPaso.

Villegas construyó su banda favorita desde cero: se inventó un nacimiento y una trayectoria ficticias, un océano de material gráfico vomitado por una fotocopiadora comprada de segunda mano en Wallapop, coartada apoyada por músicos contemporáneos reales y algún (ejem) medio de comunicación y, por supuesto, la música.

Es decir, Benja Villegas hizo existir a una banda de los 90 que no existía y ahora ha escrito un libro con todo el guirigay: ElPaso, a punk story (Bandaàparte, 2018).

ElPaso era, se supone, una banda de punk chicano que no llegó a editar su primer disco en, precisamente, la ciudad de El Paso (Texas). Su historia era la de tantas bandas que comenzaron en la explosión del rock independiente a comienzos de los 90. Su fracaso, el fracaso de tantas bandas independientes que no llegaron a nada. Vieja historia, historia vigente.

Sin embargo, la historia de ElPaso es un homenaje a todos los músicos que se pelan el culo haciendo la música en la que creen y que, en la mayoría de casos, no saldrá de sus propias burbujas.

En cierta manera, es la historia del propio Villegas, también músico, y de las bandas que tuvo y que quedaron en el camino. «Me di cuenta de que si conseguía sintetizar los anhelos, fobias, miedos y frustraciones de este grupo ficticio, iba a poder conseguir la empatía con cualquier persona que haya tratado de cumplir un sueño como el de ser alguien en la música», explica el barcelonés.

El propio Villegas sigue contando que «el proyecto pretendía ser una antibiografía vista desde la perspectiva de que todas las biografías atienden a la historia de un grupo o personaje de éxito. Éxito visto desde el punto de vista de la industria y el capitalismo, claro. La cosa es que la proporción entre bandas o músicos de éxito y las bandas y músicos de la historia es como de un 1% contra un 99%, así que pensé en escribir una historia con la que ese 99% pudiera sentirse identificada».

El resultado es una historia de mayorías, una historia de perdedores a ojos de los grandes escenarios. «Lo bonito fue cuando, al empezar a entrevistar e indagar en bandas americanas de los 80, me di cuenta de que los paralelismos eran idénticos a pesar de no coincidir ni en época ni en contexto histórico». Las premisas y líneas temporales de bandas que desfogan en locales de mala muerte son similares y universales. Pero quedaba construir el imaginario y los detalles.

El precio de construir una banda de rock noventero independiente es de unos 6.000 euros (más los 50 de la fotocopiadora).

«La parte más cara del proyecto fue cuando viajamos en 2015 y 2016 y había que pagar los billetes de ida y vuelta a Estados Unidos. Fue todo muy punk y allí nadie cobró nada. Lo hicimos todo por amor al arte y al proyecto. La cosa es que, como todos nos dedicamos al mundo audiovisual, pudimos asumir un par de trabajos antes de cada viaje y destinamos la facturación a los costes de los billetes, unos 4.000€ entre los dos años», señala el catalán.

Lo que trajeron de esos viajes fueron testimonios ficticios de músicos reales que entraron en el juego y dijeron conocer y flipar con ElPaso; también material gráfico recreado de la no-banda, antecedentes personales y el poso cultural y estético adecuado para generar todo el material gráfico.

memorabilia

«Luego están las grabaciones de las dos referencias del grupo, un disco y un EP. Fueron algo menos de 2.000€ y, estos sí, salieron de mi bolsillo. Pero era imprescindible que el grupo tuviera algo de música a la que poder acudir, así que no es un gasto en vano. El resto de trabajo se podría contabilizar en millones de horas mías dedicadas a crear collages, videos y fotos fake o a dibujar y fotocopiar flyers». Et voilà. ElPaso, el grupo que solo existía en el anhelo de Benja Villegas ya era real.

El viaje personal de Villegas ha sido casi catártico. El músico se ha reconciliado con un universo que le dejó fondo agridulce tras la escasa repercusión de sus propias bandas. «El último viaje ha sido tremendo porque ha sido en un contexto de vacaciones, y con mi hija y mi novia. Además, pude llevar uno de los primeros ejemplares del libro ya impreso y enseñárselo a la gente que tres años antes había accedido a dar una entrevista sin tener ni puta idea de dónde iba a acabar eso».

El escritor está convencido de que «cualquier historia real, cuando pasa por el tamiz del documental o la biografía, acaba por ficcionarse y convertirse en algo un poco menos real. Yo pensé que quizá podríamos conseguir el efecto contrario: si una historia ficticia pasara por el filtro de la biografía documental, quizás sea un poco más real. Hace unos días, un buen amigo me dijo una frase sobre el libro que me gustó mucho: “no es real pero es verdad”».

Con la memoria ya creada y en el zurrón, a Benja Villegas le queda dar matarile a un proyecto que le ha ocupado más de tres años. O no, porque mientras hay música que tocar, hay vida.

«Eso junto con el documental son las dos cosas que faltan por concretar en este proyecto. Siempre he pensado en la posibilidad de juntarnos y hacer algún concierto. De hecho, queríamos proponerlo como una especie de fiesta ochentera a la que el público tuviera que asistir vestido en plan grunge y sin móviles».

«Queríamos grabarlo todo en VHS y poder utilizar el material en el documental que estamos montando. Como una gran performance en la que involucrar a la audiencia de tu proyecto y permitirles que puedan disfrutar de la experiencia de ver en directo a un grupo ficticio. Como todos somos de Barcelona, pensamos en hacer algo en diciembre de este año, ver cómo fluye y si se podría llevar a otras ciudades».

En realidad, en cualquier disciplina creativa, el creador existe si hay obra. Sea real o ficticia. ElPaso no existió, pero si existen sus canciones, existe su historia.

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