27 de diciembre 2010    /   CREATIVIDAD
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El poder de alargar la vida de los objetos

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Avanzar para volver a donde estábamos. Parece un atraso, pero se trata de todo lo contrario. Cuando creemos que lo que hacemos apunta a la vanguardia y a la novedad en la tendencia, en realidad estamos reocupando lugares que nunca debimos abandonar. Para Rachel Botsman, esta situación se está produciendo con la nueva cultura compartida, con los movimientos organizados en torno a redes. La sociedad regresa, en cuestiones de consumo y comercio, al trueque, al cambio y a la adaptación del consumo para volverlo responsable.
Este es el paradigma al que nos dirigimos, si tenemos en cuenta lo que no que contó la coautora de What’s Mine is Yours: The Rise of Collaborative Consumption, en su ponencia en TED Sidney. Las nuevas redes organizadas al calor de Internet están variando la forma que tiene el ser humano de relacionarse. Es un tema más que manido. En lo que hace hincapié esta innovadora social es en que el cambio está afectando de la misma manera a los hábitos de consumo, haciendo que éstos se tornen en más eficientes y responsables. «Yo, como otra tanta gente, tenía la sexta temporada de 24. Tras verla una, como mucho dos veces, ya sabía que Jack Bauer terminaría con los terroristas. No la necesitaba más. A otra mucha gente le pasa lo mismo. Establecer pautas de consumo colaborativo soluciona problemas de coincidencia de deseos. Ahora, más que nunca, es muy sencillo que intercambie esos DVD», explica.

Estamos ante una dinámica que engloba implicaciones tanto comerciales como culturales. Esta forma de tratar, de transmitir los productos, exige de un grado de confianza entre extraños que, por raro que parezca, se está dando entre los consumidores. «Son necesarias mecánicas de confianza para establecer comportamientos colaborativos. Tras observar muchos de los sitios en los que se producen este tipo de intercambios, he llegado a la conclusión de que el porcentaje de gente con votos negativos es minúsculo e incluso, quien tiene estos votos negativos, suele recogerlos por cuestiones menores como un retraso en el envío», dice Botsman.
«Nos estamos moviendo de una cultura del yo a una del nosotros», resalta la escritora. «Se crea una economía de ‘lo mío es tuyo'». Claro que para llegar a esta situación se han tenido que dar una serie de factores impulsores inherentes a la situación tecnológica en la que nos hallamos. Gracias a la inteligencia colectiva es sencillo extraer conocimiento de grupos de personas, sin contar que es muy sencillo formar esos grupos. Se ha producido lo que Botsman denomina una «revolución P2P», que elimina a los intermediarios de las relaciones sociales y comerciales. Además, los nativos digitales asumen como propia la cultura de compartir. Todo eso, unido a la colaboración móvil, «está llevando a la sociedad del hiperconsumismo al consumismo colaborativo», cuenta la innovadora.
El cambio, a pesar de que parte de lo online, de la nueva forma de establecer redes de contactos, se está trasladando al mundo offline. «Se están estableciendo mercados de redistribución que alargan la vida de los productos y, por lo tanto, reducen los desechos. Aparecen estilos de vida colaborativos que conducen a los ciudadanos por el camino de lo compartido», resalta Rachel Botsman a la vez que pone como ejemplos el co-working, el couchsurfing o Landshares, una forma de compartir la tierra cultivable sobrante. «Es tan fácil compartir bienes que pasan mucho tiempo en reposo… ¿Cuánto tiempo se utiliza un taladro? Yo no quiero el taladro, quiero el agujero. ¿Por qué no alquilar esa herramienta?», exclama.
La situación marca claramente que lo que necesitamos son los servicios y experiencias que proporcionan los bienes de consumo, no esos bienes. Lo bueno, de todo esto, lo que lo hace fácil según la innovadora social, «es que esta forma de compartir no sacrifica estilos de vida o libertades personales. El acceso es mejor que la propiedad. Conforme se pierde la propiedad en la nube, la línea entre lo tuyo y lo nuestro se diluye», describe.
Para Botsman, es el momento de dar el paso adelante, de aprovechar las favorables condiciones que existen a día de hoy. «Todos estos sistemas requieren de la confianza como motor necesario. Lo que hace funcionar a todo esto es la reputación y, gracias a la Red, se deja un rastro de todo lo que se hace. La reputación marca el acceso al consumo colaborativo». Así que más vale comportarse bien porque, qué diablos, se va a saber.

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Este es el paradigma al que nos dirigimos, si tenemos en cuenta lo que no que contó la coautora de What’s Mine is Yours: The Rise of Collaborative Consumption, en su ponencia en TED Sidney. Las nuevas redes organizadas al calor de Internet están variando la forma que tiene el ser humano de relacionarse. Es un tema más que manido. En lo que hace hincapié esta innovadora social es en que el cambio está afectando de la misma manera a los hábitos de consumo, haciendo que éstos se tornen en más eficientes y responsables. «Yo, como otra tanta gente, tenía la sexta temporada de 24. Tras verla una, como mucho dos veces, ya sabía que Jack Bauer terminaría con los terroristas. No la necesitaba más. A otra mucha gente le pasa lo mismo. Establecer pautas de consumo colaborativo soluciona problemas de coincidencia de deseos. Ahora, más que nunca, es muy sencillo que intercambie esos DVD», explica.

Estamos ante una dinámica que engloba implicaciones tanto comerciales como culturales. Esta forma de tratar, de transmitir los productos, exige de un grado de confianza entre extraños que, por raro que parezca, se está dando entre los consumidores. «Son necesarias mecánicas de confianza para establecer comportamientos colaborativos. Tras observar muchos de los sitios en los que se producen este tipo de intercambios, he llegado a la conclusión de que el porcentaje de gente con votos negativos es minúsculo e incluso, quien tiene estos votos negativos, suele recogerlos por cuestiones menores como un retraso en el envío», dice Botsman.
«Nos estamos moviendo de una cultura del yo a una del nosotros», resalta la escritora. «Se crea una economía de ‘lo mío es tuyo'». Claro que para llegar a esta situación se han tenido que dar una serie de factores impulsores inherentes a la situación tecnológica en la que nos hallamos. Gracias a la inteligencia colectiva es sencillo extraer conocimiento de grupos de personas, sin contar que es muy sencillo formar esos grupos. Se ha producido lo que Botsman denomina una «revolución P2P», que elimina a los intermediarios de las relaciones sociales y comerciales. Además, los nativos digitales asumen como propia la cultura de compartir. Todo eso, unido a la colaboración móvil, «está llevando a la sociedad del hiperconsumismo al consumismo colaborativo», cuenta la innovadora.
El cambio, a pesar de que parte de lo online, de la nueva forma de establecer redes de contactos, se está trasladando al mundo offline. «Se están estableciendo mercados de redistribución que alargan la vida de los productos y, por lo tanto, reducen los desechos. Aparecen estilos de vida colaborativos que conducen a los ciudadanos por el camino de lo compartido», resalta Rachel Botsman a la vez que pone como ejemplos el co-working, el couchsurfing o Landshares, una forma de compartir la tierra cultivable sobrante. «Es tan fácil compartir bienes que pasan mucho tiempo en reposo… ¿Cuánto tiempo se utiliza un taladro? Yo no quiero el taladro, quiero el agujero. ¿Por qué no alquilar esa herramienta?», exclama.
La situación marca claramente que lo que necesitamos son los servicios y experiencias que proporcionan los bienes de consumo, no esos bienes. Lo bueno, de todo esto, lo que lo hace fácil según la innovadora social, «es que esta forma de compartir no sacrifica estilos de vida o libertades personales. El acceso es mejor que la propiedad. Conforme se pierde la propiedad en la nube, la línea entre lo tuyo y lo nuestro se diluye», describe.
Para Botsman, es el momento de dar el paso adelante, de aprovechar las favorables condiciones que existen a día de hoy. «Todos estos sistemas requieren de la confianza como motor necesario. Lo que hace funcionar a todo esto es la reputación y, gracias a la Red, se deja un rastro de todo lo que se hace. La reputación marca el acceso al consumo colaborativo». Así que más vale comportarse bien porque, qué diablos, se va a saber.

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