9 de abril 2012    /   IDEAS
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El poder de la X

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Durante el franquismo, nuestras abuelas decían que habían cogido un “tasi”, y así gritaban en la orilla de la calle Alcalá cuando requerían una bajada de bandera “¡Taaaaaaaasiiii!”. Porque la x les daba pudor. Si la dictadura hubiera podido prohibir la letra X lo habría hecho, porque incita al libertinaje, al orgasmo fácil y al desahogo sin culpas pero con cruce de identidades.

San Andrés era un pescador que vivió en el siglo I de nuestra era, y que fue crucificado sobre una equis, o sea, equificado (¿existiría la palabra equifixión?). Por eso Amsterdam, que era inicialmente una aldea de pescadores, adoptó ese escudo de armas. Tiene gracia que los visitantes rijosos de la capital holandesa, buscando chicas tras los escaparates del distrito rojo se equivoquen al ver las tres XXX, y acaben preguntando cuánto cuesta una mamada en la ventanilla del Ayuntamiento. Y es que hace 500 años la X no tenía ninguna connotación relacionada con la periferia de los muslos.

“Expediente X” tenía el morbo de ver cómo Mulder se comía los suculentos labios de Scully, pero ni siquiera en el film (Rob Bowman, 1998), lo pudimos ver, pues la inoportuna picadura de una abeja aborta el intercambio de saliva entre David Duchovny y Gillian Anderson.

Hay películas serie B, o serie Z. Pero nada comprable a la X, que impide el paso a menores de edad. Sin duda la culpa es de la palabra “sexo”, que contiene la X en prácticamente todos los idiomas (excepto en arameo y andaluz). No es casual la atribución al número 6, sobre todo en triada, de todo tipo de connotaciones satánicas. Porque “six” y “sex” suenan casi igual si uno está bajo las sábanas, borracho o jugando en el casino al Black Jack.

En el Scalextric (uno de los pocos juguetes que se atrevieron a incluir la “X” en su marca”) había un tramo de pista especial, en el que los coches podían chocar y cruzar de un carril a otro y cambiar de género.

Es la única letra del abecedario que cumple igual su función erguida que tumbada, pues en ambas posiciones sigue manteniendo el tipo. Cuatro extremidades que se unen, cruzan y confunden en la ingle de la letra ¿es acaso la X un esquema simplificado de un ser humano sin cabeza?

Reputados teólogos y semiólogos sostienen que la cruz cristiana no es otra cosa que una equis podada y mutilada, para privarla de su carga sensual.

Su valor de comodín en el álgebra clásica sirve para ensalzar su ambigüedad en el dormitorio. Es además, la única del alfabeto que prescinde de sí misma para escribirse ¿por qué equis se escribe con s y no con x?

El xenón es un gas noble, pero no lo era tanto la desaparecida discoteca homónima. Xanadú, Xantia, Xunta Galega… La erótica de esta grafía la conoce bien Microsoft, que ostenta una de las pocas marcas con dos de estos especímenes: “XboX”.

Tampoco es azaroso que la droga del amor se conozca como éxtasis, y quizá por eso en la Red, una x pequeñita es un beso… y cuatro xxxx un beso negro.

Foto: quinn.anya bajo licencia CC.

Durante el franquismo, nuestras abuelas decían que habían cogido un “tasi”, y así gritaban en la orilla de la calle Alcalá cuando requerían una bajada de bandera “¡Taaaaaaaasiiii!”. Porque la x les daba pudor. Si la dictadura hubiera podido prohibir la letra X lo habría hecho, porque incita al libertinaje, al orgasmo fácil y al desahogo sin culpas pero con cruce de identidades.

San Andrés era un pescador que vivió en el siglo I de nuestra era, y que fue crucificado sobre una equis, o sea, equificado (¿existiría la palabra equifixión?). Por eso Amsterdam, que era inicialmente una aldea de pescadores, adoptó ese escudo de armas. Tiene gracia que los visitantes rijosos de la capital holandesa, buscando chicas tras los escaparates del distrito rojo se equivoquen al ver las tres XXX, y acaben preguntando cuánto cuesta una mamada en la ventanilla del Ayuntamiento. Y es que hace 500 años la X no tenía ninguna connotación relacionada con la periferia de los muslos.

“Expediente X” tenía el morbo de ver cómo Mulder se comía los suculentos labios de Scully, pero ni siquiera en el film (Rob Bowman, 1998), lo pudimos ver, pues la inoportuna picadura de una abeja aborta el intercambio de saliva entre David Duchovny y Gillian Anderson.

Hay películas serie B, o serie Z. Pero nada comprable a la X, que impide el paso a menores de edad. Sin duda la culpa es de la palabra “sexo”, que contiene la X en prácticamente todos los idiomas (excepto en arameo y andaluz). No es casual la atribución al número 6, sobre todo en triada, de todo tipo de connotaciones satánicas. Porque “six” y “sex” suenan casi igual si uno está bajo las sábanas, borracho o jugando en el casino al Black Jack.

En el Scalextric (uno de los pocos juguetes que se atrevieron a incluir la “X” en su marca”) había un tramo de pista especial, en el que los coches podían chocar y cruzar de un carril a otro y cambiar de género.

Es la única letra del abecedario que cumple igual su función erguida que tumbada, pues en ambas posiciones sigue manteniendo el tipo. Cuatro extremidades que se unen, cruzan y confunden en la ingle de la letra ¿es acaso la X un esquema simplificado de un ser humano sin cabeza?

Reputados teólogos y semiólogos sostienen que la cruz cristiana no es otra cosa que una equis podada y mutilada, para privarla de su carga sensual.

Su valor de comodín en el álgebra clásica sirve para ensalzar su ambigüedad en el dormitorio. Es además, la única del alfabeto que prescinde de sí misma para escribirse ¿por qué equis se escribe con s y no con x?

El xenón es un gas noble, pero no lo era tanto la desaparecida discoteca homónima. Xanadú, Xantia, Xunta Galega… La erótica de esta grafía la conoce bien Microsoft, que ostenta una de las pocas marcas con dos de estos especímenes: “XboX”.

Tampoco es azaroso que la droga del amor se conozca como éxtasis, y quizá por eso en la Red, una x pequeñita es un beso… y cuatro xxxx un beso negro.

Foto: quinn.anya bajo licencia CC.

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