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28 de octubre 2013    /   BUSINESS
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El origen de los dichos: Mantenerse en sus trece

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Curiosa manera tiene nuestro idioma de describir a alguien que se obstina con terquedad en un propósito u opinión. Y aunque podría ser porque encaja perfectamente en el perfil, os digo ya que no, no estamos hablando de Wert.

La teoría más extendida para explicar el porqué y el cómo nació este dicho tiene que ver con un personaje histórico, Pedro Martínez de Luna, alias el Papa Luna. Era este un aragonés perteneciente a una de las familias más influyentes de la región, que estudió Derecho Canónico en la Universidad de Montpellier y que fue nombrado cardenal en 1375. Hasta ahí, nada que objetar.
El problema vino después, cuando en 1394 fue nombrado papa. Resulta que para entonces, al no ponerse de acuerdo en dónde debía establecerse y asentarse la silla de Pedro, existían dos papas en activo: uno en Avignon, a donde se había trasladado la sede del pontificado cuando en Roma se repartían tortas como panes; y otro en Roma, que fue nombrado por ‘imperativo’ popular (el pueblo asaltó el cónclave donde se estaba eligiendo nuevo papa y obligó a nombrar a uno romano). Dos gallos en el mismo corral no pueden convivir, así que se produjo lo que hoy todos conocemos como Cisma de Occidente. Finalmente, se opta por nombrar a un tercer papa en un intento de decisión salomónica: ni para ti ni para mí, y se pide a los otros dos que renuncien al pontificado.

El romano accedió al ver los nubarrones que se le venían encima si no aceptaba. Pero el francés, o sea, nuestro buen Benedicto XIII, nuestro Papa Luna, como buen aragonés que era dijo que no, que el papa era él y que así seguiría siendo. Así que cogió sus bártulos, se marchó a Peñíscola y se atrincheró en su castillo hasta su muerte. Como apenas tuvo aliados que le apoyaran y viendo lo inofensivo que resultaba el buen maño para los intereses de los vencedores, allí le dejaron enfurruñado de por vida jurando y perjurando que ‘papa sum’ y XIII, Benedicto XIII me llamo. No es de extrañar, pues, que tan firme determinación pasara a nuestro idioma en forma de dicho. Algún triunfo tenía que sacar de todo esto el bueno de Pedro Martínez de Luna. Y hasta aquí este resumen tan poco riguroso. Si queréis más detalles, acudid a la Wikipedia.

La explicación más atrevida del dicho, sin embargo, la da Sbarbi en su Gran diccionario de refranes diciendo que su origen está en un curioso juego numérico donde se sobreentiende la palabra ‘determinación’, ya que esta consta de 13 letras. En fin, como ocurrencia y juego cabalístico no está mal, pero no parece muy filológico.

Y hablando de cábala, y volviendo al terreno de la Historia, hay otra teoría que nos remite a los judíos conversos y a la Inquisición. Aunque muchos de ellos se convirtieron al cristianismo para no ser expulsados o ejecutados, en la intimidad de sus hogares y a escondidas seguían practicando la fe judía, que se condensaba en 13 principios o dogmas según la Misné Torah, desde Maimónides. De ahí que cuando la Inquisición detenía y juzgaba a alguno de ellos escribía “Se mantiene en sus trece” y las consecuencias para el infeliz ya sabemos cuáles eran.

Nos dejamos para el final la vertiente más costumbrista y, probablemente en este caso, la más rigurosa (de hecho, la Academia, según Pancracio Celdrán, así lo dice). Parece ser que el origen del dicho está en un juego de cartas parecido al de las siete y media, donde el ganador debía reunir quince puntos. Pero ante la posibilidad de perder y por una actitud prudente y miedosa, había jugadores que se plantaban en los 13 por miedo a pasarse. Será la versión más cercana a la realidad, no seremos nosotros quienes lo neguemos, pero no parece explicar mucho lo de la terquedad, la verdad. Sin embargo, estas son las cosas del lenguaje, que se sabe cómo acaban pero no siempre podemos averiguar por qué empiezan.

Curiosa manera tiene nuestro idioma de describir a alguien que se obstina con terquedad en un propósito u opinión. Y aunque podría ser porque encaja perfectamente en el perfil, os digo ya que no, no estamos hablando de Wert.

La teoría más extendida para explicar el porqué y el cómo nació este dicho tiene que ver con un personaje histórico, Pedro Martínez de Luna, alias el Papa Luna. Era este un aragonés perteneciente a una de las familias más influyentes de la región, que estudió Derecho Canónico en la Universidad de Montpellier y que fue nombrado cardenal en 1375. Hasta ahí, nada que objetar.
El problema vino después, cuando en 1394 fue nombrado papa. Resulta que para entonces, al no ponerse de acuerdo en dónde debía establecerse y asentarse la silla de Pedro, existían dos papas en activo: uno en Avignon, a donde se había trasladado la sede del pontificado cuando en Roma se repartían tortas como panes; y otro en Roma, que fue nombrado por ‘imperativo’ popular (el pueblo asaltó el cónclave donde se estaba eligiendo nuevo papa y obligó a nombrar a uno romano). Dos gallos en el mismo corral no pueden convivir, así que se produjo lo que hoy todos conocemos como Cisma de Occidente. Finalmente, se opta por nombrar a un tercer papa en un intento de decisión salomónica: ni para ti ni para mí, y se pide a los otros dos que renuncien al pontificado.

El romano accedió al ver los nubarrones que se le venían encima si no aceptaba. Pero el francés, o sea, nuestro buen Benedicto XIII, nuestro Papa Luna, como buen aragonés que era dijo que no, que el papa era él y que así seguiría siendo. Así que cogió sus bártulos, se marchó a Peñíscola y se atrincheró en su castillo hasta su muerte. Como apenas tuvo aliados que le apoyaran y viendo lo inofensivo que resultaba el buen maño para los intereses de los vencedores, allí le dejaron enfurruñado de por vida jurando y perjurando que ‘papa sum’ y XIII, Benedicto XIII me llamo. No es de extrañar, pues, que tan firme determinación pasara a nuestro idioma en forma de dicho. Algún triunfo tenía que sacar de todo esto el bueno de Pedro Martínez de Luna. Y hasta aquí este resumen tan poco riguroso. Si queréis más detalles, acudid a la Wikipedia.

La explicación más atrevida del dicho, sin embargo, la da Sbarbi en su Gran diccionario de refranes diciendo que su origen está en un curioso juego numérico donde se sobreentiende la palabra ‘determinación’, ya que esta consta de 13 letras. En fin, como ocurrencia y juego cabalístico no está mal, pero no parece muy filológico.

Y hablando de cábala, y volviendo al terreno de la Historia, hay otra teoría que nos remite a los judíos conversos y a la Inquisición. Aunque muchos de ellos se convirtieron al cristianismo para no ser expulsados o ejecutados, en la intimidad de sus hogares y a escondidas seguían practicando la fe judía, que se condensaba en 13 principios o dogmas según la Misné Torah, desde Maimónides. De ahí que cuando la Inquisición detenía y juzgaba a alguno de ellos escribía “Se mantiene en sus trece” y las consecuencias para el infeliz ya sabemos cuáles eran.

Nos dejamos para el final la vertiente más costumbrista y, probablemente en este caso, la más rigurosa (de hecho, la Academia, según Pancracio Celdrán, así lo dice). Parece ser que el origen del dicho está en un juego de cartas parecido al de las siete y media, donde el ganador debía reunir quince puntos. Pero ante la posibilidad de perder y por una actitud prudente y miedosa, había jugadores que se plantaban en los 13 por miedo a pasarse. Será la versión más cercana a la realidad, no seremos nosotros quienes lo neguemos, pero no parece explicar mucho lo de la terquedad, la verdad. Sin embargo, estas son las cosas del lenguaje, que se sabe cómo acaban pero no siempre podemos averiguar por qué empiezan.

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