19 de diciembre 2013    /   BUSINESS
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La sufrida traducción de El Quijote al chino

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Don Quijote de la Mancha, obra del maestro Miguel de Cervantes Saavedra, tiene el privilegio de ser «el mejor trabajo literario jamás escrito», según el listado que elaboró en 2002 la Norwegian Book Club. Por si alguien dudaba de su excelencia, también es el libro más editado y traducido de la historia, solo superado por la Biblia. Millones de personas de todo el mundo podrían decir sin inmutarse que todo empezó “en un lugar de la Mancha”, que Sancho le acompañaba, y que “no son gigantes, señor, que son molinos”. Pero en China no. El gigante asiático, gran conocedor de la novela, pasó años leyendo otra versión de la obra maestra.

Publicada la primera parte del libro con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a comienzos de 1605, apenas tardó siete años en aparecer su primera traducción. La hizo un inglés llamado Thomas Shelton, especialista en lenguas romances, que le dio por título The History of the Valorous and Wittie Knight-Errant, Don Quixote of the Mancha.

Después el francés César Oudin, traductor de Enrique IV, sacaría la primera versión francófona en 1614, y en apenas una década la aventuras del caballero hidalgo ya habían conquistado Europa. Con los siglos, El Quijote fue traducido a decenas de idiomas, tantos, que existen traducciones del Quijote a lenguas como el asturiano, el euskera, el japonés, el croata, el esperanto, el guaraní o el quechua. Los chinos también la tienen. De hecho, ellos tienen varias. La mutación lingüística de la creación de Cervantes al idioma materno más popular del planeta nunca termina de perfilarse.

Llegó tarde. No fue hasta 1922 cuando apareció la primera versión de la novela en China (uno de los primeros países asiáticos en interesarse por ella), convirtiéndose, por si le faltaban récords, en la primera obra traducida del español al mandarín.

El caso es que los que habían podido leer El Quijote en otro idioma tuvieron claro que debían hacer una versión en chino de él. Lo que no tenían tan claro era cómo hacerla. La primera intentona la llevaron a cabo el escritor Lin Shu y su ayudante Chen Jialin. Tradujeron el primer tomo y la cosa debió ser un cuadro: ninguno de los dos sabía español y solo Chen dominaba el inglés. El trabajo se convirtió en una cadena en la que Chen leía y traducía en voz alta, y Lin anotaba lo que escuchaba y lo reinterpretaba a su manera. Es decir, una traducción del español al inglés, del inglés al mandarín oral, y de este al mandarín antiguo.

El resultado fue una edición con el título de Moxiazhuan, Biografía del Caballero Loco –publicada en Shanghai- que ofreció a la gran masa china una versión de la novela orientalmente distorsionada.

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Durante treinta años –tiempo en el que siguió reeditándose- los mandarinohablantes leyeron una versión del Quijote sin el prefacio escrito por Cervantes, con pasajes demás inventados por los traductores y carente de su segunda parte porque no se sabía de su existencia.

Aun así, era la más leída de entre los intentos de traducción que prosiguieron al de Lin en la siguiente década, entre los cuales incluso se encuentra una versión del autor He Yubo que decidió reescribir El Quijote a su manera. Los mismos protagonistas, pero con historias ni remotamente parecidas a las que describe la novela.

No fue hasta 1939 cuando apareció otra versión (más o menos seria) de la gesta. La realizó Fu Donghua, también desde el inglés, en un intento más mimado para el cuál incluyó el prefacio del autor y eliminó las añadiduras de sus predecesores intérpretes.

La cosa había mejorado algo, y estaba a punto de dar el paso definitivo a la traducción perfecta. En 1940 el fundador de la Escuela Modernista China, Dai Wangshu, lo tradujo desde el español original y le añadió su segundo tomo. Quienes vieron sus manuscritos, según los historiadores, dijeron que se trataba de una versión excelente. Lastimosamente para los amantes orientales de la pluma cervantina, Dai acabó siendo encarcelado cuando trabajaba como editor en Hong Kong durante la guerra chino-japonesa (1937-1945) y su trabajo se perdió para siempre. Hay quien asegura que en realidad su Quijote chino se perdió en España, donde el poeta lucho como voluntario con los republicanos.

Hubo que esperar hasta 1959, cuando con motivo del 350 aniversario de la obra, el Dr. Fu Donghua tradujo íntegramente los dos tomos al mandarín. En 1979 la escritora Yang Jiang, que gastó once años en aprender castellano solo para poder acometer la traducción del Quijote, presentó en la editorial Pueblo una versión que trataba de mejorar los fallos que aún encontraba en el intento de su precursor. Al tratarse de la mayor editorial del país, se convirtió rápidamente en la versión más leída de la novela en su periplo chino.

Y aun así tampoco consiguió eliminar todos los fallos. Sus conocimientos de inglés y francés la llevaron a confundir términos como ‘sujeto’ (que tradujo por ‘tema’ –subject, en inglés-), o parientes (que tradujo por ‘padres’ –parents, en inglés y francés). Mejoró partes, pero patinazos como estos hicieron inteligibles unos cuantos pasajes a los lectores chinos.

El último en intentarlo ha sido el escritor Dong Yansheng, un profesor universitario amante de Cervantes y Dostoievski cuyo trabajo es considerado en la actualidad la versión más aceptable por los expertos.

En declaraciones al periodista argentino Guillermo Bravo para la revista Ñ, Yansheng relataba que un editor se presentó en su casa y le planteó si estaba dispuesto a sacar una nueva versión del Quijote. “La propuesta me dejó totalmente pasmado, porque nunca había pensado en eso, suponiendo que se trataba de un cometido difícil que solo estarían en condiciones de arremeter los grandes genios. Y después de reflexionar un poco, me dije: por probar, no perderé nada”.

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Como condición solo pidió el tiempo que fuera necesario para poder realizar con propiedad el trabajo, nada menos que la transformación de la mayor obra del castellano antiguo a tres millones de caracteres chinos simplificados y sin errores. “Fue así como se inició mi martirio”, reconocía el traductor en la entrevista. “La cosa no se me ocurrió, sino que sencillamente me ocurrió”

Dong, que se ha convertido en el primer hombre capaz de hacer llegar un Quijote en condiciones al estado más poblado del mundo, era un experto en las diferentes versiones del Quijote y de todas tenía queja: “Hay traductores que justifican su chapucería diciendo que se trata de una recreación. Y no se puede negar que encierra cierta dosis de creatividad la traducción, sobre todo la efectuada entre el chino y cualquiera de las lenguas europeas. Pero, en este caso, se entiende creatividad por los ingentes esfuerzos que haya que hacer por vencer los obstáculos aparentemente insuperables, no como excusa de la irresponsabilidad”.

Él mismo aboga porque otros vuelvan a intentar mejorar su versión de la obra maestra. Poco a poco, El Quijote en oriente deja de ser un cuento chino.

(Información obtenida de Gran Enciclopedia de la Literatura Universal (Editorial Rialp), Instituto CervantesRevista Ñ (Diario Clarín, Argentina), Centro Hispano Chino de Madrid y Wikipedia)

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Don Quijote de la Mancha, obra del maestro Miguel de Cervantes Saavedra, tiene el privilegio de ser «el mejor trabajo literario jamás escrito», según el listado que elaboró en 2002 la Norwegian Book Club. Por si alguien dudaba de su excelencia, también es el libro más editado y traducido de la historia, solo superado por la Biblia. Millones de personas de todo el mundo podrían decir sin inmutarse que todo empezó “en un lugar de la Mancha”, que Sancho le acompañaba, y que “no son gigantes, señor, que son molinos”. Pero en China no. El gigante asiático, gran conocedor de la novela, pasó años leyendo otra versión de la obra maestra.

Publicada la primera parte del libro con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a comienzos de 1605, apenas tardó siete años en aparecer su primera traducción. La hizo un inglés llamado Thomas Shelton, especialista en lenguas romances, que le dio por título The History of the Valorous and Wittie Knight-Errant, Don Quixote of the Mancha.

Después el francés César Oudin, traductor de Enrique IV, sacaría la primera versión francófona en 1614, y en apenas una década la aventuras del caballero hidalgo ya habían conquistado Europa. Con los siglos, El Quijote fue traducido a decenas de idiomas, tantos, que existen traducciones del Quijote a lenguas como el asturiano, el euskera, el japonés, el croata, el esperanto, el guaraní o el quechua. Los chinos también la tienen. De hecho, ellos tienen varias. La mutación lingüística de la creación de Cervantes al idioma materno más popular del planeta nunca termina de perfilarse.

Llegó tarde. No fue hasta 1922 cuando apareció la primera versión de la novela en China (uno de los primeros países asiáticos en interesarse por ella), convirtiéndose, por si le faltaban récords, en la primera obra traducida del español al mandarín.

El caso es que los que habían podido leer El Quijote en otro idioma tuvieron claro que debían hacer una versión en chino de él. Lo que no tenían tan claro era cómo hacerla. La primera intentona la llevaron a cabo el escritor Lin Shu y su ayudante Chen Jialin. Tradujeron el primer tomo y la cosa debió ser un cuadro: ninguno de los dos sabía español y solo Chen dominaba el inglés. El trabajo se convirtió en una cadena en la que Chen leía y traducía en voz alta, y Lin anotaba lo que escuchaba y lo reinterpretaba a su manera. Es decir, una traducción del español al inglés, del inglés al mandarín oral, y de este al mandarín antiguo.

El resultado fue una edición con el título de Moxiazhuan, Biografía del Caballero Loco –publicada en Shanghai- que ofreció a la gran masa china una versión de la novela orientalmente distorsionada.

1152px-Quijote_y_Sancho

Durante treinta años –tiempo en el que siguió reeditándose- los mandarinohablantes leyeron una versión del Quijote sin el prefacio escrito por Cervantes, con pasajes demás inventados por los traductores y carente de su segunda parte porque no se sabía de su existencia.

Aun así, era la más leída de entre los intentos de traducción que prosiguieron al de Lin en la siguiente década, entre los cuales incluso se encuentra una versión del autor He Yubo que decidió reescribir El Quijote a su manera. Los mismos protagonistas, pero con historias ni remotamente parecidas a las que describe la novela.

No fue hasta 1939 cuando apareció otra versión (más o menos seria) de la gesta. La realizó Fu Donghua, también desde el inglés, en un intento más mimado para el cuál incluyó el prefacio del autor y eliminó las añadiduras de sus predecesores intérpretes.

La cosa había mejorado algo, y estaba a punto de dar el paso definitivo a la traducción perfecta. En 1940 el fundador de la Escuela Modernista China, Dai Wangshu, lo tradujo desde el español original y le añadió su segundo tomo. Quienes vieron sus manuscritos, según los historiadores, dijeron que se trataba de una versión excelente. Lastimosamente para los amantes orientales de la pluma cervantina, Dai acabó siendo encarcelado cuando trabajaba como editor en Hong Kong durante la guerra chino-japonesa (1937-1945) y su trabajo se perdió para siempre. Hay quien asegura que en realidad su Quijote chino se perdió en España, donde el poeta lucho como voluntario con los republicanos.

Hubo que esperar hasta 1959, cuando con motivo del 350 aniversario de la obra, el Dr. Fu Donghua tradujo íntegramente los dos tomos al mandarín. En 1979 la escritora Yang Jiang, que gastó once años en aprender castellano solo para poder acometer la traducción del Quijote, presentó en la editorial Pueblo una versión que trataba de mejorar los fallos que aún encontraba en el intento de su precursor. Al tratarse de la mayor editorial del país, se convirtió rápidamente en la versión más leída de la novela en su periplo chino.

Y aun así tampoco consiguió eliminar todos los fallos. Sus conocimientos de inglés y francés la llevaron a confundir términos como ‘sujeto’ (que tradujo por ‘tema’ –subject, en inglés-), o parientes (que tradujo por ‘padres’ –parents, en inglés y francés). Mejoró partes, pero patinazos como estos hicieron inteligibles unos cuantos pasajes a los lectores chinos.

El último en intentarlo ha sido el escritor Dong Yansheng, un profesor universitario amante de Cervantes y Dostoievski cuyo trabajo es considerado en la actualidad la versión más aceptable por los expertos.

En declaraciones al periodista argentino Guillermo Bravo para la revista Ñ, Yansheng relataba que un editor se presentó en su casa y le planteó si estaba dispuesto a sacar una nueva versión del Quijote. “La propuesta me dejó totalmente pasmado, porque nunca había pensado en eso, suponiendo que se trataba de un cometido difícil que solo estarían en condiciones de arremeter los grandes genios. Y después de reflexionar un poco, me dije: por probar, no perderé nada”.

China_(3607605294)

Como condición solo pidió el tiempo que fuera necesario para poder realizar con propiedad el trabajo, nada menos que la transformación de la mayor obra del castellano antiguo a tres millones de caracteres chinos simplificados y sin errores. “Fue así como se inició mi martirio”, reconocía el traductor en la entrevista. “La cosa no se me ocurrió, sino que sencillamente me ocurrió”

Dong, que se ha convertido en el primer hombre capaz de hacer llegar un Quijote en condiciones al estado más poblado del mundo, era un experto en las diferentes versiones del Quijote y de todas tenía queja: “Hay traductores que justifican su chapucería diciendo que se trata de una recreación. Y no se puede negar que encierra cierta dosis de creatividad la traducción, sobre todo la efectuada entre el chino y cualquiera de las lenguas europeas. Pero, en este caso, se entiende creatividad por los ingentes esfuerzos que haya que hacer por vencer los obstáculos aparentemente insuperables, no como excusa de la irresponsabilidad”.

Él mismo aboga porque otros vuelvan a intentar mejorar su versión de la obra maestra. Poco a poco, El Quijote en oriente deja de ser un cuento chino.

(Información obtenida de Gran Enciclopedia de la Literatura Universal (Editorial Rialp), Instituto CervantesRevista Ñ (Diario Clarín, Argentina), Centro Hispano Chino de Madrid y Wikipedia)

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Opiniones 9
  • Por favor, evite los laísmos: «La hizo un inglés llamado Thomas Shelton, especialista en lenguas romances, que LE dio por título The History of the Valorous and Wittie Knight-Errant, Don Quixote of the Mancha.»

    ¡Me duelen los ojos!

    • Como la música amansa a las fieras, y tú te has puesto hecho una idem con razón, he aquí unos cuantos versos de unas cuantas canciones para pedirte perdón por tan deslumbrante, chillón y molesto error como es el laísmo (que ya hemos corregido para no seguir ofendiendo a tus pupilas):

      «… entono un mea culpa y suplico perdón…» (Luis Eduardo Aute, «A vivir»)

      «Perdóóóóname, si he sido ingraaaaato/ perdóname, te quiero taaaaaanto…» (El Dúo Dinámico, «Perdóname»)

      «Échame a mí la culpa de lo que pase…» (Albert Hammond, «Échame a mí la culpa»)

      «Borriquito como tú, que no sabes ni la ‘u’… (Peret, «Borriquito»)

      Humor aparte, sentimos el error y te agradecemos la advertencia.

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