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29 de mayo 2017    /   BUSINESS
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‘El sketch’: un librito sobre escribir humor prologado por Michael Palin (Monty Python)

29 de mayo 2017    /   BUSINESS     por          
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Un joven aporrea la puerta de la mansión de John Cleese. Tiene un firme propósito: que el inglés le revele los secretos para escribir un sketch (una escena de humor). Así comienza, con la forma de una obra de teatro (un guion, más bien) El Sketch, un librito que cabe en la palma de una mano y que puede leerse mientras se enfría el café.

El subtítulo es revelador: Cómo abordar la escritura sin torcerse un tobillo sobre un pie vendado que recuerda al pie de Monty Python. Es un homenaje a los creadores de La vida de Brian y a la vez metáfora sobre el humor, género exigente para el artista. Un film policiaco o romántico admite situaciones y diálogos «para salir del paso». El humor solo acepta aquello que provoque un reacción entre la sonrisa y la carcajada. Un sketch que no hace reír duele al artista tanto como torcerse un tobillo.

elsketchportadasola

El autor es Toni García Peralta, un guionista de humor con una larga trayectoria en televisión. Es también creador del blog Rokambol News. Sabe de lo que habla. El prólogo de Michael Palin surge del absurdo como si el actor retomara alguno de sus personajes, como Poncio Pilatos, el amigo de Pijus Magnificus e Incontinencia Suma.

El pie de Monty Python creado por Terry Gilliam.
El pie de Monty Python creado por Terry Gilliam.

Para decepción del joven, Cleese no está en casa, pero la servidumbre conoce los secretos del señor como el mayordomo Alfred los de Bruce Wayne. De esta manera, El sketch avanza, a la manera socrática, entre las dudas del aprendiz y las respuestas del mayordomo-mentor.

De manera acertada, Toni García toma como punto de partida el universo de Monty Phyton porque el grupo de humoristas revolucionó la forma de hacer humor. Como Palin indica en el prólogo: antes de Monty Python, un sketch tenía principio, medio y final. Después, no está claro si hay medio ni final. Las animaciones de Terry Gilliam para Monty Python’s Flying Circus tienen parte de culpa. Esto permitió, entre otras cosas, partir de situaciones absurdas sin visos de fin debido a personajes que con una lógica perturbada. El sketch de El loro muerto (en inglés, con subtítulos) sirve como ejemplo:

Cleese intenta demostrar que el loro está muerto mientras que Palin quiere hacer creer que tan solo está aturdido. La escena parece no tener fin entre idas y venidas de tiendas de animales.

«Esto se está volviendo demasiado tonto», dice Cleese. El sketch se acerca a una pesadilla en bucle.

Un sketch que concluye a la fuerza con Graham Chapman como militar pidiendo el fin de la secuencia. Efectos como esto se utilizan con frecuencia en las comedias de animación como Los Simpsons y Padre de familia. ¿Pero cómo se desarrolla una escritura similar para el mayordomo de Cleese? La fórmula es:

«Empieza a escribir, solo con un planting [un principio, una propuesta, como “vengo a poner una reclamación”]. Sin conocer el final. Y ya veremos».

Dentro del «ya veremos» están los elementos de la comedia Python: no precipitarse en rematar la escena (el tobillo es frágil), el exabrupto inesperado, la frase fuera de lugar y, como pilares, la exageración y la concreción. De cada uno de estos ingredientes, el mayordomo ofrece una breve y concreta exposición y ejemplos aclaratorios.

«Es más divertido chocar contra un camión inglés lleno de coles de bruselas que contra un camión», dice el mayordomo-mentor como remate a los ejemplos para la concreción. Este es el punto que con más detalle expone el mayordomo de Cleese. Es delicado. Entre dos elementos concretos, unos funcionan mejor que otros. (La concreción, añado, es el secreto de los chistes que la corrección política aborrece. «Un señor entra en un bar y…», es anodino frente a «un vasco / sevillano / catalán entra en un bar y…»).

Cerca de las últimas páginas, el aprendiz teme la conclusión del librito. Parece haber adquirido consciencia de formar parte de una ficción y reclama al mayordomo-mentor un remate de la escena. El sirviente sigue fiel a su norma, quizá la única, de «ya veremos».

Finalizado el librito, a la manera de un sketch de Monty Phyton, es inevitable dar por válido a Baltasar Gracián: «Lo bueno, si breve…».

Un joven aporrea la puerta de la mansión de John Cleese. Tiene un firme propósito: que el inglés le revele los secretos para escribir un sketch (una escena de humor). Así comienza, con la forma de una obra de teatro (un guion, más bien) El Sketch, un librito que cabe en la palma de una mano y que puede leerse mientras se enfría el café.

El subtítulo es revelador: Cómo abordar la escritura sin torcerse un tobillo sobre un pie vendado que recuerda al pie de Monty Python. Es un homenaje a los creadores de La vida de Brian y a la vez metáfora sobre el humor, género exigente para el artista. Un film policiaco o romántico admite situaciones y diálogos «para salir del paso». El humor solo acepta aquello que provoque un reacción entre la sonrisa y la carcajada. Un sketch que no hace reír duele al artista tanto como torcerse un tobillo.

elsketchportadasola

El autor es Toni García Peralta, un guionista de humor con una larga trayectoria en televisión. Es también creador del blog Rokambol News. Sabe de lo que habla. El prólogo de Michael Palin surge del absurdo como si el actor retomara alguno de sus personajes, como Poncio Pilatos, el amigo de Pijus Magnificus e Incontinencia Suma.

El pie de Monty Python creado por Terry Gilliam.
El pie de Monty Python creado por Terry Gilliam.

Para decepción del joven, Cleese no está en casa, pero la servidumbre conoce los secretos del señor como el mayordomo Alfred los de Bruce Wayne. De esta manera, El sketch avanza, a la manera socrática, entre las dudas del aprendiz y las respuestas del mayordomo-mentor.

De manera acertada, Toni García toma como punto de partida el universo de Monty Phyton porque el grupo de humoristas revolucionó la forma de hacer humor. Como Palin indica en el prólogo: antes de Monty Python, un sketch tenía principio, medio y final. Después, no está claro si hay medio ni final. Las animaciones de Terry Gilliam para Monty Python’s Flying Circus tienen parte de culpa. Esto permitió, entre otras cosas, partir de situaciones absurdas sin visos de fin debido a personajes que con una lógica perturbada. El sketch de El loro muerto (en inglés, con subtítulos) sirve como ejemplo:

Cleese intenta demostrar que el loro está muerto mientras que Palin quiere hacer creer que tan solo está aturdido. La escena parece no tener fin entre idas y venidas de tiendas de animales.

«Esto se está volviendo demasiado tonto», dice Cleese. El sketch se acerca a una pesadilla en bucle.

Un sketch que concluye a la fuerza con Graham Chapman como militar pidiendo el fin de la secuencia. Efectos como esto se utilizan con frecuencia en las comedias de animación como Los Simpsons y Padre de familia. ¿Pero cómo se desarrolla una escritura similar para el mayordomo de Cleese? La fórmula es:

«Empieza a escribir, solo con un planting [un principio, una propuesta, como “vengo a poner una reclamación”]. Sin conocer el final. Y ya veremos».

Dentro del «ya veremos» están los elementos de la comedia Python: no precipitarse en rematar la escena (el tobillo es frágil), el exabrupto inesperado, la frase fuera de lugar y, como pilares, la exageración y la concreción. De cada uno de estos ingredientes, el mayordomo ofrece una breve y concreta exposición y ejemplos aclaratorios.

«Es más divertido chocar contra un camión inglés lleno de coles de bruselas que contra un camión», dice el mayordomo-mentor como remate a los ejemplos para la concreción. Este es el punto que con más detalle expone el mayordomo de Cleese. Es delicado. Entre dos elementos concretos, unos funcionan mejor que otros. (La concreción, añado, es el secreto de los chistes que la corrección política aborrece. «Un señor entra en un bar y…», es anodino frente a «un vasco / sevillano / catalán entra en un bar y…»).

Cerca de las últimas páginas, el aprendiz teme la conclusión del librito. Parece haber adquirido consciencia de formar parte de una ficción y reclama al mayordomo-mentor un remate de la escena. El sirviente sigue fiel a su norma, quizá la única, de «ya veremos».

Finalizado el librito, a la manera de un sketch de Monty Phyton, es inevitable dar por válido a Baltasar Gracián: «Lo bueno, si breve…».

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