21 de mayo 2013    /   CREATIVIDAD
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El surfista ciego

21 de mayo 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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Derek Rabelo quiere volver a la playa. Su única intención es escapar del lobby del hotel, de la mesa, las preguntas y las respuestas y regresar a la arena. Por eso mueve la cabeza nervioso y, de paso, altera a su padre. A los quince minutos, pregunta si ya hemos acabado la entrevista; si se puede ir. Claro, claro… ¿Qué le vas a decir?
Jovenzuelo espigado, 21 años, Derek interesa allá donde va porque surfea sin ver. Es ciego. Se echa a la mar con su tabla, escucha el rumor, un grito –izquierda o derecha- y empieza a remar; trepa las olas con la misma facilidad con que las baja. Es el primer surfista ciego que ha surfeado el famoso Pipeline de la isla de Oahu en Hawaii.
El fin de semana pasado, el campeonato del mundo de surf llegó a Rio de Janeiro. Las grandes estrellas competían: Kelly Slater, Adriano Da Souza, Mick Fanning, Jordy Smith… El viernes se celebraban las penúltimas clasificatorias y justo a la hora marcada, cuando algunos de los de arriba se pegaban con las olas, Derek dejó la arena para contestar preguntas. ¿Cuándo empezaste a surfear? De pequeño. ¿Cuál es tu surfista favorito? Me gustan todos. ¿Qué sentiste al subirte a la ola por primera vez? Fue una experiencia mágica… ¿El surf es una cosa de familia? No, solo mi padre y yo. ¿Nadie más, ni tu madre ni nada? No. Ajam… Bueno, mi tío también. Ah, el tío también.
Un poco parco, pero quizá sea normal. Derek ha contestado tantas preguntas a tantos periodistas que mecaniza el proceso de respuestas para volver a sus quehaceres lo antes posible, en este caso, el torneo. No recuerda cuántas entrevistas ha concedido, pero sí que todo empezó hace cosa de año y medio. Desde entonces, un americano de nombre Brian Jennings documenta su vida, cámara en mano, con la intención de explicar al mundo su hazaña.

Hace una semana, de hecho, Jennings oficiaba de maestro de ceremonias en un acto de apoyo/exaltación a Derek. Fue en una iglesia evangélica, en el ala sur de un centro comercial, justo encima de una oficina del Banco de Brasil a las afueras de Río. Un grupo de rock arengaba a los feligreses minutos antes del evento –Minha suerte está en ti Jesus, na na na… Luego apareció Jennings, que explicó que había conocido a Derek en el estado norteño de Bahía, vecino de Espíritu Santo, hogar del surfista. “Vimos que su vida merecía algo más grande que vídeos de youtube”, explicó.
Jennings aprovechó para mostrar parte del material recopilado. Salía Derek acompañado de alguno de los riders más conocidos del planeta. Aparecía por ejemplo Laird Hamilton –famoso por su papel en Los vigilantes de la playa-, Bethany Hamilton –que pese a perder un brazo por culpa de un tiburón está entre las 30 mejores surfistas del mundo-, o el mismo Kelly Slater. En el video, Slater, once veces campeón del mundo, se ponía una venda en los ojos y trataba de surfear en las mismas condiciones que Derek. Jennings le preguntaba más tarde y Slater contestaba: “Wau, this is heavy”. “Anything else?”, preguntó Jennings, “No, that’s it”, dijo Slater. Un hombre de pocas palabras.
Cuando acabó la entrevista, Derek pidió a su padre que escribiera en la libreta el nombre de las marcas que le patrocinan, que son unas cuantas. Derek se ha convertido en una celebridad y sus pies, sus ojos, su cuerpo entero es objeto de deseo de las multinacionales. También su espíritu: una iglesia evangélica de Hawaii apoya su cruzada de superación personal.
El domingo, cuando acabase el campeonato, padre e hijo tenían previsto volver a Guaraparí, la ciudad en que residen en Espirito Santo. Ernesto, el padre, contesta preguntas no formuladas por aquello de completar al hijo: “Derek era muy movido de pequeño, muy movido, no paraba” y mueve los brazos, de un lado al otro, como si contuviese al chiquillo. Pero Derek ya se fue; encara el hall del hotel con su bastón y espera a su compañero. El domingo volverá a casa y seguirá con sus estudios de educación física –está en primero; probablemente surfee –“freesurf, nada más”, o sea, que no le gusta competir; solo para divertirse- y esperará que el Flamengo avance en la Copa de Brasil. Como dice él, “hay que tener fe en Dios, determinación y fuerza de voluntad”. Y esa fue su frase más larga.

Derek Rabelo quiere volver a la playa. Su única intención es escapar del lobby del hotel, de la mesa, las preguntas y las respuestas y regresar a la arena. Por eso mueve la cabeza nervioso y, de paso, altera a su padre. A los quince minutos, pregunta si ya hemos acabado la entrevista; si se puede ir. Claro, claro… ¿Qué le vas a decir?
Jovenzuelo espigado, 21 años, Derek interesa allá donde va porque surfea sin ver. Es ciego. Se echa a la mar con su tabla, escucha el rumor, un grito –izquierda o derecha- y empieza a remar; trepa las olas con la misma facilidad con que las baja. Es el primer surfista ciego que ha surfeado el famoso Pipeline de la isla de Oahu en Hawaii.
El fin de semana pasado, el campeonato del mundo de surf llegó a Rio de Janeiro. Las grandes estrellas competían: Kelly Slater, Adriano Da Souza, Mick Fanning, Jordy Smith… El viernes se celebraban las penúltimas clasificatorias y justo a la hora marcada, cuando algunos de los de arriba se pegaban con las olas, Derek dejó la arena para contestar preguntas. ¿Cuándo empezaste a surfear? De pequeño. ¿Cuál es tu surfista favorito? Me gustan todos. ¿Qué sentiste al subirte a la ola por primera vez? Fue una experiencia mágica… ¿El surf es una cosa de familia? No, solo mi padre y yo. ¿Nadie más, ni tu madre ni nada? No. Ajam… Bueno, mi tío también. Ah, el tío también.
Un poco parco, pero quizá sea normal. Derek ha contestado tantas preguntas a tantos periodistas que mecaniza el proceso de respuestas para volver a sus quehaceres lo antes posible, en este caso, el torneo. No recuerda cuántas entrevistas ha concedido, pero sí que todo empezó hace cosa de año y medio. Desde entonces, un americano de nombre Brian Jennings documenta su vida, cámara en mano, con la intención de explicar al mundo su hazaña.

Hace una semana, de hecho, Jennings oficiaba de maestro de ceremonias en un acto de apoyo/exaltación a Derek. Fue en una iglesia evangélica, en el ala sur de un centro comercial, justo encima de una oficina del Banco de Brasil a las afueras de Río. Un grupo de rock arengaba a los feligreses minutos antes del evento –Minha suerte está en ti Jesus, na na na… Luego apareció Jennings, que explicó que había conocido a Derek en el estado norteño de Bahía, vecino de Espíritu Santo, hogar del surfista. “Vimos que su vida merecía algo más grande que vídeos de youtube”, explicó.
Jennings aprovechó para mostrar parte del material recopilado. Salía Derek acompañado de alguno de los riders más conocidos del planeta. Aparecía por ejemplo Laird Hamilton –famoso por su papel en Los vigilantes de la playa-, Bethany Hamilton –que pese a perder un brazo por culpa de un tiburón está entre las 30 mejores surfistas del mundo-, o el mismo Kelly Slater. En el video, Slater, once veces campeón del mundo, se ponía una venda en los ojos y trataba de surfear en las mismas condiciones que Derek. Jennings le preguntaba más tarde y Slater contestaba: “Wau, this is heavy”. “Anything else?”, preguntó Jennings, “No, that’s it”, dijo Slater. Un hombre de pocas palabras.
Cuando acabó la entrevista, Derek pidió a su padre que escribiera en la libreta el nombre de las marcas que le patrocinan, que son unas cuantas. Derek se ha convertido en una celebridad y sus pies, sus ojos, su cuerpo entero es objeto de deseo de las multinacionales. También su espíritu: una iglesia evangélica de Hawaii apoya su cruzada de superación personal.
El domingo, cuando acabase el campeonato, padre e hijo tenían previsto volver a Guaraparí, la ciudad en que residen en Espirito Santo. Ernesto, el padre, contesta preguntas no formuladas por aquello de completar al hijo: “Derek era muy movido de pequeño, muy movido, no paraba” y mueve los brazos, de un lado al otro, como si contuviese al chiquillo. Pero Derek ya se fue; encara el hall del hotel con su bastón y espera a su compañero. El domingo volverá a casa y seguirá con sus estudios de educación física –está en primero; probablemente surfee –“freesurf, nada más”, o sea, que no le gusta competir; solo para divertirse- y esperará que el Flamengo avance en la Copa de Brasil. Como dice él, “hay que tener fe en Dios, determinación y fuerza de voluntad”. Y esa fue su frase más larga.

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