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11 de mayo 2011    /   CREATIVIDAD
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El teatro de Badalona que resurgió del olvido

11 de mayo 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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Llevaba años infrautilizado en un estado de semiolvido físico y existencial. Se cerró un tiempo y se volvió a abrir. Sirvió de cine y luego de teatro. Pero la sensación de que el Teatre Principal de Badalona había vivido tiempos mejores seguía allí hasta que llegó su tabla de salvación. El ayuntamiento de la ciudad vió en la reforma del edificio una oportunidad para rellenar el vació que existía en espacios de tamaño medio en esta localidad colindante a Barcelona. El proyecto cayó en manos del estudio de arquitectura AIA Salazar-Navarro y este es el resultado.
Tras un año y 4 meses de obras, lo que queda del antiguo teatro es la fachada y los laterales del exterior potenciado con un nuevo tratamiento. Una tipografía iluminada de corte racionalista anuncia el nuevo espacio en honor a su herencia estética de los años 30, pero el homenaje al pasado acaba allí.
(Fotos de Ariel Ramirez)


El interior se ha cambiado por completo. La nueva sala introduce unas gradas con capacidad para sentar hasta a 400 personas, pero también la opción de dividir la sala en dos para programar distintas funciones “no al mismo tiempo por temas de sonido, pero sí en el mismo día”, cuenta Albert Salazar, cofundador del estudio de arquitectura AIA Salazar-Navarro y responsable del proyecto junto con Joan Carles Navarro.

En línea con la tendencia a construir teatros polivalentes, el espacio cuenta con unas gradas retráctiles con la capacidad para desmontar el escenario que convierte al lugar en una sala de actos con capacidad para 850 personas de pie.

Se ha creado además un nuevo hall en la entrada para dar protagonismo a una zona que congrega al público antes y después de cada función. En esta parte del edificio, un enorme vinilo a escala real replica la imagen de un patio de butacas . “Es una manera simbólica de hacer vivir al asistente esa sensación que tiene el actor cuando entra en escena. Esta misma imagen se puede ver desde la calle, algo que crea una situación de despiste para el viandante que por un segundo puede llegar a pensar que está delante del público”, añade Navarro.

El Teatre Principal ya tiene un nuevo cometido y, de paso, la ciudad se ha quitado la espina de tener en el olvido este espacio cultural. “Ese sitio emblemático de valor sentimental ya no es un estorbo y hoy vuelve a estar al servicio de los ciudadanos”.






 


Llevaba años infrautilizado en un estado de semiolvido físico y existencial. Se cerró un tiempo y se volvió a abrir. Sirvió de cine y luego de teatro. Pero la sensación de que el Teatre Principal de Badalona había vivido tiempos mejores seguía allí hasta que llegó su tabla de salvación. El ayuntamiento de la ciudad vió en la reforma del edificio una oportunidad para rellenar el vació que existía en espacios de tamaño medio en esta localidad colindante a Barcelona. El proyecto cayó en manos del estudio de arquitectura AIA Salazar-Navarro y este es el resultado.
Tras un año y 4 meses de obras, lo que queda del antiguo teatro es la fachada y los laterales del exterior potenciado con un nuevo tratamiento. Una tipografía iluminada de corte racionalista anuncia el nuevo espacio en honor a su herencia estética de los años 30, pero el homenaje al pasado acaba allí.
(Fotos de Ariel Ramirez)


El interior se ha cambiado por completo. La nueva sala introduce unas gradas con capacidad para sentar hasta a 400 personas, pero también la opción de dividir la sala en dos para programar distintas funciones “no al mismo tiempo por temas de sonido, pero sí en el mismo día”, cuenta Albert Salazar, cofundador del estudio de arquitectura AIA Salazar-Navarro y responsable del proyecto junto con Joan Carles Navarro.

En línea con la tendencia a construir teatros polivalentes, el espacio cuenta con unas gradas retráctiles con la capacidad para desmontar el escenario que convierte al lugar en una sala de actos con capacidad para 850 personas de pie.

Se ha creado además un nuevo hall en la entrada para dar protagonismo a una zona que congrega al público antes y después de cada función. En esta parte del edificio, un enorme vinilo a escala real replica la imagen de un patio de butacas . “Es una manera simbólica de hacer vivir al asistente esa sensación que tiene el actor cuando entra en escena. Esta misma imagen se puede ver desde la calle, algo que crea una situación de despiste para el viandante que por un segundo puede llegar a pensar que está delante del público”, añade Navarro.

El Teatre Principal ya tiene un nuevo cometido y, de paso, la ciudad se ha quitado la espina de tener en el olvido este espacio cultural. “Ese sitio emblemático de valor sentimental ya no es un estorbo y hoy vuelve a estar al servicio de los ciudadanos”.






 

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