5 de mayo 2011    /   CREATIVIDAD
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El tótem de la portada de Yorokobu

5 de mayo 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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Decían los Ojibwa (los indios originarios de América del Norte) que estos animales tienen magia. Que son sobrenaturales. Que están henchidos de significados. Eso fue hace miles de años. Pero el tiempo, a veces, se pierde en el tiempo y no le importa nada. Ni dónde, ni cuándo, ni cómo, ni por qué.
No importa que Pablo Abad sea un hombre actual que nunca vio a un Ojibwa. Ni que jamás estuviera en esa América en la que un tótem tenía fuerzas sobrenaturales más poderosas que El Increíble Hulk y altísimas atribuciones espirituales. El diseñador ha construido un tótem que encierra tantos significados como los que hacían los indios americanos para diseñar la portada de mayo de la revista Yorokobu.
El cuerpo del tótem (que, en su paralelismo animal, es un búho) está formado por la palabra Yorokobu.
El esqueleto se compone de una tipografía que ha diseñado solo y únicamente para dar vida a este tótem. Empezó por la Y, siguió por la O… Fue haciendo cada una de las letras según el orden que establece la palabra Yorokobu. “Me gusta hacer tipografías especiales”, comenta. “De ahí surgió la idea: ¿Y si hago con la tipo un tótem?”. Y lo hizo. Era su primer tótem o, en otras palabras, un deseo antiguo materializado, finalmente, en forma de portada.
En sus colores están las tonalidades de los nativos de América del Norte, los que llevaban en sus adornos y que son, según los ve Pablo Abad, “estridentes” y “psicodélicos”. Pero el diseñador ha hecho algo que aquellos hombres no hicieron. Dar un “acabado medio metalizado” y un aspecto “medio retro”.
Situó en la cabeza del tótem un ojo. ¿Qué significado tiene ese ojo en el lugar donde lo que está en la tierra se conecta con el universo? “Es el sello de la casa”, dice el diseñador. “Dibujo ojos desde hace mucho tiempo. No sé por qué. Es algo inconsciente. Me fascina”. Pero, en el tótem, además de una elegante obsesión, el ojo es “símbolo de poder”.
Atrás queda el humo. Esos vectores de sensación deslizante y acuática simulan el movimiento redondeado del humo que traían los Ojibwa a sus ritos para comunicarse con otras personas e invocar a sus seres superiores.
Junto al tótem, dos flechas partidas. Rotas. Inservibles. ¿Por qué? “Porque es el fin de la violencia o el principio de la paz”.






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Decían los Ojibwa (los indios originarios de América del Norte) que estos animales tienen magia. Que son sobrenaturales. Que están henchidos de significados. Eso fue hace miles de años. Pero el tiempo, a veces, se pierde en el tiempo y no le importa nada. Ni dónde, ni cuándo, ni cómo, ni por qué.
No importa que Pablo Abad sea un hombre actual que nunca vio a un Ojibwa. Ni que jamás estuviera en esa América en la que un tótem tenía fuerzas sobrenaturales más poderosas que El Increíble Hulk y altísimas atribuciones espirituales. El diseñador ha construido un tótem que encierra tantos significados como los que hacían los indios americanos para diseñar la portada de mayo de la revista Yorokobu.
El cuerpo del tótem (que, en su paralelismo animal, es un búho) está formado por la palabra Yorokobu.
El esqueleto se compone de una tipografía que ha diseñado solo y únicamente para dar vida a este tótem. Empezó por la Y, siguió por la O… Fue haciendo cada una de las letras según el orden que establece la palabra Yorokobu. “Me gusta hacer tipografías especiales”, comenta. “De ahí surgió la idea: ¿Y si hago con la tipo un tótem?”. Y lo hizo. Era su primer tótem o, en otras palabras, un deseo antiguo materializado, finalmente, en forma de portada.
En sus colores están las tonalidades de los nativos de América del Norte, los que llevaban en sus adornos y que son, según los ve Pablo Abad, “estridentes” y “psicodélicos”. Pero el diseñador ha hecho algo que aquellos hombres no hicieron. Dar un “acabado medio metalizado” y un aspecto “medio retro”.
Situó en la cabeza del tótem un ojo. ¿Qué significado tiene ese ojo en el lugar donde lo que está en la tierra se conecta con el universo? “Es el sello de la casa”, dice el diseñador. “Dibujo ojos desde hace mucho tiempo. No sé por qué. Es algo inconsciente. Me fascina”. Pero, en el tótem, además de una elegante obsesión, el ojo es “símbolo de poder”.
Atrás queda el humo. Esos vectores de sensación deslizante y acuática simulan el movimiento redondeado del humo que traían los Ojibwa a sus ritos para comunicarse con otras personas e invocar a sus seres superiores.
Junto al tótem, dos flechas partidas. Rotas. Inservibles. ¿Por qué? “Porque es el fin de la violencia o el principio de la paz”.






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Opiniones 2
  • Jau Gran jefe Ojibwa, ilustrador de la pradera. Gracias por la explicación; esta bien lo de tangibilizar algunos intangibles… y no por hecho que todo el mundo lo entiende , y los interpreta univocamente.
    Sobre las portadas de Yorokobu…y sus “intangibles” (de colección Todas ellas!) me llamó la atencion el salto -del num. 16 al 17- del claim de “take a walk on the brand side” … a “take a walk on the slow side” … que veo que se ha instalado en este numero 18.
    Al principio entendí -interpreté- que era un guiño a los contenidos y reivindicaciones del movimiento slow que a veces disfrutamos ene sus paginas -o en este blog- … pero al ver que se repite… ¿es un cambuio de claim? , un reposicionamiento de Yorokobu, habia el territorio Slow?
    whatever… lo que tenga el movimiento slow de disfrute de los momentos de calidad, de experiencia de descubrimiento personal, de salir de la rueda de hamster para tener perspectiva y ver la realidad desde otro angulo, a otro ritmo, identificando los arboles del bosque, sus cortezas y su armonico cambio estacional, de deleite en la calidad… eso también (me) sucede al pasar las paginas de cualquier numero de Yorokobu; Al final… ser slow, es ser feliz.
    asi que … buen paso!

    • ¡Wow! Qué observador eres, Nacho. Efectivamente. Hemos cambiado nuestro tagline de ‘Take a walk on the brand side‘ a ‘Take a walk on the slow side‘.
      Empezamos enfocando nuestro contenido mirando, sobre todo, a lo que hacen las marcas. Muy poco tiempo después nos dimos cuenta de que hay demasiadas cosas apasionantes ahí fuera como para limitarnos a lo que hacen las empresas. Decidimos mirar más allá y, en consecuencia, reemplazamos la palabra ‘marca’ por el término ‘slow’ (calidad, disfrute, vitalidad…). Como bien dices, somos acólitos del slow (¡o lo intentamos!).
      Muchas gracias por tu comentario. Como siempre, lleno de lucidez.
      : )

  • Comentarios cerrados.

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