18 de agosto 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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El único pasajero a bordo de un avión y lo dejan en clase turista

18 de agosto 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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El pasajero Nigel Short, mr Short para los amigos, puede presumir de haber volado solo en un avión de Air Zimbabwe desde Johanesburgo —ese lugar donde Iniesta de mi vida hizo historia— a las cataratas Victoria.
En el mostrador de facturación ya le avisaron de que el vuelo no iba lleno; es más, que iría con tres personas más, a pesar de que la aeronave tenía capacidad para 105 pasajeros.
Nada más llegar al embarque se preocupó al ver que allí había menos gente que en una sobremesa de agosto en el lejano oeste. Al parecer él iba a ser el único pasajero a bordo. El vuelo había sido reprogramado y los otros pasajeros habían decidido coger uno que salía más temprano.
La sensación de estar solo y no tener a nadie a quien suplicar en momentos de turbulencias extremas tiene que ser muy extraña. Pero más extraño debe de ser que aunque tengas billete en clase turista no te inviten a pasar a la clase business. Y, todavía más, que no te saquen ni unos cacahuetes aunque estén ‘reveníos’.
Otra sensación, esta extraña y además cachonda, es que al ser el único cliente la tripulación te personalice los mensajes con un «Mr Short, vamos a 15.000 pies y estamos sobrevolando una de las siete maravillas del mundo. Disfrútelo bien porque la próxima vez puede que le toque al lado a un niño histérico o un alcohólico que no le deje hacerlo».
El maestro en ajedrez ha volado a más de cien países y nunca había tenido la ocasión de experimentar algo similar. Siempre hay una primera vez para todo, pero la próxima, que sea en business.
Con información de BBC.

Estos artículos, escritos por PARECE DEL MUNDO TODAY, pueden ser a veces interpretaciones ficticias y humorísticas de noticias reales que aparecen en medios de comunicación.

El pasajero Nigel Short, mr Short para los amigos, puede presumir de haber volado solo en un avión de Air Zimbabwe desde Johanesburgo —ese lugar donde Iniesta de mi vida hizo historia— a las cataratas Victoria.
En el mostrador de facturación ya le avisaron de que el vuelo no iba lleno; es más, que iría con tres personas más, a pesar de que la aeronave tenía capacidad para 105 pasajeros.
Nada más llegar al embarque se preocupó al ver que allí había menos gente que en una sobremesa de agosto en el lejano oeste. Al parecer él iba a ser el único pasajero a bordo. El vuelo había sido reprogramado y los otros pasajeros habían decidido coger uno que salía más temprano.
La sensación de estar solo y no tener a nadie a quien suplicar en momentos de turbulencias extremas tiene que ser muy extraña. Pero más extraño debe de ser que aunque tengas billete en clase turista no te inviten a pasar a la clase business. Y, todavía más, que no te saquen ni unos cacahuetes aunque estén ‘reveníos’.
Otra sensación, esta extraña y además cachonda, es que al ser el único cliente la tripulación te personalice los mensajes con un «Mr Short, vamos a 15.000 pies y estamos sobrevolando una de las siete maravillas del mundo. Disfrútelo bien porque la próxima vez puede que le toque al lado a un niño histérico o un alcohólico que no le deje hacerlo».
El maestro en ajedrez ha volado a más de cien países y nunca había tenido la ocasión de experimentar algo similar. Siempre hay una primera vez para todo, pero la próxima, que sea en business.
Con información de BBC.

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