14 de enero 2020    /   IDEAS
por
 

¿Es el valor una cuestión de género?

14 de enero 2020    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Ser muy hombre ha sido por lo general sinónimo de ser valiente. Por eso estas dos palabras, valor y hombría, han viajado siempre de la mano. Por contra, si un varón mostraba cobardía ante cualquier enfrentamiento, se decía que se portaba como una mujer.

Así, el valor como valor ha sido desde antiguo uno de los elementos más redundantes en la separación de género. Separación que, por otra parte, siempre fue interesada.

En las tribus primitivas se elegía como líder al más fuerte porque eso favorecía la supervivencia del conjunto. Pero ya desde entonces se cometió el error de confundir fuerza con valor, como si ambas cosas fueran lo mismo.

Más tarde, cuando la fuerza de un solo hombre no resultaba suficiente para defender a colectivos amplios, los líderes tuvieron que contar con más hombres para realizar el trabajo. Fue entonces cuando el valor cobró más importancia que la fuerza, porque esta no podía ser exigible a todo el mundo y aquel sí.

El valor se transformó entonces en moneda de cambio, pues podía ser reconocido, admirado y recompensado hasta tal punto que muchos hombres solían perder su vida por demostrarlo.

Con el advenimiento de las naciones y de las guerras que precisaban de grandes masas de soldados, el valor dejó de ser un hecho individual para convertirse en algo exigible a todos los contendientes.

Hay un libro titulado No esperamos volver vivos: Testimonios de kamikazes y soldados japoneses en el que aparecen las cartas que estos jóvenes enviaron a sus familias antes de lanzarse contra los navíos enemigos. En ellas, muchos reconocían tener miedo a esa muerte segura a la que se enfrentaban. Y más aún, siendo conscientes de que a esas alturas la guerra ya estaba perdida. Pero tuvieron el valor suficiente para presentarse voluntarios porque ese era su deber.

Resulta sobrecogedora la cantidad de hombres a los que han matado esas dos palabras.

Lo curioso es que, en la actualidad, la incorporación de la mujer a colectivos que antes les estaban casi vetados, como el ejército, las fuerzas de seguridad del Estado, etc. no haya trastocado en absoluto el contenido de esas palabras. Es un tema por el que muchas feministas suelen pasar de puntillas para no meterse en charcos.

Y es una lástima, porque el valor exclusivamente masculinizado es un concepto mucho más estrecho que el valor en su sentido más amplio.

Un soldado que ha matado desde su búnker a muchos enemigos no ha demostrado valor, ha demostrado buena puntería. En cambio, sobrevivir a una violación es notablemente más valeroso porque en ese caso no cuentas ni con el sentido del deber de los kamikazes ni con la fuerza bruta de los líderes tribales.

Resulta muy difícil redefinir conceptos que han jugado papeles tan determinantes a través de la Historia. Pero ahora que muchas mujeres pilotan aviones de combate, dirigen ejércitos o llevan una placa y una pistola en su cintura no deberíamos perder la oportunidad de desligar la palabra valor de su condición exclusivamente masculina. Tal vez así descubramos que el valor es algo mucho más profundo, sutil y meritorio de lo que pensábamos.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Ser muy hombre ha sido por lo general sinónimo de ser valiente. Por eso estas dos palabras, valor y hombría, han viajado siempre de la mano. Por contra, si un varón mostraba cobardía ante cualquier enfrentamiento, se decía que se portaba como una mujer.

Así, el valor como valor ha sido desde antiguo uno de los elementos más redundantes en la separación de género. Separación que, por otra parte, siempre fue interesada.

En las tribus primitivas se elegía como líder al más fuerte porque eso favorecía la supervivencia del conjunto. Pero ya desde entonces se cometió el error de confundir fuerza con valor, como si ambas cosas fueran lo mismo.

Más tarde, cuando la fuerza de un solo hombre no resultaba suficiente para defender a colectivos amplios, los líderes tuvieron que contar con más hombres para realizar el trabajo. Fue entonces cuando el valor cobró más importancia que la fuerza, porque esta no podía ser exigible a todo el mundo y aquel sí.

El valor se transformó entonces en moneda de cambio, pues podía ser reconocido, admirado y recompensado hasta tal punto que muchos hombres solían perder su vida por demostrarlo.

Con el advenimiento de las naciones y de las guerras que precisaban de grandes masas de soldados, el valor dejó de ser un hecho individual para convertirse en algo exigible a todos los contendientes.

Hay un libro titulado No esperamos volver vivos: Testimonios de kamikazes y soldados japoneses en el que aparecen las cartas que estos jóvenes enviaron a sus familias antes de lanzarse contra los navíos enemigos. En ellas, muchos reconocían tener miedo a esa muerte segura a la que se enfrentaban. Y más aún, siendo conscientes de que a esas alturas la guerra ya estaba perdida. Pero tuvieron el valor suficiente para presentarse voluntarios porque ese era su deber.

Resulta sobrecogedora la cantidad de hombres a los que han matado esas dos palabras.

Lo curioso es que, en la actualidad, la incorporación de la mujer a colectivos que antes les estaban casi vetados, como el ejército, las fuerzas de seguridad del Estado, etc. no haya trastocado en absoluto el contenido de esas palabras. Es un tema por el que muchas feministas suelen pasar de puntillas para no meterse en charcos.

Y es una lástima, porque el valor exclusivamente masculinizado es un concepto mucho más estrecho que el valor en su sentido más amplio.

Un soldado que ha matado desde su búnker a muchos enemigos no ha demostrado valor, ha demostrado buena puntería. En cambio, sobrevivir a una violación es notablemente más valeroso porque en ese caso no cuentas ni con el sentido del deber de los kamikazes ni con la fuerza bruta de los líderes tribales.

Resulta muy difícil redefinir conceptos que han jugado papeles tan determinantes a través de la Historia. Pero ahora que muchas mujeres pilotan aviones de combate, dirigen ejércitos o llevan una placa y una pistola en su cintura no deberíamos perder la oportunidad de desligar la palabra valor de su condición exclusivamente masculina. Tal vez así descubramos que el valor es algo mucho más profundo, sutil y meritorio de lo que pensábamos.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Las engañosas apariencias
Happy deathday to you!
‘La calor’ solo existe en Andalucía (e Hispanoamérica)
En el ojo ajeno: “La tele está llena de moscas”
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El rollo legal de las cookies

La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

ACEPTAR
Aviso de cookies