1 de febrero 2018    /   CINE/TV
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‘Autofac’, las pesadillas de Philip K. Dick siguen vigentes

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Autofac es el segundo episodio de Philip K. Dick’s Electric Dreams, serie de antología (de episodios no relacionados dramáticamente) producida por Amazon Prime. Tras ella se encuentra el guionista y productor ejecutivo Ronald D. Moore, que anteriormente capitaneó Star Trek, la nueva generación, Star Trek Voyager (la entrega trek que más apuesta por el feminismo) y Battlestar Galactica, entre otras propuestas de ciencia ficción.

El argumento describe un futuro tras una guerra nuclear –¿cuántas series se han producido en los últimos años con este tema?– en el que una fábrica crea y distribuye sin costes productos a una clientela que no los ha solicitado.

¿No sería un sueño que drones nos trajeran –todo gratis– cajas y cajas y cajas de nuestra lista de deseos… y más?

Para los protagonistas de Autofac es una pesadilla: la fábrica y distribuidora necesita ingentes recursos para que la producción no se detenga. La fábrica funciona de manera automática siguiendo una vieja instrucción de los tiempos más feroces del capitalismo: la producción no puede parar. La fábrica existe porque produce y distribuye objetos: si dejara de producir y distribuir, desaparecería. Explota los recursos que considera necesarios para que no se detenga el sistema. Recursos que escasean en un futuro posapocalíptico.

Los supervivientes forman una comuna que no usa más tecnología que la necesaria para vivir.

Hasta aquí, el planteamiento de Autofac se corresponde con el relato breve de Philip K. Dick escrito en 1965. Por supuesto, la adaptación introduce cambios acordes con nuestros tiempos como el acertado rol protagónico de una mujer –el sello Moore– y la tecnología de nuestro presente. (Los camiones repartidores de K. Dick son sustituidos por drones y los personajes utilizan portátiles). Otros cambios obedecen a la necesidad de cubrir una hora de espectáculo. Y esto tiene consecuencias.

La segunda mitad del episodio Autofac se aleja por completo de la resolución del relato original. Ronald D. Moore ha decidido mezclar un argumento propio con el de Dick, aunque no llega a traicionar del todo el espíritu del escritor. De todos modos, el resultado es coherente y el público puede encontrar agradable la fantasía (que no será revelada en este artículo).

Quizá las cuestiones más interesantes de debatir se encuentran en la primera parte de Autofac. Se refiere a nuestro presente. Las cuestiones que K. Dick se planteó en 1965 no han sido resueltas.

El relato original parte del miedo de K. Dick a una guerra nuclear. Un miedo compartido por millones de personas a mediados de los 60 tras la crisis de los misiles entre Cuba, Estados Unidos y la URSS en octubre de 1962. («Creíamos que íbamos a morir todos», he escuchado a personas mayores de 65). Es un momento histórico dentro de la Edad de oro del capitalismo y sus excedentes de producción, que fue necesario colocar incentivando el consumo con la publicidad.

K. Dick ya imaginó en 1965 nuestro presente de ropa y tecnología tan baratas (tanto como perecedera), que nos hace comprarlas por impulso. «Si no funciona… solo son cuatro euros». Así convertimos nuestros armarios y cajones occidentales en depositarios de productos con su envoltorio y su etiqueta… por si acaso.

Se crea una paradoja: Electric Dreams se estrena el año que Amazon crea la tienda automatizada sin vendedores y la entrega de paquetes a través de drones parece cercana. Amazon parece guiñar de forma perversa o bromista.

Autofac es el segundo episodio de Philip K. Dick’s Electric Dreams, serie de antología (de episodios no relacionados dramáticamente) producida por Amazon Prime. Tras ella se encuentra el guionista y productor ejecutivo Ronald D. Moore, que anteriormente capitaneó Star Trek, la nueva generación, Star Trek Voyager (la entrega trek que más apuesta por el feminismo) y Battlestar Galactica, entre otras propuestas de ciencia ficción.

El argumento describe un futuro tras una guerra nuclear –¿cuántas series se han producido en los últimos años con este tema?– en el que una fábrica crea y distribuye sin costes productos a una clientela que no los ha solicitado.

¿No sería un sueño que drones nos trajeran –todo gratis– cajas y cajas y cajas de nuestra lista de deseos… y más?

Para los protagonistas de Autofac es una pesadilla: la fábrica y distribuidora necesita ingentes recursos para que la producción no se detenga. La fábrica funciona de manera automática siguiendo una vieja instrucción de los tiempos más feroces del capitalismo: la producción no puede parar. La fábrica existe porque produce y distribuye objetos: si dejara de producir y distribuir, desaparecería. Explota los recursos que considera necesarios para que no se detenga el sistema. Recursos que escasean en un futuro posapocalíptico.

Los supervivientes forman una comuna que no usa más tecnología que la necesaria para vivir.

Hasta aquí, el planteamiento de Autofac se corresponde con el relato breve de Philip K. Dick escrito en 1965. Por supuesto, la adaptación introduce cambios acordes con nuestros tiempos como el acertado rol protagónico de una mujer –el sello Moore– y la tecnología de nuestro presente. (Los camiones repartidores de K. Dick son sustituidos por drones y los personajes utilizan portátiles). Otros cambios obedecen a la necesidad de cubrir una hora de espectáculo. Y esto tiene consecuencias.

La segunda mitad del episodio Autofac se aleja por completo de la resolución del relato original. Ronald D. Moore ha decidido mezclar un argumento propio con el de Dick, aunque no llega a traicionar del todo el espíritu del escritor. De todos modos, el resultado es coherente y el público puede encontrar agradable la fantasía (que no será revelada en este artículo).

Quizá las cuestiones más interesantes de debatir se encuentran en la primera parte de Autofac. Se refiere a nuestro presente. Las cuestiones que K. Dick se planteó en 1965 no han sido resueltas.

El relato original parte del miedo de K. Dick a una guerra nuclear. Un miedo compartido por millones de personas a mediados de los 60 tras la crisis de los misiles entre Cuba, Estados Unidos y la URSS en octubre de 1962. («Creíamos que íbamos a morir todos», he escuchado a personas mayores de 65). Es un momento histórico dentro de la Edad de oro del capitalismo y sus excedentes de producción, que fue necesario colocar incentivando el consumo con la publicidad.

K. Dick ya imaginó en 1965 nuestro presente de ropa y tecnología tan baratas (tanto como perecedera), que nos hace comprarlas por impulso. «Si no funciona… solo son cuatro euros». Así convertimos nuestros armarios y cajones occidentales en depositarios de productos con su envoltorio y su etiqueta… por si acaso.

Se crea una paradoja: Electric Dreams se estrena el año que Amazon crea la tienda automatizada sin vendedores y la entrega de paquetes a través de drones parece cercana. Amazon parece guiñar de forma perversa o bromista.

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