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20 de febrero 2018    /   CREATIVIDAD
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Elisa y Marcela, las españolas que se casaron en 1901

20 de febrero 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas se enamoraron antes de tiempo. Ocurrió en la década de 1880, cuando su amor rompía todas las concepciones del mundo. Estaban en la Escuela de Magisterio de La Coruña el día que se vieron por primera vez. Marcela era estudiante y Elisa, profesora.

Ninguna de ellas se casó, como se esperaba de una mujer de su época. En su lugar, construyeron un hogar juntas. Residieron en distintas localidades de La Coruña hasta que en 1901 decidieron contraer matrimonio.

Aquello era tan osado como pegar un mordisco en el culo a Dios. Elisa se vistió de hombre, se hizo pasar por Mario y el 8 de junio se celebró el casorio en La Coruña. A los pocos días volvieron al pueblo donde antes habían vivido como dos mujeres y los vecinos, con los ojos como platos, contaron lo sucedido a la prensa.

Los periódicos pusieron el grito en el cielo; los curas y la guardia civil fueron a por ellas; un juez decretó una orden de busca y captura. Elisa y Marcela echaron a correr y llegaron a Oporto. Allí emprendieron una nueva vida en la que el antiguo Mario se convirtió en Pepe.

folletin elisa marcela

El refugio de Portugal saltó por los aires cuando, el 18 de agosto, las encontró la policía lusa. Las detuvieron; las encarcelaron. Pero esta vez sus vecinos y la prensa portuguesa no las lincharon; les dieron su apoyo. Un periódico decía en grandes titulares: «Se produce en Portugal un movimiento de solidaridad con las dos españolas matrimoniadas».

En España exigían su extradición, pero antes de enviarlas de nuevo a las cavernas, las juzgaron en Portugal. Absueltas. Allí no encontraron ningún delito.

Y lograron escapar de nuevo de la guardia civil. Algún buque las llevó a Argentina y ahí empezó a perderse su historia.

Emilia Pardo Bazán, coetánea de Marcela y Elisa, también estaba con ellas: «Declaro que, para conseguir esta transmigración de hembra a hombre se necesita una habilidad extraordinaria, y que quien la ha realizado, cualesquiera que sean sus fines, no es un ser vulgar».

Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas se enamoraron antes de tiempo. Ocurrió en la década de 1880, cuando su amor rompía todas las concepciones del mundo. Estaban en la Escuela de Magisterio de La Coruña el día que se vieron por primera vez. Marcela era estudiante y Elisa, profesora.

Ninguna de ellas se casó, como se esperaba de una mujer de su época. En su lugar, construyeron un hogar juntas. Residieron en distintas localidades de La Coruña hasta que en 1901 decidieron contraer matrimonio.

Aquello era tan osado como pegar un mordisco en el culo a Dios. Elisa se vistió de hombre, se hizo pasar por Mario y el 8 de junio se celebró el casorio en La Coruña. A los pocos días volvieron al pueblo donde antes habían vivido como dos mujeres y los vecinos, con los ojos como platos, contaron lo sucedido a la prensa.

Los periódicos pusieron el grito en el cielo; los curas y la guardia civil fueron a por ellas; un juez decretó una orden de busca y captura. Elisa y Marcela echaron a correr y llegaron a Oporto. Allí emprendieron una nueva vida en la que el antiguo Mario se convirtió en Pepe.

folletin elisa marcela

El refugio de Portugal saltó por los aires cuando, el 18 de agosto, las encontró la policía lusa. Las detuvieron; las encarcelaron. Pero esta vez sus vecinos y la prensa portuguesa no las lincharon; les dieron su apoyo. Un periódico decía en grandes titulares: «Se produce en Portugal un movimiento de solidaridad con las dos españolas matrimoniadas».

En España exigían su extradición, pero antes de enviarlas de nuevo a las cavernas, las juzgaron en Portugal. Absueltas. Allí no encontraron ningún delito.

Y lograron escapar de nuevo de la guardia civil. Algún buque las llevó a Argentina y ahí empezó a perderse su historia.

Emilia Pardo Bazán, coetánea de Marcela y Elisa, también estaba con ellas: «Declaro que, para conseguir esta transmigración de hembra a hombre se necesita una habilidad extraordinaria, y que quien la ha realizado, cualesquiera que sean sus fines, no es un ser vulgar».

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Opiniones 4
  • Eso nos demuestra una vez más q cuando se desea una cosa si se quiere se consigue contra viento y marea, contra leyes y leguleyos, así tendríamos q actuar todos y no acomodarnos como nos pasa actualmente

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