1 de septiembre 2017    /   IDEAS
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¡Ella es mayor que él!

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Mucho se habla de las cuotas laborales, de la brecha salarial o de la ausencia de mujeres en los consejos de administración del IBEX 35, pero nada se dice de la barrera social que estigmatiza a las que eligen por compañero a un hombre que no había nacido cuando ellas echaron su primer polvo.

Es posible que no comulguemos con la política de Macron, pero adoramos a su mujer Brigitte y sobre todo a su valentía en este mundo hipócrita en el que los magnates septuagenarios pueden tener parejas 40 años menores y no sucede nada. Este cronista jamás ha tenido nada en contra de esas uniones, pero sí de la inexistencia del caso contrario.

Bernie Ecclestone, Hugh Hefner, Silvio Berlusconi, Luciano Pavarotti, Woody Allen o cualquiera de los Rolling Stones son algunos de los ejemplos famosos que han contribuido a normalizar esa práctica en tiempos modernos.

La opinión pública no pone ninguna objeción cuando se trata de pocos años de diferencia; dos, tres, cuatro… Pero si la brecha supera el lustro, los gestos se tuercen y la frase que se repite es: «Es que ella es mayor que él».

Es cierto que las millonarias son más infrecuentes que los millonarios, pero también existen, y de ninguna se sabe que se dedique a coleccionar chulazos, lo que lleva haciendo el mencionado Hugh Hefner desde hace décadas. Por cierto, la poligamia es delito en EEUU y por ello procesan de vez en cuando a algún mormón que se salta la norma, mientras el fundador de Playboy ha disfrutado de sus siete esposas desde hace muchos años, y además las ha ido renovando. Ello no impide que el pobre Hugh esté en las últimas y que pronto glosemos aquí su obituario, pero no nos desviemos.

A las mujeres se las crucifica mediáticamente por someterse a tratamientos de fertilidad que les permitan ser madres más allá de los 50

Las parejas asimétricas en las que ella supera largamente la edad de él se ven como una excentricidad circunscrita al mundo del espectáculo (ya saben, Ashton Kuchner con Demi Moore, etc.). Pero no se entiende ni acepta si se habla de la vecina del tercero, o de nuestra madre viuda o divorciada ¡o casada con nuestro padre! que se acaba de enamorar de un chaval que podría ser nuestro sobrino.

No hablamos de la fascinación lógica y natural de un joven por una mujer madura, como tantas veces se ha mostrado en el cine (El graduado es el mejor ejemplo), sino de cuando tu hijo te dice: «Papá, la mujer de la que me he enamorado nació antes que mamá».

Freud ha hecho mucho daño en este asunto como en muchos otros, y cualquier psicólogo o terapeuta de pacotilla nos dirá: «Buscas una madre, acostarte con ella es una fantasía que has logrado concretar ahora, por eso tu pareja es mayor que tú». El problema es que si tu pareja es solo 15 años mayor que tú, difícilmente podría haber sido tu madre.

Algunos de los hombres más inteligentes que conozco han decidido compartir su vida con mujeres que podrían ser no ya sus hijas, sino sus nietas, por lo que no tengo nada que objetar al respecto, más allá de afearles su incapacidad para amar a mujeres de su edad. La literatura ha normalizado también algo que simplemente sucede desde que existen crónicas (léase Cuando éramos huérfanos, de Kazuo Ishiguro).

Por otra parte, el argumento de la maternidad es bastante espinoso. Mientras Fernando Sánchez-Dragó tiene 81 años y un hijo de siete (y otro de 53) o Anthony Queen fue padre a la edad en que solo se suele ser abuelo, a las mujeres se las crucifica mediáticamente por someterse a tratamientos de fertilidad que les permitan ser madres más allá de los 50.

También la terminología es distintiva, desde el ya famoso acrónimo MILF (Mother I’d Love to Fuck) a la expresión cougar, para definir a una mujer «cazadora» de chicos jóvenes (cougar significa puma en inglés). Ninguna de las dos tiene equivalente masculino, y a estas alturas del siglo XXI ya todos sabemos que el lenguaje nunca es inocente.

Las parejas asimétricas en las que ella supera largamente la edad de él se ven como una excentricidad circunscrita al mundo del espectáculo

Conviene aclarar que este artículo habla del mundo occidental. Por desgracia, en culturas retrógradas y sobre las que planea la sombra del islam, la idea de una pareja en la que ella sea mayor que él es simplemente una blasfemia. De ahí los matrimonios que acuerdan las familias entre hombres viejos y niñas prepúberes; jamás entre mujeres maduras y niños. Tanto en remotas aldeas de Pakistán como en el corazón financiero de los Emiratos Árabes Unidos o de los reinos del Golfo.

El fenómeno televisivo First Dates es un espejo de los anhelos de muchas personas, y allí rara vez se ofrecen aspirantes con una brecha de edad superior a los cinco años, y jamás muestran posibles parejas en las que ella sea sensiblemente mayor que él. Si bien este programa ha logrado que sea normal ver en prime time a dos hombres besándose con lengua, nunca ha mostrado una pareja de un treinteañero con una mujer jubilada, cosa que sí ha hecho un anuncio de Aquarius, por cierto.

Alguna lectora lamentará que este artículo lo firme un hombre; me hago cargo, pero la próxima vez que lo escriba ella.

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Mucho se habla de las cuotas laborales, de la brecha salarial o de la ausencia de mujeres en los consejos de administración del IBEX 35, pero nada se dice de la barrera social que estigmatiza a las que eligen por compañero a un hombre que no había nacido cuando ellas echaron su primer polvo.

Es posible que no comulguemos con la política de Macron, pero adoramos a su mujer Brigitte y sobre todo a su valentía en este mundo hipócrita en el que los magnates septuagenarios pueden tener parejas 40 años menores y no sucede nada. Este cronista jamás ha tenido nada en contra de esas uniones, pero sí de la inexistencia del caso contrario.

Bernie Ecclestone, Hugh Hefner, Silvio Berlusconi, Luciano Pavarotti, Woody Allen o cualquiera de los Rolling Stones son algunos de los ejemplos famosos que han contribuido a normalizar esa práctica en tiempos modernos.

La opinión pública no pone ninguna objeción cuando se trata de pocos años de diferencia; dos, tres, cuatro… Pero si la brecha supera el lustro, los gestos se tuercen y la frase que se repite es: «Es que ella es mayor que él».

Es cierto que las millonarias son más infrecuentes que los millonarios, pero también existen, y de ninguna se sabe que se dedique a coleccionar chulazos, lo que lleva haciendo el mencionado Hugh Hefner desde hace décadas. Por cierto, la poligamia es delito en EEUU y por ello procesan de vez en cuando a algún mormón que se salta la norma, mientras el fundador de Playboy ha disfrutado de sus siete esposas desde hace muchos años, y además las ha ido renovando. Ello no impide que el pobre Hugh esté en las últimas y que pronto glosemos aquí su obituario, pero no nos desviemos.

A las mujeres se las crucifica mediáticamente por someterse a tratamientos de fertilidad que les permitan ser madres más allá de los 50

Las parejas asimétricas en las que ella supera largamente la edad de él se ven como una excentricidad circunscrita al mundo del espectáculo (ya saben, Ashton Kuchner con Demi Moore, etc.). Pero no se entiende ni acepta si se habla de la vecina del tercero, o de nuestra madre viuda o divorciada ¡o casada con nuestro padre! que se acaba de enamorar de un chaval que podría ser nuestro sobrino.

No hablamos de la fascinación lógica y natural de un joven por una mujer madura, como tantas veces se ha mostrado en el cine (El graduado es el mejor ejemplo), sino de cuando tu hijo te dice: «Papá, la mujer de la que me he enamorado nació antes que mamá».

Freud ha hecho mucho daño en este asunto como en muchos otros, y cualquier psicólogo o terapeuta de pacotilla nos dirá: «Buscas una madre, acostarte con ella es una fantasía que has logrado concretar ahora, por eso tu pareja es mayor que tú». El problema es que si tu pareja es solo 15 años mayor que tú, difícilmente podría haber sido tu madre.

Algunos de los hombres más inteligentes que conozco han decidido compartir su vida con mujeres que podrían ser no ya sus hijas, sino sus nietas, por lo que no tengo nada que objetar al respecto, más allá de afearles su incapacidad para amar a mujeres de su edad. La literatura ha normalizado también algo que simplemente sucede desde que existen crónicas (léase Cuando éramos huérfanos, de Kazuo Ishiguro).

Por otra parte, el argumento de la maternidad es bastante espinoso. Mientras Fernando Sánchez-Dragó tiene 81 años y un hijo de siete (y otro de 53) o Anthony Queen fue padre a la edad en que solo se suele ser abuelo, a las mujeres se las crucifica mediáticamente por someterse a tratamientos de fertilidad que les permitan ser madres más allá de los 50.

También la terminología es distintiva, desde el ya famoso acrónimo MILF (Mother I’d Love to Fuck) a la expresión cougar, para definir a una mujer «cazadora» de chicos jóvenes (cougar significa puma en inglés). Ninguna de las dos tiene equivalente masculino, y a estas alturas del siglo XXI ya todos sabemos que el lenguaje nunca es inocente.

Las parejas asimétricas en las que ella supera largamente la edad de él se ven como una excentricidad circunscrita al mundo del espectáculo

Conviene aclarar que este artículo habla del mundo occidental. Por desgracia, en culturas retrógradas y sobre las que planea la sombra del islam, la idea de una pareja en la que ella sea mayor que él es simplemente una blasfemia. De ahí los matrimonios que acuerdan las familias entre hombres viejos y niñas prepúberes; jamás entre mujeres maduras y niños. Tanto en remotas aldeas de Pakistán como en el corazón financiero de los Emiratos Árabes Unidos o de los reinos del Golfo.

El fenómeno televisivo First Dates es un espejo de los anhelos de muchas personas, y allí rara vez se ofrecen aspirantes con una brecha de edad superior a los cinco años, y jamás muestran posibles parejas en las que ella sea sensiblemente mayor que él. Si bien este programa ha logrado que sea normal ver en prime time a dos hombres besándose con lengua, nunca ha mostrado una pareja de un treinteañero con una mujer jubilada, cosa que sí ha hecho un anuncio de Aquarius, por cierto.

Alguna lectora lamentará que este artículo lo firme un hombre; me hago cargo, pero la próxima vez que lo escriba ella.

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Opiniones 3
  • Antonio, hace unos años que pienso y digo lo mismo que vos. Me da tristeza ver que mis amigas no lo comparten y me consuela enormemente que sea un hombre el que escribe el artículo.Voy a enviárselo a mis hijas, porque por suerte hay una juventud reflexiva y yatenta a estas cuestiones, a pesar de que Latinoamérica es todavía lastimosamente machista. Te mando mis cariños y mi agradecimiento desde Argentina

  • Te felicito por haberlo escrito tú; un hombre. Si lo hubieramos hecho nosotras se nos tacharía de «barrer para casa». Todavía hay mucho que hacer en «ingeniería de la mente social», la TV ayuda a «normalizar» va preparando el tejido. Pero creo que aún el interés de la supremacía del hombre en cuestiones sexuales, laborales, familiares, pareja… es evidente, punto de vista favorable. Mi pareja es 15 años más joven que yo. Conozco gente de más edad más jóvenes que gente de 20 años ( que parecen ya viejos). La edad es un número. El espíritu es lo que cuenta. Las relaciones intergeneracionales son muy enriquecedoras. Por cierto, mi anteríor pareja era 15 mayor que yo. 😉

  • Buenas!! Estoy saliendo con un chico 16 años más joven. Al principio éramos amigos pero viendo lo bien que conectamos decidimos intentarlo. Lo que más me fascina es que en un pueblo pequeño la gente nos mira bien porque, cito literalmente «ella parece mucho más joven» O sea, q si aparentase mi edad (40, por cierto) sería malo… Así q chicas, si estais buenas no pasa nada. Lo peor es que me lo dicen en plan halago. Estoy muy contenta con mi edad, no esmi intención aparentar nada y creo que «aprobar» este tipo de relaciones sólo por el físico dice mucho de lo enferma q está la sociedad, ya q los posibles problemas futuros (maternidad, envejecimiento, brecha generacional y todos los q se puedan llegar a inventar) siguen presentes… Eso si, soy más guapa q él. Entonces todo vale. Muy triste.

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