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3 de marzo 2015    /   DIGITAL
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Ella Robot

3 de marzo 2015    /   DIGITAL     por          
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En la historia del cine son muchas las películas de ciencia ficción en las que un artefacto de aspecto femenino revoluciona los deseos y los pensamientos de todos los hombres que pululan a su alrededor…
Ya en 1927 Fritz Lang rodó su incombustible Metrópolis, en la que Brigitte Helm encarnaba a María, una especie de androide femenino crucial en el desarrollo del argumento, y verdadera protagonista de la cinta, cuyo cartel oficial aún reverbera en nuestras retinas.

Pero esta tendencia se ha vuelto especialmente intensa en los últimos años. La brillante Eva (Kike Maillo, 2011), además de ser una peli española estupenda, elegante y sorprendente, plantea dilemas muy sutiles entre el protagonista (Daniel Brühl) y la ciencia de la robótica.

En la reciente Autómata (Gabe Ibáñez, 2014) producida e interpretada por nuestro Antonio Banderas, también hay un androide curvilíneo a pesar de su carita impersonal. El busto define al personaje, sea o no digital.

Antes, la inquietante Her (Spike Jonze, 2013) nos habla de una IA (Inteligencia Artificial), un software muy avanzado en forma de sistema operativo, que mantiene relaciones sentimentales, incluso genitales (rollo Skype, no se ilusionen) con sus usuarios. El siempre versátil Joaquin Phoenix encarna a un tipo que se enamora locamente del software que insufla vida (¿he escrito vida?) a su portátil. Hasta ahora, nadie jamás se enamoró de ninguna versión de Windows, ni del iOS, ni de Linux… Pero todo llegará. Siri, el asistente para los usuarios de iPhone, podría evolucionar en una década hasta límites incómodos…

En el fascinante y muy recomendable libro titulado De Galatea a Barbie, y subtitulado Autómatas, robots y otras figuras de la construcción femenina (Lengua de Trapo, 2010), una larga docena de autores y cuatro autoras abordan la cuestión germinal del mito griego de Pigmalión, quien crea a Galatea, la mujer perfecta, y se enamora de su propia obra.
Lo cierto es que en casi todas las pelis todas las robots son chicas o mujeres… Esto se sublima en la reciente Exmachina (Alex Garland, 2015). Maravillosa, fría (casi glacial, a decir verdad) e inteligente cinta que da varios pasos más allá. El creador de la androide protagonista (que en este caso se llama Ava, la obsesión por la Biblia palpita en todas estas películas) es un sosias de Mark Zuckerberg, que inventa una red social llamada Blue Book, de cuyo Big Data extrae el conocimiento necesario para programar la inteligencia artificial de la chica también artificial. Ojo, esto no es un espóiler y no diré nada que revele por dónde van los tiros…

Ojo, hay más títulos en los que se aborda esta cuestión, y algunos bien antiguos, como la británica The perfect woman (Bernard Knowles, 1949) o la soviética Humanoid Woman (Richard Viktorov, 1981).
Lo que me interesa es que siempre son androides femeninas (como Daryl Hannah dando vida a la histórica Pris en Blade Runner) las encargadas de dar placer a humanos.
Hay una excepción llamativa, y es el robot gigoló Mecha encarnado por Jude Law en la inquietante Artificial Intelligence, película imaginada y escrita parcialmente por Stanley Kubrick y filmada finalmente por Steven Spielberg en 2001, quien se encarga de fastidiar una obra maestra con media hora final para olvidar… pero ese es otro problema, recurrente en casi todas las películas de Spielberg.

Lo interesante es que en este filme el robot sexual es por primera vez un hombre, no una mujer. Y además hay una línea de diálogo esclarecedora. Mecha (Jude Law) dice algo así como: «Ninguna mujer que haya probado a un androide sexual masculino querrá volver a tener sexo con un hombre».
1metropolis
De casi todas estas películas se extrae una conclusión que los desarrolladores de IA y los expertos en neurociencia y robótica deberían tener en cuenta: la única posibilidad de que los robots no acaben con nosotros es dotarlos de emociones; solo así podrán sentir empatía por unos primates evolucionados pero siempre inferiores a ellos. Tendremos que aprender a pasar el test de Turing inverso, es decir, habremos de ser capaces de simular que somos máquinas para poder sobrevivir en un mundo de máquinas.
Mientras tanto… ¿Para cuándo un humano entrenado para dar placer a un robot?
Me ofrezco voluntario, desde estas páginas, y con ánimo de aprender…

En la historia del cine son muchas las películas de ciencia ficción en las que un artefacto de aspecto femenino revoluciona los deseos y los pensamientos de todos los hombres que pululan a su alrededor…
Ya en 1927 Fritz Lang rodó su incombustible Metrópolis, en la que Brigitte Helm encarnaba a María, una especie de androide femenino crucial en el desarrollo del argumento, y verdadera protagonista de la cinta, cuyo cartel oficial aún reverbera en nuestras retinas.

Pero esta tendencia se ha vuelto especialmente intensa en los últimos años. La brillante Eva (Kike Maillo, 2011), además de ser una peli española estupenda, elegante y sorprendente, plantea dilemas muy sutiles entre el protagonista (Daniel Brühl) y la ciencia de la robótica.

En la reciente Autómata (Gabe Ibáñez, 2014) producida e interpretada por nuestro Antonio Banderas, también hay un androide curvilíneo a pesar de su carita impersonal. El busto define al personaje, sea o no digital.

Antes, la inquietante Her (Spike Jonze, 2013) nos habla de una IA (Inteligencia Artificial), un software muy avanzado en forma de sistema operativo, que mantiene relaciones sentimentales, incluso genitales (rollo Skype, no se ilusionen) con sus usuarios. El siempre versátil Joaquin Phoenix encarna a un tipo que se enamora locamente del software que insufla vida (¿he escrito vida?) a su portátil. Hasta ahora, nadie jamás se enamoró de ninguna versión de Windows, ni del iOS, ni de Linux… Pero todo llegará. Siri, el asistente para los usuarios de iPhone, podría evolucionar en una década hasta límites incómodos…

En el fascinante y muy recomendable libro titulado De Galatea a Barbie, y subtitulado Autómatas, robots y otras figuras de la construcción femenina (Lengua de Trapo, 2010), una larga docena de autores y cuatro autoras abordan la cuestión germinal del mito griego de Pigmalión, quien crea a Galatea, la mujer perfecta, y se enamora de su propia obra.
Lo cierto es que en casi todas las pelis todas las robots son chicas o mujeres… Esto se sublima en la reciente Exmachina (Alex Garland, 2015). Maravillosa, fría (casi glacial, a decir verdad) e inteligente cinta que da varios pasos más allá. El creador de la androide protagonista (que en este caso se llama Ava, la obsesión por la Biblia palpita en todas estas películas) es un sosias de Mark Zuckerberg, que inventa una red social llamada Blue Book, de cuyo Big Data extrae el conocimiento necesario para programar la inteligencia artificial de la chica también artificial. Ojo, esto no es un espóiler y no diré nada que revele por dónde van los tiros…

Ojo, hay más títulos en los que se aborda esta cuestión, y algunos bien antiguos, como la británica The perfect woman (Bernard Knowles, 1949) o la soviética Humanoid Woman (Richard Viktorov, 1981).
Lo que me interesa es que siempre son androides femeninas (como Daryl Hannah dando vida a la histórica Pris en Blade Runner) las encargadas de dar placer a humanos.
Hay una excepción llamativa, y es el robot gigoló Mecha encarnado por Jude Law en la inquietante Artificial Intelligence, película imaginada y escrita parcialmente por Stanley Kubrick y filmada finalmente por Steven Spielberg en 2001, quien se encarga de fastidiar una obra maestra con media hora final para olvidar… pero ese es otro problema, recurrente en casi todas las películas de Spielberg.

Lo interesante es que en este filme el robot sexual es por primera vez un hombre, no una mujer. Y además hay una línea de diálogo esclarecedora. Mecha (Jude Law) dice algo así como: «Ninguna mujer que haya probado a un androide sexual masculino querrá volver a tener sexo con un hombre».
1metropolis
De casi todas estas películas se extrae una conclusión que los desarrolladores de IA y los expertos en neurociencia y robótica deberían tener en cuenta: la única posibilidad de que los robots no acaben con nosotros es dotarlos de emociones; solo así podrán sentir empatía por unos primates evolucionados pero siempre inferiores a ellos. Tendremos que aprender a pasar el test de Turing inverso, es decir, habremos de ser capaces de simular que somos máquinas para poder sobrevivir en un mundo de máquinas.
Mientras tanto… ¿Para cuándo un humano entrenado para dar placer a un robot?
Me ofrezco voluntario, desde estas páginas, y con ánimo de aprender…

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Opiniones 1
  • Lo primero de todo, me ha gustado mucho tu post. Extenso, pero sin ser pesado, con muchos detalles. Además, es un tema del que se suele hablar poco.
    Sin embargo, sí me gustaría comentar que la elección de un robot con rasgos femeninos no es casual, pero no por machismo inconsciente del autor (o autora) al escribir la historia. El autor (o autora) lo hace a propósito, generalmente como crítica a los seres humanos que la crean. En caso de Ex Machina es el más claro (SPOILERS): el inventor es un sociópata, y que cree sólo robots femeninas es sólo un ejemplo más de ello.

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