15 de diciembre 2017    /   IDEAS
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Ella tiene la culpa

15 de diciembre 2017    /   IDEAS     por          
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Estas cosas ocurren desde que Grecia y Troya son Grecia y Troya. Lo cuentan muy bien en Troyanas, la obra teatral dirigida por Carme Portacelli que verá su último pase  en el Teatro Español de Madrid este domingo. Las mujeres tienen la culpa de todo y Troya cayó por culpa de Helena, que estaba muy buena.

Nada tuvo que ver el equilibrio de poder en el Mediterráneo, la codicia, el poder o la avaricia. Nada tuvo que ver que el progreso, incluso en los pueblos más ilustrados de cada época como la Grecia antigua, se haya alimentado desde siempre de la sangre de los enemigos devorados. Sencillamente, los pichabravas querían tirarse a Helena y se armó el Belén. La culpa, claro, de ella. Por puta.

Ahora, la culpa de todo la tiene Silvia Charro. Yoko Ono, ya puedes descansar. Resulta que, como explica la propia Charro, el vídeo del año apuntaba a desastre desde que se fraguó. «Nos llamaron para hacer un vídeo sobre hipotecas cuando estábamos en la comida de empresa. Pedí permiso y mis jefes me dijeron que sí. Ahí se nos ocurrió, para reforzar la presentación de mi nueva empresa, aparentar que íbamos pasados para hacer una campaña de marketing más impactante. Al final es un viral que se nos ha ido de las manos».

En ese argumento hay una parte bastante creíble a tenor del desarrollo de la propia pieza audiovisual que, dicho sea de paso, ya analizamos convenientemente ayer mismo (desde el punto de vista de la economía, por supuesto). La otra parte, la de que la meritoria actuación fuese fingida y premeditada, no se la cree ni mi hija de 6 años, que aún no sabe lo que es un Larios con tónica Finley.

El caso es que, más allá de las risas y como explica Pepo Jiménez en Mémesis, es ella la que carga con el peso de la coña máxima, la que ha sido trending topic y la que ha llenado la red de animaciones GIF. Solo falta que alguien diga que Charro cargó las copas de Simón Pérez, el partenaire, para llevárselo a grabar el vídeo.

El confeti y los payasos han ocultado las partes graves y serias de este asunto. El vídeo incentiva a los espectadores a lanzarse a la inversión inmobiliaria, a aprovechar la situación de mercado para favorecer la especulación.

Los barrios más populares sufren las consecuencias de este tipo de movimientos. En Vallecas, por ejemplo, y según fuentes policiales, los narcos «aprovechan para colocar en pisos vacíos a adictos a los que controlan». Son estos yonkis los que venden la mercancía y generan polos de marginalidad en esos barrios.

Las asociaciones de vecinos afirman que la mayoría de esos pisos vacíos pertenecen a bancos y fondos de inversión que están tratando de bajar los precios de las viviendas para convertir a barrios como el de Puente de Vallecas en el próximo núcleo de gentrificación. Así es como se crean escenarios propicios para invertir en propiedades inmobiliarias.

La gran risa final viene ahora. Lo peor de Simón Pérez no sale cuando está, presuntamente, más ciego que Boris Yeltsin. Pérez da miedo cuando va totalmente sobrio. «Soy neoliberal capitalista, no tengo ideología, me vendo al mejor postor», decía en Intereconomía hace cerca de cuatro años. «No soy demócrata. No creo en la democracia. No creo que el poder tenga que residir en la mayoría. No voto, no he votado en mi vida. Ni soy españolista ni soy de derechas por ser neoliberal. Creo en la libertad de mercado y de los agentes económicos. Mi tendencia política es antidemócrata».

Esta parte es la que no se hace viral nunca.

Aquí van cinco historias más, esta vez, a tipo fijo

 

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Nada tuvo que ver el equilibrio de poder en el Mediterráneo, la codicia, el poder o la avaricia. Nada tuvo que ver que el progreso, incluso en los pueblos más ilustrados de cada época como la Grecia antigua, se haya alimentado desde siempre de la sangre de los enemigos devorados. Sencillamente, los pichabravas querían tirarse a Helena y se armó el Belén. La culpa, claro, de ella. Por puta.

Ahora, la culpa de todo la tiene Silvia Charro. Yoko Ono, ya puedes descansar. Resulta que, como explica la propia Charro, el vídeo del año apuntaba a desastre desde que se fraguó. «Nos llamaron para hacer un vídeo sobre hipotecas cuando estábamos en la comida de empresa. Pedí permiso y mis jefes me dijeron que sí. Ahí se nos ocurrió, para reforzar la presentación de mi nueva empresa, aparentar que íbamos pasados para hacer una campaña de marketing más impactante. Al final es un viral que se nos ha ido de las manos».

En ese argumento hay una parte bastante creíble a tenor del desarrollo de la propia pieza audiovisual que, dicho sea de paso, ya analizamos convenientemente ayer mismo (desde el punto de vista de la economía, por supuesto). La otra parte, la de que la meritoria actuación fuese fingida y premeditada, no se la cree ni mi hija de 6 años, que aún no sabe lo que es un Larios con tónica Finley.

El caso es que, más allá de las risas y como explica Pepo Jiménez en Mémesis, es ella la que carga con el peso de la coña máxima, la que ha sido trending topic y la que ha llenado la red de animaciones GIF. Solo falta que alguien diga que Charro cargó las copas de Simón Pérez, el partenaire, para llevárselo a grabar el vídeo.

El confeti y los payasos han ocultado las partes graves y serias de este asunto. El vídeo incentiva a los espectadores a lanzarse a la inversión inmobiliaria, a aprovechar la situación de mercado para favorecer la especulación.

Los barrios más populares sufren las consecuencias de este tipo de movimientos. En Vallecas, por ejemplo, y según fuentes policiales, los narcos «aprovechan para colocar en pisos vacíos a adictos a los que controlan». Son estos yonkis los que venden la mercancía y generan polos de marginalidad en esos barrios.

Las asociaciones de vecinos afirman que la mayoría de esos pisos vacíos pertenecen a bancos y fondos de inversión que están tratando de bajar los precios de las viviendas para convertir a barrios como el de Puente de Vallecas en el próximo núcleo de gentrificación. Así es como se crean escenarios propicios para invertir en propiedades inmobiliarias.

La gran risa final viene ahora. Lo peor de Simón Pérez no sale cuando está, presuntamente, más ciego que Boris Yeltsin. Pérez da miedo cuando va totalmente sobrio. «Soy neoliberal capitalista, no tengo ideología, me vendo al mejor postor», decía en Intereconomía hace cerca de cuatro años. «No soy demócrata. No creo en la democracia. No creo que el poder tenga que residir en la mayoría. No voto, no he votado en mi vida. Ni soy españolista ni soy de derechas por ser neoliberal. Creo en la libertad de mercado y de los agentes económicos. Mi tendencia política es antidemócrata».

Esta parte es la que no se hace viral nunca.

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Opiniones 2
  • No es culpa de nadie, no hay culpa alguna. Tan sólo gracias en ver las reacciones. Y sobretodo las reacciones de la chica. No se trata de culpar y menos de culpar por el género.

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