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10 de junio 2011    /   IDEAS
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Elogio de la translucidez

10 de junio 2011    /   IDEAS     por          
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Hemos vivido tantos años en la oscuridad del secreto que cualquier atisbo de luz nos daña la vista y nos agita el temperamento. A unos, porque creen que a partir de ahora solo va a haber luz y transparencia; a otros, porque viven del secreto, y la transparencia amenaza su fuente de valor y forma de vida.
El mundo es ya más transparente que nunca, y la tendencia es que lo sea cada vez más sin llegarlo a ser del todo. Frente a un mundo donde lo opaco era la norma, la translucidez se impone.
En primer lugar, porque se dan las condiciones objetivas: prácticamente toda la información pasa en algún momento u otro por un formato digital fácilmente replicable. En segundo, porque se dan las condiciones subjetivas: la gente quiere saber la verdad de las cosas y, además, cuando las conoce, actúa en consecuencia.
Opacidad y transparencia es cuestión de graduación: cuántas personas, bajo qué requisitos de identificación o intención de uso, en qué plazo temporal desde que la información en concreto fue producida.
Todos los secretos de Wikileaks hubieran estado a disposición de los investigadores en un plazo de 30 años. Como hemos aprendido, demasiado tarde para cambiar las vidas de los que se están erigiendo en protagonistas de las nuevas revoluciones democráticas que han podido verificar la baja calidad de los gobernantes que tenían. Aun así, habrá que reconocer algún tipo de protección a un conjunto muy limitado de información oficial o corporativa.
En el otro extremo está toda la información que los ciudadanos generamos y la que generan de oficio los poderes públicos. Ahí no hay discusión: la información oficial debe estar abierta a consulta y uso por los ciudadanos en formatos estándar y preservando siempre su confidencialidad.
En el punto medio está la información de gestión corporativa. Las empresas y las marcas no pueden ocultar trampas, errores o manipulaciones por mucho tiempo. Ya no hay islas de información, todo está conectado con todo y cualquier empleado tiene acceso a un volumen de información tremendo. Cualquier consumidor o accionista curioso y paciente también.
Tienen más que ganar diseñando ellas su propio camino hacia la apertura que esperando a ser sorprendidas en errores: ya hemos visto varios.
¿Cuándo empezamos?

Javier Creus es fundador de Ideas for Change
Foto: Open Source Way reproducida bajo lic CC


Hemos vivido tantos años en la oscuridad del secreto que cualquier atisbo de luz nos daña la vista y nos agita el temperamento. A unos, porque creen que a partir de ahora solo va a haber luz y transparencia; a otros, porque viven del secreto, y la transparencia amenaza su fuente de valor y forma de vida.
El mundo es ya más transparente que nunca, y la tendencia es que lo sea cada vez más sin llegarlo a ser del todo. Frente a un mundo donde lo opaco era la norma, la translucidez se impone.
En primer lugar, porque se dan las condiciones objetivas: prácticamente toda la información pasa en algún momento u otro por un formato digital fácilmente replicable. En segundo, porque se dan las condiciones subjetivas: la gente quiere saber la verdad de las cosas y, además, cuando las conoce, actúa en consecuencia.
Opacidad y transparencia es cuestión de graduación: cuántas personas, bajo qué requisitos de identificación o intención de uso, en qué plazo temporal desde que la información en concreto fue producida.
Todos los secretos de Wikileaks hubieran estado a disposición de los investigadores en un plazo de 30 años. Como hemos aprendido, demasiado tarde para cambiar las vidas de los que se están erigiendo en protagonistas de las nuevas revoluciones democráticas que han podido verificar la baja calidad de los gobernantes que tenían. Aun así, habrá que reconocer algún tipo de protección a un conjunto muy limitado de información oficial o corporativa.
En el otro extremo está toda la información que los ciudadanos generamos y la que generan de oficio los poderes públicos. Ahí no hay discusión: la información oficial debe estar abierta a consulta y uso por los ciudadanos en formatos estándar y preservando siempre su confidencialidad.
En el punto medio está la información de gestión corporativa. Las empresas y las marcas no pueden ocultar trampas, errores o manipulaciones por mucho tiempo. Ya no hay islas de información, todo está conectado con todo y cualquier empleado tiene acceso a un volumen de información tremendo. Cualquier consumidor o accionista curioso y paciente también.
Tienen más que ganar diseñando ellas su propio camino hacia la apertura que esperando a ser sorprendidas en errores: ya hemos visto varios.
¿Cuándo empezamos?

Javier Creus es fundador de Ideas for Change
Foto: Open Source Way reproducida bajo lic CC

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Opiniones 1
  • Creus, elocuente como siempre….gracias. Este recuadro se me queda pequeño para intentar avanzar en la conversación…. pero iba a disertar sobre lo complicado de aplicar la misma lógica para personas, los poderes públicos o empresas….son planos distintos … pero «ya si eso» lo hablamos otro día…

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