18 de noviembre 2011    /   IDEAS
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Elogio (urbanístico) al contenedor de basura

18 de noviembre 2011    /   IDEAS     por          
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Estos tiempos, en los que se pretende más que nunca que nos conformemos con lo que nos toque con solo pronunciar esa palabra mágica de seis letras, son también tiempos de obligado ingenio. La figura de contenedor de basura ha adquirido aún mas sentido en un mundo de perspectivas no muy favorables, en el que se impone un consumo compulsivo y efímero y en donde lo funcional y lo estético pertenecen a diferentes castas. Pero unos pocos optimistas irredentos han sabido encontrar, incluso en el contenedor, la parte positiva -o cuanto menos irónica- de este icono contemporáneo.

De Gregory Lincoln Kloehn se dice que su antepasado es el mismo presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln, pero por lo que ha asombrado al mundo es por su visión arquitectónica –y también de negocio- que ha mostrado a partir de un simple basurero. Con él ha reinventado el concepto de mini-piso: práctico, seguro y hasta ecológico.

Lo que hasta hace mucho nos parecían soluciones habitacionales han terminado ahora considerándose sencillamente casas. El ejemplo extremo es el hogar multitarea que se ha montado el supuesto sobrino-tataranieto del “Honesto Abe”, quien ha demostrado que esos pocos metros disponibles pueden dar para mucho. En concreto para cocina, dormitorio, mueble-bar, terraza y jardín. Y hasta extintor por si hay problemas. La idea ha gustado a tanta gente que este neo-arquitecto las fabrica ya por encargo por menos de 5.000 dólares.

Lincoln tan solo es una muestra de todo un fenómeno que, a partir de la figura del contenedor y al margen de los problemas de vivienda, reclama desde hace tiempo un entorno urbano más amable.

Cuando terminaron las siempre molestas obras en su barrio, este grupo de jóvenes británicos pidieron que no se llevaran el contendor para así tener por fin una piscina en su comunidad de vecinos.

Aunque pueda parecer solo una broma para contar a los amigos a través de Vimeo o Youtube, Oliver Bishop-Young el impulsor de este vídeo, hace de ello un acto de insurgencia urbanística. Este nuevo talento del diseño conceptual explica desde su web el proyecto “Skip Conversions” y oferta chapuzones secretos con eventos organizados en colaboración con el propio Victoria & Albert Museum londinense.

Su iniciativa demuestra que los usos lúdicos de un utensilio tan poco estético como el contenedor son inagotables. Algunos de ellos, de paso, se suman a la fiebre del ping-pong, tan instaurada en muchas capitales europeas, o a la relajante práctica del mini-golf. Además de idearlas, Bishop-Young se asegura que todas estas iniciativas salgan a la calle y sean convenientemente disfrutadas.

Estos tiempos, en los que se pretende más que nunca que nos conformemos con lo que nos toque con solo pronunciar esa palabra mágica de seis letras, son también tiempos de obligado ingenio. La figura de contenedor de basura ha adquirido aún mas sentido en un mundo de perspectivas no muy favorables, en el que se impone un consumo compulsivo y efímero y en donde lo funcional y lo estético pertenecen a diferentes castas. Pero unos pocos optimistas irredentos han sabido encontrar, incluso en el contenedor, la parte positiva -o cuanto menos irónica- de este icono contemporáneo.

De Gregory Lincoln Kloehn se dice que su antepasado es el mismo presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln, pero por lo que ha asombrado al mundo es por su visión arquitectónica –y también de negocio- que ha mostrado a partir de un simple basurero. Con él ha reinventado el concepto de mini-piso: práctico, seguro y hasta ecológico.

Lo que hasta hace mucho nos parecían soluciones habitacionales han terminado ahora considerándose sencillamente casas. El ejemplo extremo es el hogar multitarea que se ha montado el supuesto sobrino-tataranieto del “Honesto Abe”, quien ha demostrado que esos pocos metros disponibles pueden dar para mucho. En concreto para cocina, dormitorio, mueble-bar, terraza y jardín. Y hasta extintor por si hay problemas. La idea ha gustado a tanta gente que este neo-arquitecto las fabrica ya por encargo por menos de 5.000 dólares.

Lincoln tan solo es una muestra de todo un fenómeno que, a partir de la figura del contenedor y al margen de los problemas de vivienda, reclama desde hace tiempo un entorno urbano más amable.

Cuando terminaron las siempre molestas obras en su barrio, este grupo de jóvenes británicos pidieron que no se llevaran el contendor para así tener por fin una piscina en su comunidad de vecinos.

Aunque pueda parecer solo una broma para contar a los amigos a través de Vimeo o Youtube, Oliver Bishop-Young el impulsor de este vídeo, hace de ello un acto de insurgencia urbanística. Este nuevo talento del diseño conceptual explica desde su web el proyecto “Skip Conversions” y oferta chapuzones secretos con eventos organizados en colaboración con el propio Victoria & Albert Museum londinense.

Su iniciativa demuestra que los usos lúdicos de un utensilio tan poco estético como el contenedor son inagotables. Algunos de ellos, de paso, se suman a la fiebre del ping-pong, tan instaurada en muchas capitales europeas, o a la relajante práctica del mini-golf. Además de idearlas, Bishop-Young se asegura que todas estas iniciativas salgan a la calle y sean convenientemente disfrutadas.

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