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22 de marzo 2013    /   CINE/TV
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La historia del músico de plastilina en 2D

22 de marzo 2013    /   CINE/TV     por          
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el ruido del mundo
Hace cinco años Coke Rioboo salió en busca de una historia. El músico y animador acababa de cerrar capítulo con SaÏd (el muñeco de plastilina que había protagonizado el viaje que llevó a Rioboo a recoger un Goya al mejor cortometraje de 2007).
En su busca encontró a un músico llamado Héctor que oía todos los sonidos del mundo. “Rebotaban alrededor de su persona. El músico tenía un oído gigantesco dentro de sí mismo que le hacía la vida insoportable. Hasta que un día decide integrar todos esos ruidos de su día a día en la música que compone”, cuenta Rioboo.
Héctor es un músico de plastilina plana y el protagonista de El ruido del mundo. Vive en 2 dimensiones y sus sensaciones, a menudo, son idénticas a las de Rioboo. No es casualidad. Es “autobiográfico”, según el madrileño.

La búsqueda perseguía una historia y también una técnica. “El viaje de Saïd había supuesto un despliegue de medios importante. Los personajes eran muñecos de plastilina y, para filmarlos, necesitamos equipos de iluminación muy grandes, un plató de grabación… En los dos años y medio participaron 80 personas entre rodaje y postproducción. Todos me ayudaron desinteresadamente pero ahora me daba vergüenza volver a pedir favores”, relata el músico.
La opción debía tener un elevado componente de autosuficiencia y así fue como llegó a la plastilina sobre cristal retroiluminado. “Investigué técnicas que me permitieran trabajar en casa sin necesidad de un gran equipo de iluminación ni un equipo de personas. Empecé a pensar en muñecos recortables, en óleo, arena… Yo venía de trabajar con plastilina y era lo que me resultaba más cercano. Nunca había visto que nadie hubiese hecho animación en 2D con este material y decidí probar. Solo encontré algo parecido en un corto del japonés Koji Yamamura. Él utiliza la plastilina pero sus planos no estaban totalmente cubiertos”.
Rioboo dedicó un año a “probar la técnica” y en 2010 empezó a grabar El ruido del mundo. “Han sido tres años de filmación y animación. Durante este tiempo he ido desarrollando la técnica. Los planos han ido evolucionando del primero al último”, explica. “Y mientras aprendía cosas nuevas, iba cambiando el storyboard. Iba viendo sobre la marcha lo que funcionaba y lo que no. Me gusta improvisar”.
Esta técnica acaba construyendo un relato “muy envolvente, muy hipnótico”, describe Rioboo. “La plastilina y las transiciones producen un lenguaje en sí mismo muy diferente al del cine”.

La música del corto está compuesta por Rioboo y, además, contó con la colaboración de otros 14 músicos. En total, la pieza dura 13 minutos y medio. Diez para la animación y el resto, para los títulos de crédito.
Rioboo utilizó unos 60 kilos de plastilina. “Hay más de 100 planos. En cada uno de ellos utilicé unos dos paquetes (de 300 gramos cada uno). No necesitaba más porque la plancha para cada plano no llegaba a un centímetro de grosor”.
El ruido del mundo ha supuesto al animador «tres años sin dormir». El trabajo se realizó en noches que empezaban a las 11.00 pm y acababan a las 6.00 am, sin más sonido que las conversaciones de Rioboo consigo mismo, y el silencio modulable de la plastilina.
Aunque en los últimos tres meses ese silencio tuvo ojos. Algunos individuos entraban en el estudio del animador desde su webcam en cualquier lugar del mundo. “Me conecté a Ustream y todas las noches, mientras hacía los planos, hablaba con otras personas que estaban trabajando en otros lugares. Veían lo que hacía y me enviaban preguntas por chat. Al final surgió una comunidad que trabajábamos a la vez”, rememora.
Esas noches de encierro a solas con la plastilina tenían mucho de soledad de corredor de fondo. “Es un esfuerzo grandísimo. Para hacer 10 segundos, a veces, tenía que dedicar mes y medio. Es una técnica muy artesanal. Apenas hay composición digital”, señala. “Lo que más me ha costado ha sido encontrar la fortaleza mental para pasar tanto tiempo a solas y hablando solo. Soy una persona poco meditativa, poco trascendental, pero este trabajo ha tenido una parte de introspección importante”.

El corto se moverá por festivales. El preestreno será en Madrid, dentro de unas semanas, y se emitirá en Canal Plus el próximo mayo. Pero el ruido que suena incesante en la cabeza de Héctor llegará más lejos.
Rioboo ha pensado contar el relato en cómic, con viñetas de la película, y editar el DVD. Pero, antes, quiere organizar una exposición con las planchas que guarda del proceso de producción de la película. El animador pretende que sea un viaje de lo estático a la animación. Más de 40 planos irán mostrando la historia, estática, en un pasillo oscuro. La luz vendrá del backstage de las escenas o, en otras palabras, la retroiluminación de las planchas. Y la historia llevará hasta una sala, al fondo, donde Héctor estará escuchando esa infinidad de sonidos en un bucle de El ruido del mundo.
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Hace cinco años Coke Rioboo salió en busca de una historia. El músico y animador acababa de cerrar capítulo con SaÏd (el muñeco de plastilina que había protagonizado el viaje que llevó a Rioboo a recoger un Goya al mejor cortometraje de 2007).
En su busca encontró a un músico llamado Héctor que oía todos los sonidos del mundo. “Rebotaban alrededor de su persona. El músico tenía un oído gigantesco dentro de sí mismo que le hacía la vida insoportable. Hasta que un día decide integrar todos esos ruidos de su día a día en la música que compone”, cuenta Rioboo.
Héctor es un músico de plastilina plana y el protagonista de El ruido del mundo. Vive en 2 dimensiones y sus sensaciones, a menudo, son idénticas a las de Rioboo. No es casualidad. Es “autobiográfico”, según el madrileño.

La búsqueda perseguía una historia y también una técnica. “El viaje de Saïd había supuesto un despliegue de medios importante. Los personajes eran muñecos de plastilina y, para filmarlos, necesitamos equipos de iluminación muy grandes, un plató de grabación… En los dos años y medio participaron 80 personas entre rodaje y postproducción. Todos me ayudaron desinteresadamente pero ahora me daba vergüenza volver a pedir favores”, relata el músico.
La opción debía tener un elevado componente de autosuficiencia y así fue como llegó a la plastilina sobre cristal retroiluminado. “Investigué técnicas que me permitieran trabajar en casa sin necesidad de un gran equipo de iluminación ni un equipo de personas. Empecé a pensar en muñecos recortables, en óleo, arena… Yo venía de trabajar con plastilina y era lo que me resultaba más cercano. Nunca había visto que nadie hubiese hecho animación en 2D con este material y decidí probar. Solo encontré algo parecido en un corto del japonés Koji Yamamura. Él utiliza la plastilina pero sus planos no estaban totalmente cubiertos”.
Rioboo dedicó un año a “probar la técnica” y en 2010 empezó a grabar El ruido del mundo. “Han sido tres años de filmación y animación. Durante este tiempo he ido desarrollando la técnica. Los planos han ido evolucionando del primero al último”, explica. “Y mientras aprendía cosas nuevas, iba cambiando el storyboard. Iba viendo sobre la marcha lo que funcionaba y lo que no. Me gusta improvisar”.
Esta técnica acaba construyendo un relato “muy envolvente, muy hipnótico”, describe Rioboo. “La plastilina y las transiciones producen un lenguaje en sí mismo muy diferente al del cine”.

La música del corto está compuesta por Rioboo y, además, contó con la colaboración de otros 14 músicos. En total, la pieza dura 13 minutos y medio. Diez para la animación y el resto, para los títulos de crédito.
Rioboo utilizó unos 60 kilos de plastilina. “Hay más de 100 planos. En cada uno de ellos utilicé unos dos paquetes (de 300 gramos cada uno). No necesitaba más porque la plancha para cada plano no llegaba a un centímetro de grosor”.
El ruido del mundo ha supuesto al animador «tres años sin dormir». El trabajo se realizó en noches que empezaban a las 11.00 pm y acababan a las 6.00 am, sin más sonido que las conversaciones de Rioboo consigo mismo, y el silencio modulable de la plastilina.
Aunque en los últimos tres meses ese silencio tuvo ojos. Algunos individuos entraban en el estudio del animador desde su webcam en cualquier lugar del mundo. “Me conecté a Ustream y todas las noches, mientras hacía los planos, hablaba con otras personas que estaban trabajando en otros lugares. Veían lo que hacía y me enviaban preguntas por chat. Al final surgió una comunidad que trabajábamos a la vez”, rememora.
Esas noches de encierro a solas con la plastilina tenían mucho de soledad de corredor de fondo. “Es un esfuerzo grandísimo. Para hacer 10 segundos, a veces, tenía que dedicar mes y medio. Es una técnica muy artesanal. Apenas hay composición digital”, señala. “Lo que más me ha costado ha sido encontrar la fortaleza mental para pasar tanto tiempo a solas y hablando solo. Soy una persona poco meditativa, poco trascendental, pero este trabajo ha tenido una parte de introspección importante”.

El corto se moverá por festivales. El preestreno será en Madrid, dentro de unas semanas, y se emitirá en Canal Plus el próximo mayo. Pero el ruido que suena incesante en la cabeza de Héctor llegará más lejos.
Rioboo ha pensado contar el relato en cómic, con viñetas de la película, y editar el DVD. Pero, antes, quiere organizar una exposición con las planchas que guarda del proceso de producción de la película. El animador pretende que sea un viaje de lo estático a la animación. Más de 40 planos irán mostrando la historia, estática, en un pasillo oscuro. La luz vendrá del backstage de las escenas o, en otras palabras, la retroiluminación de las planchas. Y la historia llevará hasta una sala, al fondo, donde Héctor estará escuchando esa infinidad de sonidos en un bucle de El ruido del mundo.
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