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Hay que embellecer el entorno digital

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Hace tiempo que quedó atrás el debate a favor o en contra de los cambios tecnológicos. Las nuevas tecnologías ya no son tan nuevas y ahora, si acaso, se enfrentan, tras la aceptación, a un relativo hastío por parte de algunas personas que, saturadas de estímulos digitales, intentan retornar a lo analógico o artesanal tanto como puedan.

Marcel·li Zuazua, director del Máster Oficial en Creación y Desarrollo de Proyectos Digitales de LCI Barcelona y consejero delegado de Herraiz Soto, no cree que las personas se estén cansando de las pantallas, pero admite que «tenemos que aprender a utilizarlas» para ser consecuentes con la velocidad del cambio. «En ese cambio también caben todo tipo de movimientos contracorriente, y no solo caben sino que me parecen necesarios. Toda revolución deja atrás aspectos de mucho valor, y en la artesanía hay mucho de esencia de las cosas que no debemos perder».

Marcel·li Zuazua cree que ya hemos dejado atrás aquel debate sobre si entender y aceptar la tecnología. «Nos hemos dado cuenta de que la tecnología ha sido clave para la economía colaborativa». Y pone ejemplos de plataformas muy valoradas por los usuarios y que han conseguido transformar mercados, tales como AirBNB, Pinterest o Skype.

Esta aceptación era lógica, teniendo en cuenta otros ejemplos históricos de rechazos iniciales: «Cuando en los años 20 las bandas de jazz americanas empezaron a tocar las primeras guitarras eléctricas, recibieron duras críticas por parte de muchos músicos. Y hoy en día, ¿quién cree que no se puede emocionar con una Fender Stratocaster o una Gibson Les Paul?». El profesor completa así su comparación: «el rock es una gran escuela de cómo utilizar la tecnología. Esfuerzo, ambición, pasión, contenido, talento, creatividad y mucho foco en cómo hacer emocionar a una audiencia y menos en cuánto vamos a vender».

Así que, aceptado el mundo multipantalla en el que nos encontramos, sólo nos resta conseguir que los diseños digitales cumplan su función de emocionar. Estas son algunas de las claves para que lo consigan:

– Las herramientas

En mano de los diseñadores está que las herramientas tecnológicas transmitan ideas de valor y provoquen sensaciones en lugar de ser un mero escaparate de sus propias posibilidades. Según Zuazua, los diseñadores tienen que ser conscientes de que son eso, herramientas. «Son un instrumento para conseguir lo que uno busca. Nuestro objetivo no es hacer una demostración de la potencia de las herramientas, sino que estas sean usadas para explicar, transmitir y emocionar». 

La popularización y abaratamiento de las herramientas no es un problema para los diseñadores profesionales: «la competencia es uno de los grandes motores de la evolución. Cuanta más cultura y conocimiento tengamos del diseño, más exigencia le demandaremos. Bienvenidas las herramientas que hagan que la calidad media de lo que hacemos como usuarios estimule a que los profesionales sigan abriendo nuevas ventanas. Eso nos ayudará a embellecer el entorno digital».

– El talento y el trabajo

Él está convencido de que, aunque las herramientas tienen un efecto multiplicador, «la base de un buen diseño sigue estando en el talento, que es innato, pero se debe entrenar, pulir y trabajar». Esta suma de talento y trabajo, ayudada por las herramientas apropiadas, será lo que haga que los diseñadores consigan transmitir.

– La interacción con el usuario

Para Marcel·li Zuazua, el diseño debe estar en perfecta sintonía con el uso. «Cualquier aplicación o acción de comunicación se diseña para provocar o establecer una interacción. No esperamos del usuario un actitud contemplativa. Seremos capaces de añadir esa capa de emoción si somos capaces de hablar en el mismo lenguaje».

De aquí que se demanden perfiles profesionales como el diseñador de experiencia de usuario (UX), que buscan que el producto, la página web, no sea visto como una máquina sino como una persona que quiere relacionarse e interactuar con nosotros. Pensar como un diseñador de UX implica tener conocimiento de la relación emocional que tienen los usuarios con el producto.

Para finalizar, el profesor añade un cometido más que deben tener los diseñadores: el de preservar la belleza del entorno digital al igual que los arquitectos asumen su responsabilidad en el cuidado de las ciudades. «Este entorno ha sido dominado hasta la fecha por ingenieros. La parte gráfica no era su principal prioridad. El reto es apasionante: entender mejor la tecnología para añadirle una capa de piel».

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Marcel·li Zuazua, director del Máster Oficial en Creación y Desarrollo de Proyectos Digitales de LCI Barcelona y consejero delegado de Herraiz Soto, no cree que las personas se estén cansando de las pantallas, pero admite que «tenemos que aprender a utilizarlas» para ser consecuentes con la velocidad del cambio. «En ese cambio también caben todo tipo de movimientos contracorriente, y no solo caben sino que me parecen necesarios. Toda revolución deja atrás aspectos de mucho valor, y en la artesanía hay mucho de esencia de las cosas que no debemos perder».

Marcel·li Zuazua cree que ya hemos dejado atrás aquel debate sobre si entender y aceptar la tecnología. «Nos hemos dado cuenta de que la tecnología ha sido clave para la economía colaborativa». Y pone ejemplos de plataformas muy valoradas por los usuarios y que han conseguido transformar mercados, tales como AirBNB, Pinterest o Skype.

Esta aceptación era lógica, teniendo en cuenta otros ejemplos históricos de rechazos iniciales: «Cuando en los años 20 las bandas de jazz americanas empezaron a tocar las primeras guitarras eléctricas, recibieron duras críticas por parte de muchos músicos. Y hoy en día, ¿quién cree que no se puede emocionar con una Fender Stratocaster o una Gibson Les Paul?». El profesor completa así su comparación: «el rock es una gran escuela de cómo utilizar la tecnología. Esfuerzo, ambición, pasión, contenido, talento, creatividad y mucho foco en cómo hacer emocionar a una audiencia y menos en cuánto vamos a vender».

Así que, aceptado el mundo multipantalla en el que nos encontramos, sólo nos resta conseguir que los diseños digitales cumplan su función de emocionar. Estas son algunas de las claves para que lo consigan:

– Las herramientas

En mano de los diseñadores está que las herramientas tecnológicas transmitan ideas de valor y provoquen sensaciones en lugar de ser un mero escaparate de sus propias posibilidades. Según Zuazua, los diseñadores tienen que ser conscientes de que son eso, herramientas. «Son un instrumento para conseguir lo que uno busca. Nuestro objetivo no es hacer una demostración de la potencia de las herramientas, sino que estas sean usadas para explicar, transmitir y emocionar». 

La popularización y abaratamiento de las herramientas no es un problema para los diseñadores profesionales: «la competencia es uno de los grandes motores de la evolución. Cuanta más cultura y conocimiento tengamos del diseño, más exigencia le demandaremos. Bienvenidas las herramientas que hagan que la calidad media de lo que hacemos como usuarios estimule a que los profesionales sigan abriendo nuevas ventanas. Eso nos ayudará a embellecer el entorno digital».

– El talento y el trabajo

Él está convencido de que, aunque las herramientas tienen un efecto multiplicador, «la base de un buen diseño sigue estando en el talento, que es innato, pero se debe entrenar, pulir y trabajar». Esta suma de talento y trabajo, ayudada por las herramientas apropiadas, será lo que haga que los diseñadores consigan transmitir.

– La interacción con el usuario

Para Marcel·li Zuazua, el diseño debe estar en perfecta sintonía con el uso. «Cualquier aplicación o acción de comunicación se diseña para provocar o establecer una interacción. No esperamos del usuario un actitud contemplativa. Seremos capaces de añadir esa capa de emoción si somos capaces de hablar en el mismo lenguaje».

De aquí que se demanden perfiles profesionales como el diseñador de experiencia de usuario (UX), que buscan que el producto, la página web, no sea visto como una máquina sino como una persona que quiere relacionarse e interactuar con nosotros. Pensar como un diseñador de UX implica tener conocimiento de la relación emocional que tienen los usuarios con el producto.

Para finalizar, el profesor añade un cometido más que deben tener los diseñadores: el de preservar la belleza del entorno digital al igual que los arquitectos asumen su responsabilidad en el cuidado de las ciudades. «Este entorno ha sido dominado hasta la fecha por ingenieros. La parte gráfica no era su principal prioridad. El reto es apasionante: entender mejor la tecnología para añadirle una capa de piel».

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