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27 de abril 2015    /   DIGITAL
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¿Por qué las mujeres dejan menos comentarios que los hombres en los diarios digitales?

27 de abril 2015    /   DIGITAL     por          
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La analista Emma Pierson, de la Universidad de Oxford, siempre ha estado implicada en estudios de género e interesada en la participación de las mujeres en sectores influyentes. Una de las razones, como explica ella misma a Yorokobu, viene de lejos: durante su periodo universitario participaba constantemente en concursos de oratoria, en competiciones y en debates donde, por norma general, «las mujeres tenían muy poca presencia».
Esa experiencia le ha llevado a investigar cuál es el papel de las mujeres en los medios de comunicación y, concretamente, a estudiar con qué frecuencia dejan comentarios en medios online, para lo que ha analizado un millón de comentarios de la web del The New York Times que fueron publicados entre junio de 2013 y enero de 2014.
¿El resultado? Las mujeres solo habían escrito el 25% de esos comentarios – a pesar de suponer el 44% del total de los lectores de ese medio – y, por si esto fuera poco, solo escribían más comentarios que los hombres en los blogs que hablaban de padres, madres y familia (con un 79% de participación), sobre bodas y moda (con un 63%), o sobre cocina (con un 53%); así como en aquellos artículos escritos por otras mujeres.
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A pesar de ello, Pierson explica que los comentarios de las mujeres (al menos en su estudio), están mejor valorados que los de los hombres, y es una cuestión que no solo tiene que ver con la popularidad de esos artículos, sino también con su temática. Para que se entienda con un ejemplo, la investigadora explica que, aunque las mujeres solo habían hecho un 18% de comentarios en artículos sobre fútbol, tenían un 39% más de valoraciones que los hombres. Esto puede deberse a que «la gente no suele comentar en foros dominados por el sexo opuesto a menos que tenga algo extraordinariamente importante que decir».
Pero ¿cómo se explica que el nivel de participación de las mujeres en los comentarios online sea menor que el de los hombres? Pierson explica que esto se debe a que las mujeres «tienen mejores cosas que hacer», y añade que mucha gente cree que comentar en sitios online es una pérdida de tiempo porque, de todos modos, «nadie escucha al otro y la gente suele ser grosera».
Pero también se debe en buena medida a que las mujeres se preocupan mucho por su privacidad, por lo que otros puedan pensar al leer sus opiniones, y especialmente por las amenazas que puedan recibir.
Kumbia en internet
Dice la investigadora que muchas de ellas se enfrentan a un alto nivel de acoso y violencia, por ejemplo, a través de Twitter. «Es algo que las hace menos propensas a hablar», y que hace que prefieran evitar especificar sus apellidos en caso de que se decidan a comentar. Asimismo, «hay mucha presión social hacia ellas para que no expresen sus opiniones ni las argumenten», especialmente si pueden ser percibidas por otros como estridentes o agresivas.
Dice Pierson que el hecho de que las mujeres se queden calladas hace que las opiniones de las pocas que hablan no reflejen de forma significativa lo que piensa la mayoría, y también hace que sean pocas las que se atrevan a hablar de temas delicados y de denuncia, temas que les afectan directamente. «Esto es bastante perjudicial teniendo en cuenta que los comentarios online pueden cambiar nuestra manera de pensar», considera la investigadora.
No obstante, podría tener implicaciones «más amplias y preocupantes». Entre ellas, la tendencia a comentar de forma tan reducida puede ser una prueba de la «amplia desigualdad que encontramos en la Red» y que también acaba por reflejarse en otros sectores. Una desigualdad que hace que «cuando una mujer ha sido acosada sexualmente permanezca en silencio en lugar de denunciar el delito en un departamento de policía dominado por hombres». O esa desigualdad que hace que las mujeres en un ejército dominado por hombres tengan «más probabilidades de ser violadas por sus compañeros soldados que de morir a manos del enemigo».
Por eso, Pierson considera que esa diferencia a la hora de comentar en periódicos online debe empezar a reducirse porque «las mujeres necesitan hablar» ya que, si no lo hacen, sus problemas continuarán sin resolverse. «Necesitamos hablar porque medio millón de comentarios demuestran que tenemos algo que decir».
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De momento la investigación solo repercute directamente a los lectores del The New York Times, pero la analista opina que muy seguramente puede representar a las mujeres de otros países aunque «las diferencias culturales pueden afectar a la forma en que comenten e incluso hacer que no lo hagan nunca».
Pero ¿es que la autora no ha tenido en cuenta que mucha gente en internet no pone sus datos reales? ¿Y si algunos de esos usuarios que utilizan nombre de hombre realmente no lo son? ¿Y si ocurre a la inversa? «Es posible», dice, y «tal vez muchas personas que parecen ser hombres realmente son mujeres, pero aún es más preocupante la situación si las mujeres necesitan pasar por varones para ser escuchadas en internet».
En todo caso, Pierson propone una serie de ideas para aumentar la participación de las mujeres en esos comentarios online. Entre ellas, que sean los propios medios los que intenten protegerlas del acoso en internet, pero también incrementando el número de mujeres que escriben artículos en esos medios (y que suele motivar a las lectoras a opinar sobre ellos). E incluso hacerles ver que, cuando comentan, sus opiniones son muy valoradas por los lectores. Sin embargo, la investigadora sabe que ninguna idea en este sentido tendrá buenos resultados hasta que la igualdad se lleve al ámbito físico.
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Las imágenes utilizadas en este artículo son propiedad, por orden de aparición, de: Sascha Kohlmann, THOR, Matt Grommes, Montecruz Foto y Magdalena Roeseler

La analista Emma Pierson, de la Universidad de Oxford, siempre ha estado implicada en estudios de género e interesada en la participación de las mujeres en sectores influyentes. Una de las razones, como explica ella misma a Yorokobu, viene de lejos: durante su periodo universitario participaba constantemente en concursos de oratoria, en competiciones y en debates donde, por norma general, «las mujeres tenían muy poca presencia».
Esa experiencia le ha llevado a investigar cuál es el papel de las mujeres en los medios de comunicación y, concretamente, a estudiar con qué frecuencia dejan comentarios en medios online, para lo que ha analizado un millón de comentarios de la web del The New York Times que fueron publicados entre junio de 2013 y enero de 2014.
¿El resultado? Las mujeres solo habían escrito el 25% de esos comentarios – a pesar de suponer el 44% del total de los lectores de ese medio – y, por si esto fuera poco, solo escribían más comentarios que los hombres en los blogs que hablaban de padres, madres y familia (con un 79% de participación), sobre bodas y moda (con un 63%), o sobre cocina (con un 53%); así como en aquellos artículos escritos por otras mujeres.
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A pesar de ello, Pierson explica que los comentarios de las mujeres (al menos en su estudio), están mejor valorados que los de los hombres, y es una cuestión que no solo tiene que ver con la popularidad de esos artículos, sino también con su temática. Para que se entienda con un ejemplo, la investigadora explica que, aunque las mujeres solo habían hecho un 18% de comentarios en artículos sobre fútbol, tenían un 39% más de valoraciones que los hombres. Esto puede deberse a que «la gente no suele comentar en foros dominados por el sexo opuesto a menos que tenga algo extraordinariamente importante que decir».
Pero ¿cómo se explica que el nivel de participación de las mujeres en los comentarios online sea menor que el de los hombres? Pierson explica que esto se debe a que las mujeres «tienen mejores cosas que hacer», y añade que mucha gente cree que comentar en sitios online es una pérdida de tiempo porque, de todos modos, «nadie escucha al otro y la gente suele ser grosera».
Pero también se debe en buena medida a que las mujeres se preocupan mucho por su privacidad, por lo que otros puedan pensar al leer sus opiniones, y especialmente por las amenazas que puedan recibir.
Kumbia en internet
Dice la investigadora que muchas de ellas se enfrentan a un alto nivel de acoso y violencia, por ejemplo, a través de Twitter. «Es algo que las hace menos propensas a hablar», y que hace que prefieran evitar especificar sus apellidos en caso de que se decidan a comentar. Asimismo, «hay mucha presión social hacia ellas para que no expresen sus opiniones ni las argumenten», especialmente si pueden ser percibidas por otros como estridentes o agresivas.
Dice Pierson que el hecho de que las mujeres se queden calladas hace que las opiniones de las pocas que hablan no reflejen de forma significativa lo que piensa la mayoría, y también hace que sean pocas las que se atrevan a hablar de temas delicados y de denuncia, temas que les afectan directamente. «Esto es bastante perjudicial teniendo en cuenta que los comentarios online pueden cambiar nuestra manera de pensar», considera la investigadora.
No obstante, podría tener implicaciones «más amplias y preocupantes». Entre ellas, la tendencia a comentar de forma tan reducida puede ser una prueba de la «amplia desigualdad que encontramos en la Red» y que también acaba por reflejarse en otros sectores. Una desigualdad que hace que «cuando una mujer ha sido acosada sexualmente permanezca en silencio en lugar de denunciar el delito en un departamento de policía dominado por hombres». O esa desigualdad que hace que las mujeres en un ejército dominado por hombres tengan «más probabilidades de ser violadas por sus compañeros soldados que de morir a manos del enemigo».
Por eso, Pierson considera que esa diferencia a la hora de comentar en periódicos online debe empezar a reducirse porque «las mujeres necesitan hablar» ya que, si no lo hacen, sus problemas continuarán sin resolverse. «Necesitamos hablar porque medio millón de comentarios demuestran que tenemos algo que decir».
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De momento la investigación solo repercute directamente a los lectores del The New York Times, pero la analista opina que muy seguramente puede representar a las mujeres de otros países aunque «las diferencias culturales pueden afectar a la forma en que comenten e incluso hacer que no lo hagan nunca».
Pero ¿es que la autora no ha tenido en cuenta que mucha gente en internet no pone sus datos reales? ¿Y si algunos de esos usuarios que utilizan nombre de hombre realmente no lo son? ¿Y si ocurre a la inversa? «Es posible», dice, y «tal vez muchas personas que parecen ser hombres realmente son mujeres, pero aún es más preocupante la situación si las mujeres necesitan pasar por varones para ser escuchadas en internet».
En todo caso, Pierson propone una serie de ideas para aumentar la participación de las mujeres en esos comentarios online. Entre ellas, que sean los propios medios los que intenten protegerlas del acoso en internet, pero también incrementando el número de mujeres que escriben artículos en esos medios (y que suele motivar a las lectoras a opinar sobre ellos). E incluso hacerles ver que, cuando comentan, sus opiniones son muy valoradas por los lectores. Sin embargo, la investigadora sabe que ninguna idea en este sentido tendrá buenos resultados hasta que la igualdad se lleve al ámbito físico.
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Las imágenes utilizadas en este artículo son propiedad, por orden de aparición, de: Sascha Kohlmann, THOR, Matt Grommes, Montecruz Foto y Magdalena Roeseler

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Opiniones 6
  • Madre mía, el discurso de Emma Pierson –si damos por hecho que la articulista ha sabido captarlo bien- es el más contradictorio del mundo, menudo cacao mental tiene. Es decir, por un lado dice que las mujeres no comentan porque “tienen mejores cosas que hacer”, pero, por otro, insiste constantemente en lo importante que es comentar en artículos, pues éstos “pueden cambiar nuestra forma de pensar”. También se insiste en lo hostil que es internet para las mujeres, pero se señala que los comentarios de mujeres suelen ser los más valorados.
    La presencia de mujeres también es inferior en páginas en las que se votan películas o discos, por ejemplo, y que se caracterizan por el tono educado y amistoso de la inmensa mayoría de sus discusiones; algunas, de hecho, ni siquiera permitían interacción entre los usuarios, así que no tiene sentido pensar que dejan de entrar en ellas porque se trate de un medio hostil. Y hubiera sido interesante ver cómo se interactúa por Facebook u otras redes sociales a la hora de subir noticias o comentar en las de los círculos de amigos –aquí no se trata de interacción con desconocidos, o apenas-, para comprobar si las hipótesis que se barajan tienen sentido.

  • Para muestra un botón!! Aquí se comenta que la autora tiene un «menudo cacao mental» se va directo al ataque a la persona. Si la autora dice que las mujeres «tienen algo más importante que hacer» es porqué como explica líneas más adelante «nadie escucha al otro y la gente suele ser grosera» el motivo de su poca participación (según su teoría).
    Efectivamente, Facebook puede ser diferente porqué las interacciones se realizan con personas conocidas. Pero en Twitter y en el NYT las interacciones son con desconocidos, por lo cual la presunción de las mujeres es que si en Twitter son acosadas e insultadas por desconocidos, en el NYT también lo serán. Negar que en Twitter la opinión de las mujeres es menospreciada, desde lo que yo he podido observar, es negar una realidad constante. Nunca he visto que a un hombre con el que no estás de acuerdo le cuestionen su sexualidad o le hagan ver sus errores porqué «tienen el pito grande y no piensan» en cambio a las mujeres si no expresan lo que se quiere oír el tópico a tirar es «es lesbiana» o en el error «las tetas grandes no te perniten pensar» «eres rubia, vuelve a lo tuyo»

    • ¿Eh? ¿Qué diablos tiene que ver? Si alguien expone sus ideas de forma confusa y/o contradictoria, es legítimo pensar que tiene una buena empanada mental. Sea mujer, hombre o pato.
      El estudio que ella ha hecho es sobre el NYT, no sobre Twitter. Por tanto, es una presunción gratuita y poco profesional. Y, como ya he señalado, hay bastantes diarios digitales en los que la hostilidad y la grosería son inexistentes o anecdóticas en los comentarios, en los que, sin embargo, tampoco abunda la participación femenina. Es una teoría muy endeble.

  • … no he llegado a leer el artículo entero ni vuestros ridículos comentarios pero, sin duda, acierta cuando dice «nadie escucha al otro y la gente suele ser grosera»…

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