26 de diciembre 2017    /   IDEAS
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Aprende a ser rico por solo 5 euros

26 de diciembre 2017    /   IDEAS     por          
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Si a nuestro alrededor hay decenas de oportunidades, descubrirlas es solo cuestión de tener los ojos bien abiertos. Siempre hay una forma de empezar de cero. Y no se trata de montar una modesta tienda digital con unas pocas decenas de euros (los necesarios para comprar un dominio y contratar un alojamiento), sino de una forma mucho más ingeniosa de arrancar con solo 5 dólares en el bolsillo.

Parece el cebo de alguno de esos blogs que prometen revelar el truco mejor guardado para conseguir dinero sin esfuerzo, pero lo cierto es que la profesora que imparte esta materia tiene poco de vendehumos. Es Tina Seelig, directora de un programa de emprendimiento en la prestigiosa Universidad de Stanford, la misma entre cuyas paredes, en el corazón de Silicon Valley, surgieron Google o Instagram. Su clase tiene un simple objetivo: enseñar a los alumnos que el dinero es menos importante que el ingenio cuando se trata de montar un negocio.

Para el «reto de los 5 dólares», tal como lo explica Seelig en uno de sus libros, divide a los estudiantes en pequeños grupos y entrega a cada uno un sobre con esa cantidad. Su misión es elaborar una estrategia para, en solo dos horas, convertir esa insignificante cifra en la mayor suma posible de dinero. Después tendrán que explicarla al resto de la clase en una presentación de tres minutos.

Lo primero que se le ocurre a la mayoría es comprar un décimo de lotería o probar suerte con las tragaperras. Craso error: el riesgo es demasiado elevado para tan baja probabilidad de éxito. También suelen pensar en el típico puesto de limonada o en limpiar coches, pero el beneficio que este tipo de negocios improvisados reportan es muy reducido.

Al final, tras estrujarse un poco los sesos, comprenden que la clave no está en los 5 dólares, que no sirven absolutamente para nada. Hay que abordar el problema desde una perspectiva más global. ¿Qué puedo hacer para ganar dinero partiendo directamente desde cero?

Es entonces cuando empiezan a explotar su talento en busca de oportunidades. Se trata de identificar un problema, ponerle solución y cobrar por ello. Siempre hay algo. La prueba es que los alumnos de Seelig consiguen, de media, un retorno de la inversión del 4.000%, aunque la mayoría ni siquiera llega a utilizar sus 5 dólares.

Uno de los equipos buscó la forma de acabar con un problema común en las ciudades universitarias: las interminables colas que se forman en los restaurantes los sábados por la noche. Acudieron pronto a los establecimientos, se apuntaron en las listas y vendieron sus mesas por unos 20 dólares cada una a clientes que querían evitar la espera.

Otro decidió llevar una bomba de aire al campus y ofrecer al resto de estudiantes rellenar las ruedas de sus bicis por 1 dólar. Podían hacerlo gratis ellos mismos en cualquier gasolinera, pero agradecían la comodidad de este servicio, que se convirtió en un éxito inmediato. Sin embargo, las ganancias eran muy escasas, así que decidieron eliminar el precio fijo y pedir donaciones. Los ingresos se dispararon.

Ambos proyectos funcionaron muy bien en recaudación y sus responsables fueron felicitados por la profesora, pero ninguno fue el más ingenioso. Ese honor lo tiene el grupo que se dio cuenta de que no solo el dinero era insignificante, sino también el tiempo del que disponían para multiplicarlo: lo verdaderamente valioso eran los tres minutos de presentación ante sus brillantes compañeros de Stanford.

Así que decidieron venderlos a una empresa interesada en atraer aquel talento. Grabaron un anuncio que ensalzaba las virtudes de trabajar para esa compañía y lo expusieron en clase. «Fue brillante», sentenciaba Seelig. «Supieron ver que tenían un activo muy valioso que otros no habían identificado y que podían explotar».

Si a nuestro alrededor hay decenas de oportunidades, descubrirlas es solo cuestión de tener los ojos bien abiertos. Siempre hay una forma de empezar de cero. Y no se trata de montar una modesta tienda digital con unas pocas decenas de euros (los necesarios para comprar un dominio y contratar un alojamiento), sino de una forma mucho más ingeniosa de arrancar con solo 5 dólares en el bolsillo.

Parece el cebo de alguno de esos blogs que prometen revelar el truco mejor guardado para conseguir dinero sin esfuerzo, pero lo cierto es que la profesora que imparte esta materia tiene poco de vendehumos. Es Tina Seelig, directora de un programa de emprendimiento en la prestigiosa Universidad de Stanford, la misma entre cuyas paredes, en el corazón de Silicon Valley, surgieron Google o Instagram. Su clase tiene un simple objetivo: enseñar a los alumnos que el dinero es menos importante que el ingenio cuando se trata de montar un negocio.

Para el «reto de los 5 dólares», tal como lo explica Seelig en uno de sus libros, divide a los estudiantes en pequeños grupos y entrega a cada uno un sobre con esa cantidad. Su misión es elaborar una estrategia para, en solo dos horas, convertir esa insignificante cifra en la mayor suma posible de dinero. Después tendrán que explicarla al resto de la clase en una presentación de tres minutos.

Lo primero que se le ocurre a la mayoría es comprar un décimo de lotería o probar suerte con las tragaperras. Craso error: el riesgo es demasiado elevado para tan baja probabilidad de éxito. También suelen pensar en el típico puesto de limonada o en limpiar coches, pero el beneficio que este tipo de negocios improvisados reportan es muy reducido.

Al final, tras estrujarse un poco los sesos, comprenden que la clave no está en los 5 dólares, que no sirven absolutamente para nada. Hay que abordar el problema desde una perspectiva más global. ¿Qué puedo hacer para ganar dinero partiendo directamente desde cero?

Es entonces cuando empiezan a explotar su talento en busca de oportunidades. Se trata de identificar un problema, ponerle solución y cobrar por ello. Siempre hay algo. La prueba es que los alumnos de Seelig consiguen, de media, un retorno de la inversión del 4.000%, aunque la mayoría ni siquiera llega a utilizar sus 5 dólares.

Uno de los equipos buscó la forma de acabar con un problema común en las ciudades universitarias: las interminables colas que se forman en los restaurantes los sábados por la noche. Acudieron pronto a los establecimientos, se apuntaron en las listas y vendieron sus mesas por unos 20 dólares cada una a clientes que querían evitar la espera.

Otro decidió llevar una bomba de aire al campus y ofrecer al resto de estudiantes rellenar las ruedas de sus bicis por 1 dólar. Podían hacerlo gratis ellos mismos en cualquier gasolinera, pero agradecían la comodidad de este servicio, que se convirtió en un éxito inmediato. Sin embargo, las ganancias eran muy escasas, así que decidieron eliminar el precio fijo y pedir donaciones. Los ingresos se dispararon.

Ambos proyectos funcionaron muy bien en recaudación y sus responsables fueron felicitados por la profesora, pero ninguno fue el más ingenioso. Ese honor lo tiene el grupo que se dio cuenta de que no solo el dinero era insignificante, sino también el tiempo del que disponían para multiplicarlo: lo verdaderamente valioso eran los tres minutos de presentación ante sus brillantes compañeros de Stanford.

Así que decidieron venderlos a una empresa interesada en atraer aquel talento. Grabaron un anuncio que ensalzaba las virtudes de trabajar para esa compañía y lo expusieron en clase. «Fue brillante», sentenciaba Seelig. «Supieron ver que tenían un activo muy valioso que otros no habían identificado y que podían explotar».

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