5 de enero 2018    /   IDEAS
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El emprendedor intrépido deluxe gromenauer

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¿Conoces Silicon Valley? No, el valle que alberga a las mayores empresas de innovación del planeta no, la serie que habla del valle que alberga a las mayores empresas de innovación del planeta. Pues deberías.

La serie es un compendio paródico de las personalidades, empresas y mecanismos que regulan aquel entorno empresarial tan particular. Por supuesto, el retrato es ficticio y las caricaturas de los personajes también, aunque algunos de ellos estén inspirados en personajes reales.

Con todo, y por hilarante que parezca la serie, siempre hay algo en el mundo real que supera a las chanantes situaciones planteadas por los guionistas de la serie. Memoriza este nombre: Doug Evans.

Si los creadores de Silicon Valley quisieran darle menos a la imaginación para la próxima temporada, solo tendrían que fijarse en las andanzas del gran Doug Evans.

Te pongo en situación. Evans saltó a los titulares hace tres meses, en septiembre de 2017, porque la startup que había fundado, Juicero, cerraba sus puertas. Juicero, a grandes rasgos, era una máquina de zumos con wifi de 400 dólares (comenzó costando 700 pavos) que fabricaba las bebidas con unos cartuchos o recambios de diferentes sabores. Una especie de Nespresso de los zumos, para entendernos. Cada pack para producir un zumo valía entre 5 y 7 dólares.

Por resumir, Juicero se llevó cerca de 100 millones de dólares de inversores que pensaron que esta idea era viable hasta que alguien, en un alarde de valentía, probó a exprimir los packs con sus propias manos y comprobó que la máquina era tan necesaria como una nevera en un iglú. El resultado obtenido era prácticamente el mismo.

Juicero se fue al carajo dejando para la historia un excelente ejemplo de retórica emprendedora de todo a cien y una de las mayores vendidas de humo que se recuerden. Mientras Juicero anunciaba el cese de actividad, Evans estaba en Burning Man pasándoselo pipa. MA-GIA.

Tras el leve contratiempo, a Doug Evans le dio por algo muy particular: pasarse diez días sin tomar otra cosa que Live Water. Lo de los ayunos prolongados es otro de los hobbies que tienen algunos gurús en Silicon Valley, pero lo de optar por dedicarse a beber únicamente Live Water nos lleva a los insondables y sorprendentes dominios de otro emprendedor candidato a personaje de la serie de HBO, el que fundó la empresa: Mukhande Singh (nacido como Christopher Sanborn).

Vamos con Live Water, una de las marcas estrella de la última moda en California: el agua sin filtrar. Se trata de, según explican ellos y sus distribuidores, «agua cruda», signifique eso lo que signifique. Ellos dicen que es agua sin filtrar, sin tratar y sin esterilizar procedente de manantial. A un precio aproximado de un dólar y medio el litro, envase rellenable aparte.

Mukhande Singh explica al New York Times que tratando el agua por ósmosis inversa, por ejemplo, «eliminarías el 99% de las sustancias perjudiciales del agua, pero obtendrías agua muerta a cambio».

Singh decía que el agua de verdad debería caducar rápidamente. Casualmente, la suya caduca rápidamente. «Se mantiene en su máxima frescura en un ciclo lunar de reparto. Si se estanca demasiado tiempo, se vuelve verde. La gente ni siquiera se da cuenta porque su agua está muerta, así que nunca la ven ponerse verde». Y no suelen tener diarreas, cólera y otras afecciones del aparato digestivo, me gustaría añadir a mí.

Por supuesto, hay muchas personas con apego a la ciencia que se echan las manos a la cabeza cada vez que leen algo así. Pero bueno, si esto es un negocio lucrativo que contiene las palabras fresh y natural, ¿a quién demonios se le ocurriría atacarlo?

Efectivamente, este de aquí debajo es Mukhande Singh.

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La serie es un compendio paródico de las personalidades, empresas y mecanismos que regulan aquel entorno empresarial tan particular. Por supuesto, el retrato es ficticio y las caricaturas de los personajes también, aunque algunos de ellos estén inspirados en personajes reales.

Con todo, y por hilarante que parezca la serie, siempre hay algo en el mundo real que supera a las chanantes situaciones planteadas por los guionistas de la serie. Memoriza este nombre: Doug Evans.

Si los creadores de Silicon Valley quisieran darle menos a la imaginación para la próxima temporada, solo tendrían que fijarse en las andanzas del gran Doug Evans.

Te pongo en situación. Evans saltó a los titulares hace tres meses, en septiembre de 2017, porque la startup que había fundado, Juicero, cerraba sus puertas. Juicero, a grandes rasgos, era una máquina de zumos con wifi de 400 dólares (comenzó costando 700 pavos) que fabricaba las bebidas con unos cartuchos o recambios de diferentes sabores. Una especie de Nespresso de los zumos, para entendernos. Cada pack para producir un zumo valía entre 5 y 7 dólares.

Por resumir, Juicero se llevó cerca de 100 millones de dólares de inversores que pensaron que esta idea era viable hasta que alguien, en un alarde de valentía, probó a exprimir los packs con sus propias manos y comprobó que la máquina era tan necesaria como una nevera en un iglú. El resultado obtenido era prácticamente el mismo.

Juicero se fue al carajo dejando para la historia un excelente ejemplo de retórica emprendedora de todo a cien y una de las mayores vendidas de humo que se recuerden. Mientras Juicero anunciaba el cese de actividad, Evans estaba en Burning Man pasándoselo pipa. MA-GIA.

Tras el leve contratiempo, a Doug Evans le dio por algo muy particular: pasarse diez días sin tomar otra cosa que Live Water. Lo de los ayunos prolongados es otro de los hobbies que tienen algunos gurús en Silicon Valley, pero lo de optar por dedicarse a beber únicamente Live Water nos lleva a los insondables y sorprendentes dominios de otro emprendedor candidato a personaje de la serie de HBO, el que fundó la empresa: Mukhande Singh (nacido como Christopher Sanborn).

Vamos con Live Water, una de las marcas estrella de la última moda en California: el agua sin filtrar. Se trata de, según explican ellos y sus distribuidores, «agua cruda», signifique eso lo que signifique. Ellos dicen que es agua sin filtrar, sin tratar y sin esterilizar procedente de manantial. A un precio aproximado de un dólar y medio el litro, envase rellenable aparte.

Mukhande Singh explica al New York Times que tratando el agua por ósmosis inversa, por ejemplo, «eliminarías el 99% de las sustancias perjudiciales del agua, pero obtendrías agua muerta a cambio».

Singh decía que el agua de verdad debería caducar rápidamente. Casualmente, la suya caduca rápidamente. «Se mantiene en su máxima frescura en un ciclo lunar de reparto. Si se estanca demasiado tiempo, se vuelve verde. La gente ni siquiera se da cuenta porque su agua está muerta, así que nunca la ven ponerse verde». Y no suelen tener diarreas, cólera y otras afecciones del aparato digestivo, me gustaría añadir a mí.

Por supuesto, hay muchas personas con apego a la ciencia que se echan las manos a la cabeza cada vez que leen algo así. Pero bueno, si esto es un negocio lucrativo que contiene las palabras fresh y natural, ¿a quién demonios se le ocurriría atacarlo?

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