4 de diciembre 2012    /   DIGITAL
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Evgeny Morozov: “Estamos delegando nuestras decisiones a Silicon Valley”

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Los vientos de cambio que ha proporcionado internet han llevado a muchos teóricos a lo largo de la última década a definir la era digital como un momento con muchos paralelismos con la invención de la imprenta. Una era que nos hará cada vez más libres y capaces de ejercer nuestros derechos. Pero no todo el mundo está de acuerdo con estas afirmaciones. El académico bielorruso Evgeny Morozov es de esas personas que llegan a una fiesta, bajan la música y piden que todo el mundo hable más bajito. Anoche estuvo en Madrid, en el foro de Ciberrealismo, para rebajar unas expectativas digitales que ve desproporcionadas y que, según dice, están gravemente amenazadas por una tendencia hacia el solucionismo de los grandes capos de Silicon Valley.

Cuando habla de solucionismo, Morozov se refiere a la creciente configuración de la tecnología hacia usos que nos ayudan a hacer la vida más fácil. “Geeks con buenas intenciones en San Francisco quieren aplicar las lecciones de internet a solucionar los problemas del mundo. Hay gente que piensa que si quitamos al intermediario quitamos también la hipocresía en la política y incluso el crimen”.

¿Pero que puede tener de malo usar sensores y la tecnología para hacernos la vida más fácil? Según el académico, a medida que nuestros entornos se hacen inteligentes, veremos más intervenciones que nos evitan hacer cosas que alguien piensa que son necesarias evitar. Es decir, estamos delegando decisiones a empresas en vez de tomarlas nosotros mismos.

“Ya existen coches que no conducen si no pasas un control de alcolemia interno. En Japón están desarrollando gafas que hacen que la comida parezca más grande y así te ayudará a comer menos. Las gafas de Google empezarán a monitorizar todo lo que haces en tu vida. Desde las calorías que consumes hasta las distancias que caminas. Si no caminas lo suficiente te puede avisar que tienes que hacer más. Podrá incluso borrar elementos de un menú con alto contenido de colesterol”.

El móvil o la tableta se convertirá, según el bielorruso, en el intermediario de todo lo que ocurre en nuestras vidas. Es una delegación de responsabilidades sin precedentes. “Estamos dejando que Silicon Valley decida por nosotros”, añade.

La policía recurre cada vez más a los datos para solucionar crímenes. “Se basan en información del pasado para predecir el futuro. Ya existen departamentos de policía que usan algoritmos complejos para intentar adelantarse a futuros delitos”, explica Morozov.

El problema, dice, es que avanzamos hacia un entorno en el que la ausencia de fricción entre personas impedirá el avance de la sociedad. “Dejadme ofrecer un argumento por el que pienso que esto es un camino peligroso. La desobediencia civil tiene que romper leyes para serlo. (…) Posiblemente no hubiera ocurrido el caso de Rosa Parks bajo este régimen de entornos inteligentes. Hay autobuses que saben cuánta gente hay en cada parada. Pronto habrá autobuses sin conductores. En teoría, podrías construir un sistema eficiente que no dejaría subir al autobús a Rosa Parks. No deja que la fricción ocurra porque se adelanta hacia ella”. Sin la fricción, defiende Mozorov, no es posible avanzar ni generar debates que posteriormente ayuden a revisar las leyes.

El creciente control que ejercen los nuevos intermediarios también puede llevar hacia una era de puritanismo. “Apple no permitió en su tienda, recientemente, un libro que incluía la palabra ‘vagina’ en el título, a pesar de que era un libro médico. Parece que los hippies de Silicon Valley empiezan a ser más conservadores. La respuestas a estas políticas son claras. Necesitan ganar dinero. Delegan estas decisiones a los algoritmos y no hay demanda para verificar cómo funcionan. Nos ofrecen un mundo con menos transparencia y más conservadurismo que pensábamos que habíamos superado”.

Contenido configurado, según nuestras necesidades

Morozov prevé un futuro informativo ya avanzado por el libro Filter Bubble en el que el contenido se adapta y personaliza a nuestras necesidades y capacidades intelectuales. “Si estoy leyendo un artículo de Angelina Jolie y el ordenador sabe que tengo interés en temas internacionales, me hablará al final del artículo sobre la película que acaba de rodar en Bosnia. Si eres una persona más interesada en celebrities, te contará más información sobre Brad Pitt”. Lo que produce es una destrucción de la narrativa que compartimos todo y nos mete más en nuestra burbuja, argumenta el bielorruso.

El Open Source no es tan bonito como lo pintan

El pensador bielorruso quiso rebajar también una tendencia a idealizar el funcionamiento del Open Source. “Todos los movimientos sociales actuales como la Primavera Árabe y Occupy Wall Street dicen que funcionan como Wikipedia. Aspiran a no tener jerarquías y a ser completamente descentralizados. Pero lo que olvidan es que en Wikipedia hay muchas burocracia. Hay deliberaciones internas entre los editores que no vemos. Funciona distinto a la burocracia tradicional pero no significa que no es burocracia. Esto crea mitos alrededor de aplicar el funcionamiento digital al mundo real”.

Ceder privacidad a cambio de descuentos

A Morozov le incomoda una creciente tendencia a ofrecer descuentos a cambio de revelar información privada. “Ya existen aseguradoras de coches que te rebajan las cuotas si aceptas tener un sistema que monitoriza cómo conduces. El argumento lógico es que si soy un conductor que circula de forma segura, merezco pagar menos. En un futuro se podría aplicar a la dieta. Google Glasses puede analizar lo que comes y si eres una persona muy sana, cobrarte menos por tus cuotas de seguro médico. El problema es que llega un momento en el que casi no tienes la opción de no ser trackeado. Se asumirá que si no aceptas que te sigan, tienes algo que esconder. Intenta conseguir un trabajo en EEUU o una plaza en la universidad sin una cuenta en Facebook. Te miran como si fueses un raro. Ya no hay elección”.

Al escritor no le faltan argumentos interesantes para abordar el futuro de internet con escepticismo. Para aprender a cuestionar siempre las cosas por muy buenas que sean. Pero hubo quien echó en cara a Morozov, en el encuentro en el Círculo de Bellas Artes, que está dando por hecho que el humano es estúpido y que seguirá todas las pautas marcadas por Silicon Valley.

A lo que él respondió que “habrá espacio para la resistencia. Las personas encontrarán formas de evadir al control de alcolemia en tu coche y engañar a los autobuses inteligentes. Pero eso lo sabrá hacer una pequeña minoría”.

Morozov insiste en que no está en contra del progreso. Lo que no le gusta es que la gente acepte lo que viene sin cuestionarlo.

Para leer una visión contraria a Morozov: De las elites de los átomos a las elites de los bits

Foto Portada: rhermen bajo lic. CC.

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Los vientos de cambio que ha proporcionado internet han llevado a muchos teóricos a lo largo de la última década a definir la era digital como un momento con muchos paralelismos con la invención de la imprenta. Una era que nos hará cada vez más libres y capaces de ejercer nuestros derechos. Pero no todo el mundo está de acuerdo con estas afirmaciones. El académico bielorruso Evgeny Morozov es de esas personas que llegan a una fiesta, bajan la música y piden que todo el mundo hable más bajito. Anoche estuvo en Madrid, en el foro de Ciberrealismo, para rebajar unas expectativas digitales que ve desproporcionadas y que, según dice, están gravemente amenazadas por una tendencia hacia el solucionismo de los grandes capos de Silicon Valley.

Cuando habla de solucionismo, Morozov se refiere a la creciente configuración de la tecnología hacia usos que nos ayudan a hacer la vida más fácil. “Geeks con buenas intenciones en San Francisco quieren aplicar las lecciones de internet a solucionar los problemas del mundo. Hay gente que piensa que si quitamos al intermediario quitamos también la hipocresía en la política y incluso el crimen”.

¿Pero que puede tener de malo usar sensores y la tecnología para hacernos la vida más fácil? Según el académico, a medida que nuestros entornos se hacen inteligentes, veremos más intervenciones que nos evitan hacer cosas que alguien piensa que son necesarias evitar. Es decir, estamos delegando decisiones a empresas en vez de tomarlas nosotros mismos.

“Ya existen coches que no conducen si no pasas un control de alcolemia interno. En Japón están desarrollando gafas que hacen que la comida parezca más grande y así te ayudará a comer menos. Las gafas de Google empezarán a monitorizar todo lo que haces en tu vida. Desde las calorías que consumes hasta las distancias que caminas. Si no caminas lo suficiente te puede avisar que tienes que hacer más. Podrá incluso borrar elementos de un menú con alto contenido de colesterol”.

El móvil o la tableta se convertirá, según el bielorruso, en el intermediario de todo lo que ocurre en nuestras vidas. Es una delegación de responsabilidades sin precedentes. “Estamos dejando que Silicon Valley decida por nosotros”, añade.

La policía recurre cada vez más a los datos para solucionar crímenes. “Se basan en información del pasado para predecir el futuro. Ya existen departamentos de policía que usan algoritmos complejos para intentar adelantarse a futuros delitos”, explica Morozov.

El problema, dice, es que avanzamos hacia un entorno en el que la ausencia de fricción entre personas impedirá el avance de la sociedad. “Dejadme ofrecer un argumento por el que pienso que esto es un camino peligroso. La desobediencia civil tiene que romper leyes para serlo. (…) Posiblemente no hubiera ocurrido el caso de Rosa Parks bajo este régimen de entornos inteligentes. Hay autobuses que saben cuánta gente hay en cada parada. Pronto habrá autobuses sin conductores. En teoría, podrías construir un sistema eficiente que no dejaría subir al autobús a Rosa Parks. No deja que la fricción ocurra porque se adelanta hacia ella”. Sin la fricción, defiende Mozorov, no es posible avanzar ni generar debates que posteriormente ayuden a revisar las leyes.

El creciente control que ejercen los nuevos intermediarios también puede llevar hacia una era de puritanismo. “Apple no permitió en su tienda, recientemente, un libro que incluía la palabra ‘vagina’ en el título, a pesar de que era un libro médico. Parece que los hippies de Silicon Valley empiezan a ser más conservadores. La respuestas a estas políticas son claras. Necesitan ganar dinero. Delegan estas decisiones a los algoritmos y no hay demanda para verificar cómo funcionan. Nos ofrecen un mundo con menos transparencia y más conservadurismo que pensábamos que habíamos superado”.

Contenido configurado, según nuestras necesidades

Morozov prevé un futuro informativo ya avanzado por el libro Filter Bubble en el que el contenido se adapta y personaliza a nuestras necesidades y capacidades intelectuales. “Si estoy leyendo un artículo de Angelina Jolie y el ordenador sabe que tengo interés en temas internacionales, me hablará al final del artículo sobre la película que acaba de rodar en Bosnia. Si eres una persona más interesada en celebrities, te contará más información sobre Brad Pitt”. Lo que produce es una destrucción de la narrativa que compartimos todo y nos mete más en nuestra burbuja, argumenta el bielorruso.

El Open Source no es tan bonito como lo pintan

El pensador bielorruso quiso rebajar también una tendencia a idealizar el funcionamiento del Open Source. “Todos los movimientos sociales actuales como la Primavera Árabe y Occupy Wall Street dicen que funcionan como Wikipedia. Aspiran a no tener jerarquías y a ser completamente descentralizados. Pero lo que olvidan es que en Wikipedia hay muchas burocracia. Hay deliberaciones internas entre los editores que no vemos. Funciona distinto a la burocracia tradicional pero no significa que no es burocracia. Esto crea mitos alrededor de aplicar el funcionamiento digital al mundo real”.

Ceder privacidad a cambio de descuentos

A Morozov le incomoda una creciente tendencia a ofrecer descuentos a cambio de revelar información privada. “Ya existen aseguradoras de coches que te rebajan las cuotas si aceptas tener un sistema que monitoriza cómo conduces. El argumento lógico es que si soy un conductor que circula de forma segura, merezco pagar menos. En un futuro se podría aplicar a la dieta. Google Glasses puede analizar lo que comes y si eres una persona muy sana, cobrarte menos por tus cuotas de seguro médico. El problema es que llega un momento en el que casi no tienes la opción de no ser trackeado. Se asumirá que si no aceptas que te sigan, tienes algo que esconder. Intenta conseguir un trabajo en EEUU o una plaza en la universidad sin una cuenta en Facebook. Te miran como si fueses un raro. Ya no hay elección”.

Al escritor no le faltan argumentos interesantes para abordar el futuro de internet con escepticismo. Para aprender a cuestionar siempre las cosas por muy buenas que sean. Pero hubo quien echó en cara a Morozov, en el encuentro en el Círculo de Bellas Artes, que está dando por hecho que el humano es estúpido y que seguirá todas las pautas marcadas por Silicon Valley.

A lo que él respondió que “habrá espacio para la resistencia. Las personas encontrarán formas de evadir al control de alcolemia en tu coche y engañar a los autobuses inteligentes. Pero eso lo sabrá hacer una pequeña minoría”.

Morozov insiste en que no está en contra del progreso. Lo que no le gusta es que la gente acepte lo que viene sin cuestionarlo.

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Foto Portada: rhermen bajo lic. CC.

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